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Septiembre 22, 2018, 02:00:32 am

Autor Tema: Una Típica Historia de Amor  (Leído 1934 veces)

Desconectado Amiiziitha!

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Una Típica Historia de Amor
« en: Marzo 07, 2011, 06:32:37 pm »
xD! Bueh~~ Esta es una historia qe recién escribí con motivo de San Valentín~~ =) espero qe les guste y ps~~ críticas, comentarios o lo qe qieran decir son bienvenidas =).

Una Típica Historia de Amor

Y allí estaba yo, viendo desfilar por el patio central al chico más guapo de toda la preparatoria: Cristopher. Y ¡oh, Dios...! sí que era guapo, demasiado guapo. Suspiré. Alto (aproximadamente metro ochenta), atlético, cabello castaño, tez morena. Las pocas veces que había tenido oportunidad de verlo de cerca, noté varias cosas: la primera, tenía los ojos aceitunados y una mirada hipnótica; la segunda, su sonrisa... ¡cielos! simplemente era el tipo de sonrisa que te dejaba sin aliento, babeando y desorientada y la tercera, era esa clase de chico que parecía un ángel pero en realidad era malo... y sexy. Bueno, no malo en el sentido de malo, sino malo en el sentido de... Okay, mejor dejémoslo así.

Ah, sí... también noté una cuarta cosa: era exactamente la clase de chico que jamás se fijaría en mí.

O eso creía.

Lo observé desde la cafetería. ¿Qué hacía ahí? Bueno, no exactamente comiendo. El maestro de filosofía había faltado y yo simplemente leía, por millonésima vez, el séptimo libro de Harry Potter (uno de mis libros favoritos), y tampoco es que me la pasara observándolo. Solamente levante la mirada en el momento justo en él que iba pasando y... no pude contenerme de mirarle.

Y continué mirando....

Y seguí mirando aún más sin saber cómo dejar de observarle embobada, con la boca entreabierta y, seguramente, con ojos de adoración (en pocas palabras como estúpida). Finalmente de mala gana y muchos minutos después - cuando probablemente alguien más se habría dado cuenta de a quien observaba con "cara de borreguito a medio morir" -, volví a centrarme en mi lectura...

Ron se lanzaba por Harry al lago cuando escuché un <Hey>. Levanté la mirada y tardé unos segundos en comprender que era él, yo simplemente miré a los lados y puse cara de ¿es a mí?

Obvio, idiota. Es a ti. Estúpida, estúpida, estúpida.

Y para mí sorpresa él sonrío tan encantadoramente que perdí el aliento, y sentí que me desmayaría en cualquier momento. Afortunadamente no fue así.

- ¿Qué lees? - su pregunta me sorprendió. Traté de responder, pero mi voz simplemente no quería salir. Oh-oh. Estaba nerviosa, realmente nerviosa y bueno, me límite a enseñarle la portada del libro. Ladeó ligeramente la cabeza, para después enarcar las cejas y sonreír. - ¿Te gusta Harry Potter? - preguntó entre incrédulo y divertido. Fruncí el ceño.

- Soy fan - me limité a decir, creí que él empezaría a decir cosas sobre Harry como, "Harry Potter es de tontos" o algo así. Pero no lo hizo. Se sentó frente a mí apoyando sus codos sobre la mesa y me miró, nos miramos. ¡Dios! me veía con esos ojos tan lindos y esa mirada tan... ¿exactamente cómo me miraba?

- ¿Esperabas a alguien? - preguntó al fin.

- No - bajé nuevamente la mirada hacia a la lectura. Aunque realmente no leía absolutamente nada, no podía concentrarme. 

¡Eres realmente estúpida! ¡El chico que te gusta esta frente a ti y tú simplemente tratas de ignorarle! La voz en mi cabeza tenía razón pero fingí no haber escuchado nada.

- Siempre te veo leyendo... - dijo después de un minuto. No estaba dispuesto a que yo lo ignorase y me agradó. Aunque pasó a segundo plano cuando me llegaron sus palabras. ¿Él me había estado observando antes? Lo miré.

- Me gusta - encogí los hombros. Vamos, Jas, no seas tan cortante. Piensa... ¡Di algo! ¡Lo que sea! Obedecí a la voz en mi cabeza y comencé a exprimirme el cerebro pensando qué podía preguntarle.

- ¿Y qué más te gusta? - Jas, simplemente no tienes iniciativa...

¡Shh...! ¡Ridícula voz!
- Eh... la música... - él puso los ojos en blanco.

- A todos nos gusta la música - interrumpió. - ¿Qué más te gusta? - agregó después de unos segundos.

- La mitología griega, los videojuegos, el cine.... ¿te das cuenta de que soy una chica aburrida? - frunció el ceño, parecía molesto.

- Yo no lo veo de esa manera - y su respuesta hizo que yo abriera ligeramente los labios y que él esbozara una débil sonrisa. ¿Estaba diciendo que no era aburrida? Viniendo de él era un halago, eso o tenía un concepto de diversión diferente del resto.

- Oh - Que elocuente, Jas. Otra vez la vocecita.

- ¿Cómo te llamas? - me siguió mirando fijamente, y seguí hecha un manojo de nervios. Su mirada era curiosa e intensa y sus labios gruesos y endemoniadamente antojables. Reprimí un suspiro.

- Jasmine - la campana sonó, él miró hacia un lado y luego a mí. Muchos de los estudiantes se apresuraron a salir de la cafetería para trasladarse a su siguiente clase.

- Bonito nombre... - cerré el libro y lo guardé en mi bolso mientras él me observaba. Le sonreí, y el pareció... ¿deslumbrado? Claro, no es que haya tenido tiempo de registrarlo pues el gesto desapareció tan rápido como había llegado, igual y era mi imaginación jugando cruelmente conmigo.

- Nos vemos - le dije y casi huí de allí. Casi.

- ¡Jasmine! - sentí una oleada de placer al escucharle gritar mi nombre. Me giré y lo miré. Se acercó a mí y entonces...

Wow. Sus labios eran cálidos y suaves. Y yo estaba parada como una tonta sin saber cómo reaccionar. Para cuando él se alejó, mi cerebro no acababa de registrar lo que había pasado, sentía mis mejillas calientes y mi corazón latía acelerado. Y él me miraba expectante, como esperando mi reacción. Jadeé.

- Yo soy Cristopher, pero llámame Cris - seguía sin reaccionar y sólo asentí y lo vi alejarse despidiéndose con una de sus encantadoras sonrisas.

Se fue...

Y yo seguí plantada allí bajo el deslumbrante y ardiente sol durante un rato, hasta que mi cerebro empezó a funcionar nuevamente - ya fuera por el calor o porque el efecto del beso de Cris se desvanecía -, y salí corriendo al darme cuenta que llegaba tarde a la clase de Historia Universal.



Y así, transcurrió el resto de mi semana sin volver a ver a Cristopher. Yo por supuesto, me volví paranoica. O sea, ¿qué loco te besa de la nada y sin conocerte? Obvio era un juego.

¿Y si no lo es?

Sí, si lo es. Nadie te besa así y luego te deja una semana sin volver a saber de él.

El problema, es que yo seguía pensando en Cris; en sus suaves labios y en sus hermosos ojos. ¡Basta ya! Fue solo un estúpido beso, nada extraordinario.

De hecho el beso te lo dio tu amor platónico...

Nadie se enamora porque lo besen.

Ya estas enamorada...

Y, lo más importante no lo conozco así que no debe afectarme.

Ya te afecto...

La voz en mi cabeza no cesaba, y yo iba tan ensimismada en mis pensamientos - y peleándome con esa estúpida voz - que no me fijé a quien tenía frente a mí hasta que choqué contra su espalda.

- ¡Hey! A ver si te fijas... - se quedó a medias. - Ah, eres tú - Volvió a darme la espalda y siguió con su charla y yo simplemente seguí mi camino.

Mi mente era un caos. ¿Qué fue eso? "Ah, eres tú..." ¡Por Dios! ¡Es un patán! Ya sabía yo que lo que paso aquel día no podía ser en serio. ¿En qué estaría yo pensando?

Demasiado bueno para ser cierto.


Mis ojos se llenaron de lágrimas, era estúpido llorar por algo así. No vale la pena, me dije. Pero... ¡Carajo! Aunque me aferraba a mi lado escéptico, una parte de mi creía que él se podía fijar en alguien como yo.

¡Ja! Claro...

Para que eso pasara yo tendría que ser una súper modelo, alguien plastificada. Y yo me negaba profundamente a ser una Barbie. Ser una Barbie significaba ser popular, sexy, encantadora, linda, frívola, manipuladora, superficial, hipócrita, etc., etc. No sería manipuladora ni superficial, eso iba para la gente estúpida y yo no me considero estúpida.

Pasé el resto de mi grandioso y prefecto día - ¡Ja! - deprimida - ¡Patética!, hasta que decidí que era suficiente. Para dejar de auto torturarme y recordarme lo ilusa que fui, saqué mi celular y usé la marcación rápida.

- Hola, peque.

- André... - mi voz fue una súplica.

- ¿Qué pasa, Jas? - preguntó alarmado.

- Crisis amorosa. ¿Puedo ir a tú casa?

- ¿Dónde estás?

- Mi casa.

- Pasaré por ti, estoy cerca.

- De acuerdo.

André, era - es -, mi mejor amigo desde la secundaria, aunque él es dos años mayor que yo. Y bueno, no recuerdo exactamente cuando comenzamos a ser los mejores amigos, pero estoy feliz porque sucediera. Siempre ha estado para escucharme, para consolarme, para ofrecerme un hombro en el que recargar mi cabeza y llorar, y sobre todo siempre me ha apoyado. Sea o no la decisión correcta.
Escuché el clacsón del Ibiza de André y bajé las escaleras corriendo.

- ¡Ya vuelvo! - grité y esperé en la puerta.

- ¿A dónde vas? - preguntó mi madre.

- André - dije y corrí hacia el auto. Le saludé de beso en la mejilla y se puso en marcha.

Durante el trayecto hasta su departamento - que era al otro lado de la ciudad, o sea, muy muy lejos de mi
casa - hablamos sobre cosas triviales. De pronto, contarle lo que paso con Cristopher no parecía tan buena idea. Mi realidad era que había tenido muy mala suerte con los chicos y el amor. Que de pronto venga el chico de mis sueños, me robe un beso y que para él sea solo un tonto juego, es algo... desastroso y muestra de que no aprendo de mis errores. Después de media hora, llegamos a su departamento y me hice tonta mientras él dejaba sus cosas en la recámara.

- ¿Y bien? - preguntó. Lo miré. André era de tez morena y alto - metro noventa -, llevaba puestos unos jeans deslavados, una camiseta negra y vans; su cabello - lacio y de color negro - estaba alborotado, como si el gel hubiese perdido su efecto fijador; sus ojos eran café oscuro y sus labios prominentes.

- Ammm - me sonrojé y el enarcó una ceja y se acercó a mí.

- ¿Qué pasa, Jas? - estaba de cuclillas frente a mí y me miraba a los ojos. Desvié la mirada.

Ahora le dices...

- Pues...

- Deja de hacer el tonto y dime - su voz era severa. Suspiré y le conté lo que sucedió; cuando le dije que Cristopher me había robado un beso, sus ojos casi se desorbitaron pero se recobró rápidamente aunque mantuvo sus manos empuñadas. Un silencio sepulcral se extendió entre nosotros, y yo no tenía ni idea de lo que André estaba pensando.

- Patética, ¿no? - dije al fin. Me miró furioso. - ¿Qué hice?

- No eres patética. Y... no debiste ilusionarte así.

- Lo siento. Pero... ¡creí que alguien como él se podía fijar en alguien como yo! - chillé y el me miró una vez más furioso.

- ¿Qué? ¿<Alguien como tú>? - su tono era incrédulo. - ¡Por favor! ¡<Alguien como tú>! - me tomó de la mano y me llevó - arrastró sería mejor - hasta su habitación. Me colocó frente al espejo de cuerpo entero y se puso a mi lado. - ¡Solo mírate! Eres... - se quedó a medias y se sentó en el borde de la cama con la cabeza entre las manos.

Si... pelirroja, larguirucha y... no muy linda, solo simpática.

- No veo nada extraordinario, Andy. Solo una pelirroja no muy agraciada. Él bufó.

- Hay que ver... Yo veo a una pelirroja con curvas, ojos verdes y... ¡Dios! ¡Veo a una chica guapa! - Me sonrojé y volví a examinar mi reflejo desde otro punto de vista.

La chica frente al espejo era de tez clara, alta, esbelta y con curvas definidas; llevaba unos jeans oscuros desgastados, blusa tipo polo morada y sandalias. Su cabello rojizo era ondulado y le caía hasta la mitad de la espalda, sus ojos eran verde claro casi avellana; sus pómulos tenían una ligera pincelada rosa y sus gruesos labios tenían un toque rojo.

Esa no soy yo, me dije mientras me observaba con nuevos ojos.

- Eres hermosa, Jas. Si ese tal Cristopher no se puede dar cuenta de eso entonces es un imbécil descerebrado que necesita una visita al oftalmólogo - suspiré. Otra vez la larguirucha pelirroja frente al espejo.

- Estás loco - salí del cuarto y me senté en el sofá, André se sentó frente a mí.

- Haces que me frustre -  dijo recostándose en el sofá y cerrando los ojos, me encogí de hombros.

- Ammm... ¿Y qué tal vas con tu novia? - pregunté lo primero que se me vino a la mente para cambiar el tema, odiaba que André se sintiera así.

- Terminé con ella hace un par de días - respondió sin emoción. ¡Maldición! ¡Por qué nunca me cuenta nada!

- ¿Alguna candidata? - me apresuré a preguntar.

- Ninguna... - me miraba mientras sus labios se curvaban en lo que parecía una sonrisa. Fruncí el ceño.

- ¿Por qué? Si eres muy guapo. No deberías de estar... - Me miró extrañado y apoyo los codos en sus piernas.

- No sabía que pensabas que era guapo - interrumpió sonriente, me encogí de hombros.

- Lo he pensado desde que nos conocimos - me miró sorprendido y luego encogió los hombros.

- Digamos que la chica que me gusta no sabe que existo - respondió a mi pregunta.

- ¿Eh? - me molesté - Está ciega ¿o qué?

- Bueno, si sabe que existo pero no se da cuenta de mis sentimientos hacia ella.

- ¿Y por qué no se lo dices?

- No sé si escuche. Tengo miedo de arriesgarme y que no me dé una oportunidad.

- Si fuera yo, lo haría - André me observaba interesado.

- ¿En verdad? - asentí.

- Probaré...

- ¿Tienes dinero? - volví a cambiar el tema.

- ¿Para qué?

- Me voy a casa, no he hecho mis deberes.

- Te llevo.

Durante el trayecto de regreso André estuvo muy serio y pensativo. Era como si se estuviera debatiendo en su interior. Me pregunté si sería muy cercano a esa chica, ¿será linda? ¿Van a la misma universidad? ¿Asistirán a alguna clase juntos? ¿Serán buenos amigos? Una ligera punzada de celos se apoderó de mí al pensar en eso, pero me dije a mi misma que no tendría por qué tener celos ya que después de todo, él tendría muchos buenos amigos además de mí.

- Hasta la puerta de su casa, señorita - dijo solemne mientras aparcaba justo en frente, yo sonreí.

- Gracias, Andy. No sé qué haría sin ti.

- Probablemente tratar de sobrevivir y buscar otro hombro en el cual llorar - dijo mostrándome una de sus mejores sonrisas.

- Soy feliz de que sea tu hombro...

- Y yo de que sean tus lagrimas las que empapen mis camisas.

- ¡Oye, no las empapo! - dije a modo de reproche, él puso los ojos en blanco. - Nos vemos luego, Andy. Sabes que te quiero, ¿no? - él asintió y yo sonreí aún más.

- Jas... - llamó antes de que abriera la puerta.

- ¿Sí? 

- La chica de la que te hablé...

- ¿Qué pasa con ella? - André me miró a los ojos y su mirada era profunda y de alguna forma, distinta de como siempre me miraba.

- Ella... ¿Tú de verdad me darías una oportunidad? - Asentí y vi en sus ojos una súplica mezclada con miedo. André cerró los ojos y suspiró. - Jas, la chica que siempre me ha gustado... eres tú...

Plash.

- ¿Eh? - mi corazón latía desbocado, mis mejillas estaban calientes, mi cabeza daba vueltas y mi cara era de perfecta sorpresa. André en cambio parecía haberse quitado un peso de encima aunque sus ojos seguían reflejando miedo. - ¡Dios! ¡Debes estar de broma! Sí, eso es. ¡Una broma! Ay, André ¡Esa estuvo buena! Por un momento me la creí. ¡Ja, genial! - el pánico se extendía en mi interior.

- Jas, no es una broma. Me gustas, ¿me darás una oportunidad? - esta vez no hubo titubeo, sus ojos eran serios aunque el miedo seguía allí. Jadeé.

Y el pánico se extendió aún más.

- ¿Desde cuándo? - pregunté al fin.

- ¿Desde cuándo me gustas? - asentí. - No sé exactamente cuando pasó, pero fue más o menos desde que entraste a la preparatoria que me di cuenta de que me había enamorado de ti - se encogió de hombros y un débil rubor se asomó en sus mejillas.

- Ah...

- Sé que quizás te parece extraño y no te pido que me respondas ahora. Hemos sido amigos durante mucho tiempo y tal vez esto arruine nuestra amistad, pero es algo que no podía seguir ocultando. Te quiero, Jasmine.

- Lo pensaré - respondí y salí - huí - del auto sin decir otra palabra.



Pasó una semana antes de que yo volviese a ver a André. De hecho, había buscado cualquier excusa para no tener que verlo y darle una respuesta. En realidad, no quería darle una respuesta. Qué de pronto tú mejor amigo te diga sus sentimientos no es algo fácil de asimilar. Pero bueno, había llegado el punto donde no podía estirar más la situación y tenía que enfrentarle. André había llamado muy temprano preguntando si podríamos vernos hoy y yo no puse objeción. "Pasaré a las cinco por ti", había dicho y yo simplemente estuve de acuerdo. ¿Por qué no le dije que necesitaba más tiempo para pensarlo?

Porque no hay nada que pensar...

Suspiré.

Sólo tienes que darle una oportunidad...

Es mi mejor amigo, no puedo verlo de pronto con otros ojos.

No sabrás si no lo intentas...

He ahí el problema. No quiero intentarlo.

Dijiste que le darías una oportunidad...

¡Cállate de una maldita vez!

Sabes que estoy en lo cierto...

Estúpida voz. Pero era verdad, le había dicho a André, cuando no sabía que la chica era yo, que le daría una oportunidad y ahora que estoy en la situación me niego a cumplir mi palabra.

¡Yo y mi gran bocota!

En el pasado, cuando conocí a André, muchas veces me había imaginado como su novia y había desarrollado un gusto secreto por él. ¿Cuándo se terminó ese gusto? Ni idea. Tal vez había sido cuando él y yo empezamos a tener una relación de amistad mucho más seria y sincera que cualquier otra. El punto es, que ahora no lo veo como a un hombre, sino como al hermano que nunca tuve. ¡Dios! ¿Por qué todo tiene que ser tan complicado?

- Señorita Castañeda, la buscan - dijo el profesor. Miré hacia la puerta y recargado sobre el marco estaba Cristopher. ¡Genial...! Caminé hasta la puerta. No había terminado de llegar cuando me tomó de la mano y me arrastró hasta las escaleras.

- ¡Oye! - protesté y me solté de su agarre. - ¿Qué quieres? - gruñí mientras cruzaba los brazos.

- ¿Desde cuándo te caigo mal? - preguntó ceñudo.

- Nunca dije que me calleras bien.

- Pues cuando te besé pensabas otra cosa - lo miré furiosa y él sonrió, y debo admitir que me faltó el aliento.

- Cosas del pasado - me las arreglé para decir. Comenzó a avanzar en mi dirección y yo a retroceder hasta que mi espalda dio contra la pared, colocó sus brazos a los lados. Cristopher enarcó una ceja.

- ¿Sin salida?

- ¿Desde cuándo eres el malo? - se encogió de hombros y yo intenté escabullirme por un lado, pero él me cerró el paso.

- No soy malo, digamos que soy... travieso - hubo un destello de diversión en sus ojos y yo comencé a ponerme nerviosa.

- ¿Cómo llegamos a esto? - pregunté haciendo un gesto con la mano que indicaba la situación.

- No lo sé, pero me agrada tenerte acorralada.

- Si, es tan excitante... - el me miró sugestivamente y una sonrisa pícara apareció en su rostro. - ¿Conoces el sarcasmo? - me apresuré a decir, volteó los ojos y luego suspiró.

- Es todo un caso, Señorita Castañeda - dijo y bajó los brazos alejándose. Me relajé.

- Bueno, no todo es lo que parece - respondí encogiéndome de hombros al mismo tiempo. - ¿Qué es lo que quieres?

- Bueno... Disculpa mi actitud el otro día y también ahora.

- ¿Eh? - estaba sorprendida.

Alguien padece de bipolaridad...

- Ya sabes, cuando chocaste contra mí y eso - dijo tratando de ocultar su nerviosismo. 

- Si claro, no hay problema - me di la vuelta y comencé a caminar.

- ¡Espera! - me detuve en seco y me giré. - ¿Podemos ser amigos? - lo miré extrañada.

- Claro - respondí y volví a entrar en el salón de clases.

¿Qué fue todo eso? me pregunté a mi misma.

Muy a mi pesar estaba feliz de que él quisiera ser mi amigo. Un destello de alegría mezclado con algo de esperanza se esparció en mi interior.

No, no te ilusiones ya te pasó una vez...

Sí, sí, ya sé. Pero no puedo evitar estar feliz.

Así a cada cambio de horario me encontraba con Cristopher. ¿Raro no? Como sea, no me importó. Estaba feliz de que me acompañara a las clases que nos tocaban en el mismo edificio y cuando caminaba hacia la parada del bus me sorprendió que me dijera "te llevo". No estaba ni enterada de que él vivía a solo dos cuadras de mi casa y que siempre me veía tomar el bus. Hablamos de muchas cosas: de él, de mí, el gusto por un estereotipo de chicas - chicos en mi caso -, libros, cine, música, videojuegos, entre otras cosas. Ni siquiera me fijé cuando se estacionó frente a mi casa y de las tres largas horas que pasaron mientras conversábamos alegremente en su coche, hasta que un Ibiza plateado se estacionó justo enfrente de nosotros: André. ¡Jodeeer! Me despedí rápidamente diciéndole que le contaba después y casi corrí hacia André que estaba recargado sobre su coche del lado de la acera. Siguió con la mirada el Renault negro de Cristopher antes de mirarme y sonreír.

- Hola, Jas - mi corazón latió acelerado y mi nerviosismo comenzó a crecer; me acerqué para saludarlo de beso en la mejilla.

- Hola, Andy. ¿Qué tal? - se encogió de hombros.

- Todo bien, lo mismo de siempre - su tono era despreocupado y yo sabía muy bien que lo único que quería era no presionarme.

- Siempre que te pregunto me dices eso - le reproché, yo trataba de parecer lo más normal posible; él rió.

- ¿Quién era el del coche?

Se moría de ganas por preguntarlo.

- Un amigo - respondí sin darle importancia.

- Ah - se limitó a decir.

- Y bien, ¿a dónde vamos? - pregunté mirándole sonriente y dándole gracias al cielo de que la preparatoria a donde asistía no exigía uniforme.

- ¿A dónde quieres ir? - abrió la puerta del copiloto para mí.

- Invítame a comer pizza - respondí antes de que cerrara la puerta.

- Pizza será entonces - dijo cuando subió al carro. Arrancó y nos pusimos en marcha al Pizza Hut más cercano.

- El chico de antes... era Cristopher, ¿verdad? - preguntó de pronto mientras esperaba a que la luz del semáforo se pusiera en verde. Estábamos en el centro de la ciudad y se dirigía a la pizzería que estaba en la plaza cuatro cuadras más adelante.

- ¿Te importa mucho? - esa no era la respuesta correcta.

- Sí. Dime la verdad, Jas. Por favor - suspiré. No me gustaba ocultarle las cosas y sabía que si le decía la verdad se iba a enfadar, sobre todo después de lo que le había contado la semana pasada. Tal vez hubiera sido mejor idea ir a su departamento, lo último que quería era un André furioso.

- Prométeme que no te enfadarás - y con eso le di la respuesta. Apretó el volante, tensó los labios y respiró exasperado.

- Dejemos el tema - la luz del semáforo cambio a verde.

- Yo encantada - dije sonriendo pero él estaba demasiado serio y mirando el tráfico que se extendía delante de nosotros.

Cambia de tema...

- Se acerca mi cumpleaños - solté de la nada, haciéndole caso a la voz en mi cabeza. Y funcionó. Me miró y sonrió.

- Lo sé.

- ¿Que me regalarás? - pregunté curiosa.

- No seas tramposa. Además sabes que no te lo diré hasta que llegue el día - estaba sonriendo aunque aún podía notar ese dejo de enfado en su voz.

- No es justo - fingí enfurruñarme.

- Adoro cuando pones esa cara, te vez tan linda - soltó como si nada y yo me puse roja y rígida.

- André creo que es mejor que vayamos a tu departamento y hablemos.

Cuando llegamos a su departamento lo primero que hice fue ir directo al refrigerador y servirme un gran vaso de Coca-Cola. Nada mejor que una dosis alta en azúcar para calmar mis nervios. No funcionó. Después fui hasta el sofá de cuero negro, dejé el vaso en la mesa de centro a juego y me recosté cuan larga era en el cómodo sofá. André estaba sentado en el sillón apoyando los codos sobre las piernas y observándome con una sonrisa en sus labios. Le hice un gesto para que se acercara y me acomodé para que pudiese sentarse junto a mí. Coloqué una mano sobre su pierna y empecé a dibujar círculos con mi dedo índice en sus jeans mientras él me miraba. Sé que estaba ansioso por escuchar lo que tenía que decirle pero yo estaba nerviosa y buscaba la manera de cómo empezar.

- Solo dilo - me instó. Yo lo miré y tragué saliva.

- Andy - empecé - eres mi mejor amigo. Sabes que te quiero muchísimo y agradezco que te sinceraras conmigo. Pero no te puedo ver de otra forma que no sea como a mi hermano mayor... Lo siento...- había dejado de hacer círculos y mantuve la mirada baja hasta que terminé de hablar. Me aventuré a mirarlo a los ojos y en ellos había incredulidad, había apretado los labios hasta formar una fina línea.

- ¿Así que ese es el problema? - preguntó al fin conteniendo la ira y había un dejo de reproche, lo miré confusa. - Que me vez como a un hermano - añadió, yo asentí. - Eso se puede arreglar - dijo. De pronto el André que yo conocía desapareció.

- ¿C-co-cómo dices? - pregunté alarmada y sin comprender exactamente lo que quería decir.

- Si el problema es que soy tu mejor amigo y que me ves como a un hermano mayor, eso se puede arreglar. Desde hoy no seré más tu amigo, Jas. Quiero que me veas como a un hombre al que le gustas y está enamorado de ti, no como a tu hermano mayor - y dicho esto se acercó a mí y yo cerré los ojos fuertemente. Pude sentir el roce de sus labios suaves y su cálido aliento.

- Ba-basta, Andy. Estas logrando asustarme - susurré. Aún sentía su aliento y una de sus manos estaba recorriendo mi cuerpo. Su tacto era suave y delicado y - ¡Dios! - algo en mí se estaba encendiendo. Acercó sus labios a mi cuello y comenzó a besarlo dulcemente y fue descendiendo hasta mi garganta.

Caliente, algo estaba muy caliente. Se sentía deliciosamente bien y quería que siguiera.

Es André... Me recordó la vocecilla y yo llevé mis manos automáticamente hasta su pecho y traté de alejarlo. Abrí mis ojos y lo miré suplicante.

- Te gusta - susurró. - Lo deseas - sentí mis mejillas encenderse.

- E-es-esto no está bien - logré decir pero él estaba besando nuevamente mi cuello y una de sus manos masajeaba suavemente mi pecho izquierdo. Algo en mi interior ronroneó.

Hmmmm...

Me iba a volver loca, se sentía tan bien y estaba excitándome mucho. Ascendió hasta mis labios y me besó; mis brazos se enroscaron alrededor de su cuello y mis dedos se enredaron en su cabello. Sus labios húmedos, suaves y dulces me besaban apasionadamente y su lengua jugueteaba con la mía de una manera que... lograba que la quisiera en otras partes.

- Jas... - susurró jadeante mientras volvía a besar mi cuello y sus manos trabajaban en los botones de mi blusa. Mis manos se deslizaron hasta su camisa y comenzaron a subirla hasta que estuvo fuera. Suspiré. Tenía un abdomen perfecto y estaba marcado lo suficiente para hacer a cualquier chica suspirar. Yo había suspirado. Sentí sus labios y su lengua juguetear con uno de mis pezones mientras su mano se ocupaba de masajear mi otro pecho, un leve gemido de placer se escapó de mis labios.

¡Es André! Volvió a decir alarmada la voz en mi cabeza.

Si... es André. Coincidí y entonces reaccioné.

- ¡Basta! - exclamé alejándolo de mi e incorporándome rápidamente. Ajusté de nuevo el sujetador y comencé a abotonar la blusa. Estaba muy acalorada y él me miraba confuso. Se acomodó en el sofá, echó la cabeza hacia atrás y se tapó la cara con las manos. - Esto no está bien, André. Si no quieres que seamos más amigos, perfecto. Pero créeme cuando te digo que esta no es la manera de llegar a mí.

O eso creo...

- ¡Demonios! - gritó y dio un puñetazo al brazo del sofá. Me puse de pie y revisé los bolsillos de mis jeans; encontré lo justo para tomar un taxi e irme a casa. El problema era que mi bolso había quedado en el auto. Supongo que lo recuperaré después, me dije mientras cruzaba la habitación y salía a la calle a esperar a que pasara un taxi. - Jas, espera - André estaba - se había puesto otra vez la camisa - tras de mí con expresión abatida -, te llevaré.

El viaje hasta mi casa fue en un incómodo silencio, lo que nunca antes había sucedido entre nosotros. Cada uno iba ensimismado en sus pensamientos. Y yo me preguntaba qué era lo que había pasado exactamente en su departamento.

Te dejaste llevar...

Sí, me dejé llevar. Pero debo admitirlo, estaba sintiendo riquísimo y la forma en la que él me había besado era deliciosa y me había dejado con ganas de más.

Aún seguía con ganas de más.

¡Es André...!

Bueno él quería que lo viera como a un hombre, ¿no? Bien, pues funcionó. Aquí estoy recordando lo que paso hace un rato y queriendo saborear sus labios. ¡Carajo, Jas! Hace un momento decías que estaba mal ¿Y ahora quieres saborear sus labios? ¡Decídete mujer! Me regañé a mí misma. El torrente de emociones, sensaciones y demás me estaba confundiendo. Necesitaba darme una ducha y analizar todo lo ocurrido. ¿Cómo es que esto había sucedido?

- Lamento lo que pasó en el departamento - dijo cuando llegamos a mi casa.

No, no lo lamentas.

- Si, está bien. Igual me dejé llevar - André cerró los ojos y asintió.

- Jas, desde hoy quiero que me veas como al chico que te está tratando de ligar - me miraba a los ojos intensamente.

- André, ¿tú crees que mi mejor amigo hubiera chupado mis pezones? - solté y me sorprendí al encontrarme molesta; él sonrió. - Como sea, obvio ya no te veo como a mi amigo.

- Me parece bien - respondió aún sonriente. - Porque el que chupará y besará tus pezones será el hombre, no tu amigo - un escalofrío recorrió mi espina dorsal, tomé mi bolsa del asiento trasero y me limité a salir del auto.

- Te veo luego - dije antes de cerrar la puerta.



Los días pasaron y André no llamó. Tampoco es que quisiera que llamara, no ahora. No cuando lo que pasó en su departamento era tan reciente. Había observado todas las fotos en donde André y yo estábamos juntos. Siempre me abrazaba de una forma tan protectora y siempre me había sentido bien entre sus brazos, desafortunadamente para mí eso también incluía la otra noche. Cada una de las veces que había visto las fotos y miraba a André recordaba lo que pasó en su departamento y recordaba aún más sus manos, sus ojos, su mirada, sus besos, su aliento, su lengua...

Yo era un mar de confusión. Una parte de mí decía que era André, mi mejor amigo, con quien había compartido buenos y malos momentos. La otra parte decía que también era el hombre que se había enamorado de mí y que pedía una oportunidad. No sabía qué hacer, pensar o decidir. Era obvio que ya no podía verlo como a mi hermano mayor y mejor amigo, él había cortado esa relación y yo lo había aceptado, ahora lo tendría que ver como al chico que me quería ligar.

O algo así.

Era sábado y yo caminaba hacia ninguna parte en particular. Deambulaba sin rumbo porque necesitaba pensar. Mientras caminaba, observé las tiendas de regalo y demás. En los escaparates y paredes había letreros de ofertas por San Valentín. Chocolates, rosas, corazones, osos de peluches, tarjetas y toda clase de chucherías rojas y con corazones se vislumbraban en las estanterías. Suspiré. Se acercaba la fecha más miserable de mi vida. También era mi cumpleaños. Volví a suspirar. Cada San Valentín era lo mismo, me frustraba al ver a las parejas besuquearse y andar de la mano por las calles de la ciudad. Dios, era tan... ¡odioso! No es que me importara tener novio, para nada. Es solo que si querías sentirte deprimido esa era la mejor fecha para sentirte olvidado y triste. El día te recordaba a cada maldito minuto que no tenías pareja. Cada vez que la depresión se asomaba en mi rostro André había estado allí para mí y también para recordarme que era mi cumple y debía estar feliz. He aquí el problema, esta vez André no estaría conmigo.

Y yo no le llamaría.

Un carro negro me seguía el paso lentamente y yo miré al conductor. Cristopher. Se detuvo y me acerqué a él.

- ¿A dónde vas?

- A ningún lado en particular.

- ¿Quieres dar una vuelta? - asentí y me subí.

- ¿Por qué tan sola, rojita? - AC/DC sonaba a bajo volumen y yo lo miré enarcando una ceja y sonriendo a medias.

- ¿Rojita? Eso es nuevo... - volteó los ojos y sonrió. - ¿A dónde ibas?

- Me mandaron a comprar unas cosas. Espero que no te importe.

- No, no te preocupes. Igual no tengo nada mejor que hacer.

- Aún no respondes mi pregunta - encogí los hombros.

- Salí para despejar mi mente.

- ¿Algo te preocupa?

- Han pasado muchas cosas últimamente - me miró y yo le sonreí.

- ¿Quieres contarme? Igual sirve para que te desahogues - dobló hacia la derecha para tomar la avenida. Pensé durante un momento si contarle o no. Entró al estacionamiento del Home Depot y aparcó.

- Más tarde - le dije -, primero compremos - le sonreí. No me había fijado en cómo iba vestido hasta que salió del carro. Bermudas caqui, camisa sport blanca, sandalias. Se veía guapísimo, aun cuando llevaba el cabello alborotado.

Compró dos cerraduras, barniz y pintura blanca. Además dio las medidas de un par de ventanas y una puerta, que se encargarían de llevar después hasta su casa. Hablamos de todo menos de mí y él notó que estaba algo deprimida e hizo todo lo posible por hacerme reír.

- ¿Quieres ir al cine? - preguntó cuándo ya estábamos cerca de mi casa.

- Ammm... ¿contigo? - fruncí el ceño, él puso los ojos en blanco y sonrió. Al parecer hacía ese gesto siempre. Yo reí, y fue un sonido genuino. - Broma.

- Entonces, ¿quieres ir?

- Claro - se detuvo frente a mi casa.

- Bien, paso por ti en una hora. ¿Es suficiente? - rodé los ojos y sonreí con ganas.

- Sino te tendré esperando - bajé del auto. - Te veo en una hora, Cris.

Entré a mi casa y fui derecho hasta mi habitación. Me di un baño rápido y me puse unos jeans entubados y deslavados, una blusa de abotonar a cuadros negros y verde agua y sandalias espartanas negras. Usé un poco de crema para peinar y luego sequé mi cabello, suelto se vería bien. Un poco de ángel, rímel y brillo, nada cargado. La chica del espejo sonrió. Yo sonreí.

Estaba feliz de haberme encontrado con Cris, él era simplemente genial. En los últimos días me había buscado y así empezamos a ser cercanos. Nuestra relación había mejorado muchísimo y yo estaba feliz. Cristopher aún me atraía pero ya no me ponía nerviosa a su lado - ¡gracias al cielo! -, de hecho me gustaba estar con él. Me sentía cómoda y él se preocupaba por mí. Hoy lo había hecho y amé cada minuto que dedicó en hacerme reír.

¿Desde cuándo Cristopher es tu mejor amigo...?

No es mi mejor amigo. Es solo... Cristopher.

¿Y André...?

La voz en mi cabeza tocó una delicada fibra. André. André no estaba conmigo y además él había estropeado nuestra amistad. Ahora era el chico que me quería ligar y gracias a su decisión yo estaba demasiado confundida. Aún quería conservar algún vestigio de amistad.

Din Don

- Yo voy - grité mientras me apresuraba a bajar las escaleras. Y cuando abrí ¡sorpresa! André estaba frente a mí.

- Hola - dijo.  En ese momento, Cristopher se detuvo enfrente y tocó el clacsón.

¡No! ¿Por qué tenías que llegar justo ahora?

- ¡Mamá voy a salir, ya vuelvo! - grité. André miró el Renault negro y su mandíbula se tensó. - Hola - saludé cortante.

- ¡No vuelvas muy tarde! - gritó en respuesta mi madre.

- Veo que ya se te olvidó lo que te hizo...

- Error mío. Saqué conclusiones aceleradas y se disculpó por su actitud, así que supongo que está bien. Además, solo somos amigos - cerré la puerta y empecé a caminar.

¿Por qué demonios le estoy dando explicaciones?

- ¿Y yo? - había resentimiento en su voz y me había tomado del brazo para impedir que siguiera caminando. Miré su agarre y luego a sus ojos.

- ¿Y tú? ¡Tú decidiste terminar nuestra amistad porque querías que te viera como a un hombre! - le espeté alzando dos octavas la voz y me solté de su agarre de un jalón. - Pues bien ¡Felicidades! ¡Lograste lo que querías!

- No me darás una oportunidad... - más que una pregunta fue una afirmación.

- Necesito más tiempo para pensarlo - dije y caminé hasta el Renault negro. La mirada de André estaba llena de resentimiento, confusión y dolor.

- ¿Todo bien? - preguntó Cris mientras nos alejábamos. Yo estaba tensa y las lágrimas amenazaron con salirse. Cerró los ojos y exhalé. Asentí. - ¿Segura? - su tono era preocupado. Volteé la cara hacia la venta mientras observaba el paisaje cambiar. Una lágrima se deslizó por mi mejilla.

- No - respondí al fin y lo miré. Cris aparcó en el primer espacio libre que encontró.

- ¿Quién era él? ¿Tu novio? - Las lágrimas seguían escapando. Le conté rápidamente lo que había pasado entre nosotros, omitiendo lo que pasó en su departamento. Cuando terminé, él secó mis lágrimas y me tendió un kleenex. - Entiendo por qué estas así.

- ¡No sé qué hacer! - dije con desesperación. Había dejado de llorar pero mi voz seguía pastosa.

- Te llevará un tiempo asimilar la idea. Tal vez deberías dejarle en claro eso - Cris se encogió de hombros. - Debería entender que está echando por la borda años de amistad. Solo dile lo que de verdad sientes - finalizó sonriendo dulcemente y acariciando mi mejilla con su pulgar.

- Gracias - le miré a los ojos.

- No te preocupes. Solo sonríe, ¿sí? - y lo dijo de tal manera que no pude evitar sonreír. - Eso está mejor. Entonces, ¿al cine? - asentí.

- Al cine - coincidí aún sonriente. Me sentí mejor cuando me hube desahogado y Cris era tan comprensivo, amable y dulce. Era bueno tenerlo a mi lado.

Al siguiente día en la tarde le mandé un mensaje a André.
            <Hola xfa vn a mi kza nczitamz hablar>

Cuarenta minutos más tarde estaba recargada contra el Ibiza plateado y con André a mi lado. Le había dado vueltas al asunto demasiadas veces y era hora de decirle lo que de verdad sentía como había dicho Cris. Sería lo mejor para los dos.

- No quiero perderte - solté de pronto, André pareció sorprendido y continué antes de que pudiese hablar. - Pero tú decidiste dejar de ser mi amigo solo por una oportunidad conmigo. El problema es que no puedo darte esa oportunidad y si eso significa que tengo que perder a mi mejor amigo, pues que así sea... - mi voz comenzaba a quebrarse.

- No me tienes que perder, Jas - lo miré esperanzada. - Entiendo que forcé la situación y que estoy presionándote, pero.... - cerró los ojos y suspiró. - Tampoco te quiero perder, me dolería mucho más de lo que estoy dispuesto a admitir.

- Entonces, ¿podemos continuar como antes? - pregunté esperanzada, aunque pareció una súplica. Sabía que estaba pidiendo un imposible, nada volvería a ser como antes. André cruzó los brazos y se masajeó el tabique de la nariz, parecía cansado.

- No, Jas. No podemos continuar como antes, no como los mejores amigos. Ya no. Ahora seremos simples amigos. Sabes que me gustas y que te quiero. Eso no va a cambiar de la noche a la mañana - cerré los ojos y me obligué a mí misma a no llorar. ¿Cómo llegamos a esto? Asentí.

- Está bien, Andy - dije mientras me pasaba una mano por el cabello. De pronto sentía frío y el André que conocí parecía ahora tan distante.

- Te quiero, Jas. De verdad - se acercó a mí y me abrazó. Le devolví el abrazo y me aferré a él, a sus fuertes brazos y a la calidez que sentía. Un par de lágrimas escaparon. - Tómate tu tiempo - dijo y después me soltó. Me sequé las lágrimas y traté de sonreír. Subió al carro y se fue. Lo vi alejarse rápidamente mientras mi corazón latía desbocado y en mi pecho se extendía la sensación de vacío.

De pronto la realidad me golpeó: había perdido a mi mejor amigo.
« Última modificación: Marzo 09, 2011, 01:36:57 pm por Amiiziitha! »

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Re:Una Típica Historia de Amor
« Respuesta #1 en: Marzo 09, 2011, 01:36:17 pm »
[...]

Los días pasaron y André no fue a visitarme, no llamó y tampoco mandó mensajes. Las veces que había tratado de llamarle para charlar un poco había saltado el contestador o simplemente decía que estaba ocupado. Me evitaba y en parte entendía por qué. Mi absurda necesidad de buscarle debía terminar puesto que solo éramos <amigos>. Trataba fuertemente de hacerme a la idea de que <mejores amigos> y <amigos> significaban lo mismo solo con la diferencia del <mejores>. André ya no sería mi paño de lágrimas y yo quería creer con todas mis fuerzas que eso estaba bien. Él aún seguiría allí, no con la misma disposición de siempre pero, al fin y al cabo, allí. La sensación de vacío seguía estando en mi pecho y eso era algo que solo el tiempo podía desaparecer.

Al mismo tiempo, mi relación con Cristopher había mejorado y poco después de contarle que había hablado con André, dijo lo que sentía por mí. Fue una verdadera sorpresa cuando se me declaró, algo que no me esperaba pues había estado tan ausente últimamente que no me había percatado que era más atento. Además de que las expectativas de que él se fijara en mi eran muy pocas.

Había pasado mucho tiempo desde que dejaba a alguien llegar hasta mí. Más que nada por miedo a que me sucediese lo mismo que con los chicos anteriores, pero uno no vive la vida temiendo salir y encontrarse con el amor. Después de todo de eso se trata el amor, de arriesgarse a ganar o perderlo todo. Y yo había perdido André y ganado a Cristopher.


Era miércoles por la tarde y me habían mandado a comprar unas cosas, caminaba rumbo a mi casa distraída cuando me topé con André. Estaba sorprendida tanto como él o más y me alegré de encontrarle.

- ¡Hola! - le saludé entusiasmada y él no parecía tan entusiasmado.

- Hola, ¿qué tal, Jas?

- ¡Genial! ¿Y tú?

- Todo bien - respondió cortante. ¿Qué le sucede?

- ¿Esperas a alguien? - pregunté al darme cuenta que llevaba un par de bolsas.

- Sí, a mi novia.

A su novia.

- Ah... - atiné a decir. La noticia de que tenía novia me cayó como balde de agua fría. Muy fría. Horrorosamente helada - ¡Genial! - me apresuré a decir.

- Tú también tienes novio, ¿no? - asentí. ¿Cómo se enteró? - Deberíamos salir un día juntos los cuatro - me obligué a sonreír esperando que no pareciera una mueca.

- Claro - respondí. Una chica morena muy guapa salió del Oxxo que estaba frente a nosotros y se paró junto a André; me miró primero y luego a él. André le rodeó la cintura y la besó. Algo en mi pecho dolió y me sentí molesta.

- Ana te presento a Jasmine, una amiga. Jas ella es mi novia, de quien te estaba hablando - le tendí la mano y sonreí.

- Mucho gusto - dijo. Ella era igual de alta que yo - metro setenta y cinco -, delgada, cabello negro y lacio, ojos oscuros y tenía un piercing en la nariz.

- Igualmente - respondí aun sonriendo. - Me tengo que ir. Me dio gusto verte, Andy - enfaticé sutilmente el nombre. Si André lo notó o no, no me di cuenta. Pero Ana sí lo había notado y había enarcado una ceja y torcido ligeramente el gesto.

- Lo mismo digo, Jas. Habrá que ponernos de acuerdo para la cita doble, te mandaré un mensaje - sonreí una vez más a Ana y caminé.

¡Que rabia! "Me gustas y te quiero..." "Eso no va cambiar de la noche a la mañana" Si como no. ¡Bastardo mentiroso! ¡Tiene novia! Además, ¿por qué carajos estaba tan cortante al principio? ¿No se alegró de verme? ¡Ahh! ¡¿Y por qué carajos estoy yo haciendo esta rabieta?! ¡No debería de importarme!

Estas celosa...

¡Cállate! ¡No estoy celosa!

Si lo estás...

¡Que te calles, estúpida voz! ¡No estoy celosa! Solo estoy... ¡molesta! Porque él es como todos. ¡Mentiroso! ¡Tiene novia!

Tú también tienes novio...

Cierto...

Si, ahí estaba dándome cuenta de que estaba horriblemente celosa. André tenía a Ana y yo a Cris. No debía haber celos puesto que yo quiero a Cris no a André. No debía haber celos porque yo había dejado muy en claro que era demasiado duro asimilar el hecho de que él me quisiera, porque era difícil verlo como al chico. No, no era difícil. Solo me encerré en mi burbuja e hice las cosas más grandes de lo que eran. Porque me empeñé en verlo como a mi amigo cuando ya lo veía como al chico.

Cruda realidad...

Todo lo había iniciado yo, desde el momento en que él me contó que quería a una chica y ella no se daba cuenta de sus sentimientos. Le había dicho que si fuera yo le daría una oportunidad y él se había arriesgado. ¿Y qué había hecho yo? Negarle la oportunidad y hacer una tormenta en un vaso de agua. Me había portado como una estúpida y seguía haciéndolo. ¿Por qué me puse celosa?

Porque lo quieres..., dijo la vocecilla en mi cabeza.

Apreté los labios. No, no lo quiero. Estaba celosa porque... porque fue duro verlo con ella después de lo que me había dicho, punto final.

Testaruda...

Ignoré la voz en mi cabeza y traté de olvidar como André había abrazado y besado a Ana. Sin éxito. Entre más trataba de alejar la imagen de mi cabeza más lo recordaba y más enferma me sentía. Sentía ganas de regresar y alejarlo de ella. Cerré los ojos y suspiré exasperada. Si tenía novia o no, era algo que no debía importarme.

Llegué a mi casa y dejé la bolsa con las cosas sobre el desayunador de la cocina mientras contestaba mi celular.

- Hola, Cris - saludé mientras subía a mi cuarto.

- Hola, nena. ¿Estás muy ocupada?

- Para nada, cariño ¿Qué pasa?

- Pasa que tengo ganas de verte - sonreí tontamente.

- Entonces ven - entré a mi cuarto y cerré la puerta para después tumbarme en la cama.

- Entonces ábreme - dijo y por su tono imaginé que estaba sonriendo. Me levanté de la cama y me asomé por la ventana. El Renault negro estaba abajo y Cristopher se recargaba sobre él con el celular en la oreja. Debe haber llegado cuando recién entraba a la casa, pensé.

- Ahora bajo - colgué y salí corriendo. Cuando llegué junto a él, me rodeó la cintura con sus brazos y me besó. Yo rodeé su cuello con mis brazos y enredé mis dedos en su cabello. Fue un beso dulce y lento hasta que pensé en André. ¿Por qué carajos estaba pensando en André? Me separé de Cris, lo miré a los ojos y sonreí. - Hola.

- Hola - susurró. Él se veía tan... radiante. Tenía una sonrisa de satisfacción y sus ojos parecían contemplar la escultura de una diosa. El punto era que me contemplaba a mí y yo no era exactamente una diosa. Fruncí el ceño.

- ¿Por qué me miras así? - se encogió de hombros.

- ¿Así como?

- ¡Así! - frunció el ceño. - Olvídalo - el río.

- Eres todo un caso, rojita - me volvió a besar y esta vez la cadencia del beso se tornó más acelerada, lo suficiente como para robarme el aliento.

- Me encontré con André y su novia - conté cuando separé mis labios de los suyos, aún mantenía mis brazos alrededor de su cuello.

- ¿Sí?

- Ajá... Parece que está bien. Me preguntó cuándo podíamos salir los cuatro en una cita doble - allí estaba yo contándole a Cris de Andy y su novia mientras los celos me carcomían.

- Cuando quiera - respondió Cris.

- Dijo que me mandaría un mensaje - me encogí de hombros y el asintió.

- Cambiado de tema - dijo -, se acerca el 14 de febrero.

- ¡Yujú!... - respondí con fingido entusiasmo, él río con ganas. La estúpida fecha sería el próximo lunes.

- Estoy preparando algo especial para la cumpleañera - rodé los ojos y esbocé una media sonrisa.

- No es necesario, con que estés a mi lado estará bien - le di un quico.

- Supuse que dirías eso, así que no digas más y espera a ver la sorpresa - nos volvimos a besar pero yo no estaba poniendo atención. Mi mente estaba pensando en André.
¿Por qué pensaba en él cuando estaba con mi novio? ¿Por qué de pronto no podía sacarlo de mi mente?

Porque le quieres...

Ignoré lo que la voz en mi cabeza dijo. Eso no podía ser verdad. Cristopher y yo charlamos un poco más y luego se despidió con un efusivo beso, después me encerré en mi habitación. Estaba enojada conmigo misma por pensar en otro chico cuando estaba con Cristopher. Él no se merecía que yo le hiciera eso, no después de estar conmigo cuando el chico en el que pensaba se alejó concienzudamente de mí. Cris se había dedicado a cuidarme y preocuparse por mí. Él de verdad me quería. Suspiré. Esto era verdaderamente genial. Ahora  ni siquiera sabía lo que siento por Cristopher o por André. Es decir, Cris había estado ahí para mí y estaba muy agradecida por ello. Luego me había pedido que saliéramos juntos, pero ¿había sido porque de verdad quería salir con él, por mera gratitud o porque estaba confundida? Porque de verdad quería salir con él, me dije a mi misma pero no estaba muy segura de ello. Por otro lado, ya había aceptado que le había negado la oportunidad a André y me había encerrado en mi mundo para no afrontar la realidad... ¿Cuál realidad? ¿Por qué no le di la oportunidad a André? La realidad de que tal vez en el fondo - pero muy en el fondo - me sentía atraída por él y no quería aceptarlo. Me seguiría negando a aceptarlo ya que no era posible.

Si es posible... , dijo la vocecilla.

La respuesta a la otra pregunta era miedo. Pero ¿miedo a qué? ¿O a quién? ¿A André? No. Yo no debería temer a André. Él jamás me haría daño. ¿Entonces? ¿A mí misma? Puede ser. ¿Al amor? ¿A salir lastimada? Solo eso explicaría el porqué de negarle una oportunidad a André si - según yo - no lo quiero. Lo que nos lleva a una nueva pregunta. ¿Qué es lo que en verdad siento por André? ¿Y por Cristopher?

¡Ahh! ¡Basta! Demasiado complicado.

Me había quitado toda la ropa y quedado solamente en cacheteros y una blusa sport. Estaba tendida boca abajo en mi cama y abrazaba una almohada. No tenía sueño, era muy temprano - las nueve treinta - y además con todas las cosas en mi cabeza dudaba que pudiese pegar el ojo. El celular comenzó a vibrar en la mesita de noche, extendí el brazo y fruncí el ceño al ver el nombre en la pantalla. Contesté.

- Hola - dije mientras me acomodaba nuevamente.

- Hola - respondió André. - Perdona por llamarte tan tarde...

- Son las nueve, Andy - obvié y rodé los ojos.

- Es tarde...

- No es tarde - dije. - Tu y tú sentido del tiempo - traté de no sonreír. Sonaba a los viejos tiempos. Reprimí un suspiro y pareció que él también pensaba lo mismo. - ¿Qué pasa? - pregunté después de un minuto. Mi corazón empezó a acelerar sus latidos. André tardó en responder.

- Es por la cita doble... ¿Puede ser el sábado?

- Si no hay problema. Cristopher estuvo de acuerdo cuando le hice la propuesta - respondí desilusionada. Creí que me contestaría otra cosa. Realmente quería que fuera otra cosa. De repente me sentía ansiosa.

- Estaba pensando en ir a bailar, pero si ustedes tienen una propuesta mejor...

- No, está bien -interrumpí. - ¿A dónde? ¿B4? - era el antro de moda en la ciudad y tocaban buena música.

- Sí ¿A qué hora nos vemos?

- ¿Te parece bien a las once? - pregunté impaciente.

- De acuerdo, nos vemos fuera de B4 - finalizó y creí que iba a colgar pero siguió del otro lado del teléfono debatiéndose entre si decir algo o no. Mi corazón se aceleró de nuevo.

- ¿Qué pasa, Andy? - mi voz era ansiosa. Escuché un suspiro.

- Te he extrañado - dijo al fin y yo sentí mariposas en mi estómago, mi corazón latió aún más deprisa y una sonrisa apareció en mi rostro. ¿Por qué demonios me sentía así?

- Yo también - mi voz sonó aliviada.

- Hoy te veías hermosa - dijo y yo me sonrojé. - Pero ahora que recuerdo, tu siempre te vez hermosa.

- ¿Te han dicho que necesitas anteojos? - le escuché reírse. ¿Por qué mi corazón se empeñaba en querer salirse de mi pecho? Solo esperaba que André no pudiera escucharlo.

- ¿Por qué andas con Cristopher? - preguntó de pronto y en su voz había tristeza y reproche. Desgraciadamente eso hizo que el ambiente entre nosotros se tensara. Suspiré.

- ¿Por qué andas con Ana? - repliqué.

- Por despecho - respondió con amargura. No me esperaba esa respuesta. - Ahora respóndeme tú.

- ¿De verdad quieres saber? - pregunté con la esperanza de que su respuesta fuera un <no>.

- Sí - podría imaginármelo con la mandíbula tensa. Cerré los ojos y rodé hasta ponerme de frente al techo.

- No lo sé - contesté al fin.

- No lo sabes... - había un dejo de sarcasmo en su voz - Entonces ¿por qué estas con él?

- ¡No lo sé, André! ¡Estoy confundida! - dije desesperada, me llevé la mano libre a la frente y cerré los ojos. No debía llorar. André suspiró.

- Lamento presionarte...

- Hoy mientras lo besaba pensé en ti - solté de pronto ¿por qué demonios le había dicho eso?

- No deberías jugar con él sino le quieres - respondió después de varios segundos. ¡Estúpida...! Ahora pensará que lo quiero... ¿Lo quiero?

- Estoy confundida - dije de nuevo y esta vez había resentimiento en mi voz. Resentimiento hacia mí misma. - Además no estás en posición de decirme eso, ¿no crees? - Pasaron varios minutos antes de que alguno de los dos dijera algo. Al final, fue él quien rompió el silencio.

- Tienes razón. Pero al menos yo estoy seguro de a quien quiero - silencio.

- Claro...

- Te quiero a ti, Jas... - su voz era un susurro. Sentí otra vez las mariposas en el estómago y sonreí tontamente.

- Pero...

- Nos vemos el sábado - interrumpió mi replica y colgó.

- Hasta el sábado - susurré, pero él ya no me escuchaba.

¿Por qué se sentía tan bien cuando me decía <Te quiero>? ¿Por qué me decía <Te quiero> cuándo tenía novia? ¿Por qué tenía novia? ¿Y por qué me seguía sintiendo de esta manera? ¿Por qué se sentía diferente de cuando Cristopher me lo decía?  Con esas y otras mil preguntas rondando en mi mente, recordando la voz de André diciéndome <Te quiero> y con mi interior hecho un caos en general, lentamente me quedé dormida.



El sábado llegó y yo estaba... ansiosa. Después de negarlo completamente el viernes y parte del sábado, al final había aceptado que quería ver a André. Dolorosamente me di cuenta de que me moría de ganas de verle más que a Cristopher, que era mi novio.

Estaba mirando mi despampanante - o al menos esperaba verme así - figura frente al espejo. Había pasado horas decidiendo que me pondría hasta que por fin me decidí. Me había puesto unos pantalones a la cadera de cuero, negros que se adherían a mí como una segunda piel; la blusa era roja, con cuello de hamaca y con un pequeño escote en la espalda. El tipo de cuello dejaba al descubierto lo necesario, sin embargo no podía decir lo mismo de mi abdomen. La blusa llegaba justo cuatro dedos más arriba de mi ombligo y los pantalones me quedaban seis dedos abajo, así que era un gran tramo de piel. Para completar el modelito me había puesto unas zapatillas rojas de tacón de aguja. Había recogido mi cabello de tal manera que callera en cascada y no opacara el escote de la espalda. En cuanto al maquillaje, había aplicado blush y delineado mis ojos, algo extra a como siempre me maquillaba.

- ¡Genial! - dije mientras me daba mil vueltas frente al espejo. Esa no parecía yo. Ni siquiera cuando iba con André y otros amigos me vestía así. Bueno, siempre había una primera vez para todo, y esa noche quería impresionar.

El clacsón del Renault negro sonó y yo bajé apresurada. Hubiera tomado una foto a Cristopher de saber que iba poner una cara así. Estaba boquiabierto y con los ojos saliéndosele de las órbitas, tragó saliva y me observó nuevamente de pies a cabeza. Estaba segura de haber visto un destello morboso antes de sonreír pícaramente.

- No sabía que podías vestirte así... - dijo sonriendo todavía mientras se ponía en marcha.

- ¿Por qué? - pregunté como quien no quiere la cosa.

- ¿Te viste un espejo antes de salir? - preguntó incrédulo y me sorprendió. - Te ves endemoniadamente sexy, Jas. Considérate afortunada si llegamos a B4 - enarqué las cejas y reí.

- ¿Tanto así?

- No tienes ni idea de lo que provocas - respondió divertido y miró el escote de mi blusa.

- ¡Hey! ¡Mira por donde conduces! - dije mientras me tapaba exageradamente, el rió.

Veinte minutos más tarde llegamos a B4 y André y su novia nos esperaban. ¡Dios! ¡Se veía guapísimo! Me bajé del carro mientras Cristopher iba a buscar un lugar donde aparcar. Mis ansias desaparecieron y mi corazón se aceleró. Para mi satisfacción cuando André me vio puso la misma cara que Cris y Ana hizo un gesto de molestia. Les sonreí. En realidad le sonreí a André.

- Hola - saludé y besé en la mejilla a Ana y luego a André.

- Hola - dijeron casi al unísono. André mantenía a Ana abrazada por la cintura y ella se pegó más a él y le besó la mejilla. Ella me miró por el rabillo del ojo esperando mi reacción y yo suprimí una sonrisa burlona, aunque una parte de mí se estaba muriendo de celos. Las palabras de André la noche pasada resonaron en mi cabeza y yo me pregunte por quincuagésima vez por cómo podía decirme <Te quiero> cuando andaba con ella.

- ¿Les hicimos esperar mucho?

- Para nada. Nosotros también acabamos de llegar - respondió André; miré por donde Cris se había ido, cuando lo vi pasar entre un grupo de chicos. Llegó hasta nosotros y me abrazó rodeándome la cintura con sus brazos y, mientras me besaba enérgicamente, sentí una de sus manos en la parte superior de mis glúteos; me di la vuelta nuevamente para mirar a André sin soltarme del abrazo y pude ver un atisbo de rabia y celos en sus ojos.

- André, Ana les presento a Cristopher, mi novio. Cris, mi... amigo André y su novia Ana - les tendió una mano sin soltarme y cuando saludó a André pude notar que se apretaron las manos más de lo normal. ¿Qué era eso? ¿Una competencia para ver quién daba el apretón más fuerte? Negué ligeramente con la cabeza y miré hacia otra parte. ¡Hombres!

Entramos al antro y nos sentamos en una mesa libre en una esquina. El mesero llegó y André y Cris pidieron cervezas y dos cajetillas de cigarros mientras Ana pidió un refresco. Yo en cambio, fui hasta la barra y pedí una margarita. Podía sentir la mirada de varios chicos y me sentí halagada, sexy y traviesa.
Llegué hasta la mesa moviéndome al ritmo de la música electrónica y le tendí la mano a Cristopher que en ese momento platicaba con Ana. Le di una mirada y una sonrisa pícara y luego tomé otro sorbo de la margarita; por el rabillo del ojo me di cuenta que André me observaba. Cris me tomó la mano y se disculpó con Ana mientras yo lo arrastraba a la pista de baile. Comenzamos a bailar y yo me pegué a él de formas sugestivas - que no me creía capaz de hacer hasta ahora -, mientras le lanzaba miradas sensuales, sonrisas pícaras o me mordía los labios. Pude ver como en los ojos de Cristopher aparecía el morbo, sentía sus manos recorrer mi cuerpo y sobre todo, sabía que André nos estaba viendo.

Después de un rato de tanto bailar, fuimos a sentarnos. Ana y André estaban en medio de algo parecido a una discusión, pero los ignoré y fijé mi atención en Cris, quien destapaba una cerveza y tomaba un trago. Lo besé apasionadamente y cuando me alejé relamí mis labios. Cris enarcó una ceja y me mostró una sonrisa sexy. Miré de nuevo en dirección a André y lo vi fastidiado mientras Ana se iba de la mesa furiosa; Cris me hizo una seña preguntándome que les pasaba y yo me encogí de hombros indicándole que no sabía.

- ¿Qué pasa? - le pregunté cuando estuve sentada a su lado.

- ¡Está celosa! - respondió elevando la voz por encima de la música, yo enarqué las cejas.

- ¿Celosa? ¿Por qué? - grité mirando a Cristopher que bailaba en su asiento y tomaba tragos de su cerveza de vez en cuando. Sabía muy bien que no le agradaba mucho que estuviera con André, sobre todo porque sabía lo que él siente por mí. De hecho, pensaba que había aceptado la invitación de André para demostrarle qué era él quien estaba conmigo.

- ¡De ti! ¡Porque dice que no te quito la mirada de encima! - me encantaba que fuera tan sincero y que Ana estuviera celosa de mi porque él no podía dejar de verme, me hacía sentir muy bien.

- ¿Y es cierto? - pregunté inocente y comencé a moverme al ritmo de la canción que sonaba. Sabía que Cris no podría escuchar nuestra conversación y eso me daba cierto alivio. André me miró alzando las cejas y ocultando una sonrisa.

- ¡Tú debes saber! - se limitó a decir. Yo puse los ojos en blanco y regresé al lado de Cris.

- ¿Todo bien? - preguntó, asentí. Me acerqué hasta quedar cerca de su oído, así me escucharía sin tener que gritar.

- Ya vuelvo. Iré al baño y luego a la barra por otro trago - dije en el tono normal.

- ¡Está bien! - respondió y luego me dio un beso corto.

El baño estaba justo del lado opuesto a nuestra mesa y cuando salí no vi a André pero sí a Ana y Cristopher platicando. Comencé a caminar hacia la barra - que estaba frente a la pista de baile -, cuando sentí que alguien me tomó del brazo y comenzó a arrastrarme hacia la salida. La oscuridad parcial que provocaban las luces multicolores y parpadeantes, impidieron que reconociera a mi captor hasta que estuvimos fuera del lugar.

- ¿Qué te pasa? - le pregunté a André mientras me arrastraba por el estacionamiento lleno de coches y grupos de gente. No respondió. Nos detuvimos al llegar hasta su auto. - ¡André! ¿Qué te pasa? - pregunté irritada y jalando nuevamente el brazo consiguiendo soltarme. Me miró y fue una mirada inescrutable.

- Sube - ordenó.

- No - me crucé de brazos. - ¿Qué pasa?

- Necesito hablar contigo, sube - dijo impaciente.

- No voy a subir. Podemos hablar aquí - respondí testaruda. Cerró los ojos y suspiró exasperado. Cuando los abrió de nuevo parecía más tranquilo. Yo caminé hasta la parte delantera del carro y me recargué en ella. Me miró de pies a cabeza y luego a los ojos.

- ¿A qué juegas? - preguntó después de varios minutos de silencio.

- ¿Perdón? - repliqué sorprendida. No sabía a qué se refería.

- Te vistes así, le seduces, le besas... ¡Sabes que te estoy observando! - Volteé la cara y apreté los labios para no reírme.

- Es mi novio, ¿no? Puedo hacer lo que quiera con él - André exhaló audiblemente y apretó los puños. - Además no entiendo a qué viene el numerito si tienes novia - agregué al ver que no respondía. Crucé las piernas mientras recargaba mi peso en mis manos.

- ¿Sabes por qué estoy con Ana?

- Despecho, según me dijiste la otra noche. Aunque no sé por qué estas despechado - Él bufó.

- ¿Cómo querías que me sintiera cuándo la chica a la que le pedí una oportunidad no me la da a mí pero si a otro? - espetó, yo lo miré sorprendida. - ¡Tú no sabes lo mucho que me dolió enterarme que andabas con ese imbécil! - Abrí los labios para replicar algo pero los volví a cerrar al instante. No tenía una réplica. Comencé a sentirme molesta conmigo misma. - ¿Por qué, Jas? ¿Por qué precisamente él?

- ¿Por qué? - vociferé poniéndome de pie y acercándome hasta que solo nos separaban unos centímetros. Las zapatillas lograban que le llegara al mentón. - ¡Porque él no era mi mejor amigo! ¡Porque él estuvo allí cuando tú me evitabas! - sentí que mi voz se cortaba. Resentida, le miré a los ojos y él sostuvo mi mirada.

- Ni siquiera sabes lo que sientes por él... - dijo aún mirándome. Le di la espalda y me alejé unos pasos, crucé mis brazos, cerré los ojos y apreté los labios.- Dime, Jas. ¿Por qué estás con él? ¿Por gratitud? ¿Por haber estado contigo cuando yo no? ¿O por qué querías alejarme? - me giré sorprendida al escuchar la última pregunta.

- ¿Alejarte? ¡Por Dios, André! ¡Yo jamás he querido alejarte!

- ¿Entonces, Jas? ¿Por qué andas con Cristopher? - exigió mientras se cruzaba de brazos y me miraba expectante.

- No... No lo sé - admití y pude sentir un ligero rubor en mis mejillas. Bajé la mirada y volví a darle la espalda. Sentía ganas de llorar y mi cabeza estaba hecha un caos. Una cosa era preguntarme a mí misma qué era lo que sentía por Cris y otra muy distinta tener que admitir frente a André que no sabía.

- ¿Qué sientes por mí, Jas? - Guardé silencio. No esperaba esa pregunta.  Lo escuché acercarse y pude sentir el calor de su cuerpo detrás de mí y su respiración en mi cuello. Mi corazón se aceleró, sentí cosquilleos en mi estómago y cerré los ojos, sabía que solo nos separaban centímetros. ¿Por qué me sentía así? ¿Por qué me había empeñado en provocarle celos esta noche? ¿Qué sentía por él?

Le quieres..., dijo la voz en mi cabeza. Ya no sigas negándolo...

André colocó sus manos sobre mi cintura y yo me giré cabizbaja. Levantó suavemente mi barbilla con su mano y me miró a los ojos. Su mirada era intensa y me veía con adoración y amor, supe entonces que sus ojos solo me verían a mí y a nadie más. Miré sus labios, estaban levemente separados y los humedeció. Miré nuevamente sus ojos y entonces me besó.

Llevó su mano hasta mi cuello mientras la otra descansaba en mi cintura y mis manos se posaban sobre su pecho. Mis labios se acoplaban a los suyos mientras me besaba dulce y lentamente. Nada comparado a los besos de Cris, ni al beso lujurioso que me dio la primera vez. Ese beso estaba cargado de  emociones encontradas que se unían para formar un solo sentimiento: Amor. No era un simple beso, era El Beso.
Y mientras lo besaba lo admití. Le quería. Le había querido siempre pero lo había confundido con la amistad. Me había aferrado a verlo como a mi mejor amigo por el simple hecho de no perderlo, de no destruir lo que habíamos compartido juntos todo este tiempo, sin darme cuenta de que él sentía lo mismo por mí y que al rechazarlo, lo alejaba de mí y destruía todo lo que había insistido en conservar. Había sido una tonta mintiéndome a mí misma y en mi desesperación y confusión, había usado a Cristopher y lastimado a André. ¿Cómo podía haber sido tan estúpida? ¿Por qué había cerrado mis ojos de tal manera? Ahora eso estaba de más. Aceptaba por fin el hecho de estar enamorada de André y eso era lo que importaba. El caos, los problemas y todo el mundo podía esperar, lo único que quería a gritos en esos momentos era besarle. Fundirme con él y decirle que lo quería.

La cadencia del beso fue disminuyendo hasta que nuestros labios se separaron unos cuantos centímetros. Cerré los ojos y traté de recuperar el aliento, mientras escuchaba los martilleos acelerados de mi corazón. Lo miré y él estaba sonriendo, seguro de sí mismo y de todo lo que le había transmitido mientras nos besábamos.

- Te quiero... - susurré y me acerqué eliminando los pocos centímetros que separaban nuestros cuerpos. André me rodeó con sus brazos y me besó la frente.

- Por fin lo aceptas - respondió tranquilamente usando el mismo tono de voz que yo.

- Perdón - dije mirándole tímidamente a los ojos - no...

- Shhh, calla - dijo poniendo un dedo índice sobre mis labios. - Ya no importa.

- Pero... - me miró alzando las cejas y levantando ligeramente la barbilla. Suspiré.

- Ya no importa - volvió a decir. - Comencemos nuevamente desde hoy, como si te acabara de confesar mis sentimientos - sonreí y asentí. Acerqué mis labios y lo besé.


De ahí las cosas fueron mucho mejor. Cristopher y yo quedamos como amigos pues había dicho que él se había dado cuenta que yo quería André. Así que lo aceptó de buenas a primeras y sin dramas y yo había estado muy feliz de que así fuera. En cuanto André, bueno, Ana no aceptó muy bien las cosas, a pesar de que ya sabía que él no la quería. Lo acusó también de haber jugado con ella.

Llegó el día de San Valentín y por consiguiente mi cumpleaños, y por primera vez en muchos años, no sentí que fuera un día malo. Las parejas que tanto odiaba que se besaran, me parecieron románticas, los pequeños detalles que se tenían unos con otros me parecieron… bueno, detalles y yo pude pasar todo el día en compañía del chico del que estoy enamorada y celebrar mi cumpleaños en compañía de mis amigos y familiares.

En resumen, fue el mejor día de mi vida. Incluida la noche.


FIN
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Desconectado Tamy 8D

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Re:Una Típica Historia de Amor
« Respuesta #2 en: Marzo 12, 2011, 09:10:57 am »
Me gustó mucho la historia ^^
lo de las voces en su cabeza me hizo recordar a mí jaja
tienes talento para estas cosas..
y también me gustó mucho tu forma de relatar la historia XD
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Re:Una Típica Historia de Amor
« Respuesta #3 en: Marzo 12, 2011, 01:12:52 pm »
que linda historia, me encanta este tipo de historia, y no sé porquee será pero las versines de mejores amigos enamorados siempre me gustan mucho.

tienes talento, espero poder leer otra de tus historias

Desconectado Amiiziitha!

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Re:Una Típica Historia de Amor
« Respuesta #4 en: Marzo 12, 2011, 01:15:57 pm »
Awww~~ gracias =) hago lo qe puedo ^o^ haha y en cuanto a otra historia~~ estoy trabajando en ello. Y de nuev gracias por sus comentarios. =)

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Re:Una Típica Historia de Amor
« Respuesta #5 en: Abril 23, 2011, 01:43:11 pm »
esta realmente genial! tienes talento no todas las historias me engnachan a leerlas hasta el final XDespero tu otra historia :D

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Re:Una Típica Historia de Amor
« Respuesta #6 en: Abril 23, 2011, 10:37:47 pm »
wowo me an mandado muchas historias pero la tuya es una de las que leo asta el final muy bna me recordo en cierto modo a mi en lo de rechazar a mi mejor amigo me engancho muy buena espero leer mas de ti


Hay cosas en este mundo mas faciles de ver cuando tratas de no verlas