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Mayo 22, 2018, 06:28:26 pm

Autor Tema: Bianca y La Estrella Fugaz  (Leído 1111 veces)

Desconectado Amiiziitha!

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Bianca y La Estrella Fugaz
« en: Abril 25, 2011, 01:56:33 pm »
Konnichiwa!! Hace ya un tiempo qe no posteaba nada, pero uff~~ la verdad es qe he estado algo corta de tiempo entre el trabajo, la escuela y sobre un nuevo proyecto entre manos para un concurso de letras~~ en fin... pero también he estado trabajando en este cuento y la verdad espero qe les agrade =) ojo! esta inconcluso pero lo continuare haha bueh~~ eso es todo! y ya saben, criticas y comentarios son bien recibidos =)


Bianca y La Estrella Fugaz

El cielo nocturno es tan hermoso como infinito e infinitas son las estrellas que cada noche brillan en él. Hay gente que las ignora, hay otras que creen que son espíritus ancestrales y nos observan, otro más creen que son solo simples rocas flotantes en el espacio y otros más, como Bianca, que creen que son seres mágicos. Bueno, ella no se equivocaba, no en esta historia.


Bianca, una estudiante de instituto, era una chica promedio. Ella tenía la estatura y la complexión promedio de una adolescente a los dieciséis: un metro sesenta, delgada, tez morena, ojos oscuros, cabello negro y ondulado. Nada exuberante, solo promedio. Ni muy femenina pero tampoco marimacha, promedio. Le interesaban la moda y la música lo mismo que a un recién nacido le interesan las telenovelas, sin embargo se mantenía al tanto. No era la más inteligente de su clase pero tampoco era ignorante, era como lo demás, promedio. Su peculiaridad estaba en su imaginación, cuando el promedio a esa edad fantaseaba con el chico más guapo de la clase, ella fantaseaba con… fantasías. Sí, fantasías: pegasos, unicornios, dragones, príncipes, hadas, elfos y toda esa clase de existencia mitológica y mágica que se suele encontrar en los libros. Fantaseaba con ser la heroína de su propia aventura en algún lugar maravilloso y encantado, lleno de misterios y romances de cuento. Sin duda alguna, tanta parafernalia fantasiosa terminaría afectando su cerebro.

Lo que Bianca no sabe, es que más allá de donde nuestros ojos pueden ver, en el camino que se forma cuando el sol se empieza poner, existe el mundo que ella tanto anhela. Un mundo tan maravilloso como peligroso, un mundo donde los mitos, leyendas y tabúes son comunes y lo común se vuelve raro y lo raro se vuelve tabú. Un mundo en el que la línea que divide al bien y el mal, es casi invisible.

Pero me estoy adelantando y las historias adelantadas no son bien contadas, ni apreciadas.

Una noche, mientras Bianca miraba las estrellas desde el balcón de su habitación, divisó una estrella fugaz. Al instante cerró los ojos y pidió su deseo: vivir en un mundo de fantasía. Suponiendo que una chica normal pediría que el chico más maravilloso de su clase la tomase en cuenta, ella pidió semejante cosa. Pero claro, ella era, evidentemente, diferente a pesar de que ser alguien promedio. Bianca creía firmemente en el poder de los deseos, y el poder que las estrellas tienen para cumplirlos. Curiosamente, las estrellas rigen aquel mundo en que ella quiere estar. Lo que ella aún no comprende, es que lo deseos son magia tan poderosa como inestable y cuando un deseo no es bien formulado, suelen pasar cosas inesperadas. Como dice algún proverbio por ahí, «ten cuidado con lo que deseas». Era tan grande el anhelo de vivir en un mundo de fantasía, que la estrella escuchó su deseo.

Esa noche, la joven soñó que viajaba a una tierra desconocida con bosques tan frondosos como profundos, con montañas de altos picos revestidos de blanco, con praderas cubiertas de múltiples y coloridas flores, con valles extensos y manantiales con el agua más clara que hubiera visto jamás, con costas de blanca y suave arena y océanos de aguas tan azules como el cielo. Esa noche, ella viajó a Faerie y es aquí donde la verdadera historia comienza.


 
Bianca se sentía realmente incómoda, los rayos del sol le daban en plena cara y tenía el cuerpo engarrotado y dolorido, el canto de las aves era demasiado elevado, quizás alguna avecilla estuviera trinando al pie de su ventana y su cama le parecía de lo más dura, entonces pensó que se había caído de ella mientras dormía. Al fin abrió los ojos y cuando miró a su alrededor, se estremeció.

Se encontraba en el claro de algún bosque, por eso que se sintiera dolorida. Se puso en pie y se estiró tanto como pudo mientras se preguntaba dónde estaba, aunque luego pensó que probablemente se tratara de un sueño del cual despertaría pronto. ¡Oh, pobre Bianca! Que equivocada estaba.

El sol brillaba en lo alto y una ligera brisa soplaba, removiendo las ramas de los árboles que la rodeaban y alborotando su ya de por sí alborotada cabellera. Su estómago gruñó y se preguntó qué hora sería, y más aún se preguntó qué haría. De cualquier forma no haría mucho quedándose en aquel claro para esperar si, milagrosamente, aparecía alguien y, de todos modos era un sueño del cual despertaría en algún momento. Así pues, decidió que mientras estuviese soñando se aventuraría en el bosque y buscaría algo para desayunar. Caminó hacia al este, que ella creía era norte y caminó por un rato hasta que salió del bosque y se encontró con un valle y en aquel valle se hallaba un pueblito pintoresco y tranquilo.

Este pueblito pintoresco, tenía el nombre de Doursth y en él vivían gente común – tan común como se puede ser en Faerie -, con vidas pacíficas y tranquilas. Era ese tipo de pueblo en el que todos se conocen y todos son familia, el tipo de pueblo que tiene tradiciones y costumbres arraigadas, el tipo de pueblo en el que el forastero será siempre forastero hasta que llegue otro forastero más. Allí pues, se dirigió Bianca y fue vista como bicho raro, cuando para Bianca los raros eran ellos. En medio del pueblo había una plaza y en el centro de la plaza una fuente, Bianca caminó hasta allí y se sentó en el borde de la fuente a pensar. Probablemente necesitaría dinero para comprar comida, ¿qué clase de sueño era este, en el que moría de hambre y no cargaba ni un céntimo? Tan ensimismada estaba en sus pensamientos que ni siquiera se fijó en el caballero que se le acercaba.

-   Disculpe, señorita ¿Se encuentra usted bien? – Bianca levantó la mirada al escuchar aquella voz, grave pero a la vez tan suave y armoniosa. El hombre frente a ella era inusualmente apuesto. Espalda ancha y brazos fuertes, tez bronceada, el cabello ondulado y oscuro le llegaba al mentón, sus ojos eran verdes y misteriosos y sus facciones finas. Iba vestido con un pantalón caqui, camisa blanca, una chaqueta del mismo color del pantalón y botas. Bastante apuesto.
-   No – respondió la muchacha. – La verdad es que no sé dónde estoy, no tengo dinero y muero de hambre – si Bianca hubiese sido un poco más desconfiada y observadora, habría podido darse cuenta que bajo aquella apariencia de caballero se encontraba – figurativamente hablando - un demonio escondido y entonces no habría caído en la trampa. Empero, Bianca estaba demasiado atraída por la apariencia del hombre como para darse cuenta.
-   Me llamo Dylan, mucho gusto – se presentó y tomó la mano de Bianca y la besó gentilmente, y la atolondrada muchacha se sonrojó.
-   Eh… Y-yo soy Bianca, el gusto es mío.
-   ¡Oh!, Bianca. ¡Qué hermoso nombre! Tan hermoso como tú – el adulador profesional volvió a besarle la mano y la atolondrada chica se sonrojo aún más. – Perdona mi osadía, cuando digo que tu excepcional belleza me ha dejado absorto, y tanto es, que quisiera invitarte a mi palacio y cuidar de ti, mi adorable Bianca.

Una joven con algo de razonamiento común, hubiese rechazado la oferta al momento, pero Bianca estaba tan absorta por la gentileza y galanía de Dylan, que olvidó el sentido común y aceptó acompañarle. Si Bianca hubiese usado su sentido común, habría podido salvarse a sí misma de aquel hombre y la situación en la que muy pronto estaría.

-   Dime, pequeña Bianca ¿Alguna vez te dijeron que no deberías confiar en extraños? – preguntó Dylan cuando se hubieron internado en el bosque. Él y Bianca montaban un corcel negro. Bianca hizo un mohín y un mal presentimiento llegó a ella.
-   Sí, pero tú no me pareces una mala persona – Dylan sonrió.
-   Eres tan inocente. Nada es lo que parece – su voz se tornó mordaz -, ni siquiera yo.

La atolondrada muchacha gritaba a todo pulmón por el aparentemente desolado bosque pidiendo ayuda. Entonces recordó que estaba soñando y que en cualquier momento despertaría de este sueño, ahora pesadilla. Cerró los ojos con fuerza y pensó en despertarse, pero nada paso, optó por  darse un pellizco en el brazo pero tampoco funcionó. Fue ahí, en ese preciso instante, cuando comprendió que nada era un sueño y grito aún más horrorizada y urgida para que alguien la ayudase. ¡Oh, pobre Bianca! Nadie iría a su rescate, ni siquiera existían alguien – persona – que la hubiese escuchado.

Continuará...

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Desconectado Kalina

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Re:Bianca y La Estrella Fugaz
« Respuesta #1 en: Mayo 26, 2011, 06:21:58 pm »
Waaw!!  :kawai:

Realmente no entiendo como no hay comentarios!! Está totalmente bueno este fic! Si puedes... Y si tienes ganas, Sigue con esté fic!! Realmente tengo ganas de seguir leyendo :O   :sugoi: