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Febrero 18, 2018, 05:37:15 pm

Autor Tema: Rilato [20/¿?]  (Leído 12289 veces)

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Re:Rilato [05/¿?]
« Respuesta #30 en: Abril 09, 2011, 10:19:23 pm »
wiiiiw wiiii wiii capi nuevo*dando saltitos de emoción*
$&%$%"$&"%"·%/)%(/%& *mi mente divagando por todas las conjeturas que se me acaban de ocurrir*

sensacional!!! definitavamente tienes mucho talento bell!!  y todos esos comentarios que quedan como en el aire ... jijijij *maquinando ideas malvadas*

bueno, espero con ansias el próximo capitulo.
pd: me alegra que tsukune haya acepatado tu deseo, comenzaba a preocuparme por su biener jjijij

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Re:Rilato [05/¿?]
« Respuesta #31 en: Abril 09, 2011, 10:25:13 pm »
wi wi wi capi nuevo*dando saltitos de emoción*
!"$"·$"$%$·&%/"/%!ª*mi mente divagando por todas la conjeturas que se me caban de ocurrir*

sensacional!! definitivamente tienes mucho talento bell!!!!
espero con ansias la conti.
me alegra que tsukune haya acepatado el deseo y hecho una tregua con sus locas ideas, comenzaba a preocuparme por su bienestar jjijijiji . más vale que subas pronto o romperá tu deseo jijiiji

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Re:Rilato [06/¿?]
« Respuesta #32 en: Agosto 26, 2011, 08:43:58 pm »
006: Fantasía.
(Abierto)


Fíjate, estás acercándote a tu objetivo…
Fuérzate, solo un poco más, y lo lograrás…
Felicítate, estás superándote sin ser engreído…

—Vaya nombre el suyo.

Eso fue lo único que pudo mascullar Khaos al colocarse de nueva cuenta los zapatos.

La aludida soltó una breve risa, encogiéndose de hombros.

—Pidieron mi nombre completo y obedezco. Sobre todo porque no quiero hacer enfadar a los únicos que quizá puedan sacarme de aquí.

—¿Cómo terminó encadenada aquí, para empezar? —se interesó Yumegami.

—Bueno, esa es una cuestión interesante. Al darme el empleo, mis jefes no se molestaron en avisarme que eran hechiceros contratistas.

Khaos, claramente confundida por el último término, arqueó una ceja. Miró a su compañero con la clara intención de compartir su desconcierto, pero se halló con que Yumegami había arrugado la frente, aparentemente concentrado en algo que las palabras de aquella mujer le habían revelado.

—No hay muchos hechiceros de ese tipo —comentó el joven finalmente.

—Por supuesto que no. Hay pocos lo suficientemente valientes para tomar ese camino. O son muy imbéciles, dirían algunos. En lo personal, admiro a quienes adoptan esa forma de vivir, pero francamente… —Mía meneó la cabeza con abatimiento —En fin, concentrémonos en su trabajo. Síganme.

La mujer les dio la espalda y esquivando una larga mesa de trabajo, se dirigió al fondo, donde una puerta metálica con cerradura electrónica a su derecha la esperaba. Pasó una tarjeta por la ranura especial de la cerradura y a continuación, colocó el ojo en un lector óptico de la misma. De pronto, un delgado micrófono salió lentamente de un orificio por encima del lector.

—Lily Mía Franchesca Alighieri Romanov —pronunció la castaña con voz impersonal, antes de agregar —Y compañía.

Un pitido fue la señal de que cada paso que exigía la cerradura electrónica había sido ejecutado a la perfección. La puerta metálica se deslizó hacia arriba, mostrando nada más oscuridad.

Al menos hasta que las luces se encendieron.

Mía, Khaos y Yumegami entraron con grandes zancadas a la otra habitación, que era más pequeña que la que dejaban atrás. Además, allí no había tanto instrumental ni máquinas, aunque lo que destacaba era a la vez fascinante y escalofriante.

Largos y gruesos tubos de cristal, con bases metálicas que albergaban consolas de diversos tipos, estaban alineados a derecha e izquierda. Una placa en la parte superior de cada tubo mostraba dos renglones escritos: el primero en runas y el segundo, en el alfabeto común para todo el mundo. Khaos leyó un par de placas de reojo, pero las palabras no le decían nada.

—“Nosogénito”… “Espectroparlante”… ¿Qué diablos significa eso?

Hasta que Yumegami la miró, Khaos no se dio cuenta que había pensado en voz alta. Se incomodó todavía más cuando Mía soltó un suspiro.

—A ellos no se les pudo salvar —aseguró con voz pesada, triste, a la vez que señalaba al fondo de la habitación —No como a ella, al menos.

Los dos jóvenes vieron lo que señalaba y ambos tragaron saliva, sin saber qué sentir. Era una imagen enigmática y desgarradora.

Una persona estaba encerrada en uno de aquellos tubos de cristal, flotando de manera fantasmal en un líquido ligeramente verde que le daba a sus cabellos un tono incierto de azul y violeta. No estaba propiamente vestida, sino que innumerables vendas le cubrían el cuerpo, mostrando en ciertos puntos manchas entre rojizas y marrones. Su piel era pálida, casi tan blanca como la nieve en el exterior, pero en algunos trozos que las vendas no cubrían, se traslucían moretones diminutos, causados por el uso de numerosas agujas, sin duda. Se veía como si estuviera sumida en un sueño profundo, pero la consola del tubo, en una diminuta pantalla, mostraba signos vitales y actividad cerebral que delataba su percepción del entorno que la rodeaba.

—¿Qué le han hecho? —inquirió Khaos, intentando no sonar asustada.

—Lo normal para un Éxito en este lugar. Agradece que siga viva.

La respuesta de Mía le causó a Khaos un escalofrío. No tanto por lo que revelaba, sino por la naturalidad y pesar con que la pronunció.

—Y ella es… —insinuó Yumegami con suavidad.

—Ya deberías saberlo, ¿no, Kuu?

El muchacho hizo una mueca, en tanto Khaos daba un respingo.

—Él no te dijo su nombre —señaló, dando un paso hacia atrás.

—Correcto, pero debo resultarle simpática a Himmel, porque ella me lo dio. Y el tuyo, de paso. ¿Khaos, verdad?

—¿Cómo pudo…?

—¿Puede sacarla? —cortó Yumegami en seco.

Se acercó un paso más al tubo donde reposaba la misteriosa joven. En su placa, Khaos alcanzó a leer una palabra que, lo mismo que “Nosogénito” y “Espectroparlante”, no le sonaba de nada: “Omninauta”.

—Mis superiores (¡oh, personas encantadoras!) se encargaron de eso a la hora de hacer mi contrato —Mía compuso una mueca mordaz, arrugando la nariz —Son pocos los Proyectos a los que se me permitió sacar, pero por lo general, era para ser trasladados. Himmel no entró jamás en esa lista…

—¿Proyectos? —indagó Khaos.

—… Lo que claro, les convenía bastante —siguió diciendo Mía, sin prestar la menor atención a nada más —Si no la consideraban útil en el exterior, podían seguirla estudiando como les diera la gana.

—Viola–sama no nos habría enviado a hacer este trabajo si no hubiera una forma de terminarlo —indicó Yumegami con rotundidad —Y si algo enseña la profesión de Alí–sama es que todo contrato tiene una laguna, solamente hay que saberla buscar. Más en el caso de los hechiceros contratistas.

—Disculpen, ¿qué es un hechicero contratista? —preguntó Khaos.

Para su sorpresa, Yumegami contestó con voz paciente, contrastante con el lenguaje corporal de hacía pocos minutos.

—Hay varios tipos de hechiceros y, pese a lo que la gente cree, unos nacen así y otros se hacen así. Los contratistas entran en el segundo grupo: como su nombre lo indica, se rigen a través de contratos, creyendo que así sus poderes estarán mejor controlados. Esa clase de hechiceros es minoría, porque su poder de interferencia queda limitado a los términos de los contratos que establecen y además, están obligados a cumplirlos una vez que los firman, así sea algo que vaya contra la ley, contra sus creencias o incluso contra sí mismos.

—O sea que… si alguien llegara con uno de esos hechiceros y… lograra hacer un contrato para… no sé, matar a alguien, por ejemplo…

—El hechicero está obligado a cumplirlo, sí. Los contratos se firman bajo un conjuro que daña a la parte que no coopere.

Khaos se quedó atónita ante semejante panorama. De pronto, todo eso le sonaba bastante familiar y eso la asustaba.

—¿Viola… ella es…?

—Viola–sama no es contratista —aclaró Yumegami enseguida, adivinando la duda de su compañera —Cierto, hace contratos y los sella de tal forma que ambas partes deben cumplirlos. La diferencia está en que, si fuera necesario, ella los cancelaría. Un contratista no tiene esa facilidad.

—Estás bastante informado, eso me agrada —comentó Mía.

—No es voluntario —acotó Yumegami, antes echarle otro vistazo al tubo donde estaba la chica de las vendas —Lo que me pregunto ahora es cómo tuve acceso a Himmel, si este lugar está supuestamente protegido.

—Quizá… —Mía se quedó pensativa por un momento, antes de acudir a una sencilla mesa de madera en un rincón, habilitada como escritorio. De allí tomó un fajo de hojas y lo examinó a una velocidad pasmosa —Sé que había notado algo raro… ¿Dónde está la lectura? No fue hace mucho…

Mientras la mujer rebuscaba en sus papeles, Khaos tuvo la necesidad inexplicable de mirar otra vez a la chica que Yumegami y Mía llamaban Himmel. Era bonita, de aspecto frágil y se preguntó qué había originado su encierro. ¿Quizá ella era lo que decía la placa y resultaba un peligro para los demás? En ese caso, ¿por qué Mía parecía, en cierta forma, tan deseosa de sacarla de allí?

Entonces pensó en la razón que la había llevado a ese lugar, en lo que Yumegami le había mencionado hacía menos de media hora.

—Una de los nuestros… —susurró, con un hilo de voz.

Ahora estaba segura que esas palabras escritos en las placas de los tubos, que le sonaban curiosas y ajenas, eran nombres de especies y ella no recordaba a ningún monstruo que fuera llamado así. Así pues, ¿qué había dicho Viola que era Yumegami? Un… “hipnófago”, ¿no? ¿Quería decir que él alguna vez estuvo…?

No, no quiso ni pensarlo, porque Yumegami se había referido a Himmel como “una de los nuestros”. Y eso la incluía. No sabía por qué, pero no dudaba de la palabra de uno de personas más irritantes que conocía.

—¡Aquí! —la exclamación de Mía sacó a Khaos momentáneamente de sus pensamientos —Había estado diciéndole a Himmel que podría hacerlo, pero esto es lo único que prueba que lo logró… Su especie es extraordinaria.

—¿Y bien? —indagó Yumegami con fría cortesía.

—¿Saben lo que es…? Bueno, ¿saben lo que era un omninauta?

Khaos enseguida negó con la cabeza, pero para su angustia, Yumegami no la secundó. Peor aún, la mirada del muchacho se parecía bastante a la que puso el día que conoció a los Arafat Médici, cuando Alí le tendió la mano para saber su especie.

—En teoría, un omninauta puede viajar por distintas realidades —Mía hablaba con semblante serio pero amable; recordaba a una profesora dedicada —Claro, eso si existen otras realidades a las cuales viajar. Se comprobó con el Proyecto aquí presente —apuntó a Himmel con una mano —Su concepción y posterior sobrevivencia fueron un éxito. Al pedirle que usara su habilidad, Himmel viajó a una realidad donde, según lo que nos contó, la tecnología está atrasada como por ciento cincuenta años y no existen los monstruos antropomorfos, solo los humanos. Incluso nos trajo un periódico de allá y aunque la fecha era la misma que aquí, los nombres de personalidades y lugares nos resultaron extraños. Después de eso, a Himmel no le permitieron volver a viajar y le hicieron cuanto estudio fisiológico existe… e incluso se inventaron algunos sobre la marcha, estoy segura. Estaba en peores condiciones cuando yo llegué a trabajar aquí, puedo asegurárselos. Y para colmo, llevarse al omniguarda de esa forma… No sé lo que tienen esos tipos en la cabeza, la verdad…

—¿Qué es un “omniguarda”? —Khaos, a estas alturas, preguntaba por mera curiosidad, convencida de que ya nada podría sorprenderla.

Y sin embargo, el corazón le dio un vuelco cuando Yumegami, con los ojos más tristes que antes, explicó.

—Un omniguarda es un monstruo antropomorfo que puede ver las distintas realidades e incluso abrir puertas hacia estas, pero no puede visitarlas. Eso lo convierte, por decirlo de alguna forma, en la “contraparte” de Himmel. Seguramente se planeó crearlos juntos para que el omniguarda vigilara a la omninauta en caso de necesidad, ¿verdad?

Esta vez era Yumegami quien sacaba a la luz una interrogante y no resultaba tranquilizador que Mía, apesadumbrada, asintiera con la cabeza.

—Casi todos los Proyectos fueron planeados así —indicó.

—¿Proyectos? ¿Quiere decir que…? ¿Ella no es…? ¿Ella no tiene…?

Khaos señalaba a Himmel una y otra vez, buscando la forma adecuada de expresar lo que estaba pensando. ¡Pero es que era una locura!

—Himmel Irminsul fue uno de los Proyectos más ambiciosos que manejó el CIIG bajo secretismo riguroso —reveló Mía, ya sin asomo de buen humor —Algunos genetistas del CIIG se creyeron dioses y empezaron a recrear especies extintas, a la vez que intentaban crear otras nuevas. Casi todo era con propósitos militares y comerciales, ¡qué asco! —la mujer sacudió la cabeza, queriendo librarse de esa línea de pensamiento antes de seguir —Hace unos diez años se abrió una investigación por culpa de un secuestro masivo en una universidad de Mexitlán. Debieron oírlo, son de allí, ¿no?

—Ahora mismo, ya no estoy tan seguro —masculló Yumegami con furia contenida, para sorpresa de Khaos —¿Y conoce a todos esos… Proyectos?

—No, lo siento. Viola también me lo preguntó, pero solamente pude informarle sobre los que se manejaron aquí. Aún cuando la mayor parte del CIIG fue investigado, hubo empleados involucrados en esto que lograron zafarse. Ellos seguramente contaban con muchos recursos y claro, se llevaron todo lo que los involucrara. Incluyendo todos los registros de Proyectos que pudieran.

—¿Eran muchos?

—Los Proyectos se clasificaban, primero, en Éxitos o Fracasos. Los primeros eran los valiosos, a los que se les daba un seguimiento estricto y se les estudiaba hasta el cansancio. Los segundos, bueno… No quieren saber qué pasaba con ellos.

Se hizo el silencio y Khaos no supo qué era peor: si comprobar de primera mano que el CIIG había cometido semejantes barbaridades o que Mía relatara todo sin pizca de remordimiento o vergüenza.

—¿Usted qué hacía aquí? —se decidió a preguntar.

—¿Yo? No era más que la pieza más baja de la cadena. Vigilaba a los Proyectos, sus signos vitales, sus progresos… Cosas así. No intervenía en el proceso de manipulación genética ni en el de concepción, nunca se me permitió. Aunque eso tenía sus ventajas: pude ayudar a un Desertor a liberar a uno de los Proyectos, aunque le costó caro…

—¿“Desertor”?

—Así llamaron a los científicos que, habiendo participado en la creación de los Proyectos, estaban en desacuerdo con el trato que se les daba. El objetivo de la mayoría de los Desertores fue liberar a los Proyectos, dándoles la oportunidad de tener una vida. La idea era buena, pero no funcionaba si no se les enseñaban ciertas cosas antes de salir al mundo. Así que los Desertores se convertían, por un corto periodo de tiempo, en mentores de los Proyectos, antes de dejarlos ir.

Khaos sintió una repentina punzada de dolor que la que no supo la causa. Algo en la historia de los Desertores parecía afectarla, pero no se explicaba qué podía ser. Notó a Yumegami un poco tenso, pero fuera de eso, parecía tan estoico como de costumbre.

—¿Cómo obtuve acceso a Himmel? —inquirió el joven repentinamente.

—¡Ah, sí! —Mía agitó uno de sus documentos en alto —Hace poco hice una lectura en Himmel que indicaba una OCUHMA. Operación Cerebral por Uso de Habilidades en Monstruos Antropomorfos —detalló, al ver que Khaos no tenía ni idea del significado de las siglas —Lo sé, nombre largo, pero yo solo lo uso, no lo inventé. Como les decía, una OCUHMA es buena señal, al menos en el ámbito de la medicina. Las habilidades de los monstruos antropomorfos suelen responder a nuestros pensamientos y emociones, así que si hay una lectura de una OCUHMA en un paciente en coma…

—Es que el paciente está mejorando —completó Yumegami, directo.

—Exacto. Y que Himmel tuviera una de esas lecturas me sorprendió. Ha estado tanto tiempo en suspensión que temía que no se recuperara. En las últimas pruebas que le hicieron no le fue muy bien.

A juzgar por las vendas manchadas y los moretones, Khaos se podía imaginar a qué se refería Mía.

—Antes, cuando podía hablar con ella, le decía que había una teoría acerca de que los sueños eran una realidad a la que solamente se puede entrar cuando se duerme. Me limité a decírselo a modo de cuento, porque siempre me ha parecido una niña pequeña, con eso de que nunca ha salido de aquí y no sabe nada del mundo. Ella rió y fue en aquella ocasión cuando dijo que había visto a un chico muy amable llamado Kuu, pero que no entendía por qué estaba en un lugar tan…

Mía debió darse cuenta de lo que estaba a punto de decir, así que carraspeó ante la mirada dura de Yumegami.

—También te mencionó a ti —Khaos dio un respingo cuando Mía la señaló —Decía que ambos le agradaban, que se sentía a gusto viéndolos y me preguntó por qué ustedes nunca le hablaban. Entonces bromeé con que eso demostraba mi teoría acerca de los sueños y… Ya ven, hace unos días, esta lectura de una OCUHMA prueba que tuve razón. Himmel viajó a otra realidad, aunque fuera mentalmente.

Tras la explicación, Mía se veía satisfecha, pero Khaos había visto que Yumegami tenía los ojos fijos en algún punto que ella no supo definir. Acto seguido, él se movió tan de repente, que la sobresaltó.

—¿Hay alguna manera de que le permitan sacar a un Proyecto sin seguir el procedimiento normal? —inquirió.

—Sí, la hay, pero no creo que…

—¿Cuál es?

—No creo que sea buena idea que…

Ante una ceja arqueada de Yumegami, Mía supo que no iba a poder ganarle una discusión a ese chico. Suspiró.

—Himmel tendría que estar en peligro de muerte —confesó finalmente la mujer, arrugando la nariz de tal forma que sus pecas se movieron de forma curiosa —No se le puede curar del todo cuando está en suspensión, hay cosas que necesitaría hacerle fuera del tubo, y…

—Bien. Atrás, por favor.

Khaos vio que Yumegami se quitaba su grueso guante de lana y hasta ese instante, notó que no era negro como creyó en un principio. Era azul marino. No sabía la razón para fijarse en un detalle tan insignificante en ese momento, pero logró confortarla de alguna extraña forma. No lo hizo lo siguiente que el muchacho hizo: apoyar la mano en el tubo de cristal de Himmel y ponerse brutalmente pálido al cabo de unos segundos.

—¿Qué haces? —se alarmó Mía, que debía entender mejor qué sucedía, porque se puso a revisar la consola en la base del tubo —¡Déjala, déjala!

Al cabo de unos minutos, la consola emitió una alarma irritante, detono grave y una luz roja parpadeó en una esquina al tiempo que el tubo se vaciaba del líquido verdoso.

Yumegami apartó la mano justo cuando el tubo de cristal comenzaba a desaparecer y Himmel hubiera caído, de no ser porque con un manotazo en el aire, Mía hizo que flotara y se reposara en una camilla metálica cercana. A continuación, la mujer miró con furia a Yumegami antes de ponerse a reanimar a Himmel, quien se veía todavía más pálida ahora.

Khaos fue la que notó que el color no volvía a la cara de Yumegami, a pesar de que transcurrían los minutos en relativa calma. Mía estaba concentrada en su tarea, sin prestarle atención a otra cosa, por lo que Khaos casi cede al impulso de zarandearla, ¿pero para qué? Yumegami no era un monstruo corriente, eso ya lo había asumido. ¿Entonces qué…?

—Áphatos…

El murmullo de Yumegami era tan bajo que apenas se oyó por encima de los ruidos que hacía Mía, quien movía instrumental y mascullaba algo de no darse por vencida. Khaos se acercó al muchacho con una mano a medio alzar, sin saber exactamente qué hacer.

—Himmel…

El nombre de la jovencita a quien Mía intentaba reanimar le causó a Khaos una sacudida en el estómago. ¿Por qué le importaba tanto a Yumegami? ¿Era solo por el trabajo que le habían encomendado? O quizá…

—Estará bien —le aseguró al chico, aunque ella misma no estaba segura —La señora Alighieri…

—Señorita —corrigió la aludida, sobresaltando a los otros dos.

Su rostro estaba sonrojado por el esfuerzo y sus manos mostraban manchas de sangre, pero por lo demás, parecía haber logrado su propósito. La piel de Himmel se veía un poco más coloreada y el movimiento de su delgado pecho era prueba de que seguía respirando.

—¿Qué demonios eres? —le espetó a Yumegami, furiosa.

—Soy…

—¿Podemos irnos? —preguntó Khaos de golpe.

Presentía que revelar su especie era algo que Yumegami nunca hacía si podía evitarlo. Más cuando comprobó que el miedo volvió a sus ojos por la pregunta de Mía.

—No podrán salir con Himmel —avisó Mía, observando a Yumegami con repentina desconfianza —No dudo que Viola los enviara porque creyera que podían hacer el trabajo, pero a menos que sean hechiceros poderosos…

—Usted lo es… y no ha salido de aquí.

La afirmación de Yumegami hizo que Mía se pusiera en guardia.

—Insisto, ¿qué demonios eres tú? Sí, soy hechicera y sí, se me considera poderosa, pero eso no quiere decir que…

—No importa. Se quedó aquí por Himmel. Y se lo agradezco.

Eso desconcertó a Mía lo suficiente como para dejarla muda.

—Áphatos nos abrirá paso —explicó Yumegami, respirando profundamente —Yo llevaré a Himmel y usted irá en la retaguardia. Así, si las alarmas la detectan, creerán que tuvo la necesidad de salir del laboratorio. Es la programación básica de los mecanismos de defensa como los de aquí, no hacer daño a los empleados.

—No conoces a mis superiores —Mía hizo un gesto de frustración mal disimulado —Una vez intenté llegar a la escalera principal y uno de los mecanismos casi me deja sin oreja derecha.

—Si Áphatos nos abre paso, no pasará nada malo.

Khaos dio un respingo. Yumegami sonaba muy seguro de lo que decía. Sintió un cosquilleo raro y se dio cuenta, con asombro, que se trataba de orgullo por sí misma. ¿Así era que la gente confiara en una?

—¿Pues ella qué es?

Mía no tenía tacto cuando estaba alterada, eso a Khaos le quedó muy claro. Yumegami seguro había llegado a la misma conclusión, porque no contestó y se colocó de nuevo su guante antes de acercarse a Himmel y hacer el intento de llevarla en brazos.

—¡Ah, no, ni hablar!

Mía quiso ponerse entre los dos, pero Yumegami la detuvo.

—Si quiere sacarla de aquí con sus poderes, sabe mejor que yo que no lo logrará. Tendrá que hacerlo a nuestro modo, o usted se quedará aquí.

La mujer no tuvo más remedio que hacerse a un lado y dejar que Yumegami levantara a Himmel de la camilla. En brazos del muchacho, la jovencita se veía aún más diminuta y frágil de lo que era.

—¿Tiene algo con qué cubrirla? —inquirió Yumegami, cortés.

Mía les pidió con un ademán que la siguieran fuera de ese cuarto.

—Tengo un abrigo, lo uso las pocas veces que dejo este laboratorio. Yo puedo protegerme con un hechizo térmico.

Mía cubrió a Himmel con un grueso abrigo color lavanda y le dedicó una mirada de preocupación. Khaos imaginó que de haber podido, habría liberado a Himmel hacía mucho tiempo y que le tenía verdadero afecto.

—Áphatos, lo siento. Tendrás que ir descalza otra vez, delante de nosotros, para abrir paso.

Khaos hizo un gesto despreocupado a la vez que se quitaba los zapatos. Por esa ocasión, no le importaba el posible congelamiento de sus dedos. Sentía que valía mucho la pena.

Mía dejó escapar de pronto un silbido de asombro y al salir, dijo algo que en ese momento, Khaos no supo qué significaba, pero con el paso del tiempo, se preguntaría si era algo malo o no.

—Niña, por cómo te trata él, desearía ser tú.

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Re:Rilato [06/¿?]
« Respuesta #33 en: Agosto 27, 2011, 07:54:10 am »
OMG!!! por fin!!! magnifico!!!! espero el 7 con ansias n___n
La capacidad de imaginar es el mayor recurso del ser humano.


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Re:Rilato [07/¿?]
« Respuesta #34 en: Septiembre 12, 2011, 10:35:33 pm »
007: Guerra.
(Abierto)


Guía, tú que sabes dónde buscar…
Gesta, tú que tienes el potencial…
Gusta, tú que sientes la necesidad…

El Albedrío se llenó de actividad una semana después, en cuanto Khaos y Yumegami volvieron, acompañados de una recelosa Mía y una Himmel que caminaba despacio y sonreía ante cada cosa que veía.

La salida de la Torre Rainbow había salido exactamente como Yumegami pensó. Con Khaos desactivando cuanto hechizo se le ponía enfrente, no tuvieron que preocuparse por ningún mecanismo de defensa hasta alcanzar la cerca, la cual no quería dejarlos salir. Yumegami tuvo que recurrir de nuevo a la extraña lámpara que llevaba y también al poder de Khaos, quien esta vez no se quejó de tener que tocar piedra helada.

Lo demás fue sencillo. Yumegami llevó a sus tres acompañantes al pueblo más cercano, donde una casita de madera con una chimenea encendida los esperaba. Allí, organizaron su salida del país y el encubrimiento de Mía y Himmel, porque era evidente que la primera no podría volver a trabajar en una temporada y de Himmel no había registro alguno que indicara su existencia. Viola se encargó de todo, enviando documentación para ambas tan bien hecha que se preguntaron si en verdad sería falsa.

—No imagino a Viola haciendo algo ilegal —comentó Khaos, dudosa.

—Viola-sama no haría algo ilegal —corrigió Yumegami —Alí–sama no la dejaría, estoy seguro.

Khaos no se quebró demasiado la cabeza con eso.

Los Arafat Médici dieron la bienvenida a Mía y a Himmel, quienes se mostraron agradecidas todo el tiempo. La ex–empleada del CIIG no podía creer que por fin hubiera abandonado el sitio donde había estado tanto tiempo y de forma ávida pidió periódicos, revistas, un aparato de radio… En fin, quería conectarse de nuevo con el mundo.

Himmel era tal como Mía había dicho, una niña que no sabía nada de la vida y con cada cosa que le enseñaban, se quedaba maravillada. Hablaba poco con una vocecita suave y cantarina, pero cuando dudaba de cómo decir algo, miraba inmediatamente a Mía para que la orientara. A veces, sin venir a cuento, se paseaba por el Albedrío con los brazos extendidos, tocando todo con sus delicados dedos, dando saltitos y riendo por cualquier cosa. Nada se le escapaba y de vez en cuando, sus comentarios hechos en susurros sorprendían a más de uno. Y si había alguien a quien buscara insistentemente con sus verdes ojos iridiscentes, aparte de a Mía, era a los niños Arafat… Y a Yumegami.

Khaos no podía entender aquello. Himmel parecía deseosa de obtener respuestas cada dos por tres, así que el hecho de querer la compañía de un joven tan callado e indiferente como Yumegami no acababa de encajar. El muchacho, estando desocupado, no parecía molesto por eso y se quedaba junto a Himmel, quien curiosamente, solo le hacía preguntas que se podían contestar sin abrir la boca. Era como si supiera que él no hablaba mucho.

—¿Te sientes solo? —le había preguntado Himmel una vez.

Yumegami se había limitado a encogerse de hombros y Himmel, luego de asentir, apoyó la cabeza en uno de los hombros de él.

Así las cosas, Khaos quedó perpleja cuando Himmel declaró que quería pasar un día con ella. No sabía para qué, pero no se negó. Organizó su próximo día libre para llevarla de paseo, aprovechando que tenía que comprar algunas cosas y los Arafat Médici dieron su consentimiento, lo mismo que una intranquila Mía.

—¿Por qué quieres andar conmigo? —quiso saber Khaos.

Himmel, esbozando una suave sonrisa, levantó una mano para hacer un gesto que abarcaba su entorno.

—Eres parte de mi mundo —respondió, como si fuera algo obvio.

Khaos le devolvió la sonrisa al tiempo que se ponía roja.

La llevó a la Zona Central, un área de la ciudad donde no se podía dar un paso si encontrarse una tienda de algo. Khaos pasó a la librería, a una enorme papelería y a una mercería, con Himmel tomada de la mano y haciendo constantes preguntas. Khaos le respondía lo mejor que podía y se sentía extrañamente contenta de tener compañía al salir de compras.

—Hay que llevarle esto a Kuu.

Khaos arqueó una ceja cuando Himmel, detenida ante el escaparate de una tienda, señaló cierto objeto con firmeza.

—¿Por qué debería gastar mi dinero en Yumegami? —quiso saber.

Himmel, hasta el momento muy risueña, poco a poco apagó su sonrisa.

—¿No se puede? —inquirió con inocencia.

Khaos sopesó la situación. Himmel no debía saber que Yumegami le era antipático, por más que en los últimos días lo tratara más de lo usual. Además, pese a su apariencia de adolescente, Himmel era como un bebé respecto a las relaciones sociales. Se limitaba a estar con las personas de forma que las hacía sentir cómodas.

—¿Por qué quieres llevarle eso? —inquirió con amabilidad.

—A Kuu le gustan estas cosas.

¿Era en serio? Khaos miró el objeto que Himmel había señalado y arqueó una ceja. Era digno de risa, por lo menos tratándose de Yumegami, quien a duras penas decía algo sobre sí mismo.

—¿Cómo sabes que le gustan esas cosas?

—Trae una en su maletín. ¿No lo habías notado?

Khaos negó con la cabeza. Hasta ese momento se dio cuenta que su compañero de clase y de trabajo le era completamente desconocido. Aparte del instinto que la hacía alejarse de él, no había ningún detalle de su vida que ella conociera. Sintió un nudo en la garganta.

—De acuerdo —aceptó, dejando escapar un suspiro —Pero tú se lo das.

Himmel asintió repetidamente con la cabeza, entusiasta.

-&-

—¿Qué es esto?

Yumegami, dos días después, recibía una caja envuelta para regalo por parte de Himmel, quien mostraba una gran sonrisa y parecía ansiosa porque lo recibiera.

Estaban en la sala principal del Albedrío, solos, pues el matrimonio Arafat Médici estaba trabajando y sus hijos, en la escuela. Khaos andaba por alguna de las habitaciones del fondo, terminando sus labores.

—Lo vi en una tienda cuando fui a pasear con Khaos, me acordé de ti y le pedí que lo comprara. Es para ti.

Yumegami arqueó una ceja, resignado. Himmel de verdad era como una niña pequeña, sin la menor malicia para mentir. Además, sin saberlo, lograba que la mayoría de la gente hiciera exactamente lo que ella quería debido a su personalidad.

—Saliste con Áphatos hace dos días, ¿por qué me lo das ahora?

—Mía me contó que cuando un ser nace, es un día especial —empezó a parlotear Himmel, haciendo grandes aspavientos con los brazos —Los humanos y los monstruos antropomorfos tenemos la costumbre de celebrar ese día todos los años. Lo llamamos cumpleaños. Mía también me dijo que los cumpleaños de los nuestros son difíciles de calcular, pero luego le pregunté a Viola si me podía decir los cumpleaños de todos los que he conocido aquí. Fue muy amable, me hizo una lista y como me han enseñado a leer, dijo que los había puesto en orden… ¿cronológico, se dice? Sí, así era. Y puso que el tuyo era hoy. ¿Es hoy, verdad?

Yumegami se sorprendió de no sentirse mareado con semejante arenga.

—Eso creo —respondió finalmente.

—Ah, ¿es que no te lo dijo tu Desertor?

El muchacho se puso repentinamente tenso.

—No —contestó con más dureza de la que quería.

—Lo siento, no sabía. Pero sí lo quieres, ¿verdad?

Himmel le volvió a tender la delgada caja cuadrada que traía en las manos, envuelta en papel brillante de color azul celeste y con un moño blanco por todo adorno.

—¡Anda, te va gustar! —animó Himmel.

Yumegami tomó con cierta renuencia el regalo, lo desenvolvió de forma torpe y luego se quedó viendo el contenido con curiosidad, aunque su rostro no mostraba emociones, como de costumbre.

—Deberías hacer que Áphatos recupere su dinero —dijo al cabo de unos segundos, dejando la caja sobre la mesa de centro y levantándose —El dinero es necesario para vivir y cuesta mucho ganarlo.

—¿Eso qué significa?

—Las personas no deben gastar dinero en cosas innecesarias, Himmel. Eso es lo que significa.

Yumegami abandonó la habitación, dejando a Himmel, por primera vez en su existencia, experimentando la decepción.

-&-

—¿Hice algo mal?

Himmel iba detrás de Alí Arafat en cuanto éste llegó del trabajo. Ya era costumbre ver esa escena: Himmel apegándose a un habitante de la casa por alguna razón que solo ella sabía.

Esta vez, Alí creyó saber qué ocurría. Miró a su huésped con una sonrisa que pretendía animarla, para acto seguido guiarla a su estudio.

Situado al fondo del corredor de entrada, justo después de la sala principal, estaba una habitación con piso de madera, una alfombre colorida y estantes llenos de libros sobre Leyes. El mobiliario lo completaban un escritorio de madera pulida, una silla giratoria tras éste y dos sillas tapizadas en tela de un color inusual, entre azul y violeta.

—Supongo que comprendes cómo nos sentimos en situaciones semejantes, ¿no es así, Himmel?

La aludida asintió sin dudarlo.

—Todo depende del punto de vista, siempre lo he creído. Así pues, y en base a lo que hemos averiguado, ¿puedes imaginarte el punto de vista de Kuu en estas circunstancias?

Tras un momento en silencio, meditando, Himmel asintió despacio.

—Sin embargo, no hay que confiar demasiado en lo que imaginamos. Lo ideal sería saber las cosas a ciencia cierta. No te preocupes, Himmel, tú no hiciste nada malo. Fueron otras personas, hace mucho tiempo, quienes se equivocaron. ¿Lo entiendes?

Himmel volvió a asentir.

—¿Entonces qué hago? —quiso saber la jovencita, hablando con una lentitud que delataba el cuidado con que escogía sus palabras —Yo… no quiero decirle a Khaos que regrese el regalo. No se veía contenta de comprarlo, pero aún así lo hizo. ¿Será porque yo se lo pedí?

—Quizá, pero no te preocupes. Tal vez, y estoy imaginando cosas, si Khaos le diera el regalo a Kuu, todo sería diferente.

—¿Por qué?

Alí se encogió de hombros, no queriendo explicarse. Himmel, tras mirarlo por un rato, pareció sacar sus propias conclusiones, porque sonrió y asintió repetidamente con la cabeza.

—Alí, ¿eso no es… entrometerse… en donde no nos llaman? Así oí que lo decía Mía una vez.

—Probablemente. Pero nadie nos dijo que no lo hiciéramos.

Con eso, Himmel se vio más contenta aún y al cabo de un rato más, Alí y ella fueron a cenar.

-&-

Khaos había terminado sus labores por ese día, dejando escapar un suspiro de cansancio. Las tareas adicionales que le habían dejado en la universidad por su semana de ausencia le resultaban pesadas, por no decir fastidiosas. No ayudaba el hecho de que Yumegami, quién sabe cómo, solo tuviera que hacer la mitad de tareas que ella.

—Engreído… — masculló por lo bajo.

Al segundo siguiente, sacudió la cabeza. Todavía le rondaba por la mente lo dicho por Himmel y la conclusión a la que había llegado. ¿Qué tanto conocía de Yumegami en realidad? No estaba segura de querer saber la respuesta. El joven no era precisamente elocuente y aunque quisiera preguntarle algo de sí mismo (cosa poco probable), dudaba que él, de buena gana, le contestara.

—Buenas noches, Áphatos.

Ella dio un respingo al oír a su espalda la voz de la persona en la que, precisamente, andaba pensando.

—¡No vuelvas a hacer eso! —pidió, frunciendo el ceño —Me asustaste.

Yumegami asintió una sola vez con la cabeza, adelantándola.

—Oye… Yumegami…

Ni siquiera sabía qué iba a decir, pero Khaos sintió que debía parar al muchacho. Lo consiguió, porque él dio media vuelta, con un gesto de ligero interés en su rostro.

—¿Dónde vives?

Al joven se le notó la confusión por la pregunta, pero tras pensarlo un instante, contestó.

—En Marcus Sancti.

—¿Es una broma?

—¿Por qué haría una broma con eso?

Khaos le hizo un ademán para que lo olvidara. La dirección que él había dado solo la conocía de oídas como una zona antigua, donde una vez al año se hacía la mayor fiesta de la ciudad y además…

—¿No queda eso a una hora de aquí? —dijo finalmente.

Yumegami asintió con la cabeza.

—¿No te regañan por andar fuera hasta tan tarde?

—No hay quién lo haga. Creí que lo sabías.

Khaos se encogió de hombros. Algo le decía que, como ella, Yumegami vivía solo, pero confirmarlo únicamente le causó un hueco en el estómago, algo que no tenía nada que ver con no haber cenado.

Eso le dio una idea tan descabellada como sincera.

—¿No quieres ir a cenar?

Sí, lo había conseguido: Yumegami mostraba claramente una emoción en su cara. No supo qué pensar porque se tratara de sorpresa mezclada con incredulidad, pero lo dejó pasar.

—Después no habrá un autobús que me lleve a casa —indicó él.

—¡Tonterías! Toma un taxi y ya.

—Son muy caros y…

Yumegami no sabía cómo explicarse, aunque pensó de que, aún pudiendo hacerlo, a Khaos no le interesaría en lo más mínimo. ¿Para qué querría entonces ir a cenar con él?

—De acuerdo, otro día será —apuntó ella, sin darle mucha importancia —Ahora vámonos, que todavía debo llegar a terminar una de esas molestas tareas de recuperación. ¿Cómo conseguiste que te dejaran tan pocas? Mejor no contestas, me harías enojar. ¡Ya sé! —exclamó de repente, sonriendo —Compramos algo de cenar, vamos a mi casa y tú me ayudarás con la tarea. En parte es tu culpa que me las dieran, si no hubiera faltado por irme contigo a Scandingard…

—Creí que no te agradaba.

Sin saber por qué, Khaos sintió una opresión en el pecho al oír eso. Yumegami no mostraba nada en su rostro, claro, pero su voz sonaba confusa y, de cierta manera, asustada.

—Bueno, no sé —Khaos se encogió de hombros —No es que no me agrades tú, porque admitámoslo, no te conozco. Si no te quiero cerca es porque… No sé, por algo automático —confesó, recordando cómo se los explicó una vez a los niños Arafat.

—¿Te estás forzando a…?

Otra vez Yumegami se calló a media frase. Khaos decidió ayudarle.

—No me estoy forzando a nada. Pensé que para que me desagrades en serio, lo menos que puedo hacer es conocerte un poco.

—No vale la pena.

Con esas palabras, Yumegami hizo el amago de retirarse, pero Khaos lo detuvo sujetándole un brazo.

—¿Por qué? —preguntó ella, firme.

—No quiero…

Khaos frunció el ceño.

—¿Por qué a veces parece que no sabes cómo decir algo?

Yumegami, sin mirarla, se encogió de hombros.

—Bueno, dejaremos eso para otro día. Ahora, ¿vienes conmigo o no?

—¿No…? —era como si Yumegami fuera a dejar frases a medias otra vez, pero con algo de esfuerzo, terminó su pregunta —¿No te molesta?

Khaos negó con la cabeza.

Yumegami, exhalando lentamente, asintió y ambos salieron juntos.

-&-

—¿Entonces así se hace? ¡Tendré que empezar de nuevo!

Estaban en el departamento de Khaos, un lugar tan poco llamativo como intentaba ser su dueña. Las paredes eran de color azul claro, dando la impresión de ser un lugar más amplio de lo que en realidad era. Casi todos los muebles eran grises, gastados pero bien cuidados. Aparte de la sala, el baño y la cocina, únicamente tenía una recámara al fondo.

Yumegami, al entrar, había observado el sitio de manera breve. Casi enseguida vio a Khaos llevar lo que habían comprado de cena a la cocina, para luego regresar como bólido, tomar un cojín de un sillón, colocarlo en el suelo y sentarse allí, poniendo sus libros y cuadernos en la rayada mesa de centro, hecha de madera marrón.

—Anda, que no tenemos toda la noche —apuró ella.

Así, se habían enfrascado en la susodicha tarea, y en cuanto Khaos se atoraba en uno de los detalles, Yumegami le indicaba cómo se hacía. Pensaron que acabarían pronto, pero al cabo de una hora, cuando Khaos se quejó de tener que volver a empezar cierta parte por haberla hecho de forma incorrecta, Yumegami se puso de pie.

—¿Qué pasa? —inquirió ella.

Por toda respuesta, el chico señaló la cocina.

—¡La cena! —se alarmó ella, parándose también —Pues nos tomamos un descanso. Ya me harté de dar un paso adelante y dos atrás con eso.

Khaos miró sus libros y demás útiles escolares con fingido enojo antes de ir a la cocina.

–Astuto —musitó Yumegami en cuanto la joven se perdió de vista. Volvió a sentarse y tomó las hojas de papel donde estaba lo que, según Khaos, tendría que rehacer —Ahora veamos…

Diez minutos después, Khaos llevaba en dos platos lo que habían comprado, hamburguesas y papas a la francesa. Se halló con Yumegami enfrascado en un par de hojas, escribiendo sin cesar, y no levantó la vista hasta que ella acomodó la comida en un trozo de mesa libre.

—Gracias —dijo él en un murmullo, antes de apartar las hojas que lo tenían tan concentrado.

—De nada. Ahora deja voy por algo de tomar, si no…

—Yo lo hago.

Sin decir más, el muchacho se levantó y fue a la cocina, dejando a Khaos desconcertada. Ella se puso a comer sin más, echándole otra mirada furibunda al trabajo que tanta lata le daba, cuando se fijó sin querer en lo que Yumegami había estado escribiendo. Tenía aspecto de ser una carta formal y apenas había detectado su nombre en ella cuando oyó los pasos de Yumegami regresando, por lo que se concentró de nuevo en su comida.

—¿No tienes agua? —inquirió él, dejando un refresco de manzana frente a Khaos antes de volverse a sentar.

—No, se me acabó hace dos días. ¿Por qué?

Yumegami negó con la cabeza y comenzó a comer.

—Oye, si no me contestas bien, no te entiendo.

Tras masticar despacio un bocado de hamburguesa, él respondió.

—A esta hora no tomo refresco. No me deja dormir.

—¿En serio?

Él asintió.

—Oye, eso no lo sabía. A la próxima procuraré tener agua para ti.

—No habrá una próxima.

Khaos se sintió ofendida por eso, pero cuando lo miró, comprendió que no tenía nada que ver con ella. Era algo que Yumegami iba a cumplir, le gustara o no.

—Si tú no quieres, de acuerdo.

Siguieron cenando en completo silencio, lo que resultaba un tanto inquietante, aunque no desagradable. Cuando acabaron, Khaos recogió todo y al regresar a la sala, su acompañante de nuevo estaba en lo suyo, al menos hasta que ella se sentó, porque comenzó a guardar las pocas pertenencias que había sacado antes de pararse.

—¿A dónde vas? —quiso saber Khaos, desconcertada.

—A alcanzar el último autobús.

—Pero no hemos terminado.

—Ya terminamos. Buenas noches, Áphatos.

—Oye…

Un sonido muy alto, casi ensordecedor, reverberó en aquel pequeño sitio. A Khaos la hizo dar un breve brinco, en tanto Yumegami dejó caer su maletín con un golpe seco.

—¿Qué demonios…? —dejó escapar ella, antes de asomarse al ventanal que daba a la calle. Al principio no notó nada raro, pero en menos de un minuto supo lo que ocurría —¡Increíble! Se puso a llover de lo lindo… ¿Quieres un paraguas, Yumegami? Está viejo, pero…

—Así no voy a salir.

La declaración sorprendió a ambos: a ella por oírla y a él por haberla hecho. Tras unos instantes, en los cuales solamente se oía la lluvia caer, Khaos asintió.

—Tienes razón, un paraguas no te ayudaría. Espera a que se calme y te vas. Si quieres hasta te presto el dinero para el taxi.

Yumegami asintió y recogió su maletín antes de sentarse en uno de los sillones, sin mirar nada en particular. Sin darle más vueltas al asunto, Khaos se acercó sus hojas, solo para encontrarse con que…

—¿Corregiste mi tarea? —soltó, mirando a Yumegami.

Él asintió, pero al contrario de otras ocasiones, no la miró. Sus ojos estaban fijos en cualquier otro lado menos en ella o en el ventanal.

—Bueno… Gracias, supongo —Khaos ordenó sus papeles y comprobó que no le faltara nada antes de guardarlo todo en una carpeta —Al fin podré dormir a mi hora. Si vuelvo a bostezar enfrente de Nájera, le dará un ataque. ¿Qué culpa tengo yo de que su clase sea a las siete de la mañana?

—Áphatos, ¿puedo…?

Ella alzó la vista, atenta, pero cuando Yumegami dejó de hablar, se fijó en que las manos le temblaban un poco. Extrañada, fingió no haberlo oído y acabando de ordenar sus cosas, echó un vistazo al ventanal.

Definitivamente era de esas tormentas que no se calmaban al cabo de un rato, sino que estaban destinadas a ser largas y abundantes.

—Voy a traerte el paraguas, ¿sí? —informó ella, poniéndose de pie —Cuando se calme un poco, te vas. Yo me voy a dormir, así que…

Un repentino destello blanco hizo que instintivamente Khaos cerrara los ojos a medias, girando la cabeza hacia su ventanal para enterarse de qué pasaba. Pero apenas vio algo en su ventanal y a continuación, el cristal se rompió y ella cayó, empujada por algo que la aplastaba contra el suelo, mientras el ambiente se ponía extrañamente caluroso.

—¿Pero qué…?

—No te muevas.

El aliento de Yumegami le hacía cosquillas en el oído derecho, así supo que era él quien la había arrojado al suelo. Obedeció, mirando en todas direcciones para darse una idea de qué estaba pasando. Se quedó atónita al ver el destello blanco que había roto su ventanal en forma de esfera, rondando por el techo y girando a derecha e izquierda como si fuera alguien buscando algo. Al final, el destello se fue por donde había venido, con lo que el ambiente recuperó la temperatura normal.

—Eso fue raro —logró musitar Khaos al cabo de un instante —¿Qué…?

—Quédate así un momento.

Khaos asintió y vio cómo Yumegami la soltaba despacio, casi sin querer, antes de erguirse y encaminarse al ventanal. La lluvia caía con más intensidad que antes, abajo los autos corrían por la calle a toda la velocidad que el asfalto mojado les permitía y la poca gente que seguía en las aceras buscaba dónde refugiarse cubriéndose la cabeza con lo que tenía a la mano.

Por varios minutos, no hubo más relámpagos y mucho menos truenos.

—Oye, ¿ya puedo…?

Yumegami se anticipó a su pregunta regresando a su lado para inclinarse y sujetarla por la cintura. La puso de pie sin problemas.

—Ah… gracias —murmuró ella —¿Sabes qué fue…?

El joven negó con la cabeza.

—¿Es… algún tipo de monstruo?

Él volvió a negar.

—Eso lo creó un monstruo —aseguró, frunciendo el ceño —Lo he visto antes. Pero no sé qué es.

—¿Dónde lo has visto?

Yumegami no contestó. Se limitó a acercarse al ventanal y tras mirar unos segundos el suelo, se agachó y comenzó a juntar cristales.

—¡Deja eso! Te puedes cortar.

—No importa.

—¡Oh, claro que importa! No tengo nada con qué curarte. Me acabé las vendas y el alcohol la última vez que me…

Khaos guardó silencio de golpe, consciente de lo que estuvo a punto de decir. Olvidó eso pronto porque, tal como temía, Yumegami se encajó un cristal en la mano izquierda y la sangre comenzó a brotar.

—¡Deja eso, te digo! —Khaos fue a quitarle los cristales de la mano, pero Yumegami no se lo permitió —¡Déjame ver tu mano!

—No.

—Pues entonces usa la escoba y el recogedor —Khaos fue a la cocina y le trajo ambos utensilios con una rapidez asombrosa.

Él tomó ambas cosas, asintió y siguió con su tarea. Eso lo aprovechó Khaos para buscar por todas partes algo que le sirviera para curarle la mano, a la vez que pensaba en un método para que se dejara atender. Al fin, escondidas en el fondo de su botiquín, halló una venda y una botella con apenas un dedo de alcohol. Con eso y algodón, regresó a la sala.

No había ni un cristal en el suelo, a menos que ella viera, y las cortinas del ventanal estaban corridas, agitándose por el viento. En el suelo, junto a la mesa de centro, estaba sentado Yumegami, con los ojos fijos en su mano sangrante y sin preocuparse demasiado de las gotas rojas que caían en su ropa.

—Muy bien —Khaos se sentó a su lado sin mucho cuidado, colocando el material de curación en la mesa de centro —Déjame ver…

—No debes tocarme, Áphatos.

—¿Recuerdas con quién estás hablando? Si eres tú, no pasará nada.

Por lo visto, esas palabras calaron hondo en Yumegami de alguna forma extraña, porque se quedó quieto y extendió la mano herida.

Ninguno habló mientras el corte era debidamente limpiado y vendado, aunque Khaos se sorprendió al no oírle a Yumegami ni una queja. Cuando acabó, la joven siguió sosteniendo con ambas manos la recién curada.

—A mí no me va tan bien —dijo de repente —Cuando me pasa algo, tengo que curarme yo misma. La última vez que intenté ir a un hospital a que me ayudaran, me pidieron la CRIU y al leer lo que hacía mi habilidad, me echaron. Es bueno que haya alguien dispuesto a cuidar de ti, ¿no? Aunque no sé por qué me tomo la molestia contigo, si parece que…

—Áphatos, ¿puedo… salir contigo?

La joven parpadeó innumerables veces debido a la sorpresa. No se atrevió a mirar a Yumegami por varios minutos, sin saber qué contestar.

Porque primero quería acabar de creérselo.

—¡Pero si nunca te he tratado bien! —fue lo primero que logró decir.

—No es tu culpa.

—¿Ah, no? ¿Entonces de quién?

—Nuestras habilidades se repelen. Creo que ahí está el problema.

—¿Y qué importa? Yo nunca… ¿Por qué querrías salir con…? ¡No tiene sentido! ¿Por qué me pides…?

Por un momento, Khaos creyó saber qué sentía Yumegami cada que dejaba una oración sin acabar. Quizá era que de verdad no encontraba las palabras para reflejar de forma fiel sus pensamientos.

—He peleado con muchas cosas en mi vida —declaró él inesperadamente, y Khaos sintió que usaba su mano sana para acariciarle el cabello —Y para algo que deseo tanto, no será la excepción.

—¿Pero por qué…?

—¿Sabes qué soy, Áphatos? ¿Lo que de verdad significa ser hipnófago?

Ella negó con la cabeza.

—Un hipnófago es un monstruo antropomorfo que al tacto, roba los sueños de las personas, junto con el impulso biológico que te hace dormir en primer lugar. Es casi lo mismo que haces tú, de cierta manera, porque físicamente todos necesitamos dormir para tener una buena vida. Y los que no sueñan, tampoco tienen una buena vida. Las dos son graves condenas, ¿no te parece? Además, los hipnófagos pueden andar entre sueños, como los hipnoandantes, pero más que nada para buscar alimento.

Khaos pensó que Yumegami se oía como una persona completamente diferente al estar allí explicándole cosas. Lo había notado al hacer su tarea, que si se centraba en un tema en particular, las ideas fluían de él con facilidad. Sin embargo, lo siguiente sonaba más bajo, con voz más grave pero a la vez con cierto timbre desesperado que no le gustó.

—¿Sabes lo que es dormir y no soñar con cosas propias, sino con las de alguien más? ¿Sabes lo que es que gente que no conoces te vea en la calle y se asuste porque te ha soñado? ¿Sabes lo que es comer como cualquiera, pero nunca quedar satisfecho? ¿Sabes lo que es conocer  personas agradables en tus sueños que quizá nunca verás en la realidad? ¿Sabes lo que es enterarse a través de un sueño que no naciste, sino que te crearon? ¿Sabes lo que es andar por el mundo desconfiando de todo porque te escapaste de…?

Al llegar a eso, Yumegami se detuvo, meneando la cabeza e intentando zafar su mano vendada de las de Khaos. No lo logró, ya fuera porque no empleó mucho empeño en conseguirlo o porque ella no lo permitió.

—Yumegami —llamó la muchacha, con voz ahogada —Yo… quizá no sepa nada de eso. Pero… Ahora que… Bueno, ahora que casi podría jurar que también fui creada… No sé, es confuso y… Puedes contarme lo que quieras, ¿de acuerdo? Solo dime antes una cosa, ¿sí? —él asintió —¿Por qué yo?

—Yo… No sé cómo llamarlo —confesó el muchacho, observando el mechón de cabello gris claro que sujetaba con la mano derecha —Es agradable tocar a alguien y saber que no la matarás.

Khaos asintió en silencio a eso. Era el mismo miedo que la había acompañado siempre. No dijo nada, dejándolo continuar.

—Te conocí hace mucho, en uno de mis propios sueños. Me sorprendió cuando descubrí que eras una persona real. No sabía si prefería a la Áphatos que me sonreía cuando dormía o a la Áphatos que me saludaba y huía en la vida real. Pero las dos me gustaban. La de mi sueño era agradable conmigo y la real no permitía que la tocara y la matara.

—¿Me habrías…?

—No te mataría a propósito, pero todavía ahora hay veces en que no controlo mi habilidad.

—Y… ¿es por eso que… quieres…?

—Me eres valiosa —interrumpió Yumegami quedamente —No me importaba cómo me trataras con tal de no hacerte daño. Con tal de que siguieras lo suficientemente lejos como para no matarte. Mucho menos me importaba que jamás te agradara, con tal de poder ver que eras feliz.

El muchacho sintió algo salpicar su mano izquierda. Al fijar la vista allí, notó que lo mojaba algo transparente, que caía directamente de la cara de Khaos, cuyos hombros se agitaban un poco.

—¿Y yo pensaba que no sentías nada? —musitó ella, entrecortada.

—No quería… asustarte con…

—¡Nada! ¿Sabes lo que es recordar nada más tu nombre? ¿Sabes lo que es huirle a la gente para no matarla por accidente? ¿Sabes lo que es estar sola, sin familia y sin amigos, por haber sido un experimento? ¿Sabes lo que es sentir una tristeza tan grande que cada noche, por años, desees morir para luego despertar y darte cuenta de que sigues viva? Sí, lo sabes, ¿verdad? ¿Y por qué precisamente tú, que sabe todo eso, creyó que yo estaría mejor sin saber que le importo a alguien? ¡Dímelo!

—Porque aún con todas mis precauciones, si estabas cerca de mí, te podrían llegar a matar. Áphatos, aunque deseé que me aceptes, quiero que al menos tú escapes de este complot.

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Re:Rilato [07/¿?]
« Respuesta #35 en: Octubre 09, 2011, 02:34:00 pm »
Ois, esto ha sido como muy intenso ¿No? XDDD


Me ha gustado mucho ver q Himmel está tan activa y obre todo que ¡Este capítulo ha sido más largo! xDD
Espero que el próximo llegue pronto para saber que es esa cosa que ha entrado por la ventana y, por supuesto, leer como termina esa conversación *o*


Gracias^^
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Re:Rilato [08/¿?]
« Respuesta #36 en: Octubre 09, 2011, 06:08:41 pm »
008: Horda.
(Abierto)


Hiere, si es que te amenazan…
Huye, si no te queda de otra…
Halaga, si con eso alguien se salva…

Ahora que había empezado, Yumegami parecía no poder detener su boca. Era como si de pronto quisiera decir todo lo que durante mucho tiempo se había guardado y Khaos, por algún motivo, creía que sería así.

—Lo he visto cuando ando por los sueños —comenzó Yumegami, con aire reflexivo —Personas con ideas perversas, malévolas… No puedo permanecer mucho en esa clase de sueños, son como comida podrida para mí, pero una vez… Llegué a un sueño que me dio escalofríos. Con solo un segundo allí, supe que tenía que salir. Pero algo me retenía. No supe qué era hasta que aparecieron tubos como en el que encontramos a Himmel. Cientos, miles de tubos, cada uno con una criatura diferente. Y en uno de esos tubos me vi. Ese sueño no era tal, no completamente. Era el recuerdo de una mente enferma, deseosa de desafiar a la naturaleza para conseguir sus propios fines… Y el recuerdo se mezclaba con lo que pensaba hacernos a todos: vendernos como sirvientes, como armas… Como meros objetos que no merecerían respeto pese a tener mente propia y un intento de corazón…

Lo recién dicho hizo que Yumegami contuviera un escalofrío. Quiso creer que era a causa del viento que se colaba por el ventanal roto y no por el miedo que aún lo invadía al acordarse de ese sueño ajeno, que para él era una de sus peores pesadillas.

—Vi a muchos de los nuestros. Algunos eran de especies que, debido a las guerras antes del TRAPIR, estaban extintas. En esa categoría entran Himmel y tú, por ejemplo…

—¿Hubo… otros como yo? —se sorprendió Khaos, quien hasta el momento no había querido intervenir para dejar que Yumegami se explayara.

—Comprenderás que fueron de los primeros monstruos a los que los humanos cazaron. Era aterrador pensar que un ser físicamente parecido a uno llegara, te tocara y te quitara vida. La firma del TRAPIR requirió un representante de cada especie racional existente y como ningún biófago acudió, los nombraron oficialmente extintos.

—¿Eso soy yo? —inquirió Khaos con un hilo de voz —¿Una… “biófaga”?

Yumegami asintió.

—Otros de los nuestros están peor. Tras estudiar los resultados que podrían dar la combinación de los genes, se dio pie a, literalmente, crear nuevas especies con habilidades nunca antes vistas. Seguro jamás habías oído de un Homo Revelio o Revelador, ¿verdad?

—Pues… no.

—Ali–sama entra en esa segunda categoría. Y como él, algunos más. No había muchas especies creadas, era un procedimiento complejo y costoso. Se concentraron en recrear especies, que para científicos del CIIG, debía ser pan comido. Pero el sueño que te describí… Su dueño no tenía límites. Quería que lo vieran como un ser todopoderoso, capaz de desafiar incluso la más elemental ley de las especies, ya sean animales, vegetales, minerales, humanos o monstruos: la ley de la evolución.

—Y… entonces… ¿qué pasó con… el resto de…?

Khaos no podía decir “los nuestros” con la misma facilidad de Yumegami. Ni habiendo aceptado la verdad: que ella era parte de un enorme y enfermo ensayo científico.

—Algunos, como dijo Mía, fueron clasificados como Fracasos, lo que significa que no dieron el resultado deseado o no sobrevivieron. Los Éxitos, como nosotros, eran probados y estudiados, asegurándose que no mostraban fallas aún si las habilidades funcionaban como ellos buscaban. Además, se les entrenaba para que fueran fáciles de manejar.

—¿Eso quiere decir…?

—Sí, los Éxitos eran convertidos en marionetas.

—¿Cómo sabes todo eso?

Yumegami dejó escapar un suspiro.

—Las primeras veces que usaba mis habilidades, no era consciente de ello. Me encontraba rodeado de científicos que aprovechaban los ratos de ocio en echarse siestas. Una capacidad de los hipnófagos es que si no comes el sueño completo, puedes solamente alimentarte de la información periférica; o sea, de los datos revelados en los sueños en forma indirecta. Toda esa información se queda en mi memoria y puedo acceder a ella si es que hace falta.

—¿Y no te has vuelto loco?

Khaos sintió cómo el muchacho se encogía de hombros, ya que aún no reunía el valor para mirarlo de frente.

—La información es una buena arma si sabes cómo usarla.

—¡Esa no es la cuestión! ¿Cómo puedes vivir con cosas en tu cabeza que no son tuyas?

—Sencillo. La información puedo liberarla de mi cabeza, sobre todo con libretas, archivos de computadora, grabadoras y otras cosas que existen hoy en día. Lo difícil son las emociones, pero de eso hablaré en otro momento, si te parece.

—Dije que puedes contarme lo que quieras, así que…

Se quedaron en silencio unos instantes, sin moverse apenas. Khaos sintió de nuevo la mano de él en su cabeza, sintiéndose incómoda, pero ahora también notó que sus mejillas ardían.

Un minuto, ¿se estaba sonrojando?

—Se enteraron de lo que el CIIG estaba haciendo por el secuestro masivo de la universidad, hace unos diez años —recordó Yumegami de pronto, pero Khaos se hallaba extrañamente tranquila y no se sobresaltó —La versión oficial fue que un grupo de monstruos rebeldes pretendían que se hicieran cambios al TRAPIR, al menos a nivel nacional, pero en aquel tiempo yo ya estaba afuera y vi los sueños de las autoridades que se encargaban del caso. Habían secuestrado a todo el Concejo porque sabían que uno de los Proyectos estaba allí, e iban a recuperarlo.

—El Revelador.

Yumegami asintió.

—Ali–sama, desde entonces, quiso encontrar a todos los nuestros. No era una tarea sencilla, menos si quería vivir de manera más o menos normal. Así que él y sus amigos llegaron a la conclusión de que una fachada con sus respectivas profesiones y un negocio como el Albedrío ayudarían. Yo me enteré que el Albedrío existía por…

—Déjame adivinar: lo soñaste.

—Sí. Al principio eran sueños de otras personas, que iban a ese lugar a pedir ayuda y la conseguían. A los sueños de los Alí–sama y los otros no pude entrar hasta que Viola–sama supo quién era yo y levantó un hechizo de protección que había realizado. Ella… es la única hechicera a la que respeto. Cuida de los suyos, ama a Alí–sama y…

El joven tragó en seco, dejando caer los hombros como si de pronto se le hubiera apagado el ánimo.

—¿Qué pasa? —quiso saber Khaos.

Yumegami negó con la cabeza.

—Eso no importa ahora. El asunto es… Áphatos, nos quieren recuperar. Los que iniciaron los Proyectos… ahora nos están cazando.

—¡No somos animales! ¿Cómo se atreven…?

Por la indignación, Khaos fijó sin querer la vista en Yumegami. Tardó dos segundos en percatarse de ello y volver a inclinar la cabeza.

—¿Por qué no nos dejan en paz? —inquirió ella en un murmullo.

—Creo que se sienten con derecho a mandarnos por habernos creado.

—Sí, claro…

—Hay algunos de los nuestros que debido a su entrenamiento, no dudan de esa idea. Si se quisiera liberarlos, no sería sencillo. Por otro lado, los Proyectos libres se han escondido tanto que buscan obligarlos a usar sus habilidades para salvarse y con eso, que se delaten. Les ofrecerán “protección” con tal de que vuelvan a los laboratorios. ¿Retorcido, no?

Khaos asintió un par de veces con la cabeza.

—¿Todo eso… lo supiste… soñando?

—Sí. Estar en los sueños de esas personas tiene el beneficio de anticiparme a sus planes. Te dije que me parezco a los hipnoandantes, que podían vislumbrar muchas cosas, porque pueden visitar sueños presentes y de otros tiempos. Eso incluye los sueños futuros.

—¿Es una broma? ¿Pueden ver el futuro?

—A veces.

—¿Tú puedes ver el futuro?

Yumegami se tensó. Khaos pudo sentirlo en la mano izquierda de él, que todavía sostenía. Luego de una breve lucha interna, se decidió a mirarlo, poco a poco, procurando no mostrarse nerviosa.

El semblante de Yumegami lucía igual que de costumbre, al menos a primera vista. Debido a la convivencia cercana que habían tenido en los últimos días, detectó en su rostro una mueca fantasmal, nerviosa, casi temerosa. Algo parecía asustarlo, pero no era solamente la situación que recién había expuesto ni el hecho de dejar su corazón al descubierto.

—Yumegami…

—Tengo que irme, Áphatos. Si esa cosa vuelve, quizá me siga y…

Al dar un leve tirón para recuperar su mano vendada, Yumegami se sorprendió al ver que Khaos no la soltaba.

—Yo… ¿vas a…? ¿Vas a venir otra vez?

—No.

Khaos le apretó la mano con fuerza, ignorando que ella misma la había curado minutos antes.

—¿Vas a…? No creo que… ¿No quisieras…?

—Áphatos, si no quieres ser agradable conmigo, no lo seas. Déjame ir, podré arreglármelas.

—¿Desde cuándo te están cazando?

La pregunta había surgido a través de aquella larga charla. Algo le decía a Khaos que no quería escuchar la confirmación de lo que suponía, no serviría de nada. Necesitaba saber más de Yumegami porque de repente, ya no era solamente una persona de quien se alejaba en cuanto la veía. ¿De dónde salía esa certeza? Lo ignoraba. Pero enterarse que aún con el trato que le daba, él se preocupaba por ella…

—Desde que me escapé.

Ante la clara confusión de la joven, Yumegami desvió la vista, esta vez dejando ver la incomodidad que le causaba el tema.

—Aprendí casi todo lo que sé de los sueños de la gente, lo que no es muy adecuado. No hubo un Desertor de por medio en mi liberación. Yo tuve que escaparme a la mala de uno de esos laboratorios. Uno de mis pocos sueños propios es…

No pudo continuar porque se le formó un nudo en la garganta. Quiso de nueva cuenta quitar su mano izquierda de las de Khaos y otra vez ella lo retuvo, aunque con más delicadeza que antes.

—¿Sabes por qué Stoker me pone de nervios? —susurró ella.

—No.

—Le tengo miedo. O mejor dicho, le tengo miedo a lo que hace. Lo poco que recuerdo de cuando era niña es… Fuego. Mucho fuego. Todo estaba quemándose a mi alrededor y yo no podía salir de donde estaba. Gritaba y nadie me oía. Después… no supe cómo… estaba en la calle. Tengo una cicatriz de ese día, por eso sé que fue real. Creo que… tuve suerte porque… luego me halló gente buena que me cuidó y…

—¿Por qué me cuentas todo eso?

Khaos retiró la vista. Se mordió el labio inferior, razonando sus siguientes palabras, a la vez que trataba de distinguir qué sentía.

Esa noche se había convertido en un evento digno de recordar. Quiso conocer un poco más a Yumegami, en primer lugar. Le quedaron claras muchas cosas que antes solo podía suponer. Increíblemente, Yumegami habló más de lo normal Y entre todo lo que contó, estaban sus sentimientos por ella. No le quedaba claro a qué se refería, más que nada porque Yumegami describía todo lo referente a sus propias emociones de manera literal, sin darles nombres específicos, lo que quizá se explicaba con el hecho de que nadie le enseñó ese tipo de cosas. ¿Cómo habría conseguido ir a la escuela? ¿Quién le daba dinero para sus gastos? ¿Cómo había sobrevivido hasta ahora en una sociedad que dictaba que lo diferente era extraño?

—Quiero que me entiendas —dijo finalmente, hablando con la voz suave que reservaba para los niños Arafat o a cualquier otro infante —Yo… Lo siento, ¿de acuerdo? Perdona que fuera mala contigo. Es que… Prefiero estar aparte que juntarme con la gente. No quiero lastimar a nadie. Por eso soy un desastre para hacer amigos. Prácticamente no tengo ninguno. De hecho, creo que si dejara de salir a la calle, nadie lo notaría…

—Yo lo haría.

Khaos asintió sin pensarlo.

—¿Y aún así me quieres?

—Ah, ¿es eso?

Ella asintió otra vez, con un poco más de ímpetu que antes, sin poder evitar una punzada en el corazón.

—Hay que trabajar en eso —comentó, queriendo sonreír —Oye, ¿no… pediste alguna vez… que te enseñaran algo de emociones?

—No había nadie a quién pedírselo. No convivía con tantas personas.

—¿Entonces cómo…?

—Sueños.

—Pero cuando no dormías…

Yumegami negó con la cabeza.

—Nunca dije que durmiera como la gente normal —indicó.

—¿Eso qué significa?

—La mayor parte del día estoy despierto. Un hipnófago solo necesita tocar a alguien para comerse sus sueños. De hecho, es raro cuando duermo.

Ahí estaba la explicación a que Yumegami evitara cualquier comida o bebida que le quitara el sueño. Era su intento, vano por lo visto, para ganarse unas horas nocturnas de descanso, como cualquier persona.

—¿No dijiste que también te comes esa cosa biológica que nos hace dormir? —cuando el joven asintió, ella continuó —¿Eso no te ayuda?

—Sí. Pero no como eso si puedo evitarlo. Los sueños se reproducen con cierta facilidad. Las horas de sueño y sus efectos biológicos son difíciles de recuperar.

—¿Has pensado en ser profesor? Dices todo eso y no me cuesta nada prestar atención. Hasta entiendo la mayoría.

Yumegami encogió los hombros con indiferencia.

Un sonido extraño, proveniente de la calle, llamó la atención de los dos. Khaos, lentamente, dejó la mano vendada de Yumegami y se puso de pie, yendo hacia el ventanal roto, corriendo parte de la cortina. Miró la calle, a derecha e izquierda, desconcertada por no ver algo fuera de lo común. A continuación, cerró la cortina de nuevo, dio media vuelta y apenas dio un par de pasos, se paralizó.

—¿Qué sucede? —inquirió Yumegami, parándose también.

Khaos no contestó, sino que volvió a atisbar la calle y luego, con rapidez, observó el cielo.

—No hay nubes —susurró, como si eso lo explicara todo.

El joven se colocó tras ella para mirar también el exterior.

—Ya me lo imaginaba. Siempre es así.

—¿Cuántas veces has visto esa… cosa luminosa?
Yumegami hizo un gesto que indicaba que no lo sabía. Una de dos: no se había tomado la molestia de llevar la cuenta o…

—¿Desde cuándo te están cazando? —repitió Khaos, conteniendo todo lo que podía el repentino agobio que la asaltó.

—Ya te lo dije.

—Lo sé, ¿pero cuándo comenzó?

—No lo recuerdo —la brutal sinceridad de Yumegami hizo que Khaos se quedara estupefacta —Cuando comenzó la investigación al CIIG, yo ya me había escapado. Entonces, tenía unos… siete años afuera. Y la primera vez que vi esa cosa llevaba… dos o tres semanas en la calle.

—Espera, ¿cuántos años tienes?

—No lo sé. La primera fecha que recuerdo la vi en el sueño de un científico, de un periódico que había leído esa misma tarde. La fecha era de hacía… veintidós años, más o menos.

Veintidós años… Si tomaba eso como referencia, Khaos calculó que Yumegami debió ver esa esfera de luz por primera vez al tener unos…

—¿Cinco años? —dejó escapar, atónita —¿Te escapaste a los…?

Agitó la cabeza. ¿Cómo se las arreglaba un niño de cinco años para subsistir en la calle? Mejor no pensar en ello. Las posibles respuestas eran sobrecogedoras. Aún estando acostumbrada a esa clase de situaciones.

—No importa mucho la edad si tu cerebro cuenta con la información elemental. Generalmente es la familia la primera en enseñarte, pero en mi caso no hizo falta.

Algo en su voz delataba que agradecía el hecho de no tener familia. Para Khaos, que siempre quiso una, no tenía sentido. A menos que…

—Cuando te escapaste… —empezó, cauta.

Su buena intención fue inútil al notar que sus ojos ya no se fijaban en ella, apretando las manos en temblorosos puños. Así que en contra de lo que le dictaba el instinto, Khaos siguió por allí.

—Cuando te escapaste… —intentó de nuevo, tímida —¿Qué sucedió? Quizá… no te acuerdes de todo, pero…

—¿De verdad eso importa?

No, en sí no importaba el cómo Yumegami se había librado del sitio donde fue creado, pero a Khaos le interesaba saber. Aún con la leve mueca de dolor que él compuso.

—Lo siento, si no quieres contestar…

Él negó rápidamente con la cabeza.

—Entonces… tú… ¿vas a…? ¿Te irás ahora, no?

—Sí. Y deberías hacer lo mismo.

Khaos lo miró sin comprender.

—Esa cosa me detectó aquí, puede volver en cualquier momento. Si percibe que también eres un Proyecto…

—¿Por qué crees que no me percibió hace un momento?

Yumegami no contestó, sino que definitivamente le dio la espalda, rumbo a la puerta del departamento.

—Nos vemos mañana, Áphatos.

Y salió, dejando a Khaos mucho en qué pensar.

-&-

Conforme los días dieron paso a las semanas y éstas a los meses, la rutina regresó a los días de Khaos. Sn embargo, pensaba que tenía que averiguar más del asunto que, para bien o para mal, era el origen de ella misma. El problema estaba en que no se sentía buena para indagar por su cuenta y un buen día, con el otoño dando paso al invierno, notó que Yumegami ya no estaba tanto con ella como antes.

Fue una tontería: cambiaban de aula para ver una película que según su profesor de Nanotecnología, les ayudaría mucho en el futuro. Iba siguiendo a unas cuantas parlanchinas, procurando no perderse, y lo supo.

Se había acostumbrado a que Yumegami estuviera a su lado.

Lo buscó con los ojos, localizándolo unos metros adelante, junto a Stoker. Hizo una mueca y decidió acercarse a ambos despacio. Alcanzó a oír parte de lo que Stoker decía.

—… Así que lo soltaste, ¿y sigues sin aparecer?

Yumegami asintió a esa frase, lo que causó que Stoker soltara un bufido que Khaos no supo si era de resignación o enfado.

—Mira, por si te interesa, te diré que fuiste idiota, eres idiota y si sigues así, seguirás idiota.

La joven frunció el ceño, pensando que el calificativo de Stoker era un tanto exagerado, pero la respuesta de Yumegami por poco detiene sus pasos, atontándola y provocándole un hueco en el estómago que la mareó.

—De morir yo a morir Áphatos, mejor morir yo.

En menos de un segundo, Khaos avanzó con dificultad, tropezando y empujando gente a la que no distinguía, poniendo distancia entre sus compañeros y ella, para llegar al edificio que albergaba una de las bibliotecas. Allí, ubicó la entrada al baño de mujeres, la atravesó y se encerró en un cubículo. El mareo de segundos antes la obligaba a vomitar.

No se sentía bien. Minutos después, lavándose las manos y fijándose en la imagen que le devolvía el espejo, no la contempló en realidad.

Hacía mucho que su cuerpo no reaccionaba así y se reprendió mentalmente. Lo había prometido hacía mucho, casi jurándolo por su vida, que no volvería a pasarle. Para ella, un malestar tan fuerte sin estar enferma correspondía a un motivo en particular.

La idea de un Yumegami muerto le daba pánico.

Sacudió la cabeza, deseando no pensar en ello, aunque no servía de mucho. El mareo estaba surgiendo de nuevo, con la clara intención de regresarla al cubículo, pero lo controló lo mejor que pudo.

—¿Áphatos?

La voz que la llamaba era la que menos quería oír en ese momento.

—Le dije al maestro Lara que adelantaríamos una tarea, así que nos dio permiso de faltar. ¿Estás bien?

Ella quería asentir, mandar al diablo todo lo que ahora sabía y seguir con su monótona vida. Sin embargo, no podía y ya era hora de que lo fuera aceptando. A paso lento, salió del baño, topándose con el dueño de la voz, al que miró fijamente un largo segundo antes de negar con la cabeza, llevándose una mano al abdomen.

—Ni se te ocurra —espetó, con los dientes apretados.

—¿De qué hablas?

—Stoker tiene razón, Yumegami, eres idiota.

El aludido arqueó una ceja, inexpresivo, hasta que soltó su maletín y avanzó unos pasos, con los brazos extendidos, queriendo sujetar a una Khaos que se tambaleaba. Lo consiguió, sorprendiéndose ligeramente cuando ella se recuperó un poco y levantó una mano en dirección a su rostro.

—¿Interrumpo?

Los dos jóvenes giraron la cabeza hacia una de las entradas del edificio, donde se veía a un chico apenas mayor que ellos por un par de años. Era de tez clara, cabello negro azulado y ojos entre azules y verdes que parecían fuera de lugar en su rostro ovalado, acompañando una nariz pequeña y recta. Iba vestido con un pantalón de mezclilla y una camisa blanca con finas líneas azules. Sus zapatos negros eran sencillos, pero relucían. Su aspecto general era el clásico de un universitario que tuviera que verse medianamente arreglado por algo ajeno a su control.

—Nunca nos habíamos visto personalmente —comenzó el recién llegado, con los ojos fijos en Yumegami, mostrando en ellos un destello de astucia que no era agradable —Pero eres experto en escaparte de mis sondas. No sé cómo lo haces y eso me causa problemas. ¿Lo hacemos por las buenas o por las malas? Lo digo por la chica, claro.

Para Khaos aquello no tenía pies ni cabeza, pero por la expresión de Yumegami, para él tenía todo el sentido del mundo.

—De ninguna de las dos formas, gracias —contestó Yumegami, frío.

—Lástima. Respuesta incorrecta.

El desconocido se asomó por la entrada que había usado, con puertas dobles de cristal, y sonrió de lado al ver que el sol se ocultaba tras nubes inesperadamente oscuras, listas para descargarse sobre la ciudad.

—De acuerdo —Yumegami comenzó a soltar a Khaos, quien sintió de nuevo aquel hueco en su estómago que la mareaba intensamente —Áphatos, ¿le avisarías a Viola–sama que ya no podré ir a trabajar?

—¿De qué…?

—¿Hablas de Viola Médici de Arafat? —intervino aquel muchacho, fingiendo sorpresa —¿Quién lo diría? Un hipnófago asesino trabajando para una hechicera… Esto sí que es interesante.

Khaos parpadeó con cierta confusión. Debió escuchar mal, ¿Yumegami, un asesino? Lo miró y él no lo notó por vigilar al extraño.

—Podemos negociar, si quieres —dijo el joven, pasándose la mano por el cabello con un gesto aparentemente resuelto —La señora de Arafat tiene un marido muy peculiar, no sé si lo entiendes. Seguro me perdonarán si en vez del hipnófago, les llevo al Revelador. Lo han estado buscando por años. Sería uno menos en la lista.

—No —respondió Yumegami con dureza —Vienes por un hipnófago, te llevarás a un hipnófago.

—Esa voz me agrada. Lástima que haya un ligero cambio de planes.

Sin que se dieran cuenta, Khaos y Yumegami ahora tenían a su espalda a otras dos personas. La más cercana a Khaos, un hombre alto y fornido de ropas oscuras y cabello castaño, observó a Khaos de arriba abajo con unos ávidos ojos negros y una sonrisa maliciosa en los labios.

—Quiero una probadita de la niña, ¿se puede? —inquirió aquel sujeto.

—No seas ridículo —la otra extraña era una muchacha curvilínea que usaba un ajustado vestido verde y tacones de aguja. Tenía rostro en forma de corazón, ojos grises y melena ondulada color chocolate. Hizo un ademán de impaciencia con una mano de largos dedos morenos —Esto es un sitio público, no debemos hacer escándalo.

—Nadie dijo que la mataría.

—Te conocemos, Letheo, intentarás comértela toda.

—Pero Arcadia…

Los dos tipos parecía que iban a enfrascarse en una disputa, pero el de cabello negro azulado les dedicó una mirada amenazante y ambos se callaron. Khaos y Yumegami no tuvieron que devanarse los sesos para comprender quién mandaba allí.

—¿Tienes un nombre tan pintoresco como el de éstos? —se atrevió a burlarse Khaos, dirigiéndose a quien tenía enfrente al tiempo que no permitía que Yumegami acabara de soltarla.

—¿Quién te crees que eres, niñita? —espetó la tal Arcadia, furiosa.

—¿Lo ven? Déjenme darle una probadita —insistió Letheo, burlón.

—Nadie se comerá a nadie —advirtió el muchacho frente a Khaos, con una sonrisa torcida en el rostro —¿Mi nombre? Señorita, debería decir el suyo primero, ¿no le parece? A menos, claro, que nosotros lo sepamos ya. ¿Letheo? —llamó, entre curioso y autoritario.

El susodicho clavó de nuevo la vista en Khaos, quien sintió al segundo siguiente como si golpearan su sien derecha con excesiva fuerza. Yumegami inmediatamente colocó una mano en su coronilla y la atrajo hacia sí, intentando cubrirla de algo que ninguno de los dos podía ver.

—¿Dices que tienen tratos con una hechicera, Cumulus? —masculló Letheo a modo de queja —No puedo darle ni una probadita.

—Me imaginaba que traerían hechizos de protección encima. ¿Quién es ella, Kuu, que te importa tanto? Considerando cómo te escapaste…

Khaos se sintió repentinamente furiosa por el tono que ese individuo había empleado al mencionar el nombre de pila de Yumegami.

—No te incumbe, Stratus. ¿Y por qué un simple meteorogénito es el encargado de cazarme? ¿No temen que te ponga las manos encima? ¿O por eso están aquí Aristotel y Noctelumen? ¿Harán el trabajo sucio por ti?

Khaos pudo ver, por entre los brazos que la rodeaban, que aquellas palabras había causado un gran impacto en las tres personas desconocidas. Los había tomado por sorpresa que Yumegami supiera sus nombres.

—Pues no. Tenemos orden de recapturarte. Vivo o muerto. Y sin importar a quiénes nos llevemos por delante. Tú decides.

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Re:Rilato [08/¿?]
« Respuesta #37 en: Octubre 10, 2011, 07:35:56 am »
Wooooooooooooo!!! ¡Si lo llego a saber comento antes! *o*


Oi oi oi oi oi, esto se está poniendo demasiado intenso ¿No? He de confesar que me pierdo con tanto nombre extraño, pero aún así estoy contentísima de haber tenido la continuación tan rápido^^


Thanks n___n
La capacidad de imaginar es el mayor recurso del ser humano.


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Re:Rilato [09/¿?]
« Respuesta #38 en: Noviembre 28, 2011, 09:43:10 pm »
009: Ilusión.
(Abierto)


Imagina, así podrás crear…
Inventa, así podrás ayudar…
Ignora, así podrás dañar…

—Me parece que no.

La intromisión de otro individuo en ese escenario casi destroza los nervios de Khaos. Más cuando se dio cuenta de quién era.

—Lamento la demora, pero a diferencia de Kuu, yo no gozo de buena prensa entre los profesores.

—Será porque te la pasas fumando donde no debes, con el riesgo de provocar un incendio —indicó Yumegami, sin alterarse demasiado por el giro de los acontecimientos —Te esperaba hace tres minutos, Beltane.

Khaos arrugó el ceño. Stoker debía ser el apellido de su compañero de facultad. ¿Desde cuándo Yumegami lo llamaba por su nombre de pila?

—Díselo a Lara, quería que me quedara en la sala de proyección. ¡Bah! De todas formas, esa película ya la vi. Ahora, ¿en qué estábamos?

El recién llegado les echó un rápido vistazo a los desconocidos. Lanzó un silbido de asombro con Arcadia y acto seguido se puso tan serio que Khaos pensó que la compañía de Yumegami lo estaba influenciando.

—¿Quién se supone que eres tú? —espetó Cumulus, por primera vez dando muestras de impaciencia.

—Sí, me temía que quisieras saber eso. Lo que debes preguntarte es ¿por qué esto se complicó? Oh, mi estimado engendro, eso nunca lo sabrás.

Y con desenfado, Stoker creó una esfera de fuego con la que jugueteó un poco, cual pelota de tenis o béisbol, antes de lanzársela a Cumulus.

El fuego no dio en el blanco porque el objetivo se torció hacia la izquierda y enseguida echó una mirada furibunda a Stoker, quien sin tapujos, estaba jugando con otra bola de fuego entre las manos.

—Letheo… —soltó Cumulus de mala gana.

El tipo de ropas oscuras se acercó unos pasos a Stoker, pero éste le lanzó su bola de fuego sin dudarlo, la cual fue esquivada con facilidad. Luego, Stoker se llevó una mano a la cabeza, con una mueca de dolor.

—Vaya mentecilla la tuya, mechero con patas —se burló Letheo, con un gesto de perversa alegría —No pude comer más que porquerías —informó a Cumulus de mal talante —Lo único útil fue su nombre. Beltane Stoker.

Cumulus pareció meditar con cuidado esos datos, porque finalmente decidió que había tenido suficiente por un día. Les hizo una señal a sus dos cómplices, quienes de mala gana, lo siguieron fuera del edificio. Los vieron perderse en uno de los tantos caminos de lozas de piedra que cruzaban los jardines, yendo rumbo a la salida oriente de la universidad.

—Estupendo, media hora qué matar —dijo Stoker con desfachatez, antes de acercarse a Yumegami y a Khaos —¿Todo bien? —inquirió, más serio.

—Yo sí. ¿Áphatos?

Ella asintió lentamente con la cabeza, pues aún le dolía la sien.

—¿Qué rayos era el tal Letheo? —se quejó Stoker, frotándose la nuca —Sentí como si alguien me pegara en la cabeza con un martillo para quebrarla y hurgar en ella.

—Es un psicófago.

—¿Estás bromeando, Kuu? —Khaos no sabía qué era eso, pero Stoker sí, por lo visto —De haber querido, me habría dejado comatoso. ¿Por qué no me lo dijiste antes?

Yumegami se encogió de hombros.

—Eres exasperante —soltó Stoker por lo bajo, antes de mirar a Khaos —¿Quiso comerte también, Áphatos?

—Lo intentó. Viola–sama ejecuta un hechizo que protege a quienes firman contratos en el Albedrío. Es uno de los tantos seguros que tiene para que ambas partes cumplan con lo suyo.

—¿Era en serio? ¿Conocen a la señora de Arafat?

—Sí. Y no se alegrará de ver a quien casi le quema la puerta.

—Hombre, sentí hechizos en esa casa vieja, así que quise probarlos. Pero ya que vas a presentarnos, háblale bien de mí.

Yumegami arqueó una ceja, incrédulo. Khaos, en tanto, se frotó la sien derecha, tratando en vano de aliviar la molestia.

—Necesito una aspirina —musitó, casi por costumbre.

—O un buen médico —apuntó Stoker, queriendo hacerse el gracioso.

—Beltane, no quiero darte un puñetazo.

Stoker alzó las manos en actitud de rendición.

—Me adelanto, buscaré el libro de Fisonomía que nos recomendó Tyron.

Antes que pudieran decirle algo en contra, Stoker les dio la espalda a los dos jóvenes y caminó hacia la entrada de la biblioteca.

—¿Cómo sabías que Stoker llegaría?

—Sueños.

Khaos no supo ni por qué se había molestado en preguntar.

—Beltane ha desarrollado la fastidiosa costumbre de acompañarme a casi todas partes. Y para colmo, se siente con derecho a sermonearme.

—Tiene algo de bueno, por lo que veo.

La mueca de Yumegami, similar a la de un niño al que han castigado por una travesura, hizo que Khaos riera por lo bajo. Solo unos segundos, porque el dolor en la sien no se iba y la mareaba más de lo que ya estaba antes que todo aquello sucediera.

Como si supiera exactamente qué ocurría, Yumegami sacudió la cabeza y se la llevó al exterior, a una banca metálica a la orilla de un pasillo de cemento cubierto por árboles a derecha e izquierda. Por lo general, las parejas ibas a sentarse allí y admiraban el techo verdoso del lugar, por el que se filtraban varios destellos de luz solar durante el día.

—¿Qué pasa? —quiso saber Khaos, tomando asiento a regañadientes.

Yumegami no contestó. Se limitó a tomar asiento a su derecha, con las manos en los bolsillos y reclinándose lo suficiente como para fijar los ojos en las altas copas de los árboles, en ese momento sin muchas hojas. Era una de las razones para no hallar gente por allí a esa hora, porque ese camino en particular perdía parte de su atractivo en esa época del año. Aún así, era curioso el ramaje que a través del tiempo, se había entrelazado y formaba un curioso túnel.

—Yumegami, si no me lo dices bien, no lo…

—Áphatos, ¿podrías decirle de mi parte a Viola–sama que tal vez ya no pueda ir a trabajar?

Ella negó con la cabeza, mostrando terquedad en sus rasgos.

—No hablarás en serio, ¿cierto?

—En realidad, sí. Ahora que Stratus me vio la cara…

—¿Cómo sabes su…? Olvídalo —Khaos tuvo el tino de no aclarar algo prácticamente evidente, para mejor concentrarse en otra cosa —¿Crees que Viola va a permitir eso?

—Iré en cuanto pueda a renegociar nuestro contrato.

—¡Ese no es el punto! ¿En serio pensabas entregarte a ese tipo? ¿Qué dijiste que era, por cierto?

—¿Quién, Stratus? Es un meteorogénito, un monstruo antropomorfo que, en teoría, puede manejar el clima a su antojo. Es el resultado de combinar un poco de los eogénitos y otro poco de los acuogénitos.

—¿A él… a él también…?

—A Stratus también lo crearon, sí. Lo mismo que a Aristotel.

—¿El… “psicófago”?

Yumegami asintió.

—¿Y la otra tipa? Arcadia, se llamaba…

—¿Noctelumen? Es una simple licántropa. De una familia problemática, si quieres mi opinión y la de Verne-sama. Uno de sus parientes debe estar metido hasta el cuello en el asunto de los Proyectos.

—¿No lo sabes?

Yumegami negó esta vez con la cabeza. Dejó que sus blanquecinos ojos recorrieran las ramas semidesnudas, el cielo de un pálido y deslucido tono azul, hasta que inclinó la cabeza.

—Eh… Yumegami…

—¿Sí?

Khaos no sabía ni qué decirle. Por un instante, no había sentido por él ni pizca de la instintiva repulsa que la orillaba a apartarse de su lado. Por ese breve momento, lo contempló como a cualquier otra persona. Y no le gustó lo que notó.

El perfil de alguien resignado a algo desagradable e inevitable.

—¿Puedo… hacer algo por ti?

Él se sorprendió y Khaos lo comprobó cuando le clavó la mirada de forma interrogante. Al mismo tiempo, sacó las manos de los bolsillos sin darse cuenta, dirigiéndolas a ella, pero no llegó a tocarla.

—¿A qué viene eso? —quiso saber, con voz neutra.

Khaos torció ligeramente la boca, contrariada. Ya había hablado, ahora tenía que decirle algo convincente.

—No sé —respondió finalmente, con cautela.

—Ya te lo dije, Áphatos. Si no quieres ser agradable conmigo, no lo seas. En cuanto a hacer algo por mí…

El muchacho se detuvo, aparentemente comprendiendo la contradicción en la que estaba cayendo. A Khaos, sin embargo, no le importó lo que él estaba demostrando con esas palabras, aunque fuera de manera enigmática.

—Puedo intentarlo —indicó ella lentamente —Hacer algo por ti.

—No.

La voz del muchacho sonaba dura, crítica. Sin embargo, Khaos juraría que no era por nada en contra de ella.

—Tarde o temprano voy a aceptarlo —indicó él, regresando su vista a las ramas encima de su cabeza —Fui creado para algo que no está en el mundo normal. No sé ni siquiera por qué quise escaparme. Quizá…

—¡Deja de decir tonterías!

Al principio, Yumegami no se enteró de qué sucedía. Sintió una opresión física, seguida de un ligero aumento de temperatura y su vista parcialmente cubierta por hebras brillantes, lacias y de un tono gris muy claro. Su cuello era levemente rozado por un tejido acolchado y cierto peso lo inclinaba hacia atrás. Lo curioso era la reacción que tenía de modo involuntario, con sus brazos extendiéndose poco a poco, con miedo.

—Idiota… —oyó el muchacho en uno de sus oídos, con un soplo que le erizó la piel —Idiota, idiota, idiota…

—Áphatos…

—Sí, soy idiota, ¿algún problema?

Yumegami se tensó. Había creído que el insulto era para él.

Quédate conmigo.

Su mente le jugaba malas pasadas, recordándole lo que deseaba pero que no podía tener. Que Khaos no lo insultara ahora no significaba que no acabaría haciéndolo. Pensaba entregarse por estar cansado de esconderse, de vagar, de poner a otros en riesgo… Y sobre todo, porque no soportaba ni por un segundo la idea de que alguien a quien apreciaba cayera en manos de quienes lo crearon para matarlo en vida.

—Quédate conmigo.

Hasta que no sintió un cosquilleo en su oído, Yumegami no advirtió que Khaos susurraba lo mismo que estaba pensando.

—No —respondió él, renuente.

Soñar, en el sentido de dejar volar la imaginación en torno a un futuro deseado, no era para él. Soñaba, sí, pero con cosas ajenas, raras, imposibles… En fin, con lo que jamás le sería accesible. Antes hallaba alegría y consuelo en los sueños donde las personas tenían una vida tranquila, con familia y amigos, pero pronto dejó de visitarlos.

Nunca estarían a su alcance para sí mismo.

—¿Te cuesta mucho? Estoy aquí.

Sí, ese era el problema. Estar allí, en la realidad, cerca de él, era la muerte. Las personas que le importaron alguna vez podían contarse con los dedos de las manos. Y la mayoría de ellas estaban muertas.
Si de él dependía, las que vivían seguirían así. Aunque él sufriera e incluso muriera en el proceso.

—Áphatos, no entiendo. ¿Qué…?

—No quiero verte muerto.

Yumegami se paralizó ante eso. Tanto por la frase en sí como por lo que podía implicar. Intentó sacudirse el aturdimiento.

—Con algo de suerte, moriré sin que te enteres.

El joven sintió presión a su alrededor, pero como era acompañada por un poco más de calor, no le importó.

—Eres muy listo, Yumegami, así que dime, ¿qué me sucede?

—Debo ser una de las pocas personas que ha dicho abiertamente que le importas —reflexionó él —Habiendo deseado algo semejante por tiempo indefinido, es lógico que te asuste perderlo.

Khaos no logró contener una risita. Increíble que Yumegami se las arreglara para explicar eso con la misma seriedad con la que expondría en clase el más aburrido de los temas.

—Si fuera una persona normal, incluso podría… ¿Cuál es la expresión? Ah, ya, “hacerse ilusiones”. Sí, creo que aplica para este momento.

—Pero estoy aquí.

—¿Y?

—¡Yumegami! No voy a dejar que te entregues, ¿entendiste?

El muchacho asintió.

—¿Realmente qué esperas que haga, Áphatos? ¿Que me quede aquí, finja ser normal y tenga una vida? Es complicado en mi situación. No puedo decir quiénes son mi familia porque nunca la tuve. Y si me preguntan mis metas no contesto porque no me veo cumpliendo nada en un futuro.

—¿Nunca… creíste… que me conocerías?

—No. Los escasos sueños que tengo no suelen cumplirse.

—Creo que ya sé qué hacer por ti.

El chico no comprendió hasta que su cuerpo lo alertó de una sensación que nació en su boca, deslizándose por su rostro, su cuello y su pecho, recorriendo cada rincón de su ser con intensidad. Era increíble que algo teóricamente simple causara tal reacción, obligando a sus brazos a, finalmente, estrujar un cuerpo delgado, suave y cálido, como si no quisiera soltarlo jamás.

Por un breve instante, al corresponder al abrazo de Khaos y dejar que ella lo besara, Yumegami quiso creer que él no solamente comía sueños para vivir, sino que también, por un segundo, podía vivir soñando.

Esperaba que ese segundo, lleno de dicha, no matara a nadie.

-&-

Al llegar a trabajar, Khaos y Yumegami no esperaban que Viola los recibiera de brazos cruzados, con voz ligeramente molesta y arqueando una ceja, interrogante e impaciente, sobre sus fríos ojos verdes.

—¿De qué habla, Viola–sama?

—No finjas ignorancia, jovencito. Mis hechizos de protección no son solamente eso. ¿Se puede saber qué estaban haciendo en presencia de uno de los suyos que está del otro lado?

—¿Qué es… eso de… “el otro lado”?

Nadie contestó la pregunta de Khaos. Ni siquiera Yumegami, puesto que estaba ocupado en ladear la cabeza hacia la izquierda pensativamente, antes de encogerse de hombros.

—Típico de ti, Kuu —rezongó Viola con suavidad, antes de negar con la cabeza —Bien, no discutiré por el momento. Hay trabajo qué hacer.

—Viola–sama, sobre eso…

—Ni se te ocurra querer renegociar tu contrato. Saldrías perdiendo.

El muchacho dejó escapar un suspiro por lo bajo.

—Viola–sama, un amigo quiere venir a hacer negocios. ¿Puedo traerlo?

La rubia mujer lo observó de manera penetrante, suspicaz.

—Entre más, mejor —fue todo lo que dijo, antes de dar media vuelta.

Dejó a los dos jóvenes plantados junto a la puerta, sin saber cómo tomarse aquello. Khaos, llevándose una mano a la sien derecha, hizo una mueca. Yumegami la miró con una ceja arqueada.

—¿Segura que no quieres…?

Ella negó con la cabeza.

—No me atenderán en el hospital —afirmó la joven.

—¿Por qué no lo harían?

Khaos le dedicó una mueca que reflejaba su fastidio y algo más.

—Te lo conté, ¿no? La última vez no quisieron, se asustaron cuando leyeron mi CRIU. Y no estoy sangrando, así que no es para tanto.

—La has pasado peor.

Khaos se encogió de hombros, porque Yumegami no estaba haciendo una pregunta. Masajeó con los dedos
su sien dolorida.

—¿Cuánto tiempo sentiré esto? —inquirió, sin darle importancia.

—No lo sé. Nunca me había topado con Aristotel en la realidad. Menos había sabido de alguien que saliera bien librado de su… “apetito”.

—¿Qué hay con Stoker?

—Aristotel no se comió de él nada más que su nombre. Además, me avisó que iría al hospital.

—¿En serio Stoker y tú son amigos?

Que Yumegami se encogiera de hombros hizo que Khaos sintiera un nudo en el estómago.

—Stoker tiene razón, eres exasperante.

—¡Hola, Kuu! —saludó inesperadamente Himmel, avanzando hacia ellos a saltitos —¡Hola, Khaos! ¿Adivinen qué? Viola dice que Alí cree que ya encontró a Keb, ¿no es fantástico? —la jovencita agitó su cabeza, con lo que sus azulados cabellos revolotearon de un lado a otro —Ya quiero verlo, debe estar muy aburrido sin mí.

—Lo está —aseguró Yumegami, dedicándole una débil sonrisa a Himmel.

—¿Verdad? Ryoko cree que Keb es… ¿cómo dijo? ¡Ah, sí! Un hueso duro de roer. Eso es. Mía me explicó que eso significa que no es fácil hacerle daño. ¿Es cierto?

—Sí.

—¡Kuu, qué bueno eres! Lo vas a buscar por mí, ¿verdad? Prometo que para agradecerte, voy a aprender a cocinar eso que te gusta tanto, ¿cómo se llama? "Plan"… "Clan"…

—¿No querrás decir “flan”? —intervino Khaos, curiosa.

—¡Sí, eso! Es algo de comer dulce, ¿no? Con caramelo y hay de varios sabores —ante el asentimiento de Khaos, Himmel se alegró más —¡Gracias, Khaos! Oye, ¿tú sabes cocinar eso?

—¿Qué, el flan? Sí, pero solo lo he hecho una vez y…

—¿Me enseñas, me enseñas? —Himmel tomó de la mano a Khaos, queriendo llevarla a la cocina en ese momento —Por favor. Seguro que eso Kuu sí lo quiere, aunque su cumpleaños ya pasó y todo eso…

Khaos no entendió eso último, pero siendo arrastrada por Himmel, apenas vio que Yumegami desviaba los ojos, apesadumbrado.

—¿Qué es eso de que el cumpleaños de Yumegami ya pasó? —le preguntó a la chiquilla de cabello azul.

—Sí, sí. Fue dos días después de ir de compras, ¿te acuerdas?

Khaos asintió en silencio, entrando en ese momento a la cocina. Como la hora de comer ya había pasado, hallaron algunos trastes esperando ser lavados y ollas a medio vaciar en la estufa.

—Le di a Kuu lo que compraste, pero no lo quiso. Dijo que el dinero no debe gastarse en cosas innecesarias.

Khaos frunció la boca, molesta.

—Pues no vuelvo a comprarle nada —afirmó en voz alta.

—Algo así me dijo Kuu. Que debería hacer que recuperaras tu dinero porque cuesta mucho ganarlo… y otra cosa que ya no recuerdo.

—¿Y dónde dejó lo que le compré, si no lo quiso?

—No se lo llevó. Lo guardé yo. ¿Lo quieres?

Khaos asintió y vio cómo Himmel salía de la cocina como exhalación.

—A ver qué me dice a mí —sentenció la muchacha.

Curiosamente, en ese momento la sien no le punzó.

-&-

Ryoko Akai de Cisneros era una de las mejores obstetras del país. Sin embargo, no se daba aires de grandeza ni usaba su posición para su beneficio. Al menos no de manera frecuente.

—Buenos días, doctora de Cisneros.

Ryoko inclinó la cabeza en señal de reconocimiento y pasó de largo el puesto de enfermería de aquella planta del Primer Hospital General de Hidracalia. Alcanzó a detectar que la joven mujer que la saludó sonreía, en tanto otras enfermeras se ponían a susurrar, importándoles poco que, siendo hematófaga, Ryoko lograba escucharlas con su oído ultra fino.

—¿Qué se cree esa “chupasangre”?

—¡Increíble que la dejaran estudiar Medicina!

—Olvida eso, ¿cómo es que la dejaron graduarse?

—¡Mami, mami!

Unas manitas de pálidos dedos sujetaron la parte baja de la bata de Ryoko, dando tironcitos insistentes.

—Mami, mami, ¿cómo ‘tas? —preguntó un chiquillo de cabello cobrizo, cara redonda y rasgados ojos azules, con una gran sonrisa —¿Cómo ‘tas?

—Ryoichi, ¿qué haces aquí?

—Tuve que traerlo porque me llamaron, Ryoko, lo siento.

Un hombre moreno, de cabello cobrizo y ojos azules, saludó con una mano en alto. Era alto, de espalda ancha, lucía un traje azul marino y una curiosa corbata roja con un bordado dorado de figuras diminutas que no se distinguían a simple vista.

—No hay problema, Ben, mi turno terminó —Ryoko sonrió discretamente, echando un vistazo al puesto de enfermería que había dejado atrás. Ahora las mujeres que la criticaban le dedicaban miradas asesinas —¿Cómo te portaste hoy, hombrecito?

La mujer se acuclilló para mirar al niño de frente, cosa que debía ser una señal, porque enseguida el pequeño soltó una risa fuerte, pero no irritante, y contestó con su media lengua lo que había hecho en el día.

—¿No te cansas de parlotear, hijo? —quiso saber el hombre de traje azul marino, colocándose una bata blanca —Ryoko —llamó el hombre, ya sin signos de buen humor —Creo que es de tus contratos —aclaró, con un susurro apenas audible para todos, pero no para una hematófaga.

—¿Y eso?

—Lo atiendo desde hace mucho —aclaró el hombre, haciendo señas para que Ryoko, tomando al niño de la mano, lo siguiera —Me lo encontré un día en la calle, solo, malherido y desnutrido. Parecía asustado cada vez que alguien se le acercaba, pero lo curé y confió en mí. Le dije que cada vez que necesitara un doctor, podía venir conmigo.

—¿Nunca llamaste a los servicios sociales?

—El pobre niño no tenía intención de quedarse en un solo lugar. Cada vez que nos veíamos, me contaba cosas de un sitio diferente. Estoy seguro que vivió en un lugar horrible y no quise arriesgarme a que cayera en otro. En fin, hoy trajo a una chica. Ella no quería venir porque jura que no la atenderán y… Bueno, los dos mencionaron a tu amiga la hechicera…

—¿A Viola?

—Exacto. Por eso quiero que me confirmes si los conoces.

Llegaron pronto a uno de los consultorios del hospital, donde una placa en la puerta mostraba nombre y especialidad de su propietario. El hombre de azul marino abrió la puerta y saludó.

—Buenas tardes, Dreamo. ¿Qué me tienes hoy?

Ryoko tardó menos de dos segundos en reconocer y ser reconocida.

—¿“Dreamo”? —soltó, entrecerrando sus transparentes ojos castaños —Sí que tienes imaginación, Kuu. ¿Y qué les pasó ahora a Khaos y a ti?

Los dos recién nombrados, sorprendidos, se encogieron un poco en sus sitios. Ocupaban las dos sillas delante del escritorio y mientras ella parecía nerviosa por algo, él se mostraba impasible.

—Buenas tardes, Ryoko-sama —saludó finalmente Kuu Yumegami, con una inclinación de cabeza —Áphatos está un poco afectada por toparnos con uno de los nuestros.

Ryoko arqueó una ceja, entre preocupada e incrédula, en tanto Ben se quedaba prudentemente al margen.

—Mucho gusto —decidió presentarse con la curiosa muchacha de largo cabello gris claro, que daba la impresión de ser un tanto desvalida con la ropa holgada y desgastada que llevaba —Benjamín Cisneros, a tus órdenes —tendió la diestra —Cirujano en jefe de Traumatología.

—Ah… Khaos Áphatos —la joven no quería parecer grosera, pero no se decidía a darle la mano al doctor. Finalmente, con una mueca, lo hizo, suspirando de alivio al no notar calor alguno —Y realmente no hacía falta que viniéramos, pero Yumegami es un exagerado.

—¿Con cuál de todos se toparon? —inquirió Ryoko de repente.

—¿Le suena el nombre de Cumulus Stratus?

La hematófaga frunció el ceño por menos de tres segundos antes de asentir con expresión más preocupada que antes.

—¿Ese tipo qué no va con un tal… Aristotel?

Yumegami asintió con sequedad.

—¿Quiénes son? —preguntó el niño, señalando a los dos muchachos.

—Son amigos de papá y mamá —señaló enseguida Ben, sonriendo —Lo olvidaba… Nuestro hijo Ryoichi.

El pequeño alzó una de sus manitas para agitarla, ganándose una sonrisa de Khaos y una nueva inclinación de cabeza de Yumegami.

—Papi, ¿’tan malitos? —quiso saber el niño.

—Es lo que vamos a averiguar. Quédate con mamá.

En tanto Ryoko y su hijo se hacían a un lado junto con Yumegami, Ben se encargó de revisar a Khaos, una vez que ella le dijera cuál era el problema. Ben no tardó ni cinco minutos en dar el diagnóstico.

—Ataque psíquico… Se topó con un hechizo de protección, por eso el dolor en la sien. El tipo debía ser bueno, no es común que dejen secuelas físicas prolongadas. Deberás estar bien para mañana.

Khaos asintió silenciosamente, dando la impresión de una niña que descubre que un doctor no es mala persona después de todo. Y por lo que Ryoko sabía, quizá la muchacha se sentía exactamente así.

—Mami, ella es kawaii —susurró Ryoichi con voz entusiasta.

Ryoko le dio la razón con un ademán, notando de reojo que Yumegami arqueaba una ceja antes de mover los labios de forma imperceptible, mostrando un amago de sonrisa, como si pensara lo mismo.

Entonces cayó en la cuenta que Yumegami sabía el idioma de Nihotto.

—¿Así que te llamas Kuu? —comentó Ben tras concluir con el examen a Khaos y obsequiarle un frasco —¿Qué significa, Ryoko?

—Si se escribe como yo me sé, significa “vacío”.

Khaos dio un respingo, pero únicamente Ryoko lo notó, ya que el resto de los presentes le daban la espalda a la chica.

—Creo que seguiré llamándote Dreamo, si no te importa —Ben obtuvo un asentimiento de Yumegami por toda respuesta —Por cierto, ¿por qué ya no habías venido? Espero que sea porque te has cuidado más.

Yumegami asintió, lo que causó que Ben mostrara cierta decepción en su rostro. Ryoko tomó nota mental de ello, para preguntar después.

—Perfecto, espero no tener que verlos aquí pronto —Ben sonrió con ganas —Menos quiero saber que llegaste a urgencias de nuevo, Dreamo.

Yumegami se encogió de hombros.

-&-

Al dejar el hospital, Khaos había comenzado a parlotear sobre lo amable que resultó ser el esposo de Ryoko y que su hijo era un encanto. Yumegami asentía de vez en cuando, demostrando así que prestaba atención. Al menos así fue hasta que a Khaos se le ocurrió preguntar de dónde conocía al cirujano.

—Me ayudó poco después de que escapé —contestó el muchacho.

Khaos no insistió en el tema, pero tampoco lo abandonó del todo.

—¿Tú estuviste en urgencias? —quiso saber.

—Un par de veces.

—¿Por qué?

—Por lo mismo que tú, supongo.

A Khaos la incomodó muchísimo que él supiera eso. ¿Es que no había nada que lo que Yumegami no se enterara por medio de los sueños?

De pronto, sonó un timbre de celular bastante anticuado cerca de ellos. Khaos se sorprendió cuando Yumegami sacó un aparato negro que contrastaba con el timbre que se oía, por lo moderno que era. El joven miró la pantalla un par de segundos antes de contestar.

—¿Qué pasa, Beltane? —inquirió, para acto seguido arrugar la frente —Me lo temía —aseguró con cierto pesar —No, Áphatos y yo fuimos a trabajar y pasamos al hospital. ¿Y tú qué hacías allí?

Tras un minuto de silencio, Yumegami arqueó una ceja.

—Eso ni tú te lo crees —espetó en voz baja —Gracias por avisarme. Ya me las arreglaré. No, no pienso ir a tu casa para nada. Nos vemos.

Yumegami cortó la llamada con prisa y se guardó el aparato en un bolsillo. Khaos lo miró con una ceja arqueada.

—¿Qué pasa? —quiso saber.

Yumegami negó con la cabeza y estaba por seguir su camino como si nada cuando Khaos lo tomó de un brazo y le dio un tirón.

—Si no me lo explicas, no te entiendo.

—No hay necesidad de entenderme, Áphatos.

—Creí que… Bueno, que… ¿No estamos…?

Yumegami arqueó una ceja, interrogante.

—Ahora el que no entiende soy yo —reconoció, haciendo una mueca.

Khaos se rió ante eso.

—Debo estar loca —aseguró, antes de dedicarle a su acompañante una sonrisa radiante que por un momento, lo desconcertó —Sí, eso que me hizo el tal Aristotel debió volverme completamente loca. Porque no entiendo cómo es que ahora te puedo querer.

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Re:Rilato [09/¿?]
« Respuesta #39 en: Noviembre 29, 2011, 05:51:02 am »
Ois se está poniendo romántica la cosa xDDD La verdad es q yo también creo que el golpe ha afectado a Khaos XDD

He de confesar que me pierdo un poco entre tanto nombre extraño, pero me estoy ubicando...xD, como sigas bautizando a los personajes en las misma linea voy a tener que ir apuntando los nombres de cada uno y sus "poderes" ¿se les puede llamar asi? n___n

Muchas gracias por la actualización!!!
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Re:Rilato [10/¿?]
« Respuesta #40 en: Noviembre 30, 2011, 10:26:25 pm »
010: Juramento.
(Abierto).


Joya, brilla para mí…
Juez, no me condenes a muerte…
Jamás, palabra que no aplica a ti…

Yumegami dio un paso hacia atrás, lo más lento posible, alejándose de una Khaos que lo veía completamente desconcertada.

—¿Qué pasa? —quiso saber ella.

—No deberías…

El joven agitó la cabeza, queriendo así librarse de lo que decía su corazón, que debía estar feliz con lo recién oído. Pero no, contrario a eso, su razón le dictaba marcharse, distanciarse, cumplir con lo que fuera para que ella siguiera viva.

—Quizá no deba, cierto —Khaos, para su asombro, se veía totalmente despreocupada al afirmar eso —Y tal vez en alguna parte del mundo esté algún otro que sea mejor para mí. Pero ahora mismo, ese eres tú.

Estiró los brazos, ofreciéndole las manos, pero Yumegami se limitó a contemplarlas como si no estuvieran realmente allí.

—Anda —Khaos sonrió un poco, solo un poco, moviendo las manos que tenía al frente —No hay problema. Llévame. Porque si no lo haces, te voy a seguir. Me convertiré en tu sombra. No vas a librarte de mí.

—Estando conmigo te pueden matar.

Khaos asintió, demostrando que estaba al tanto de ese detalle.

—Es que… No tengo nada que ofrecerte.

Ella se encogió de hombros, desechando ese inconveniente.

—Si te tengo, yo… No dejaré que… Nadie más te va a tocar.

La chica sonrió como si acabara de dedicarle un halago. Yumegami volvió a sacudir la cabeza, esta vez con frustración.

—Aléjate de mí —ordenó, comenzando a dar media vuelta.

—No —Khaos apuró el paso para colocarse delante de él y tender las manos de nuevo, pero ahora su labio inferior temblaba y los ojos le brillaban —Deja de pensar en otros por una maldita vez —pidió ella.

Y el segundo de dicha de horas antes llenó a Yumegami de tal forma, que obedeció a la petición de Khaos. Le tomó las manos, acariciando sus dedos con delicadeza, para luego llevárselos a la altura del corazón.

—¿Cómo dijiste que se llama esto? —preguntó, cerrando los ojos.

—Bueno, puede… puede ser amor. Quiero creer que es amor, aunque la forma en que empezó es de lo más curiosa. ¿Has oído de eso?

Yumegami asintió y acercó las manos de Khaos a sus labios, dándoles un beso. Era la cosa más tierna que la joven había visto, ¡y lo estaba viviendo! Sin querer, dejó escapar unas lágrimas y un leve gemido.

—¿Estás bien? —inquirió él, viéndola con aire confundido —Lo siento, ¿hice algo mal?

Khaos negó con la cabeza. Cerró los ojos y se quedó muy quieta cuando Yumegami se inclinó y besó una de sus mejillas, allí donde corrían sus lágrimas, antes de mover la cara y besar su boca lenta, dulcemente, al tiempo que liberaba sus manos para rodear su cintura con los brazos, sin la menor intención de dejarla ir.

A Khaos, por supuesto, aquello no le molestó.

-&-

—Ah… espera…

Estaba contra la puerta, siendo besada y acariciada con intensidad.

¿Cómo es que habían acabado así? Khaos no lo sabía. Supuso que algo influyó el que Viola los dejara ir en cuanto regresaron del hospital, o que Alí hubiera llegado furibundo, alegando quién sabe qué de un incendio y asegurándole a Yumegami que lo resolvería lo más pronto posible. La muchacha se enteró de los detalles cuando Yumegami confesó, sin pizca de emoción, que ya no tenía casa.

Para eso le había llamado Stoker: según él, quería saber cómo estaba después de lo de Stratus y se había encontrado con un inmueble humeante. Tan nervioso se puso que no se acordó de usar su habilidad para rastrear vida entre el fuego y prefirió llamar a Yumegami. Incluso le ofreció un cuarto en su casa, pero el estoico muchacho se había negado. Así que al instante, Khaos había dicho que ella lo hospedaría.

Lo que no esperaba era que él quisiera…

—¿Sabes lo que me estás pidiendo? —soltó ella por lo bajo al llegar a la puerta del departamento, escandalizada.

El muchacho asintió una sola vez, con la vista fija en la puerta.

—Siempre he querido dormir contigo —confesó sin titubear.

—¿Dormir? —Khaos debía asegurarse de las intenciones que él tenía.

—Sí. Y todo lo demás.

La chica se puso colorada casi de inmediato.

—Eso es… Bueno, es que… Yo nunca…

—Yo tampoco.

Eso no la ayudaba a serenarse. Sentía que se quedaba sin aire.

—¿Tú tampoco qué?

—Ibas a decir que nunca has hecho eso, ¿cierto? Dormir con un chico.

Khaos asintió, muda de la impresión. Si alguien, meses atrás, le hubiera dicho que mantendría esa conversación con Yumegami, lo habría tachado de loco y con gusto le habría quitado un par de horas de vida. Pero de pronto, lo único que ocupaba su mente era una pregunta.

¿Ella quería pasar la noche con él?

—Yo… ¿y si intentas dormir hoy y… y otra noche quizá…?

—De acuerdo.

La facilidad con que accedió Yumegami hizo que Khaos dudara por un instante, pero enseguida sonrió. Abrió, lo invitó a pasar y cuando cerró tras ambos, él la arrinconó contra la puerta.

—¡Yumegami! Creí que…

No había podido seguir hablando porque él se dedicó a besarla. Con dulzura, pero a la vez como si quisiera devorarla. Eso sí era quedarse literalmente sin aliento. Con un hilo de voz, le pidió que esperara.

—Yo… eso quiero —le musitó Yumegami al oído —Pero…

Bajó un poco el rostro y dio un fugaz beso al cuello de Khaos.

Ella se estremeció por lo inesperado de la acción y apoyó las manos en su pecho. Respiraba con dificultad, acalorada y agitada.

—Por favor… –logró musitar.

Yumegami subió una mano hasta su cara, rozó su mejilla y luego le clavó la mirada con firmeza.

—Quiero… —comenzó, deteniéndose un segundo para buscar las palabras correctas —Es algo que… Antes no lo necesitaba, pero… Tú… Te quiero a ti.

Khaos le devolvió la mirada antes de asentir.

—Si… si de verdad quieres… Yo podría…

—Esperaré. Quiero que seas feliz, Áphatos. Es lo que más me importa.

Por esa frase, Khaos se paró sobre las puntas de sus pies y le regaló un beso en la mejilla.

—Nunca creí que lo diría, pero tú… Tú me haces feliz.

—Me alegra saberlo.

Khaos lo envolvió con sus brazos, apoyando la cabeza en un hombro de él, en tanto Yumegami la abrazaba por la cintura mientras acariciaba su cabello. Se quedaron así largo rato, hasta que de manera accidental, al joven se le ocurrió dejar la melena de ella en paz y deslizar los dedos por su fina espalda.

—No… no hagas eso.

—¿Es por…?

—¿También sabes eso? —se espantó ella, irguiéndose de repente.

Yumegami negó en silencio.

—¿Puedo preguntar de qué se trata?

—Lo estás haciendo, ¿no?

Se quedaron callados por un momento, antes que Khaos suspirara y lo tomara de la mano. Yumegami tardó dos segundos en comprender a dónde lo conducía, pero se guardó los comentarios.

El dormitorio de Khaos era de paredes pintadas en un tono azul muy claro, casi blanco. Los únicos muebles eran un armario y una cama cubierta con sábanas grises y una gruesa manta azul. No tenía ventanas.

—Siéntate —pidió ella, jugueteando con sus dedos en forma mecánica. Yumegami la había visto así antes, tanto en sueños como en la realidad, y siempre era porque se ponía nerviosa —Yo… ahora te lo muestro.

—No tienes qué…

El muchacho no siguió hablando. Contempló cómo Khaos le daba la espalda, suspirando, antes de quitarse la blusa con manos temblorosas.

—Áphatos… Eso es…

La espalda de la joven era de piel clara y aspecto suave, cualquier hombre habría querido tocarla. Sin embargo, la estropeaba una cicatriz alargada, rojiza y arrugada, que la cruzaba cual zarpazo de una bestia. Desde debajo del hombro izquierdo hasta cerca de la cintura del lado derecho, la marca tiraba de la piel sana al menor movimiento brusco, irritando su contorno de forma permanente. Otras cicatrices, fantasmas de viejas heridas, eran meras líneas al azar en comparación.

—Ya no duele tanto —aseguró ella, sin voltear a mirar a Yumegami, temerosa de la expresión que éste pudiera tener —Pero… sangró la última vez que… Bueno, me pasa seguido, encontrarme con gente chiflada a la que se le va la mano con los monstruos raros, así que…

Dio un pequeño brinco cuando Yumegami la abrazó por detrás, apoyando la barbilla en su coronilla. Sus manos se deslizaban de arriba abajo por sus costados, delineando su cintura, con un ritmo tranquilo y delicado.

—Nunca nadie te va a volver a lastimar —prometió él en tono grave, conduciendo sus dedos poco a poco hacia la espalda de ella, causándole un escalofrío —Yo… quiero… ¿Puedo quedarme contigo? ¿Siempre?

Khaos asintió, mordiéndose el labio inferior para no dejar escapar ningún sonido y centrándose únicamente en los dedos que delineaban su cicatriz con tanto cuidado que sentía como si la tocaran plumas.

Pero cuando recibió un beso en su hombro desnudo, no aguantó más.

—Kuu…

El nombre le salió sin pensarlo, en un susurro cargado de anhelo, justo al ladear la cabeza de manera instintiva, dejando parte del cuello al descubierto. Khaos estaba perdida en esas sensaciones y no se percató del largo instante en que Yumegami dejó de tocarla, quedándose inmóvil, asimilando lo que había sucedido.

—Kuu…

Al escuchar su nombre de nuevo, pronunciado de esa forma, Yumegami dejó de pensar con coherencia. Desde que contempló a Khaos por primera vez en uno de sus sueños, se dijo que siempre haría lo que ella le pidiera. Y ahora, con la versión real frente a sí, llamándolo como si lo necesitara con desesperación, no iba a decepcionarla.

—¿Esto está bien para ti? —le preguntó en un murmullo.

—Si eres tú, sí.

Eso era todo lo que él quería saber. Tomándola por los hombros, le dio media vuelta poco a poco y la besó con profundidad. Sus manos pronto viajaron por los brazos de ella, por su cintura, llegaron a su espalda y sintió aquella huella del pasado que la hacía sufrir físicamente. La volvió a recorrer con una suavidad increíble, notando los temblores que asaltaban a la joven, por lo que temió estar haciéndole daño hasta que de sus delgados labios salió una mezcla fascinante entre suspiro y gemido.

—¿Estás bien? —inquirió por lo bajo.

Khaos le respondió apoyando la frente en su pecho, liberando una risa baja, carente de sarcasmo.

—¿Tienes idea de lo que estás haciendo?

—No. Pero sé que quiero que sea contigo.

Khaos rió de nuevo, un poco más alto, antes de conducir a Yumegami a la cama, donde hizo que se sentaran juntos. Lo observó detenidamente, tratando de descifrar por qué ese chico para haberse ganado su afecto, si es que antes no lo quería cerca. Quiso creer en lo que él suponía, que sus habilidades se repelían mutuamente y por mero reflejo, ella lo evitaba, ¿pero entonces por qué no sucedía al revés?

—¿Por qué antes no me hablabas? —se le ocurrió preguntar.

—No sabía qué decir.

Tratándose de él, podía creerlo.

—¿Desde cuándo me conoces?

Yumegami hizo una mueca de concentración.

—No lo recuerdo bien. Solo sé que fue… después de que escapé.

—Antes de eso… ¿qué recuerdas?

Yumegami hizo un gesto de vaguedad.

—No te culpo. Yo lo intento cada vez que duermo.

—¿Tienes más de esas pesadillas?

—¿Cómo sabes…? No, no me respondas. ¿Pero por qué…?

—La primera vez que te besé me comí tu sueño de esa noche. Por eso me sorprendió que pudieras dormir.

—¿Y por qué?

Yumegami le posó una mano en la cabeza.

—Supongo que no quería que tuvieras más pesadillas de las normales.

—Tú… ¿has estado en mis…?

—Un par de veces. Me las comí entonces, pero dejé de hacerlo cuando noté que volvían. Además…

El muchacho se inclinó para besar la frente de Khaos, quien se quedó atónita por ese gesto. Era una combinación rara del padre que siempre había querido tener y el hombre del que, inesperadamente…

—Si un sueño vuelve a ti incluso cuando alguien como yo lo elimina, es porque tiene algo qué decir —concluyó.

Khaos parpadeó varias veces con aire confundido, pero se dijo que pensaría en eso después. Ahora no era el momento.

—Inténtalo —pidió, tendiéndole una mano.

Yumegami arqueó una ceja, claramente sin entender.

—Cómete mi noche de sueño.

Él negó con la cabeza y en cambio, estiró las manos y se deshizo de la prenda que le quedaba en la parte superior del cuerpo.

—¿Qué estás haciendo? —la chica chilló, conteniendo el volumen de su voz y cruzando los brazos sobre el pecho.

—Lo siento, quería…

Al verlo desviar la vista, Khaos notó que por primera vez desde que lo conocía, Yumegami se estaba sonrojando. Evitaba por todos los medios mirarla, sus manos las apretaba fuertemente sobre sus rodillas y sus nudillos se estaban poniendo blancos.

—No mires —pidió ella finalmente —No todavía.

Yumegami dio un respingo cuando sintió unos largos dedos en los botones de su camisa, abriéndola poco a poco, hasta sacársela.

—Puedes mirar.

La contempló con asombro. Khaos le había quitado la camisa para ponérsela ella. Y aún más: sus propias prendas las había lanzado al suelo, a los pies de ambos, lo mismo que el resto de su atuendo. Para él, la situación ya no tenía el menor sentido.

—¿De qué se trata, Áphatos?

—Intenta dormir conmigo, ¿sí? Abrázame, bésame, tócame… Hazme lo que quieras. No sé cómo lo hiciste, no sé por qué tienes que ser tú, pero…

—¿Pero?

Khaos tragó en seco y pasó los dedos por el torso de Yumegami, siguiendo una marca rosada y delgada que, según ella, era prueba de cómo había vivido hasta la fecha.

—Nos crearon, ¿de acuerdo? Ya lo acepté, aunque me duela. Y si debo ser “propiedad” de alguien, quiero… quiero ser tuya. ¿Me entiendes, Kuu?

—Eso es lo que yo… ¿Puedo ser…? Quiero estar siempre contigo.

—Ya me lo habías mencionado. ¿Entonces qué, a dormir?

Yumegami asintió.

Se arrebujaron bajo la manta gruesa, uno frente al otro, un poco incómodos porque apenas cabían. Fue hasta entonces que Yumegami notó la temperatura ambiente y que Khaos temblaba un poco.

—Ven —llamó, jalándola con cuidado por la cintura y la cabeza.

Ella se sintió como una niña a quien su padre abrazaba para que pudiera dormir. No le importó la cercanía del muchacho ni que la apretara de más. Ni siquiera se asustó cuando las manos de él, aparentemente, tuvieron un arrebato y le quitaron la camisa.

—¿Kuu?

—Lo siento.

Después de eso, Yumegami no la dejó hablar. Mantuvo su boca ocupada con besos, suspiros y gemidos, a la vez que él mismo apenas podía decir dos palabras seguidas. La recorrió con manos, labios y lengua, incapaz de parar aunque ella se lo hubiera pedido, y cuando su propio cuerpo quiso sentir más, Khaos pareció leer su mente y después de desvestirlo, lo imitó hasta el último detalle.

—Kuu…

¿Dijo el nombre en una exhalación o lo gimió? Khaos no tenía idea. Solo esperaba no haber gritado por la exquisita sacudida que la invadió de pronto, al estar unida de esa manera a una persona que meses atrás, nunca habría querido cerca por voluntad propia. Un par de lágrimas se deslizaron por sus mejillas, las cuales fueron besadas enseguida.

—Khaos, lo siento. No quise…

—Otra… vez…

—¿Qué?

—Mi nombre… Dilo… otra vez… Kuu…

Él tardó en cumplir su petición. No quería moverse cuando, por lo visto, había hecho exactamente lo que siempre evitaba.

—Khaos —susurró en su oído, abrazándola tan fuerte contra sí que no había espacio entre ambos.

—Kuu…

Por largo rato, eran lo único que salía de sus bocas. Se llamaban sin cesar, no queriendo que todo acabara, pero tampoco se sintieron mal cuando eso ocurrió. Se quedaron abrazados, cada uno con sus pensamientos.

Ella no creía en su buena suerte y sonreía al quedarse dormida.

Él no creía que su buena suerte duraría y veló el sueño de su chica.

-&-

Esa luz no era normal. Tampoco ese calor era difícil de olvidar.

Cinco segundos después, Khaos reaccionó y supo que estaba soñando.

No quería ver eso esa noche. Ella se sentía feliz, ¿por qué ahora?

Miró a su alrededor. Algo era distinto, pero no lograba adivinar qué. La pesadilla era como siempre, e incluso ya estaba llenándose de pánico, pero pronto sintió algo en su mano. Alguien la sujetaba.

Ya sin miedo, giró la cabeza. Distinguió los ojos claros y el cabello oscuro de la persona que, en la realidad, estaba a su lado.

—¿Te dormiste también? —le preguntó, curiosa.

La persona negó con la cabeza.

—¿Por qué estás aquí?

Por toda respuesta, su acompañante señaló con su mano libre un rincón del espacio inundado de naranja y temperatura asfixiante.

Allí, una figurita estaba acuclillada, hecha un ovillo, cubriéndose la cabeza llena de lacio cabello gris claro.

—¿Esa… soy yo? ¿Pero cómo…?

—Estás conmigo. Lo ves todo como lo veo yo.

La respuesta del visitante calmó un poco a Khaos, quien con esa libertad inesperada, examinó mejor el lugar.

Sus recuerdos de esa noche eran confusos, así que quería saber qué le mostraba su mente. Normalmente ella estaba en el lugar de la chiquilla escuálida y asustada que no quería morir calcinada, pero allí surgió una cuestión interesante. ¿Para qué quemar el sitio con ella adentro, si según lo que sabía ahora, ella podía considerarse un Éxito? De repente, vio un par de figuras muy alejadas de su imagen infantil, corriendo en el pasillo afuera de esa habitación. Las dos figuras vestían batas blancas donde a duras penas se veía el emblema del CIIG, pero mientras una ya estaba fuera del cuarto, la otra daba un paso adentro cada que las llamas le hacían un hueco.

Un segundo, ¿las llamas le permitían avanzar?

—¡Déjalo ya! —soltó la figura que estaba afuera, con voz masculina y enfadada —Tenemos que largarnos, están por llegar.

—¿Y la niña? —dijo la otra persona, también un hombre, pero un poco menos molesto y más preocupado —¿Por qué me dijiste…? ¡También querías que matara a la niña!

—¿Cuál niña? Es un Fracaso, ¿para qué lo querríamos? ¡Vámonos ya!

El otro hizo caso omiso y siguió adentrándose en la habitación. El otro, soltando un bufido de exasperación, desapareció por el pasillo.

—¡Aglaia! —llamó el que se había quedado, pero no se le oía por el rugir del fuego —¡Aglaia!

—¿Eres tú, no? —indagó la persona que iba con Khaos.

—Sí, soy yo. Pero no recuerdo quién…

Unos ojos grises, que buscaban algo sin cesar en aquel escenario, la dejaron muda por un momento.

—Esos ojos… Los he visto…

El sujeto, a la luz de las llamas, mostraba una mata de cabello rojo y una piel bronceada, moviéndose por donde podía. Tuvo que parar cuando un pedazo de techo cayó frente a él, junto con un montón de escombros, bloqueándole el paso a dos metros de la niñita de cabello gris.

—¡Aglaia! —llamó una última vez, desesperado, antes de ir dando pasos hacia atrás, haciendo muecas —Vive, Aglaia —musitó, para luego dar media vuelta casi contra su voluntad y dejar ese lugar.

La niña, a quien el pedazo de techo le abrió una fea herida en la espalda, sangraba abundantemente, pero no gritaba. Quizá, de haberlo hecho, el hombre que se había ido la hubiera encontrado, pero ella estaba acostumbrada a contener sus quejas desde hacía mucho, para que no la golpearan ni le clavaran agujas con líquidos de colores que la hacían sentir mal. La vista se le puso borrosa y finalmente, se desmayó.

—¿Cómo salí? —se preguntó Khaos en un susurro angustiado.

—Déjalo por hoy.

—¿Por qué? Kuu, tú me ayudaste a ver esto…

La queja no llegó a completarla. Kuu Yumegami veía la imagen infantil y sangrante de Khaos con una expresión extraña en la cara, mezcla de furia y tristeza, e inclusive su mano libre se estiraba hacia ella de forma aparentemente inconsciente.

—Sácame de aquí, Kuu. Por favor.

Eso resultó extrañamente sencillo. Khaos se encontró segundos después arrugando los párpados, para luego abrirlos y ver, con cierto alivio, que estaba en su cuarto. Aunque en realidad no distinguía mucho porque Yumegami la tenía sujeta con fuerza.

—¿Kuu?

—¿Estás bien?

Ella asintió en silencio.

—Lo siento —musitó la chica, estirando los brazos con lentitud para abrazarlo a él —No quería soñar eso hoy. No quería…

—No es tu culpa.

Khaos lo sabía, pero aún así se sentía mal.

—Hubiera querido estar allí —musitó Yumegami —Para poderte salvar.

—Olvídalo. Suficiente es que lo viviera yo.

Yumegami no respondió a eso. Se limitó a deslizar una mano por su cabello, con semblante abstraído, para luego abrazarla un poco más.

—¿Kuu? ¿Qué pasa? Estás temblando, ¿tienes frío?

—Yo… al escaparme… Yo maté gente, Khaos.

Ella se quedó helada ante la repentina confesión.

—¿Por qué? —quiso saber, esperando no sonar asustada.

—No sabía que tenía tanta fuerza y… No fue a propósito. Peleaba con esas personas, las noqueaba… Ya afuera, al buscarlas en los sueños para disculparme… Las personas solo dejan de crear sueños estando muertas.

Khaos acarició sus cabellos con mimo, deseando que fuera suficiente para reconfortarlo, aunque en realidad se sentía una inútil. El muchacho apenas la dejaba moverse por lo apretado de su abrazo, pero luego lo aflojó para mirarla a la cara un segundo.

Enseguida, la besó con tacto, como si contuviera algo.

—Khaos… quiero… ¿puedo…?

—Sí, Kuu. Hazme lo que quieras.

Él desvió la vista, avergonzado.

—No te preocupes. Tú no me lastimas, Kuu. Tú me haces feliz.

Observó el rostro de ella, buscando signos de que le estuviera mintiendo. Lo único que encontró fue una sonrisa cansada, pero franca.

—Soy tuya, ¿recuerdas? —le musitó Khaos.

—Eso significa… ¿Puedo ser tuyo también?

Ella asintió antes de acurrucarse junto a él.

—Siempre, Kuu. Si eres mío, te protegeré. Lo juro.

—Yo también.

Solo después de amarse por segunda vez, Yumegami pudo dormir.

-&-

—¿Quién eres tú?

Yumegami meneó la cabeza con resignación. Era mucho pedir que soñara algo propio. Sin embargo, no se sentía tan mal como otras veces, porque aunque no la viera, sentía a Khaos junto a él, tomándole la mano.

—¡Responde! Sé que hay alguien aquí.

—Buenas noches.

La persona que gritaba, un hombre alto y fornido de cabello rojizo, lo miró con desdén, casi con petulancia. Vestía un atuendo que Yumegami recordaba haber visto en los libros de Historia, en las ilustraciones del siglo XVIII, la época antes de la firma del TRAPIR.

Y sin embargo, no era la misma moda. En primer lugar, porque el pantalón largo y la chaqueta eran de un color morado oscuro bastante inusual. En esas piezas de ropa y en la camisa blanca relucían botones dorados, que hacían juego con el bordado de la corbata, que formaba lo que a simple vista eran asteriscos de seis puntas. Y para terminar, el hombre fulminaba con sus ojos verdosos a Yumegami, quien jamás era visto cuando iba por los sueños ajenos a menos que él lo quisiera.

—¿Buenas noches? No sé qué tienen de buenas —espetó el hombre, sin quitarle la vista de encima a Yumegami, alzando un poco la diestra, donde portaba una varita de madera —¿Quién eres y qué quieres?

—Me llamo Kuu Yumegami, señor. No quiero nada, vine aquí por error.

—¿Por error? No me hagas reír. ¿No eres uno de ellos?

—¿A quiénes se refiere?

El hombre seguía escudriñándolo con la mirada, hasta que decidió que no era peligroso y bajó la varita de madera.

—Hace tiempo, unos tipos vinieron aquí y me dejaron a alguien. Debía cuidarlo con mi vida de ser necesario, porque lo estaban siguiendo. Cuando creí que no había problema, me hicieron firmar un contrato y noté un hechizo en él que no pude quitar. Así me ataron. O eso creen ellos. Justo cuando firmaba cambié el hechizo. No se me ocurrió mejor plan.

—¿Exactamente qué cambió?

—Ellos dijeron que cumpliría con mi parte cuando vinieran por el chico, pero hice que fuera cuando alguien como el chico viniera por él.

—¿Por qué “alguien como el chico”?

El hombre hizo una mueca de fastidio. De repente parecía arrepentido de confiar en un perfecto extraño que se había colado a sus sueños.

—No nació como la gente normal. A él… A él lo crearon de la nada.

—¿Lo llamaron “Proyecto”, de pura casualidad?

El otro asintió, levantando su varita otra vez.

—¿Cómo lo supiste?

—Porque ya sé qué hago aquí. Yo también soy un Proyecto. Dígame dónde está el chico e iré por él.

—¿Y cómo sé que puedo confiar en ti?

—No lo sabe. Deberá averiguarlo sobre la marcha.

A regañadientes, el hombre le dio la información, pero Yumegami se quedó un tanto confundido con ciertos nombres.

—¿A qué distancia está de Mexitlán? —inquirió finalmente.

—¿Mexitlán? ¿Eso qué es?

Entonces Yumegami supo que el asunto era más grave de lo previsto.

—No se preocupe, iré por el chico. Por cierto, ¿cómo se llama usted?

—Dominique Lumière.

Al segundo siguiente, el sueño terminó y Yumegami se halló acostado boca arriba, con los dedos de la mano izquierda entrelazados a los de la diestra de Khaos, quien seguía profundamente dormida. Eso le evitó tener que dar explicaciones y mentalmente, le dio la razón a Viola en que había mucho trabajo qué hacer.

¿Cómo se suponía que iría por uno de los suyos a un sitio que no estaba en ningún mapa de la Tierra que él conocía?

Si mal no recordaba, en ningún punto del globo terráqueo había un lugar llamado Bonmagiq.

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Re:Rilato [10/¿?]
« Respuesta #41 en: Diciembre 01, 2011, 10:46:14 am »
Por casualidad en el capítulo 11 nos vamos de viaje a Bonagiq??? XDD

Todavía no entiendo bien de q va a historia, pero xa mi cuanto mas se enrede mejor^^ Muchas gracias por actualizar tan rápido!!

PD: Definitivamente tengo q empezar a apuntarme los nombres raros ¡No se ni como se te ocurren! xD
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Re:Rilato [10/¿?]
« Respuesta #42 en: Diciembre 03, 2011, 11:42:36 pm »
Haciendo una breve pausa en la historia, porque Tifa-sama merece que le conteste algunas cosas (aparte Bell cree que deben digerir el último capi, por todo lo que cuenta).

El viaje a Bonmagiq se realizará, pero será breve. Demasiado breve. Cuando salga, quizá te hagas una idea de la razón.

La historia en sí no tiene un argumento "definido". Yo sé a dónde quiero llegar, pero el camino no lo he imaginado siquiera. Digamos que soy de esas autoras que escribe lo que le nace y sobre la marcha, arregla todo para que salga como quiere. En Rilato, me afectó mucho la lectura de dos mangas de las CLAMP  (Tsubasa Reservoir Chronicles y xxxHOLiC), de los que saco algunas ideas, lo admito. Además, los personajes de los creadores del Albedrío (el matrimonio Arafat Médici y sus amigos) surgieron de una novela corta que creé para un concurso de la universidad (que para mi decepción no gané, pero esa es otra historia). Lo sé, explicación complicada, pero es lo que hay.

En cuanto a los nombres... Las etimologías grecolatinas tuvieron un curioso efecto en mí (eso a Bell se lo enseñaron en la preparatoria y aún recuerda ciertas cosas). Ahora, cuando "bautizo" personajes, casi siempre busco que sus nombres y/o apellidos tengan un significado. Para dar un ejemplo, veamos el nombre de nuestra estimada protagonista:

Citar
Khaos es una de las formas de escribir con nuestro alfabeto el nombre griego del Caos, algo que según la mitología, existió antes que los mismos dioses, un vacío dentro de una hendidura y... olvídalo, es mucha palabrería que ahora no viene al caso (la verdad, Bell no recuerda tooooodo lo que leyó para decidir el nombre, así que finge demencia). Áphatos, el apellido, me salió del prefijo "a", que normalmente significa "sin" en griego; la palabra "phatos", también griega, hace referencia a sensaciones, sentimientos; por lo tanto, digamos que es una "versión libre" de la actual palabra "apático", haciendo una referencia a la supuesta carencia de sentimientos que "debería" tener Khaos en el contexto de la historia. El segundo nombre de Khaos es un verdadero contraste, ya que Aglaia era el nombre de una de las Cárites (o Gracias, como las llamaron los romanos); significa "la brillante", "la espléndida" y simbolizaba la inteligencia, el poder creativo y el intelecto.

Bueno, después de toda esa palabrería, te has de imaginar que, aunque parece sencillo, me tomo muy en serio eso de dar a cada personaje un nombre y/o apellido que le quede. Una explicación parecida, aunque más corta (quizá) tiene el nombre de Kuu. Los de otros personajes quizá no lo sean tanto, pero digamos que son mis pequeñas "historias fantasmas" dentro de la creación de los personajes.

Ya, creo que es todo de momento, así que me despido. Cuídense mucho todos, espero que a Tifa-sama le sirviera de algo este post medio cultural (con todo ese rollo griego que Bell se echó) y nos leemos pronto.

P.D. Para hacer más amena la espera, el título del siguiente capi es... (redoble, por favor): Keb.

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Re:Rilato [10/¿?]
« Respuesta #43 en: Diciembre 04, 2011, 10:19:21 am »
Jajajajajaja...si te digo que lo de Khaos era lo único q tenía lógica para mí ¿Me crees? (si tifis tb estudió latin y griego como extra en el colegio para saber de donde venía su idioma >.<) y no andaba muy desencaminada en mis conclusiones^^  El resto de nombres no  hace falta explicarlos, al menos no todos, nombres tan contundentes como alighieri, arafat o medici son fáciles de localizar...supuse que iban con el personaje xD

Todo esto no quita q me confunda con tanto nombre y poder sobrenatural de cada uno, pero ya me voy centrando^^

Muchas gracias por la explicación y te confesaré que me alegro mucho de q no tengas un guion fijo...creo q la improvisacion sobre la marcha es mucho mejor ^^ Además no sigo ninguna  de las series q te sirven de inspiración, con lo cual todo es nuevo para mi^^

Muchas gracias por tomarte la molestia de venir a explicarme todo^^ te adoro xD
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Re:Rilato [11/¿?]
« Respuesta #44 en: Diciembre 09, 2011, 10:37:06 pm »
011: Keb.
(Abierto)


Kilos de risas, para compartir…
Kilos de penas, para aprender de ellas…
Kilos de recuerdos, para no morir…

—¿Bonmagiq? ¿Estás seguro?

Al día siguiente, en el Albedrío, Yumegami se estaba cansando de contar una y otra vez su encuentro en los sueños con Dominique Lumière. Pasó su ubicación textualmente y Himmel no acababa de creérsela.

Tenía que hacerlo, si quería viajar a esa realidad específica.

—Espero no equivocarme —decía la chica de cabello azul y violeta, mirando a su alrededor con ansiedad —Mía, ¿crees que me equivoque?

—No, lo harás bien.

A la hechicera no le quedaba más que animarla. No podría ir con la chiquilla, interfería con el contrato de Yumegami y eso era una de las pocas cosas que Viola no toleraba.

—¿Cómo es que ir con el muchacho interfiere en su contrato? —era lo que se preguntaba Mía cada dos por tres.

Nadie lo sabía y a Viola no se le veía mucho en esos días. Según decía, el CIIG estaba entrando a un periodo pesado, por lo que su tiempo en casa lo aprovechaba para planear lo que llamaba labor de recuperación.

—Confiamos en ti, Himmel —intervino Alí en ese momento, esbozando una ligera sonrisa —Naciste para esto.

Himmel asintió repetidamente con la cabeza, radiante de felicidad. Mía no comprendía esa reacción, pero Yumegami creyó adivinarla.

Para un Proyecto, resultaba halagador oír que había “nacido”.

—¿Hoy no tienes trabajo, Ali? —quiso saber Himmel.

—No. Tengo una semana de vacaciones. Iba a solicitarla hasta finales del año, pero Viola me recomendó que no lo hiciera.

Antes que Yumegami pudiera preguntar de qué hablaba, Himmel tuvo otro de sus estallidos de júbilo.

—¡Todavía no me la creo! ¡Voy a ver a Keb! ¡Hace mucho que no veo a Keb! Espero que se acuerde de mí…

—Se acuerda —aseguró Yumegami con voz neutra.

Himmel agitó la cabeza, emitiendo una risita nerviosa, antes de dejar la sala a saltos, seguida por una Mía que sonreía con resignación.

—¿Por qué Himmel mencionó que usted creía haber encontrado a Keb?

Yumegami no solía andarse con rodeos, lo que recordó Alí con pesar.

—Hace poco tuve el caso de un negocio que, tras una racha de buena suerte, quebró cuando un empleado renunció y lo demandaron por perjurio sobrenatural. El hombre es hechicero y luego de ganar la demanda, me confió que soñó algo muy raro. Una versión suya, de otra realidad, le pedía que le quitara de encima a cierto chico.

—¿Era…? ¿En verdad era Lumière–san? ¿La versión de esta realidad?

—Aparentemente. Tiene el cabello rojizo, los ojos de un tono verdoso muy bonito y un poco de mal carácter, ¿no?

Yumegami asintió con una cabezada.

—Admitió que cuando las cosas parecen ir mal, los Lumière se ponen un poco… intratables —Alí sonrió levemente, con cierto aire divertido —El punto es que se ofreció a ayudar, así que preparó uno de sus contratos.

—¿Uno de sus…?

—La mayoría de los hechiceros Lumière son excelentes contratistas. Y los más justos que puedas encontrarte. Leí el documento que me ofreció, no había nada turbio allí. Y Viola lo revisó antes de firmarlo. Ahora parte de tu contrato está cubierto por el del señor Lumière, no tienes de qué preocuparte mientras estás fuera.

Al oír eso, Yumegami casi deja escapar un suspiro de alivio. Casi.

—¿Algo más que deba saber, Alí–sama? —decidió preguntar.

—No, Kuu, no por el momento. ¿Y tú? ¿Tienes algo qué decirme?

El muchacho rodó los ojos con lentitud, queriendo retrasar lo más posible algo que sabía inevitable.

—Yo… Creo que… Espero no haber cometido un error.

—No lo hiciste.

Yumegami miró a su jefe con una ligera mueca de extrañeza que en él, era el equivalente a mostrarse completamente sorprendido.

—Hay cosas que causan un enorme efecto en las personas —explicó Alí con calma, eligiendo cuidadosamente cada palabra que usaba —Esos efectos, en su momento, no se comprenden del todo. Sin embargo, la mayoría de lo que obtienes es producto de tus decisiones, ¿de acuerdo? Por lo tanto, el cómo te afecte dependerá de tu punto de vista.

—¿Me perdonaría si yo…?

Alí negó con la cabeza, cortando la frase.

—No tengo nada qué perdonarte —aclaró, tranquilo —Vives, Kuu, y eso significa que, de vez en cuando, te tendrás que equivocar para avanzar. Por otro lado, dudo que la persona indicada quiera perdonarte. Pensará que tú no hiciste nada malo.

—¿De verdad?

Alí asintió con pesadez. Reconocía esa actitud, él la había tenido hacía mucho tiempo, cuando recién se enteró que era un Proyecto y sentía que le arrebataba a alguien más las oportunidades de las que gozaba. Por eso pronunciaba lo que consideraba una verdad, con la esperanza de que Yumegami la meditara y con el tiempo, la aceptara.

Confiaba en ello para que el muchacho no sufriera más.

-&-

—¿Qué dijiste?

Khaos se detuvo en seco al final del callejón donde se ubicaba el Albedrío, contemplando a Yumegami con los ojos muy abiertos.

—¿Hay algo que deba saber? —repitió Yumegami tranquilamente.

La joven arqueó una ceja, confusa, antes de negar con la cabeza.

—De acuerdo. Por cierto, Himmel y yo nos vamos mañana.

Al escuchar eso, Khaos se puso rígida por un segundo, para luego asentir con la cabeza.

—Espero… que todo salga bien —deseó en un susurro.

—No nos pasará nada. Y si no te molesta, le pediré a Beltane que te acompañe mientras no estoy.

Khaos soltó un bufido, pero sacudió la cabeza, despreocupada.

—Si eso te hace feliz, no me importa aguantar a Stoker por un rato.

Ella rió brevemente, así que no se dio cuenta de la fugaz muestra de emoción en el rostro de Yumegami, quien había sentido como si el corazón se le detuviera un instante eterno, antes de sentir algo en el pecho que lo impulsó a soltar un sonido alegre, demasiado ruidoso en su persona y que la gente, ciertamente, no estaba acostumbrada a oírle.

—¡Mira a ese chico! ¡Qué guapo!

Un par de muchachas que pasaban por allí soltaron risitas nerviosas al pasar junto a ellos. Khaos arrugó la nariz en un mohín de disgusto, para acto seguido estirar la mano y entrelazar los dedos con los de Yumegami, al tiempo que mascullaba.

—Se les cae la baba por una cara bonita y una buena risa, ¡idiotas!

—¿Risa?

—Sí, seguro te oyeron hace un momento, creo que te hizo gracia lo que dije de Stoker y…

—Yo… ¿me reí?

Fue en ese momento que Khaos, dejando su buen humor en el olvido, sintió un nudo en la garganta que pareció ascender hasta su ojo derecho, del cual salió una lágrima que Yumegami besó en cuanto se deslizó por su mejilla. Ahora que ella lo pensaba, él siempre hacía eso, enfatizando que haría lo que fuera para no verla llorar.

—¿Estás bien?

—¿Cuándo fue la última vez que te reíste?

—No lo recuerdo.

—¡Estás bromeando!

Juzgando la expresión del muchacho, Khaos supo que no bromeaba.

—Entonces necesitas práctica —sentenció ella, terca.

Yumegami no tenía nada en contra de eso.

-&-

—¡Vaya! Los hechiceros son impresionantes cuando quieren.

Khaos bufó por lo bajo por enésima vez en el día. Al día siguiente, espués de clases, ella y Yumegami habían conducido a Beltane Stoker hasta el Albedrío, por petición expresa de este último, que quería firmar su contrato cuanto antes. El pirogénito, en cuanto avistó la casa en todo su esplendor, elogió las habilidades de los hechiceros para la ocultación.

—¿En serio tenemos que aguantarte? —masculló la joven.

—Mi estimada Áphatos… No, mejor aún: mi queridísima Khaos…

—No te di permiso de llamarme por mi nombre.

—Vamos, estamos del mismo lado, ¿necesito permiso?

—Si ella dice que necesitas permiso, lo necesitas.

Yumegami aclaró aquello con su habitual neutralidad, pero por el rabillo del ojo, Khaos le detectó el fantasma de una sonrisa. Se alegró por ello, aunque fuera un poco a costa suya.

—Bien, Kuu ha hablado —Stoker esbozó una sonrisa rara, entre mordaz y triunfal, antes de mirar a Khaos sin rastro de broma —Áphatos, ¿puedo llamarte por tu nombre? Y tú dime Beltane, si quieres.

—Lo voy a pensar.

La conversación quedó allí al llegar ante la puerta del Albedrío. Khaos llamó y enseguida alguien los recibió con una sonrisa.

—Buenas tardes. Me alegra verlos antes de marcharme de nuevo. ¿Y ese milagro que un Stoker nos honra con su presencia?

—Es un compañero de la facultad. Viene por negocios, Verne-sama.

—¿Un compañero de la facultad? Eso duele, Kuu —se burló Stoker, para acto seguido mirar con más detalle al hombre que les había abierto la puerta —Momento, ¿Verne Homme? —el resto esperaba algún comentario fuera de lugar, pero en su lugar, Stoker inquirió —¿El marido de la senadora Mahatma en la Cámara Interracial de la Concordia? ¿El licántropo al que dejaron ser presidente de la SONAZOO? —obtuvo un lento asentimiento a modo de respuesta —¡Genial!

—No sabía que fuera tan famoso —aclaró Verne Homme al hacerse a un lado, cediendo el paso a los tres muchachos —Y menos por Indi. Por cierto, vine con ella y con Soleil de visita. Puedo presentárselas.

—¿Está bromeando? Mi padre siempre quiso conocer a un Mahatma. Decía que eran lo mejor de la especie. Que si llegaba a estar cerca de uno, lo tratara con respeto. ¡Ah! Y también que le pidiera unos cuantos consejos, para qué negarlo…

La perorata de Stoker, por alguna razón, recordaba a las que Himmel soltaba de vez en cuando. En ocasiones como aquella, a Khaos le resultaba fácil pensar que algún día podría llevarse medianamente bien con el pirogénito. O por lo menos no se sentiría aburrida.

—¡Hola! —saludó alegremente Himmel, que venía acercándose desde el fondo del pasillo de entrada —¿Quién es? —inquirió, señalando a Stoker.

—Hola, bonita. Puedes llamarme Beltane.

—¿Vas a coquetear con una quinceañera? —se escandalizó Khaos.

—¿Beltane? —Himmel ladeó la cabeza, pensativa, antes de abrir los ojos con exageración y ampliar su sonrisa —¡Ah, sí! Te he visto. Mía tiene una foto en la que sales. Y estás con un señor que era tu… ¿Cómo lo llamó Mía? Verne, ¿cómo te dice Soleil?

—Me dice “papá”, Himmel.

—¡Eso, eso! Sales con tu papá.

—¿Y quién es Mía para tener una foto mía con mi padre?

Antes que Himmel pudiera contestar, la puerta que daba a la sala principal se abrió y una niña un poco mayor que Vittorio Arafat vino a saltitos, agitando sus largos cabellos castaños peinados en dos coletas altas. Sus ojos, de un tono castaño grisáceo suave, no dejaba lugar a dudas sobre quién era.

—Papá, papá, ¿adivina qué? —dijo la pequeña, con una voz cantarina que además, tenía un tono amable poco común en los niños —Alhelí me va a enseñar cómo sabe lo que es la gente cuando le da la mano. ¡Es charmant!

—Lo sé —los jóvenes recién llegados notaron una sombra de tristeza en el rostro de Verne, la cual se borró rápidamente cuando presentó a la niña —Mi hija mayor, Soleil. Hija, ellos son amigos de tus padrinos.

La chiquilla les sonrió y agitó una mano, siendo correspondida casi de inmediato. A continuación, se fue por donde había venido.

—¿Tiene más hijos, Verne? —inquirió Khaos.

—Uno más, Gandhi, mis suegros lo cuidan. Como salió a Indi y apenas tiene cuatro años, le están enseñando a no soltar llamaradas cuando está con otras personas. Seguro vienes por tu contrato, ¿no, Stoker?

—Pero si hace un momento… ¿Cómo sabe…?

—Soy cofundador del Albedrío —dijo Verne por toda explicación y abrió la puerta de la sala principal para poder entrar en ella.

La familia dueña del lugar estaba allí, aunque los niños se habían retirado a un rincón, para jugar a gusto con Soleil. Viola y Alí, sentados uno junto al otro en uno de los sillones, conversaban con una mujer castaña de largo cabello recogido en un elaborado peinado a base de trenzas enroscadas en su cabeza. Sus gestos y su semblante en general derrochaban calma y generosidad.

—Ah, mira, aquí está —indicó Viola a la mujer castaña, quien con sus oscuros ojos observó a los recién llegados —Buenas tardes, muchachos. Indira, siempre tan amable, nos va a ayudar a medir a Beltane, antes que firme su contrato.

—¿Perdón? —dejó escapar Stoker, echándole miradas furtivas a la mujer que segundos antes ansiaba conocer.

—Por partes, amiga mía —pidió Verne, jovial —Ella es mi esposa, Indira Mahatma —señaló a la castaña, quien inclinó la cabeza de forma ceremoniosa, pero humilde —Cuando un pirogénito quiere firmar un contrato con nosotros, Indi mide su pirogenia, ¿sabes lo que es eso, Stoker?

—Claro que lo sé, pero no entiendo para qué…

—Nos servirá para implantar el hechizo de recisión en tu contrato —explicó Viola en ese momento —No te preocupes, ese hechizo afecta a ambas partes, me he encargado de ello.

—¿Has firmado antes un contrato afianzado por un hechicero? —inquirió Alí, cortés.

Stoker negó lentamente con la cabeza.

—No es muy distinto a un contrato ordinario. Las diferencias básicas están en la forma de pago y las consecuencias en caso de incumplimiento. Y para esto último necesitamos medir tu pirogenia.

Stoker hizo una ligera mueca. Por un segundo, Khaos pensó que se echaría para atrás, pero en pocos segundos, Stoker ya estaba tendiéndole la diestra a la esposa de Verne, con la palma hacia arriba.

A continuación, Stoker creó una bola de fuego del tamaño de una pelota de tenis, haciéndola flotar en su palma derecha, para que luego Indira colocara su propia palma sobre esa llama, observándola fijamente. Poco a poco, se vio que el fuego cambiaba de color, se agitaba y se arremolinaba sin perder su forma, pero mientras Indira seguía como si nada, Stoker mostraba claros signos de esfuerzo. Eso fue así por algunos minutos, hasta que la bola de fuego comenzó a ponerse blanca, pues Indira retiró su mano y la esfera desapareció.

—Muy bueno —indicó la señora de Homme con una leve sonrisa —A tu edad, es difícil conseguir esas temperaturas. Magnitud Gamma Uno.

—Eso no se ve todos los días —apuntó Alí, revisando unos documentos que reposaban en la mesa de centro —Viola, ¿te encargas?

La recién nombrada asintió, chasqueó los dedos y los documentos que Alí sostenía emitieron un breve destello blanco.

—Ya está. Si fueras tan amable de leerlo, Beltane, y asegurarte de que comprendes todas las cláusulas…

El muchacho no esperó a que se lo repitieran. Se sentó junto a la señora de Homme y tomó los documentos con la formalidad que requería lo que estaba a punto de hacer. Mientras leía, Viola se dirigió a Yumegami.

—Todo está preparado —avisó en tono profesional —Himmel ha sido instruida sobre lo que debe hacer y lo que no. Ella estará bajo tu responsabilidad. Y debes concentrarte en la recuperación, ¿de acuerdo? Queremos la menor cantidad posible de contratiempos.

Yumegami asintió en silencio.

—¿Hay algo que quieras decirme antes de marcharte?

El joven la observó por un par de segundos de tal manera, que Viola sintió por primera vez lo que acarreaba para él ser un hipnófago que se enteraba de infinidad de cosas a través de los sueños.

—¿Hay algo en particular que debería decirle? —preguntó él a su vez.

Viola negó con la cabeza.

—Muy bien. Que todo siga bien cuando Himmel y yo volvamos.

Esta vez, Viola asintió, aunque con poca convicción.

-&-

El viaje entre realidades fue una experiencia bastante interesante para Yumegami. No era como lo que él hacía, cuando de pronto su mente se desconectaba de la realidad para llevarlo a ese terreno inexplorado y hasta cierto punto, peligroso que formaban los sueños de los demás. Tampoco fue del todo desagradable, pues Himmel se limitó a sujetarle una mano con fuerza, advertirle que no la soltara…

Y acto seguido, lo obligó a saltar con ella.

Literalmente, la travesía inició así. En algún momento entre el impulso hacia arriba y el instante en que debieron tocar el suelo, el entorno se desdibujó y por un segundo, Yumegami temió haber activado su habilidad por accidente. Sin embargo, Himmel seguía concentrada en lo suyo, mirando hacia abajo, así que él decidió imitarla y descubrió una negrura similar a la de la noche más cerrada, con ciertos destellos de azul muy oscuro, luces a derecha e izquierda cual estrellas y de vez en cuando, voces hablando idiomas que le resultaban incomprensibles.

—Bonmagiq —susurró de pronto Himmel con una voz autoritaria que nunca había empleado antes.

Y de pronto, ya no caían hacia la nada, sino que se abría bajo sus pies una de las luces, la atravesaron limpiamente y cayeron con suavidad en tierra firme, en una especie de campo.

Con tal solo ver los edificios, supieron que lo habían conseguido.

Eran construcciones que ellos no solían ver en Mexitlán, al menos no de forma común. Casas de fachadas recargadas conforme se alejaban del campo y más sencillas cerca de donde ellos se encontraban. Además, todas eran de dos plantas, con ventanas adornadas por blanquecinos barrotes en forma de cruz y el techo rematado con el mismo banderín triangular, azul con orillas blancas. En el centro, el banderín mostraba algo semejante a un asterisco dorado.

—¡Qué bonito! —exclamó Himmel, dejando a Yumegami atrás.

El muchacho dio un leve respingo, hasta que se dio cuenta de que Himmel únicamente pretendía llegar hasta un niño que estaba sentado a unos metros, entretenido con unas pelotas diminutas y una manzana.

—¡Hola! —saludó la chica de cabello azulado, sonriendo.

El niño la miró, le dedicó una sonrisa y agitó una manita. Sus ojitos verdes, ligeramente rasgados, brillaban de alegría.

—¿A qué juegas?

Coiniques —contestó el chiquillo —¿No sabes qué es?

Himmel negó con la cabeza, mirando por encima de su hombro.

—Kuu, ¿le preguntamos por el señor Dominique?

¿Onclè? —musitó el pequeño.

—¿Qué dijo? —quiso saber Yumegami.

Himmel frunció el ceño, mirando de nuevo al niño.

—¿Conoces a un señor llamado Dominique Lumière? —inquirió.

—Es onclè —indicó el niño, guardándose en los bolsillos, una a una, las pelotitas —¿Quiénes son ustedes?

—Yo me llamo Himmel y él se llama Kuu. ¿Podemos hablar con tu onclè?

El pequeño asintió, sujetó la manzana con fuerza y les pidió con una seña que lo siguieran.

—¿Cómo te llamas, amiguito? —quiso saber Himmel.

—Sakuhiro. Sakuhiro Lumière.

Himmel miró a Yumegami rápidamente.

—No combinan —susurró el chico, captando la pregunta muda.

—Ya, ya —dijo el chiquillo de pronto, sobresaltando a los otros dos —Pero la maman de papan era de Jepon y mi maman también, así que…

—¡Sakuhiro! ¿Qué te he dicho de hablar con desconocidos?

Un hombre venía de la casa sencilla más cercana, agitando los brazos en alto. Su vestimenta, pensó Yumegami, era similar a la de Dominique en su sueño, compuesta por pantalones oscuros con chaqueta a juego y una camisa blanca. Los pantalones y la chaqueta eran azul marino, y la corbata, cosa extraña, era de un tono rosado que no desentonaba del todo con el resto del conjunto. El adulto se cubría el rostro del sol con un sombrero azul marino rematado por una sedosa pluma rosada.

—Él es papan —presentó Sakuhito con orgullo —Y onclè Dominique es su primo. ¿Verdad, papan?

—¿Quién quiere saberlo?

—Nosotros. Yo soy Himmel y él es Kuu.

El hombre abrió sus rasgados ojos todo lo que pudo, admirando a Yumegami con unos orbes de tono verdoso y penetrante. Acto seguido, el adulto se quitó el sombrero e hizo una reverencia.

—Bienvenidos sean a Bonmagiq. Seré su anfitrión, Sakuma Lumière.

-&-

La casa a la que llegaron les recordó vagamente a aquellas que habían visto en fotografías de Nihotto. El piso se componía de duelas de madera clara, en el recibidor tuvieron que quitarse los zapatos y en la sala se sentaron directamente en el suelo, ante una mesita baja donde una mujer ataviada con un kimono azul marino acomodaba un servicio de té.

Amour, a tiempo, como simpre —señaló Sakuma con una sonrisa.

La mujer del kimono les dio la bienvenida con una inclinación de cabeza. Sus ojos rasgados eran de un castaño transparente, que recordaba al de Ryoko, pero su tez era menos pálida y llevaba el cabello castaño recogido en su nuca y adornado con una peineta que ostentaba tres asteriscos dorados y flores de cerezo blancas y rosas.

—Eso intento, koi —indicó, fingiendo un mohín de disgusto.

De pronto, Himmel y Yumegami notaron que la del kimono se veía como poco más que una adolescente, comparada con Sakuma.

—¿Se la habrá robado? —inquirió repentinamente Yumegami.

—¡No! —la joven mujer se echó a reír en cuanto comprendió a qué se refería —Sakuma–kun es un caballero. De haber intentado robarme, otosama y okasama lo habrían dejado fuera de combate en un parpadeo. Vivo aquí desde poco antes de la boda, vine para aprender las costumbres y el idioma, pero koi me lo pone todo muy fácil, ¿saben?

Toda aquella palabrería hizo que Yumegami recordara algo… a alguien.

—¿Por casualidad conoce a Kishimoto Sasume-san? —le preguntó a la mujercita del kimono, que estaba por irse de la sala.

—¡Claro que sí! Es mi madre. Aunque ahora no se apellida así.

Yumegami asintió, en señal de comprensión.

—¿Podemos ver a Keb? —quiso saber Himmel, impaciente.

La del kimono dio un traspié y se puso de golpe muy contenta.

—¡Así que vinieron! Ya se habían tardado, ¿saben? Koi, ¿puedo ir a casa de Dominique-san a avisarle? Anda, anda…

—Claro que sí, amour, pero antes acompáñanos a tomar el té. Hay que hablar de algunas cosas.

La otra asintió y se sentó a la derecha de Sakuma.

—¿De dónde conoces a mi madre? —quiso saber la del kimono azul.

—En donde vivimos existe.

—¿Entonces todo eso que nos decía Keb–kun era cierto?

—¿Has hablado con Keb? —Himmel sonrió, visiblemente ansiosa.

—Oh, sí. Dominique–san es un poco gruñón, pero muy amable. Cuando nos contó lo que había sucedido, lo apoyamos en hacer que Keb–kun se adaptara. Así pasaría desapercibido. El resto fue sencillo de realizar con unos cuantos conjuros antropomórficos y…

—¿Son hechiceros? —indagó Yumegami, cortando la perorata.

Al oírlo, la mujer del kimono cerró la boca y asintió. No parecía en absoluto ofendida por ser interrumpida; es más, se diría que estaba acostumbrada a hablar de más y ser detenida en seco.

—Si así le llaman a quienes hacemos magiq con varita, pociones, hechizos y cosas así… Sí, creo que somos hechiceros, ¿saben?

—Disculpa, ¿cómo te llamas?

La mujer parpadeó con desconcierto, mirando a Sakuma, quien la alentó con una cabezada.

—Ah… Masako. Lumière Masako.

—¿Y antes tu apellido era…?

La mujer no pudo contestar. Sobre la mesa a la que estaban sentados, flotando en el aire, apareció algo similar a un espejo, ovalado y con un lado opaco, que giraba sobre sí mismo mostrando el rostro de un muchacho medio oculto en las sombras.

—¿Himmel? ¿Estás allí? Acabo de sentirte, ¿estás en Bonmagiq?

Y tan pronto como vino, aquella especie de espejo se desvaneció con el sonido de una burbuja al estallar. Algo así como un pop.

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Re:Rilato [11/¿?]
« Respuesta #45 en: Diciembre 13, 2011, 10:58:00 am »
muajajajajajaja... pensaba q iba a tener que esperar más para leer el viaje a Bonmagiq ^^ y pensaba q khaos iba a ir con kuu >.< pero bueno, espero paciente el siguiente capítulo a ver como termina el viaje *o*
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Re:Rilato [12/¿?]
« Respuesta #46 en: Enero 19, 2012, 10:28:21 pm »
012: Lazo.
(Abierto)


Lúcete, ahora que se presenta la ocasión…
Lánzate, debes alcanzar la salvación…
Llora, demuestra que tienes corazón…

Himmel se puso de pie de un salto, con la angustia reflejada en su carita casi infantil. Masako también se levantó, aunque con semblante más sereno y sacando de una de las amplias mangas de su atuendo lo que se veía como una varita de madera.

—¿Puedo ir ahora, koi?

—Sí, pero autotranspórtate, ya sabes dónde —indicó Sakuma.

Masako asintió y para asombro de Himmel y Yumegami, se desvaneció con un ligero plin.

—¿Qué fue eso? —quiso saber Himmel.

—¿La autotransportación? Es viajar con magiq: pensamos en un lugar y en segundos ya estamos allí.

—¿”Magiq”? ¿Así le llaman a lo que pueden hacer? —inquirió Yumegami.

Sakuma asintió.

Un minuto después, Masako había vuelto, aferrando con la mano derecha la izquierda de alguien más. Himmel saltó de gusto.

—¡Keb!

Yumegami observó con inexpresivo interés al muchacho que venía con Masako. Era más o menos de la misma complexión delgada que Himmel, daba una imagen inconfundible de fragilidad. Vestía a la usanza de aquella realidad, con pantalón largo y chaqueta a juego, de color verde botella. Su camisa era azul celeste, lo cual desentonaba ligeramente con el verde vivo de su cabello, el cual parecía adornado con mechones de un color que estaba entre el rojo y el naranja. Con los ojos cerrados, era imposible saber el color de los mismos, pero Yumegami intuyó que serían bellos e intrigantes, como los de Himmel.

—¡Eh, Keb! ¿Estás bien? Te vi hace un momento.

El muchachito asintió con la cabeza, abriendo los ojos y fijándolos en Himmel al tiempo que esbozaba una sonrisa. Como Yumegami imaginaba, los ojos de Keb eran todo un espectáculo, el iris de ambos brillaba en un tono anaranjado semejante a una joya para ir palideciendo conforme se acercaba a la pupila, quedando un color amarillo como el plumaje de un canario. Keb no lo miraba directamente, pero Yumegami tuvo la sensación de que cuando lo hiciera, ocurriría algo excepcional.

Por ahora, Keb solo prestaba atención a Himmel, quien lo abrazaba con fuerza. La chica reía con verdadero entusiasmo, para luego llenarle las mejillas de besos al tiempo que le revolvía el cabello. Era como una niña que se reencuentra con un amigo muy querido después de años sin verse. Según lo que sabía el resto de los presentes, quizá era así.

—Keb, Keb, ¿puedes venir con nosotros, verdad? —preguntó Himmel en ese momento —Para estar siempre juntos. ¿Quieres?

El chico ladeó la cabeza hacia el matrimonio Lumière presente. Masako tenía los ojos aguados, pero sonreía y asentía con la cabeza. Sakuma se inclinó levemente, insinuando una reverencia.

—Fue un honor conocerte y hospedarte, Keb. ¿Te despediste de Dom?

—No estaba en casa —contestó Keb con una voz digna de cualquier varón adulto: seria, grave, sosegada —Había dicho que saldría un momento, iba a la oficina de correos.

—Voy por él —se ofreció Masako, guardándose la varita de madera de nuevo en su amplia manga —¿Puedo, koi?

—No hará falta, seguro lo tendremos aquí en…

—¿Hablabas de mí, Sakuma?

La imagen tangible de Dominique Lumière estuvo ante todos, llegando con el mismo plin que Masako produjo antes.

—Ah, eres el niño raro de los sueños —masculló, mirando a Yumegami, antes de observar cómo Keb soltaba a Masako para sujetar una mano de Himmel —Ella es tu amiga, ¿no? La que no te cansabas de nombrar.

Keb asintió, apenado.

—Bueno, no hagas dramas por esto, no es como si no pudieras venir otra vez a visitarnos.

—Ah, Dom… Es que el tiempo…

El joven de cabellos verdes intentaba explicar algo, pero al parecer lo pensó mejor y cerró la boca.

—Sí, me lo habías mencionado. Pero tu amigo puede hacerlo, ¿no?

Dominique señaló a Yumegami con una mano.

—¿Kuu? En teoría no debería…

De nuevo, Keb dejó la frase inconclusa, encogiéndose de hombros.

—¿Me conoces? —se extrañó Yumegami.

—Sí. Una vez vi accidentalmente nuestra realidad pasada. Vi cómo… —Keb se aclaró la garganta —Vi cómo saliste de donde te tenían.

Yumegami asintió, haciendo una mueca.

—Cuídate, Keb —deseó Dominique, mostrando una ligera sonrisa.

—Tú también, Dom. Y disculpa todas las molestias.

El aludido negó con la cabeza justo cuando Sakuhiro entró a la habitación, con una manzana en la mano.

—¿Te vas, Keb–kun? —quiso saber.

—Sí, pero espero volver otro día.

El niño sonrió y le regaló la manzana.

A los pocos segundos, los Lumière en Bonmagiq se desvanecieron de la vista de Himmel, Keb y Yumegami, en cuanto ella dio un salto.

Volvían a casa.

-&-

—¡Vamos a almorzar!

Khaos resopló, lo que para sus compañeros de facultad, era común en ella cada vez que Beltane Stoker hacía ademán de abordarla.

El asunto era que últimamente, Stoker parecía comportarse un poco mejor porque Khaos le prestaba algo de atención.

Para el resto del grupo de Programación Gráfica, era como una señal del fin del mundo.

—Stoker, por última vez, ¡compórtate! Pareces un niño.

—Estás demasiado acostumbrada a Kuu como para apreciarme.

La chica le dedicó un mohín de fastidio, para luego suspirar por lo bajo. Stoker dejó a un lado las bromas y puso su mejor cara seria.

—No te preocupes. Si Kuu dijo que no les pasará nada, es la verdad.

—Sí, claro…

Khaos sabía que pocas veces las cosas salían como uno las quería. Así que lo único que le quedaba era confiar en que Yumegami haría todo lo posible por cumplir sus propias palabras y volviera pronto.

Era increíble la forma en que lo echaba de menos, cuando en meses anteriores, apenas le dirigía la palabra.

—¿Tú por qué eres amigo de Kuu? —inquirió Khaos.

Stoker fingió meditarlo, pero no tardó mucho en contestar.

—Es como el hermano que siempre quise tener —confió —Un chiquillo al que tengo que regañar de vez en cuando por hacer tonterías, pero al que siempre voy a querer. ¿Comprendes?

Khaos se encogió de hombros, ligeramente abrumada por la sinceridad de Stoker. Sintió un nudo en la garganta, seguido de un vacío en el estómago. Stoker la miró con cierta alarma.

—Oye, ¿qué tienes? Te pusiste pálida de pronto. Y eso en ti es decir mucho. Anda, lo que necesitas es comer algo. ¿Qué se te antoja? Yo invito, no puedo permitir que la chica de mi mejor amigo se desmaye de inanición. Seguro que devoraría mi sueño de una semana.

Una vez que Stoker comenzaba una de sus peroratas, era imposible pararlo. De eso se había dado cuenta Khaos hacía tiempo, pero era extraño escucharlo y darse cuenta que todo lo que decía tenía una secuencia lógica y no cambiaba bruscamente de tema. Pensando en eso, llegaron a la cafetería más cercana al aula de su próxima clase, Stoker hizo que se sentara a una de las mesas exteriores y le preguntó de nuevo qué quería.

—Ah… No sé… —Khaos olisqueó el aire, detectando algunos aromas que le hacían agua la boca —¿Puedo…? ¿Me traerías una orden de carne con papas y… quizá… fruta con yogurt de postre?

Stoker asintió sin replicar y se adentró en el edificio a su derecha, sacando en el camino una billetera roja y adornos grises. Al joven le daban ganas de reír.

—De verdad es tímida —musitó, acordándose de algo que le había contado Yumegami —No te preocupes, amigo, la cuidaré bien.

Le llegó la hora de probarlo cuando un ruido ensordecedor causó pánico en los estudiantes que andaban por allí. Stoker giró la cabeza enseguida y vio un destello entre azul y blanco que le impedía ver la mesa donde había dejado a Khaos.

Se guardó distraídamente la billetera y olvidándose del almuerzo, desanduvo el camino para hallarse con que el destello provenía de llamas enormes que se ubicaban, precisamente, donde segundos antes Khaos estaba sentada. Antes de paralizarse debido al miedo, usó su habilidad para detectar en ese punto algo que no fuera fuego y tras unos segundos, suspiró. No había nadie allí.

—¿Stoker?

Él se sobresaltó, pero al segundo siguiente sonrió con evidente alivio. Khaos venía por su derecha, de detrás de un árbol cercano, y sin contar con que su larga falda de mezclilla verdosa estaba chamuscada por un lado, ella estaba ilesa.

—¿Qué pasó? —quiso saber él enseguida.

—No lo sé. Te estaba esperando, pero me acordé que quería también un jugo de toronja y me paré para ir a decírtelo. Luego cayó allí algo que parecía un balón y…

Khaos tuvo que sujetarse de un brazo de Stoker, porque creía que iba a desmayarse. En parte por la repentina punzada que sentía cerca del estómago, pero casi toda la culpa la tenía lo que acababa de ver.

Cumulus Stratus estaba allí, barriendo con la mirada el terreno. A su diestra, con una mirada fiera, se podía distinguir a Letheo Atistotel.

—¿Estás bien? —se alarmó Stoker.

—Allí… Stratus… Aristotel… —tartamudeó Khaos.

El otro comprendió y ubicando a los tipos, movió la mano en un gesto aparente de desenfado, señalando aquellas extrañas llamas.

Un remolino ardiente salió de ese punto y casi da en el blanco.

—Ah, el pirogénito anda por aquí… —musitó Aristotel, sonriendo un poco con evidente malicia —Y creo que también el soñador…

—Beltane, ¿vas a hacer lo mismo que tu padre? —insinuó Stratus, con una seguridad aparente en lo que hacía —¿Con tu fuego vas a asesinar? ¿O harás tú el trabajo sucio, Kuu, el fenómeno de los sueños?

El nombrado hizo una mueca, era como si le hubieran dado un puñetazo. Khaos, sin saber por qué, lo aferró más fuerte.

—Vámonos —le pidió en voz tan baja que apenas ella se oyó —Déjalo…

—No puedo permitir que…

—Si eres amigo de Kuu, no vas a matar a nadie.

Stoker la miró con ligero desconcierto, pero a la vez con un sincero agradecimiento. Tenía razón: no haría nada que Kuu repudiaría.

—Anda, por la parte de atrás. Le encargaré al fuego que nos cubra.

El muchacho repitió su ademán desenfadado y las llamas crecieron lo suficiente como para que la visibilidad de Stratus y de Aristotel se viera afectada. Para cuando varios trabajadores de la universidad llegaron a extinguir el pequeño incendio, los dos Proyectos refunfuñaban.

Sus presas se habían esfumado.

-&-

Al mismo tiempo que Himmel y sus acompañantes caían limpiamente en la sala principal del Albedrío, Khaos y Stoker entraban por la puerta principal, lo que sorprendió a Alí, quien salió de su estudio ante todo el alboroto. Primero saltó a su vista la falda chamuscada de Khaos, por lo que fue hacia la chica a toda velocidad.

—¿Qué ocurrió? —interrogó sin demora.

Stoker lo explicó lo mejor que pudo, ayudado por Khaos en ciertos puntos. Cuando ambos terminaron, Alí meneó la cabeza con pesadumbre, a la vez que fruncía el ceño, claramente pensativo.

—¡Hemos vuelto! —anunció Himmel por todo lo alto, abandonando la sala principal —Alí, mira, ¡vino Keb! ¿Quieres…?

La jovencita se calló al notar la tensión en el ambiente.

—¿Pasó algo malo? —Himmel se preocupó al instante.

Stoker iba a contestarle, cuando de pronto decidió que primero debía desquitar su nerviosismo con algo. O alguien.

—Debiste decirme que te ibas a tardar tanto, Kuu. Hubiera sido de ayuda que estuvieras aquí.

—¿Tardarme? —se extrañó Yumegami, que involuntariamente mantenía los ojos fijos en Khaos, a la que encontró básicamente bien.

—¡Sí! Como toda la quincena estuvo en paz, creí que no pasaría nada. Pero luego va ese idiota de Stratus con su amiguito come–pensamientos y…

—¿Una quincena? —Yumegami se giró hacia Himmel, interrogante.

—Al viajar entre realidades, el tiempo no corre igual —explicó Keb de repente, con voz tímida —Normalmente, el mundo del que vienes… Avanza más rápido que el mundo al que llegas.

—Por eso aquí fueron dos semanas y en Bonmagiq, ni un día.

Ante la observación de Yumegami, Keb asintió.

—Increíble que Stratus se atreviera a atacar la universidad —comentó Alí, conteniendo un bufido —Disculpen, tengo que arreglar unos asuntos. Pueden ir a descansar. Y bienvenido al Albedrío, Keb.

El de cabello verde le dedicó una sonrisa agradecida antes de ser arrastrado por Himmel al fondo de la casa, buscando a Mía. Yumegami entonces fijó los ojos en Stoker, quien asintió y mencionó algo de perderse por allí, para conocer la casa. En el pasillo solamente quedaron Khaos y Yumegami, sin verse de frente todavía.

—Lo siento —musitó Yumegami de pronto —No sabía que tardaría tanto.

—No importa. Stoker es buen niñero.

—¿De verdad no te pasó nada?

Khaos negó con la cabeza una sola vez, pues comenzó a sentir que todo le daba vueltas. Seguramente el susto apenas le estaba afectando.

—Si Stratus los está siguiendo junto con Aristotel, tal vez debería…

—Nada de entregarte, ¿de acuerdo?

Yumegami asintió.

–¿Quieres conocer a Keb? —ofreció a cambio.

—Sí, pero… Tengo hambre. Stoker y yo no almorzamos por…

Khaos se llevó una mano al estómago, con una mueca de dolor.

—¿Estás bien?

—Yo… No sé…

En el instante en que Yumegami la tocó, sucedió algo curioso. El dolor se desvaneció, igual que el mareo. Khaos aferró la mano del joven, recuperándose de la impresión, cuando sintió un repentino e indeseado calor en los dedos.

—Suéltame —le pidió a Yumegami —¡Suéltame ya!

Él obedeció enseguida, mirándola con cierta decepción.

—¿Cómo…? Yo estaba… No quería…

—No te preocupes.

—¡Es que no quiero hacerte eso! —exclamó ella por lo bajo, apoyando la espalda en la pared más cercana, con una mano aún en el estómago, tanteando dónde estaba realmente el dolor —No quiero matarte a ti…

Yumegami se acercó a Khaos lentamente, estirando una mano para envolver la que ella tenía en el estómago. En cuanto lo consiguió, quiso asegurarle que no se moriría tan fácilmente, pero no pudo hacerlo.

De pronto, estaba sumergido en un sueño accidentalmente.

-&-

 —Que no llore… Que no llore…

Aquellos gimoteos eran capaces de desgarrarle el alma a cualquiera. Incluso Yumegami, que hasta hacía poco se consideraba insensible, sintió algo de incomodidad al oírlo.

¿Pero quién sufría? ¿Y por qué había entrado a su sueño ahora?

—¿Hola? —llamó, cauteloso.

—¿Puedes hacer que pare?

La voz sonaba como la de un niño pequeño, que apenas ha aprendido a hablar con claridad. Los niños requerían que les hablaras, más cuando no te veían, si es que querías darte a entender. Eso lo sabía Yumegami de sobra. Así que contestó con voz alta y clara.

—Quizá. Dime qué quieres que pare.

—El dolor de mami.

—¿Qué le duele?

—Le duele… No sé qué le duele… Pero llora mucho…

Eso no tenía mucho sentido, así que Yumegami se armó de paciencia para conseguir más datos de parte de ese niño invisible.

—¿Qué le pasó recientemente a tu madre? —inquirió con amabilidad.

—Ella… cree que hizo algo malo… Y alguien me lastimó…

Sonaba lógico. Quizá una madre tuvo un descuido que ocasionó que el niño resultara herido. Sin querer, sonrió de forma conciliadora.

—Dile que la quieres —aconsejó finalmente —Ella no hizo nada malo, ¿verdad? Y tú sigues vivo. Haz que vea eso.

—Pero mami… Mami no me oye… Todavía no…

—¿Todavía?

—Es que… Le duelo yo… Creo… que no voy a llegar…

—¿A llegar?

—Algo me jala… Me quiere llevar lejos… Pero quiero a mami… Quiero ver a mami… Y quiero decirle a papi que lo siento…

—¿Qué pasó con tu padre?

—No sé… Fue sin querer… Le quité algo… Y mami lloró más…

Yumegami comenzó a sentir un nudo en la garganta. Quería abrazar a ese niño y decirle que todo estaría bien. Quería protegerlo de todo mal, como lo hacía con Khaos. Pero no lo veía por ninguna parte.

—¿Puedes devolverle a tu padre lo que le quitaste? —preguntó.

—No sé… Mami está asustada… Papi no despierta… Lo llama y lo llama…

—¡Kuu!

Yumegami dio un respingo. Esa era Khaos. Y sonaba…

—¡Kuu! ¿Qué te pasa? ¡Kuu!

Se concentró en volver a la realidad, como siempre lo hacía, pero sintió que alguien se sujetaba a una de sus manos con insistencia. Miró hacia abajo y no vio a nadie, aunque sentía los deditos de un niño.

—¿Por qué grita mami?

Yumegami se desconcentró, pensando en algo tan imposible como lógico. Pero increíblemente, pudo salir del sueño.

-&-

—¡Kuu! ¿Me oyes? ¿Estás bien?

—¡Eh, amigo! Si no despiertas ahora mismo, soy capaz de incendiarte.

—¿Y eso para qué?

La débil voz de Yumegami causó que Stoker abandonara sus amenazas. Yumegami distinguió alivio en los ojos grises del que se decía su amigo.

—Kuu… estás…

El rostro de Khaos, a la derecha, mostraba una ligera confusión a través de la tranquilidad que sentía por verlo despierto. Extrañado, alzó una mano, la misma que antes era sujeta por pequeños dedos y…

—No puede ser… —musitó, llevándose la mano a la frente.

La encontró empapada en sudor frío. ¿Qué había ocurrido?

—Kuu… ¿por qué…?

—No sé qué pasó —reconoció el muchacho, incorporándose lentamente —Yo… iba a decirte algo —miró a Khaos —Luego… Luego estaba en ese sueño y…

—¿Sueño? —se extrañó Stoker, ayudando a su amigo a sentarse —¿No se supone que debes tocar a alguien para hacer eso? ¿O estar dormido?

—Sabes que casi nunca duermo. Y toqué a alguien. En cierta forma.

—¿De qué hablas?

—¿Cómo supieron Stratus y Aristotel que estaban donde estaban?

Hasta que Yumegami lo mencionó, Stoker se dio cuenta del detalle. Adoptó una expresión de concentración intensa, repasando en su mente la aparición de aquellos dos sujetos, cuando se fijó en algo que hasta ese instante, no le había importado mucho.

—Creían que estabas con nosotros —comentó con lentitud.

—Eso imaginé. Tengo que hablar con Viola–sama.

—Ella no está ahora y…

—¿Qué pasa?

Alí, por lo visto, había terminado sus asuntos, porque salía de su estudio a toda carrera, alarmado al contemplar a los tres en el suelo.

—Ali–sama, necesito renegociar mi contrato.

—¿De qué hablas, Kuu? Sabes perfectamente que nunca renegociamos.

—Pero necesito hacerlo ahora.

—Kuu… —musitó Khaos con ansiedad

Él se giró hacia ella, pero no supo cómo reaccionar cuando recibió un beso en la mejilla.

—Deja de llorar primero —rogó la chica.

Yumegami parpadeó repetidas veces, confundido.

—¿No te habías dado cuenta? —espetó Stoker, incrédulo.

—Pues… no. Por favor, Alí–sama…

—Lo siento, Kuu, pero es una de nuestras reglas. Jamás renegociamos.

El rostro de Yumegami reflejó entonces pena y desesperación. Eso en él era demasiado anormal, por lo que Khaos se asustó. Iba a hablar, pero sintió una nueva punzada cerca del estómago y se torció de dolor.

—Áphatos, ¿qué te pasa?

Ella miró a Stoker y negó con la cabeza. Ignoraba por completo el origen de esa dolencia que amenazaba con hacerla perder la conciencia.

—Por favor, Alí–sama, comprenda que…

—No, lo siento, Kuu. No solemos romper nuestras propias reglas, por seguridad. Tendrás que voltear el contrato existente a tu favor. Es todo lo que puedo recomendarte.

—Kuu…

Yumegami por fin la escuchó y al girarse, Khaos descubrió que los ojos de ese chico, siempre indiferentes a menos que la miraran a ella, se veían como si fueran a derramar lágrimas de nuevo.

—No, Kuu, por favor…

—Alí–sama, ¿puedo discutir mi contrato con alguien más?

—Sabes que no. Los únicos con quienes puedes hacerlo somos nosotros, los fundadores del Albedrío.

El muchacho se exprimió el cerebro como nunca lo había hecho, lo suficiente como para lograr lo que Alí había indicado: que el contrato que ya había firmado lo siguiera favoreciendo. ¿Pero cómo? ¿Cómo, si ni él había considerado la posibilidad que se abría ante sus ojos? Aunque primero necesitaría confirmarla y claro, para eso…

—Khaos…

Ella asintió enseguida, enderezándose cuanto pudo, apartando de su mente el dolor que seguía arremetiendo en su contra.

—¿Qué te hace feliz?

La pregunta la tomó completamente por sorpresa.

—Por favor, piensa bien lo que vas a decir. Es importante.

Ella asintió en silencio antes de contestar.

—Ya te lo había dicho, ¿recuerdas? Tú me haces feliz. Tú y todo lo que venga de ti.

—¿Incluso si…?

Yumegami no pudo seguir hablando. Khaos, sin poder evitarlo, se había inclinado hacia adelante otra vez, estirando una temblorosa mano para buscar la de él. La otra la tenía ligeramente debajo del estómago.

—Es… como cuando ese tipo… Aristotel… Quiso comerse mi mente… No sé…

—Lo siento, Khaos. Lo siento mucho.

—¿Kuu?

Él la abrazó con fuerza, pero no era nada brusco. Se sentía cálido, pero el muchacho temblaba y Khaos creyó saber qué venía a continuación.

Yumegami estaba a punto de decir algo que de alguna forma, era un bien y un mal al mismo tiempo.

—Creí que no era posible, pero quiero… Estoy contigo, ¿de acuerdo?

—Kuu, si no me lo explicas, no lo…

—Khaos, yo… El sueño en el que estaba hace un momento… Algo en ti me encerró allí.

—¿Algo en…?

Yumegami se separó de ella solo lo suficiente para elevar el rostro y darle un beso en la frente. Ese simple hecho hizo que Khaos se calmara un poco, preparándose para cualquier cosa.

—Khaos, creo… Creo que vamos a tener un niño.

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Re:Rilato [12/¿?]
« Respuesta #47 en: Enero 21, 2012, 05:53:45 pm »
Genial!! la verdad es q no he tenido ni un ratito libre hoy.... a ver si en lo q queda de noche me da tiempo a leer y editar el post... si no puedo mañana tienes el comentario seguro ^^


EDITO.


Wooooo jojojojojojojo...Un bebe!! pues si ya le está doliendo no sé como pretenden salir vivos 9 meses más.... O.o 


Muy bueno... ¡Espero el siguiente!
« Última modificación: Enero 21, 2012, 08:54:15 pm por Tifa! »
La capacidad de imaginar es el mayor recurso del ser humano.


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Re:Rilato [13/¿?]
« Respuesta #48 en: Enero 29, 2012, 10:37:03 pm »
013: Mensaje.
(Abierto)


Mírenme, no me rendiré jamás…
Mátenme, solo así abandonaré esta tierra…
Mutílenme, y ni así dejaré de amar…

Khaos abrió los ojos perezosamente, sin poder evitar que la luz de una lámpara le lastimara los ojos. Apretó los párpados por un segundo, al tiempo que intentaba recordar lo que había ocurrido.

Se hallaba en su habitación. Eso de entrada era raro, no recordaba haber regresado a casa. Las cosas seguían un poco confusas, pero voces al otro lado de su puerta la pusieron alerta.

—¿Segura, Ryoko–sama?

—Segura. Es decir, no puedo negar que me sorprende, pero también me alegra. Tendrás que estar muy al pendiente de ella. Como comprenderás, nunca he podido atender casos en su especie, así que no sé…

La voz de Ryoko Akai, serena y profesional, sonaba intranquila. La otra persona debió hacer algún gesto de asentimiento.

—Bien, sabes que para cualquier cosa que necesites, Ben y yo estamos disponibles. A Ben le agradas, Kuu, y también le agradó Khaos.

—Ryoko–sama… ¿Cree que… quizá… esté mal que…?

Hubo un momento de silencio, roto por una Ryoko tensa, pero franca.

—No te atrevas ni a pensarlo. Me recuerdas a Alí, par de tontos…

Khaos estuvo a punto de reír, pero prefirió contenerse.

—Pero Ryoko–sama… Khaos…

—Khaos tiene voz y voto en esto, ¿no? Pues bien, ella dirá lo mismo que yo. Podría jurarlo por Ryoichi y sabes cuánto me importa mi hijo.

Otro silencio. Conociendo a Kuu Yumegami, era probable que estuviera dedicando algún ademán para responder. Ryoko volvió a suspirar.

—Tengo que irme, pero tienes mi número de celular y el de Ben por cualquier cosa. Cuídalos bien, Kuu.

—Lo haré. Hasta pronto, Ryoko–sama.

Pasos ligeros, apenas perceptibles, se alejaron de la puerta de Khaos. Ella esperó que entonces Yumegami entrara, pero pasaron varios minutos y no fue así. Desconcertada y asustada, intentó ponerse de pie, pero en cuanto lo logró, no pudo sostenerse y cayó de rodillas al suelo.

El sonido bastó para que la puerta de la habitación se abriera, dando paso a Yumegami. Su rostro, normalmente inflexible, mostraba tales signos de inquietud que a Khaos le dio un vuelco el corazón.

—¿Estás bien? —quiso saber él, acercándose para tomarla en brazos.

Khaos asintió, en tanto era colocada en la cama con sumo cuidado. Con ese gesto, los acontecimientos de hacía unas horas volvieron a su mente, aunque de forma un poco borrosa.

El dolor, la desesperación de Yumegami, lo que le dijo al final…

—Kuu, ¿es cierto? ¿Estoy…?

El muchacho no contestó. Desvió la mirada hacia la lámpara, pero Khaos sabía que no la veía en realidad. Estaba debatiéndose consigo mismo, quizá pensando en hacer o decir algo que le dolía.

—Lo lamento tanto… —susurró él finalmente.

Eso hirió a Khaos como nunca hubiera creído posible. Pero quien lo decía era Yumegami, así que se armó de valor para oír su explicación.

—Yo… No creí que… Por lo que sabía, los Proyectos están incapacitados para la reproducción, pero me entraron dudas cuando conocí a Alí-sama, porque él tiene hijos…

Yumegami tragó en seco y movió una mano sin darse cuenta, rozando con sus dedos los de Khaos.

—Entonces no le presté atención al detalle. Imaginé que Alí–sama había corrido con suerte y que algo tendría que ver Viola–sama, siendo “normal”. Después, por accidente, supe que Alí-sama fue considerado en su momento un Fracaso porque, entre otras cosas, era capaz de tener descendencia. Su Desertor lo liberó entonces, para que no lo mataran.

Khaos se encogió ligeramente, asustada. Creyó comprender lo que aquel hombre gritaba respecto a ella en su pesadilla habitual, pese a las protestas del otro, “Es un Fracaso, ¿para qué la querríamos?”

—Sin embargo, eso no era garantía de que pudiera imitar a Alí–sama. A mí no se me consideró Fracaso, que yo sepa, eso debía significar… Khaos, no quiero que nadie pase por lo mismo que yo. Menos si es un niño… nuestro niño. De haberlo sabido…

—Kuu…

Ella estiró los brazos, envolviendo a Yumegami con ellos.

Aquello no era justo. Una persona tan buena como él tenía derecho a alegrarse por algo tan maravilloso como tener hijos, no debería estarse culpando por condenar a inocentes a algo que no podía remediar. Una persona tan noble como él debería poder tener una familia, sin preocuparse de que lo mataran al día siguiente.

—Me importa ese niño —confesó Yumegami a su oído, con voz ahogada y ronca —Me importa casi tanto como me importas tú. Porque es nuestro, Khaos. Por ese niño también haría lo que fuera, con tal de que viva. Haré lo que sea porque él y tú vivan.

—Kuu… Yo también.

Él se apartó un poco para mirar su cara con incredulidad.

—Un niño… No creí… Pensé que nunca iba a tener uno. Creí… que nadie me querría tanto como para… ¿Ves lo que te digo, Kuu? Tú me haces feliz.

—Pero yo…

—¡Nada! Eres bueno, métetelo en la cabeza. El simple hecho de que te importemos tu hijo y yo, lo demuestra. Tienes corazón, Kuu, ¿por qué no…?

Se quedó callada cuando Yumegami la besó. Era lento, dulce, procurando no lastimarla y conteniéndose a duras penas.

—Khaos… ¿De verdad…? ¿Te parece bien…?

—Sí, Kuu. Si también es tu niño, me encantará tenerlo.

Finalmente Yumegami se permitió una vaga sonrisa y no le avergonzó llorar delante de Khaos, quien besaba sin parar sus húmedas mejillas.

Su niño viviría. Él y Khaos se encargarían de ello.

-&-

Durante el mes siguiente, el Albedrío se llenó de risas, besos y abrazos para Khaos, quien los aceptaba lo mejor que podía. No estaba habituada a semejantes atenciones, pero estaba encantada en recibirlas.

—¿Y podremos jugar con el bebé? —preguntó Alhelí en una ocasión.

—Claro, cariño, si tu hermano y tú se portan bien —contestó Viola.

Alhelí dio un gritito de gusto y fue corriendo a decírselo a Vittorio.

El fin de la semana se le antojó a Khaos como relajante. Era casi el final del semestre y sentía que no daba para más. No pensaba mucho en cómo les explicaría a sus profesores que no volvería el semestre siguiente a las aulas (pensaba tomar sus clases en línea), ni tampoco cómo seguiría trabajando. Se le olvidaban gran parte de los inconvenientes al contemplar a Yumegami feliz. No lo demostraba mucho, pero ella sabía que lo estaba.

Solamente Stoker podía competir con ellos en felicidad.

—¿Estás bromeando? —eso había sido lo primero que pudo soltar el pirogénito cuando Yumegami le dio la noticia y le pidió algo.

—¿Cuándo has visto que Kuu bromee? —espetó Khaos a su vez.

—Es que… Vamos, me alegra mucho imaginarme con un pequeño Kuu por allí o con una Khaos en miniatura que no se enfurruñe al verme…

La aludida le había dado un codazo en ese momento, aunque sonreía.

—Si Kuu cree que lo harás bien, le creo. Di que sí… Beltane.

Fue su nombre en boca de Khaos, más que otra cosa, lo que animó a Stoker a aceptar la petición de Yumegami para ser el padrino de su hijo.

-&-

El domingo, Khaos despertó hallándose sola en la cama. Se apoyó en una mano, mirando a su alrededor, inquieta al notar cosas distintas.

Como que su dormitorio no tenía las paredes pintadas de azul zafiro.

Arrugó el ceño. Se detuvo en otros detalles, como la lámpara a su derecha, con la pantalla hecha de un material transparente y pintada con…

—¿Kuu? —llamó, intentando no sonar nerviosa.

Una diminuta sombra coló su cabeza por la puerta.

—Papi está ocupado. ¿Ya no estás enferma, mami?

Khaos abrió los ojos al máximo, con un nudo en la garganta.

—Tú… Tú eres…

—Lo siento. Papi dijo que no entrara todavía. Ya me voy.

—No importa. Ven.

La figurita abrió la puerta con lentitud y se coló a la habitación, dejando a Khaos encandilada y maravillada. Seguro estaba soñando y por una vez, no quería despertar pronto.

Era adorable. Tenía su cabello, lacio y exactamente del mismo tono gris claro, casi blanco, brillando con la luz que venía del pasillo. Estaba usando un pantaloncito de mezclilla y una camisa azul que enfatizaban las vetas en sus ojos, que en su mayoría eran de un color incierto, entre blanco y gris. Su cuerpecito delgado daba la impresión de ser frágil, pero tu tez morena clara declaraba lo saludable que era.

—Papi dijo que no entrara todavía —repitió el niño, con un mohín.

—¿Porque estoy enferma?

—Sí. Lo siento. Fue culpa mía.

Khaos resopló. Este chiquillo era digno hijo de Yumegami, seguro.

—Pero no hiciste nada malo —le aseguró con una sonrisa —¿Qué pasó?

—Sentí un golpe en la cabeza, mami. Y te dolió.

—¿A mí?

—Sí, ¿no te acuerdas? Ese día papi te habló de mí.

Bien, ese sueño se estaba poniendo muy raro. Por lo pronto, Khaos le siguió la corriente al niño, a ver qué más le decía.

—¿Ah, sí? ¿Y qué pasó?

—Tú lloraste. Te dolía yo y pensé que no iba a llegar. No me podías oír, luego le quité algo a papi y lloraste más.

—¿Qué le quitaste a tu padre?

—No sé. Pero creíste que habías sido tú.

—¿Yo?

El pequeño asintió varias veces con la cabeza.

—No entendía nada. Tú llorabas y estabas asustada. No supe que papi era papi hasta después, no veo mucho aún. Te dijo algo que no entendí.

—¿Te acuerdas qué me dijo?

—No todo. Todavía no oigo bien. Pero sí me acuerdo de un pedacito… “haré lo que sea para que él y tú vivan”.

Khaos asintió, con un nudo en la garganta. El niño hablaba de hacía un mes. Se estaba valiendo del sueño para estar allí y explicarse.

—¿Dijiste que tú le quitaste algo a tu padre?

—Sí, pero no quería hacerlo. Me dolía mucho la cabeza, mami.

Ella creyó comprender qué había pasado exactamente. Y al imaginarse que semejante idea era el origen de los miedos de Yumegami, quiso llorar.

—No te preocupes —aseguró en voz baja, controlando el temblor que quería salirle por contener un sollozo —Tu padre no está enojado contigo. Dile que lo quieres y que no fue tu intención. Lo entenderá.

—Eso me dijo que te dijera a ti.

—¿Ah, sí? Pues tu padre es muy listo, ¿verdad?

El pequeño volvió a asentir con ganas, pero ahora sonreía un poco. Era la misma sonrisa fugaz e inexperta que solía mostrar Yumegami cuando una emoción intensa lo tomaba por sorpresa.

—Ya me voy —dijo el niño, mirando hacia la puerta —Papi se va a enojar si ve que vine sin permiso. O se puede asustar. Tú te asustaste cuando pedí ayuda y él vino. Lo llamabas y lo llamabas, ¿te acuerdas?

Sí se acordaba. Khaos no olvidaría fácilmente que Yumegami se había desplomado sin más, muy pálido y sudando a mares, poniéndose cada vez más frío. Se parecía a lo de la Torre Rainbow y se había imaginado lo peor.

¿Significaba que ahora mismo, ella era la que sudaba y se enfriaba?

Khaos abrió la boca para preguntar al respecto cuando Yumegami asomó la cabeza por la puerta de la habitación, frunciendo el ceño.

—Te dije que no podías entrar aún —le recordó al niño.

—Lo siento, lo siento. Quería ver a mami. Pero ya me iba.

Yumegami lo miró con atención antes de entrar a la habitación, apoyar una rodilla en el suelo y tender los brazos.

El niño primero lo dudo, pero acabó asintiendo y fue dando pasitos hasta Yumegami, quien lo abrazó de forma apretada, pero el pequeño no se quejó. Khaos imaginó que lo abrazaba como a ella, con energía pero procurando no hacerle daño.

—Ahora vuelvo —indicó Yumegami, alzando al niño e inclinando la cabeza a modo de disculpa.

Khaos quiso detenerlo, pero lo pensó mejor. Quizá este sueño no era de ella, sino de Yumegami. Uno de sus pocos sueños. Prefirió dejarlo hacer lo que quisiera, antes de lanzarse a preguntar como loca.

—Khaos. Despierta, por favor.

Oía la voz de Yumegami, pero no lo veía. Y sonaba tan…

—Khaos, por favor…

—¿Qué pasa?

Al abrir los ojos en la realidad, la joven confirmó que Yumegami estaba realmente asustado. No dejaba de acariciar sus mejillas y verla como si hubiera estado a punto de perderla.

—¿No era… un sueño tuyo? —quiso saber, hablando despacio.

—No. Le pedí al niño que no lo hiciera de nuevo, pero obviamente, aún no lo controla.

—¿Hacer qué?

—Usó sus habilidades sin darse cuenta. Se metió a tu sueño y como todavía no se recupera, se alimentaba de ti.

—Espera, ¿es en serio? El otro día… ¿Él te quitó vida? ¿No fui yo?

Yumegami asintió.

—¿Ese Aristotel se comió alguno de sus pensamientos? —al obtener otro asentimiento, Khaos se indignó —Maldito…

—Calma. Tenemos la ventaja de que Aristotel creyera que se trataba de mí, pero a estas alturas Stratus debe haber recordado que tú y yo tenemos hechizos de protección encima. Se van a preguntar qué ocurrió. Solo espero que no descubran que se trataba de nuestro niño.

—¿Pueden enterarse?

—Por nosotros quizá no, al haber firmado un contrato en el Albedrío, los hechizos de Viola–sama protegen nuestras mentes. Pero el niño…

Yumegami tanteó el abdomen de Khaos con expresión absorta.

—Oíste a Ali–sama, no podemos renegociar nuestros contratos. Y estando vigentes, no nos permitirán firmar otro.

—¿Entonces qué hacemos?

—Cuidarlo, Khaos. Enseñarle cosas. Y que sepa cuánto nos importa.

Ella asintió, llorando un poco, no sabía si por la alegría de ver una versión crecida de su futuro hijo o furiosa porque estuvo a punto de perderlo a causa de la habilidad de Aristotel. Acabó triunfando la pena, porque ver a Yumegami tan preocupado era para ella como si el sol se apagara poco a poco. Fue en ese momento que entendió que así debía sentirse él al verla mal y lo quiso mucho más.

—Los amo, Kuu. A ti y a nuestro niño. Los voy a proteger. Lo juro.

Yumegami la miró con asombro.

—¿Qué dijiste? —inquirió en un susurro.

—Que voy a protegerlos.

—No, antes de eso.

—¿Qué, que los amo?

Él asintió y acarició su cabeza con delicadeza, enredado los dedos en largos mechones de su cabello.

—No me lo habían dicho jamás —reveló, meditabundo —Se siente…

Yumegami no supo explicarlo. Era una emoción pesada, pero no incómoda. Sentía un revoloteo en el pecho, el corazón le latía tanto y tan fuerte que ignoraba cómo no se rompían sus costillas. Sentía que no podía respirar y al mismo tiempo, que no dejaría de hacerlo jamás. Sintió cosas que hasta la fecha, creía inalcanzables. Era como el más hermoso de los sueños, con la ventaja de que era suyo y no se desvanecería al abrir los ojos. Khaos estaba allí. Y él…

—Tú eres la única —dijo con voz queda, calmada, tocando el rostro de Khaos con las yemas de los dedos, cual artista admirando su escultura más grandiosa —La única persona en el mundo que me hace sentir todo esto. La única persona por quien haría cualquier cosa. La única persona con quien quisiera estar, sin importar lo que suceda. La única mujer con quien habría hecho lo que hice y que ahora me dará un hijo y…

Yumegami sentía obstruida la garganta. Nunca, mientras vivía solo después de haber escapado, había estado tan cerca de alguien. La gente no solía mirarlo y cuando lo hacían, le dedicaban muecas y se alejaban mascullando sobre padres irresponsables y los mendigos en el mundo. En aquel tiempo, no tardó en rendirse al querer integrarse a un grupo, simple y sencillamente no podía. Acababa espantando a cualquiera cuando hablaba de lo que veía y aprendía a través de los sueños. Conoció los orfanatos, quiso entrar a varios, pero desconcertaba a los empleados al no poder dar datos tan básicos como su fecha de nacimiento o la ciudad donde había nacido. Trabajó toda su vida, vendiendo lo que sabía y tratando de no caer en malos pasos. Siempre que quería animarse, rogaba por dormir y ver de nuevo a la persona que ahora tenía enfrente. En sus sueños, ella le sonreía, lo tocaba y le permitía estar cerca. Por eso lo abrumaba que en la realidad, cuando menos lo esperó, ella estaba allí.

Y había dicho que lo amaba.

Quería decirle algo que describiera con precisión lo afortunado que se sentía, el bien que le hacía escuchar aquello. Pero no sabía cómo.

—Lo sé, Kuu. Soy valiosa. También nuestro niño. Oye, ¿cómo deberíamos llamarlo? Un nombre en el idioma de Nihotto estaría bien, combinaría con tu apellido y no lo mirarían raro. Y quizá…

—Khaos… ¿También te amo?

Ella se confundió con el tono interrogativo de Yumegami. Después lo pensó mejor y al observarlo, notó que hacía un verdadero esfuerzo para expresarse correctamente. ¿Quería describir fielmente lo que sentía?

—Es que… No lo sé —indicó él, tomando sus manos —Cuando dices que me amas, ¿qué sientes? Yo… quizá ya lo siento y no lo sé. Necesito saberlo. Quiero… Me hiciste feliz al decirme eso. Quiero hacer lo mismo por ti.

Khaos apenas podía contener una sonrisa por semejante ingenuidad.

—Pero todo lo que me has dicho y hecho… Es lo mismo que siento yo, Kuu. Quizá yo no sea tan valiente, ni tan lista, pero…

—Bien —él inclinó la cabeza y apoyó su frente en la de Khaos, con una mano en su largo cabello —Entonces lo diré. Quiero que lo oigas. Yo…

Un furioso estruendo los sobresaltó.

—¿Eso qué fue? —inquirió Khaos en un susurro.

—Quédate aquí.

Yumegami se levantó de la cama y dejó el dormitorio a toda carrera. Khaos se sentó, abrazándose las piernas.

—Basta de huir, Kuu. Vas a venir conmigo y a explicar cómo esquivas todas mis sondas. Porque el hechizo de protección es reciente, ¿verdad?

Stratus. A Khaos se le helaba la sangre de solo pensar en verlo y peor era saber que Yumegami estaba a solas con él. Quiso levantarse e ir a hacerle frente al tipo, pero se contuvo a tiempo.

Su niño. Si Aristotel estaba con Stratus, se daría cuenta que la última vez se había comido el pensamiento de alguien que no era Yumegami. Se abrazó las piernas de nuevo, mordiéndose el labio inferior.

—Vas a estar bien, bebé —le susurró a su hijo no nacido, esperando que no la oyeran —Papá se hará cargo. Mamá te cuidará también.

En respuesta, un calorcillo recorrió sus dedos y quiso creer que su niño le daba un voto de confianza.

-&-

Esta vez, Yumegami quería dar a entender que estaba harto de escapar y que intentaría seguir con su vida como mejor le placiera.

—No tengo por qué darte explicaciones. Igualmente no tengo por qué acompañarte. Soy libre, ¿lo olvidas?

A Stratus se le agotaba la paciencia. Pensaba que capturar al hipnófago sería pan comido. Hasta la fecha, ningún Proyecto se le iba de las manos una vez que lo tenía en la mira. Por eso, cuando el hipnófago comenzó con esos actos de desaparición, se quedó intrigado. Informó a sus superiores de la situación y ellos le asignaron compañeros. Arcadia Noctelumen fue la primera, pero ella no podía ir siempre con él, tenía una vida ordinaria qué sostener. Así que Letheo Aristotel fue el tercero del equipo, el que podía acompañarlo incluso en horarios inadecuados o a sitios restringidos. Ambos eran Proyectos y nadie los echaría en falta.

Ahora le daba rabia no solo la pretensión de Yumegami de ser normal, sino que de alguna forma, lo conseguía. Sus compañeros y él habían sondeado la universidad y descubrieron que el hipnófago era apreciado. No destacaba por su aspecto; con tantos humanos excéntricos y monstruos antropomorfos en el campus, que apenas se distinguían entre sí.

Ah, eso le recordaba algo que podría ser buena idea.

—¿Y la chica a la que siempre defiendes? ¿Supo lo que eras y salió corriendo? ¿O acaso…?

Stratus dejó la insinuación inconclusa, esperando que Yumegami diera muestras de algún sentimiento, pero falló, pues solo obtuvo una ceja arqueada, como si quisiera saber de qué estaba hablando.

—He estado investigando al respecto. Hay alguien en nuestros archivos con las características de tu chica, pero al ser clasificada como Fracaso, se supone que fue destruida. Mis jefes no pudieron darme nada para rastrearla, así que dime, ¿quién es, para que te importe tanto?

Yumegami negó con la cabeza.

—Por mí no lo sabrás —sentenció, firme.

—No estás en posición de negociar, Kuu.

—Quizá. Pero toma en cuenta que escapé de ti cuando otros de los nuestros no pudieron hacerlo. Por cierto, ¿por qué tanto interés en que me recuperes? ¿Acaso fui catalogado como Éxito y no me enteré?

Stratus soltó una carcajada baja, sarcástica, pero a Yumegami no se le escapó que también sonaba amarga, incluso cruel.

—Kuu, muchacho, pensé que ya lo sabías. No nos molestamos en recuperar Proyectos si no fueran útiles.

Yumegami frunció el ceño. Aquello no tenía sentido. Alí Arafat, el Revelador, había sido considerado Fracaso y sin embargo, atacaron la Universidad Pública de Hidracalia para recuperarlo. ¿Qué estaba pasando?

—¿Y por qué me querías cambiar por el Revelador la última vez? Él es un Fracaso, ¿no?

—Deberías preguntarle a tus jefes si es verídica esa información. Yo la obtengo de fuentes más confiables. Y eso me recuerda… ¿te importaría que nos lleváramos a la biófaga, ya que estamos aquí? A uno de mis jefes le encanta la idea de conocerla, no sé si me entiendas.

Por primera vez, Yumegami creyó sentir lo que eran la indignación y la ira. Se lo había prometido a Khaos, que nunca más la lastimarían. Y pensaba cumplirlo a como diera lugar.

—¿Quieres oír algo curioso? Lo que me informaron es que la biófaga debía ser tu “contraparte”, ¿sabes lo que eso significa? Seguro que sí, por lo visto los sueños te enseñan muchas cosas…

Yumegami bufó. Eso era algo que no tenía contemplado.

—Así que digamos que nos has ahorrado trabajo. Hiciste exactamente lo que se esperaba. Eso mata dos pájaros de un tiro.

Quizá para los jefes de Stratus fuera así, pero Yumegami no pensaba darles el gusto. Se concentró en relajar la mente para conseguir algo que no hacía a menudo, debido a las consecuencias. Esperaba que Stratus no tuviera hechizos de protección encima, o si no perdería energía en vano.

Para cuando el proceso comenzó, pudo darse cuenta que no era el único al que debía enfrentar.

El problema era que la segunda persona estaba fuera de su alcance.

-&-

—Hola, guapa.

Khaos dio un respingo. Miró a su alrededor con rapidez, para luego percibir algo a su izquierda, junto a la puerta. Entrecerró los ojos, suspicaz, para luego volver a escuchar aquella voz.

—¿Quieres ir a dar un paseo? Aunque puede que no regreses.

La chica se alejó instintivamente de la voz, alcanzando la orilla de la cama con una mano. Bajó un pie al suelo, cautelosa, sin dejar de vigilar el punto de donde venía la voz y la sensación extraña.

Ese algo se movió y sus ojos lo siguieron como si de verdad pudiera verlo. Aquel ser se detuvo estando a un par de metros de ella.

—¿Me estás mirando? —quiso saber la voz, mordaz —No creo. Nosotros también tenemos buenos hechiceros. Anda, ven a pasear, te gustará.

—Lo dudo —masculló Khaos, bajando el otro pie de la cama y adoptando una postura defensiva —¿Qué te pasó, Aristotel?

Al pronunciar el apellido, su dueño apareció repentinamente.

—¿Qué demonios hiciste? —vociferó el tipo, con expresión fiera —Ahora vendrás conmigo, muñequita de porcelana. Uno de mis jefes está ansioso por conocerte. ¿Quién diría que serías la biófaga?

Khaos procuró no encogerse de miedo. ¿Cómo diablos se había enterado lo que ella era? Y lo otro que había dicho… No, no quería imaginar la forma en que ese jefe quería conocerla.

—¿Cómo supiste lo que era yo? —inquirió.

—No fue sencillo. Reportamos lo que pasó la última vez, pero porque queríamos saber qué hacía el hijo de Stoker protegiendo Proyectos. Todo salió al dar tu descripción. No hay muchos monstruos que la tengan. Menos cuando se supone que la biófaga fue un Fracaso destruido hace años.

La joven tragó saliva. Sí, casi se muere cuando el laboratorio donde la tenían se incendió. Casi. Pensó con rapidez y decidió que debía atrasar el enfrentamiento con Aristotel lo más que pudiera, así como evitar que usara su habilidad.

—El señor Stoker, el padre de Beltane… ¿Era un Desertor, no?

Esa idea rondaba la cabeza de Khaos desde que notó el parecido entre el hombre que la buscaba en su pesadilla y Stoker. Además, eso de que las llamas lo dejaran pasar no dejaba lugar a dudas sobre su especie.

—¿Quién, Fatuo? ¡Claro! —Aristotel se echó a reír con tal fuerza, que Khaos imaginó que ya no tenía que pedir ayuda: Yumegami se daría cuenta de qué ocurría y vendría enseguida —Ese hombre cumple con todo lo que se le ordena. Por lo visto, está atado por un contrato afianzado por un hechicero. Y seguro eso a su hijo le encanta, no se han visto en años.

Khaos sintió pena por Stoker. Ella solo podía imaginar qué se sentiría tener un padre y al mismo tiempo, carecer de su presencia.

—Ah, ¿eres amiga del hijo de Fatuo? Me sorprende, precisamente Fatuo tenía orden de matarte. Claro, no se lo pidieron así, su contrato le impide asesinar… Muy listo, el tipo.

Eso llamó la atención de Khaos, pero decidió meditarlo después.

—Pero eso no importa ahora. Vas a acompañarme. Y cuando mi jefe termine contigo, sigo yo.

Aristotel dijo eso con una mirada ávida que causaba pavor. Si Khaos pudo conservar la calma fue por su determinación a cumplir sus promesas.

—Olvídalo. No pienso ir a ninguna parte.

—No te lo estoy preguntando. Aunque podrías aclararme de quién era el pensamiento que tomé hace una semana. Se parece a los del hipnófago, pero tiene algo más… Tuve que tirarlo porque casi me mata.

Bien, pensó Khaos con ironía. Justo lo que no quería que pasara, que ese idiota de Aristotel indagara ese asunto en particular.

—¿Acaso uniste fuerzas con el hipnófago para darme esa porquería? —siguió interrogando Aristotel, dando un paso hacia Khaos, lo que ocasionó que ella retrocediera —No es sensato que me hagan comer esas cosas. Como lo del hijo de Fatuo, era un sonsonete insoportable, “Soy Beltane Stoker, soy Beltane Stoker”. Lo repetía una y otra vez. ¿Por qué? No lo sé.

Avanzó otro paso, alzando las manos con los dedos curvados. Recordaban a garras de ave de rapiña. Khaos se movió unos milímetros, acomodando su postura, preparada para soltar el primer golpe.

Pero de pronto, Aristotel cayó pesadamente, como un títere al que le hubieran cortado los hilos. Se le veían los ojos en blanco y una mueca de infinito terror. Por si las dudas, Khaos se quedó en su sitio.

A los pocos segundos, oyó alboroto en el pasillo. Unos cuantos golpes y tres o cuatro exclamaciones ahogadas antes que el silencio reinara de nuevo. La joven quiso llamar a Yumegami, pero prefirió no hacerlo. Si él estaba bien, vendría a buscarla. Si no…

—¿Áphatos?

Era la voz de Yumegami. Ella casi suspiró de alivio. Casi, porque no tardó en darse cuenta de la incoherencia y se quedó callada.

—Tenemos el camino libre, hay que irnos.

Khaos negó con la cabeza y subió a la cama, usándola para llegar a la puerta de la habitación sin tener que pasar cerca de Aristotel.

Cuando estiraba la mano hacia el picaporte, los ruidos de golpes se reanudaron en el pasillo. La muchacha se giró, apoyando la espalda en la puerta, porque no era sensato dejar de vigilar al enemigo aunque estuviera fuera de combate. Por suerte, Aristotel seguía inconsciente.

—¿Tienes más vidas que un gato o en realidad eres hematófago? —se burló Stratus con voz fastidiada —Creí que te habías suicidado con…

Un fuerte golpe detuvo la frase de Stratus. A continuación, hubo un pequeño estrépito y alguien avanzaba a tropezones hacia la puerta.

—¿Khaos?

Otra vez la voz de Yumegami. Esta vez, la joven aguardó un poco más.

—¿Estás bien? Detecté a Aristotel adentro, por suerte no trae hechizos de protección y pude… Digamos que lo ataqué. ¿Puedo pasar?

Ella se arriesgó a abrir la puerta y mirar por una rendija. Yumegami estaba allí, pálido y despeinado, con el ojo izquierdo empezando a hincharse y con el brazo derecho se sujetaba el izquierdo, a la altura del codo. Un hilillo de sangre escurría por la comisura de su boca.

—¿Qué pasó? —inqurió, abriendo completamente la puerta.

—No hay tiempo para explicarlo. Si estos dos nos encontraron aquí, cualquiera puede hacerlo. Tienes que ir al Albedrío y…

—No.

Yumegami la observó con cara de no entender nada.

—Nos iremos los dos. Tiene que verte un doctor. Seguro Ryoko o su esposo nos ayudan. ¿Piensas que te voy a dejar solo, así como estás?

—Khaos, eso no…

—¡Nada! Vámonos ahora, antes que Aristotel despierte. ¿Qué hiciste con Stratus? Hace un momento creí…

—Tener una parte eogénita le da a Stratus la facultad de “jugar” con los sonidos —afirmó Yumegami, frío —Si nos iremos los dos, necesitamos algunas cosas. Ve por lo indispensable, yo vigilaré.

A Khaos no le agradaba mucho la idea de separarse de Yumegami, pero hizo lo que le pidió. Esquivó de nuevo a Aristotel caminando sobre la cama y fue a llenar la vieja mochila con la que iba a clases: puso en ella ropa, libros y la cajita donde guardaba sus ahorros. Repasó la habitación con la mirada antes de dar media vuelta y disponerse a salir.

Sin embargo, algo le dio un brusco tirón desde el extremo de su pierna derecha. Al agachar la vista, abrió los ojos con espanto.

Aristotel acababa de reaccionar y se aferraba a su talón.

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Re:Rilato [13/¿?]
« Respuesta #49 en: Enero 30, 2012, 08:43:14 am »
Ok, esto empieza a ser  demasiado intenso... meteme en la historia para q le patte la cabeza a ese tipo... ¬¬


Ha sido más larga q el resto de partes o solo me lo ha parecido a mi?? En cualquier caso ha sido intensa y no e perdido el hilo en ningún momento... ¡Espero la siguiente! n_n



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Re:Rilato [13/¿?]
« Respuesta #50 en: Febrero 02, 2012, 06:06:12 pm »
wow. no entro durante un tiempo y me encuentro con 7 (o son 8?) capítulos mas!! yumegami y khaos juntos?  khaos embarazada??
realmente bells estoy super absorta por la historia, algo que me encanta son los nombres de los personajes, tan originales! y otra cosa que me encanta es lo que escribes al principio del capi.
me encanta el personaje de stoker! ya que khaos y yumegami son mas serios encaja muy bien como su amigo, con eso de parlanchin jajaja
pero hay algo sobre lo que todavía me queda duda, aun no has dicho sobre que consiste el contrato de yumegami verdad? y me muero por saber en que consisten los dones del niño!
espero con ansias el siguente!


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Re:Rilato [13/¿?]
« Respuesta #51 en: Febrero 02, 2012, 11:25:11 pm »
Bueno, démosle a Misaki la oportunidad de ponerse al corriente y asimilar toooodo lo que se ha perdido de Rilato. Los nombres de los personajes... Si te regresas unos post, podrás ver parte de la explicación que di como ejemplo de cómo los elijo. Lo que escribo al principio de cada capítulo (las tres líneas centradas y en cursiva) surgió como una introducción algo rara para el primero (Albedrío) y después decidí implantarlo en todos. ¿Y me creerás que Stoker iba a ser un malo? Por eso su apellido es el mismo que el del autor de Drácula; al final hubo algo que me dijo que sería mejor ponerlo de amigo de Khaos y Yumegami y así lo lees ahora. Sobre lo último: no, el contrato de Yumegami todavía no ha sido revelado (creo que se sabrá de qué trata hasta mucho después) y el niño ya tiene un poco definidos sus dones... en mi cabeza y en futuros capítulos, claro.

Tifa-sama, no será necesario meterte a la historia para patear a Aristotel. Espera al próximo capítulo para enterarte. Por otro lado, me alegra que ya no pierdas el hilo. Sé que en ocasiones puedo complicar demasiado las cosas. Más en esta clase de historias donde pongo un montón de intrigas y las soluciones a veces generan más preguntas.

La historia, en este punto, se vuelve un tanto peculiar. Eso se los advierto. Pero siendo yo, me importa un comino (Bell se ríe a carcajadas). Lo único que espero es que les siga gustando tanto leer la historia como a mí me divierte escribirla.

El título del próximo capítulo (para así aligerar la espera): Novedad.

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Re:Rilato [13/¿?]
« Respuesta #52 en: Marzo 12, 2012, 07:15:11 pm »
Estoy impaciente por ver como sigue *o* (pero no presino eh! solo comento^^) Por cierto, no te has planteado modificarlo todo en un mismo tema para q todos los capítulos estén juntos y sean más fáciles de leer???
La capacidad de imaginar es el mayor recurso del ser humano.


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Re:Rilato [14/¿?]
« Respuesta #53 en: Marzo 19, 2012, 12:44:31 pm »
014: Novedad.
(Abierto)


Niega, no deben saberlo…
Navega, es un río de pensamientos…
Necesita, te deben el cumplir tu ruego…
[/i][/b]

Yumegami examinó con la mirada la sala del departamento, repasando mentalmente lo que necesitaba hacer.

Por un lado, no tenía muchas pertenencias. Casi todas se hallaban en el maletín que usaba para ir a la universidad y en una maleta deportiva en la que guardaba su ropa. Lo único que tenía que hacer era asegurarse que no dejar nada fuera de ellas y…

—¡Kuu!

El nombrado giró sobre sus talones y echó a correr a una velocidad pasmosa. No tardó ni tres segundos en llegar al dormitorio, donde Khaos trataba de librar su talón de la mano de Aristotel.

—Quítasela de encima —ordenó, pero Khaos no comprendía a quién le hablaba —¡Puedes hacerlo, Khronos!

En ese momento, Khaos sintió que el trozo de su piel que Aristotel tocaba se calentaba en exceso. El psicófago pareció notarlo también, porque la soltó enseguida, mirándose la mano.

—¿Qué me hiciste, maldita? —espetó, alzando los ojos hacia Khaos.

—Vámonos —Yumegami sujetó a Khaos por un brazo, arrastrándola con él —Y tú —miró a Aristotel con ojos helados —quiero que les digas a tus jefes que nos dejen en paz o les irá peor que hoy, ¿está claro?

El muchacho no esperó a recibir una respuesta. Dio un puntapié a la cabeza de Aristotel, quien soltó un alarido antes de quedarse sin sentido en el suelo. Luego, Yumegami se llevó a Khaos con él, apenas acordándose que antes debía recoger sus propias cosas de una esquina de la habitación. Al llegar a la sala, Khaos se sorprendió al ver que su mesa de centro estaba hecha pedazos. Las paredes estaban llenas de abolladuras y quemaduras curiosas.

—¿Todo lo hizo Stratus?

—No. Una parte es mi culpa. Espero no haberlo matado…

—¿A Stratus?

—Tengo demasiada fuerza física, ignoro el por qué. Debo contenerme demasiado con todo lo que hago.

Khaos parpadeó repetidamente, atónita. Eso debía explicar que él la tratara siempre como algo frágil, cuando no siempre era necesario. Ya había tenido antes la sensación de que Yumegami se movía con mesura, casi con miedo, pero enterarse que probablemente sí se asustaba con algo tan simple como tocarla…

—¿Por qué no me lo habías dicho?

—No lo sé. No creí que tendría la necesidad de mostrarte algo así.

—¿De qué hablas?

Yumegami no contestó. Se concentró en acomodarse la correa del maletín de forma cruzada, apoyada en su hombro derecho, a la vez que con la mano de ese lado cargaba la maleta. El brazo izquierdo quedó entonces colgando de forma floja a su costado.

—¿Tu brazo está bien? —inquirió ella, preocupada.

—Es probable que me haya fracturado. Apenas puedo mover los dedos. Si no hago un movimiento brusco, lo soportaré hasta que lo enyesen.

—¿Y lo dices tan campante?

—No es la primera vez que me pasa. No gano nada lamentándome.

Pese a que las palabras podían sonar despectivas o sarcásticas, Yumegami no hacía más que declarar los hechos. Ahora Khaos lo conocía lo suficiente como para saber eso. Así que en lugar de ofenderse, aferró sus cosas y lo siguió fuera del departamento.

Lamentaría no poder volver, pero había otras cosas en qué pensar.

-&-

—Esto se está saliendo de control.

Alí Arafat era pacífico. Eso lo deducían todos al verlo por primera vez y lo confirmaban conforme lo iban conociendo. Sin embargo, su esposa y sus mejores amigos sabían que no era recomendable agredir lo que Alí defendía o amaba, porque se toparían con un humano difícil de tratar. Y no precisamente por lo que era en realidad.

Khaos y Yumegami llegaron al Albedrío a mediodía, pues él insistió en dar un par de vueltas en lugares llenos de gente, para despistar. A ella no le pareció correcto, más con los empujones que ponían a su compañero mucho más pálido, pero no se atrevía a contradecirlo.

Poco después, pudieron sentarse en la sala principal y mientras Khaos narraba lo ocurrido lo mejor que podía, Yumegami era examinado exhaustivamente por el matrimonio Cisneros Akai, llamado por una Viola que, a juzgar por sus cejas fruncidas, estaba iracunda.

—Necesitamos saber algunos detalles antes de preparar un plan de acción —declaró Alí, para sorpresa de Khaos. Normalmente quien hablaba de esas cosas era Viola —Kuu, ¿cómo supieron que Khaos y tú vivían allí?

Yumegami arrugó la frente, reflexionando.

—Una sonda de Stratus ya había entrado al departamento —comenzó —Quizá algo le pareció sospechoso aquella vez y ha vigilado el sitio desde entonces. Lo siento, Alí–sama, debí haberlo previsto.
Alí negó con la cabeza.

—Quizá tengas razón, pero no me suena del todo lógico. Es decir, si Stratus confirmó que estabas allí antes, ¿por qué atacar hasta ahora?

—Aristotel dijo… Él dijo que casi se come un pensamiento extraño —Khaos jugueteaba con sus dedos sobre el regazo, deseando no estar tan nerviosa —Pero que tuvo que tirarlo porque casi lo mata…

—¿Tiró un pensamiento? Eso sí que es raro —intervino Ryoko, con sus manos quietas por un segundo en el yeso que ella y su marido le colocaban a Yumegami —Según nuestras investigaciones, en teoría eso no debería ser posible. Además, ¿qué pensamiento puede matar a la gente?

—Teóricamente, los pensamientos causados por depresión y malos ratos podrían llevar a conductas autodestructivas —recitó Yumegami, apagado —Los he visto en las pesadillas. Si comes eso, enfermas. Es simple.

—Simple para ti, Dreamo —advirtió Benjamín Cisneros, que recién terminaba con el yeso —Nosotros no somos expertos en ese campo.

—¿De quién era ese pensamiento que Aristotel no se pudo comer?

Ante la pregunta de Viola, Khaos se ruborizó. Yumegami contestó.

—Era de Khronos.

—No, era de… —Khaos agitó la cabeza de un lado a otro, para luego detenerse y mirar a Yumegami de hito en hito —¿Lo llamaste Khronos?

—Me pareció adecuado. Y combina contigo.

—¿Quién es Khronos? —quiso saber Benjamín Cisneros.

—Es nuestro niño.

Yumegami había afirmado aquello lo más firme que pudo, porque de pronto se había sentido mareado. Claro, ya se había tardado…

—¡Ah, sí! Ryoko me lo había dicho. Me alegro por ti, Dreamo.

—Gracias, Ben–sensei.

El aludido dio un ligero respingo, pero casi enseguida sonrió. Con ese gesto, Khaos notó el parecido que tenía el médico con su hijo.

—¿Cómo se te ocurrió la genial idea de llamarlo así? —quiso saber Ryoko, componiendo un mohín bastante curioso.

—Se parece a Khaos, Ryoko–sama.

—Eso no puedes saberlo. El bebé no tiene ni dos meses de vida. Por cierto, que tampoco podrían saber que es un niño, no todavía.

Tanto Khaos como Yumegami se miraron. Al narrar su encuentro con Stratus y Aristotel, ella había omitido lo vivido poco antes.

—Por lo general, la gente en sueños se ve igual a como es en la realidad —inició Yumegami, con aspecto de ser un profesor dando una clase particularmente importante —O al menos se muestra como se ven a sí mismas. Khronos ya usa habilidades, Ryoko–sama. Lo hemos visto.

Eso desconcertó notoriamente a todos los presentes.

—Eso es increíble —musitó Ryoko.

—Extraño —atinó a decir Alí.

—Problemático —soltó Viola, causando otro desconcierto —Si eso es cierto, allí está el problema. El bebé es como Kuu, pero también como Khaos, así que los radares de esos tipos se confunden. Y ya dedujeron que yendo tras ese ser no identificado, irán tras el hipnófago y la biófaga —suspiró —Kuu, revisaré tu contrato.

Una exclamación ahogada surgió de Ryoko.

—Viola, ¡jamás renegociamos! —indicó la hematófaga, pasmada.

—Lo sé, pero quizá tengamos que hacer una excepción. Sé que las consecuencias serán un poco fastidiosas…

—¿Fastidiosas? ¡Te privarías de habilidades de rango Gamma y Delta al menos por una semana, si no es que más!

Viola se encogió de hombros. Por lo visto, no le importaba en lo más mínimo dejar de hacer unas cuantas cosas como hechicera.

—Viola–sama, ¿y si no es necesario renegociar? —sugirió Yumegami con cautela —Si revisáramos juntos el contrato, podría indicarle…

Tragó en seco. Otra vez se estaba mareando. Iba a sacudir la cabeza para librarse del aturdimiento, pero lo evitó para no empeorar las cosas.

—Podría indicarle lo que yo creo que cubre ahora —concluyó.

—¿Qué hiciste, Kuu?

La pregunta venía de Alí. Sonaba acusadora y alarmada a un tiempo.

—Seguí su recomendación, Alí–sama, hice que…

—No me refiero al contrato. ¿Qué hiciste para detener a Aristotel? Porque supongo que por eso, Stratus te dejó así.

Alí señaló con un rápido gesto el brazo enyesado. Viola, creyendo saber de qué hablaba su marido, miró a Ryoko.

—Llama a la doctora de Tsuji —pidió.

La hematófaga abrió sus rasgados ojos todo lo que podía, antes de asentir a toda carrera y buscar su celular en los bolsillos de su bata blanca. Su esposo, en tanto, arqueaba una ceja.

—¿La doctora de Tsuji? ¿La psiquiatra? —inquirió.

—Exacto, Benjamín. Necesitamos sus talentos —contestó Viola.

—Tú sabes lo que haces. ¿Ella qué les debe?

—Un número de consultas igual a los días de dos años.

—Son muchas. Y supongo que no puedo preguntar por lo que contrató.

Viola asintió.

—¿Quién es esa doctora de Tsuji? —quiso saber Khaos.

Para su sorpresa, Alí sonrió con ironía, pero Yumegami contestó.

—Es alguien a quien Vittorio no querrá ver. Es una hipnoandante.

-&-

Al principio, Khaos creyó ver doble. Las mujeres recién llegadas eran tan parecidas que solo podían ser gemelas. Sin embargo, cuando se acostumbró a tenerlas enfrente, descubrió innegables diferencias.
Una de las mujeres, la de semblante más serio, tenía el cabello castaño rojizo muy corto. Su ropa consistía en un traje sastre azul y una bata blanca. Algo en ella hacía que a primera vista, se pensara en un chico guapo y no en una mujer que se mostraba fuerte y decidida.

La otra mujer, por el contrario, sujetaba su cabello en la nuca, formando dos largas coletas de color castaño más marrón que rojizo, con las puntas rizadas. Llevaba puesto un vestido verde sencillo pero de apariencia costosa, en conjunto con un delantal blanco con uno de los bolsillos cargado con algo que parecían florecillas azules. Ella daba la imagen de ser una persona acostumbrada a actuar con elegancia y firmeza, además que sus facciones revelaban cierta terquedad.

Por último, y siendo el detalle más obvio, ambas mujeres poseían ojos de colores dispares. La que vestía de azul tenía el ojo izquierdo rojo y el derecho, verde. Los ojos de la del vestido verde eran de los mismos colores, pero a la inversa.

—Les presento a la doctora Souseiseki de Tsuji —Viola señaló a la mujer de cabello corto con una vaga sonrisa —La señora Suiseiseki de Yamamoto quiso venir con ella para ayudarnos.

—Uy, no lo rogué precisamente, pero me interesó mucho —comentó la mujer del vestido verde, sonriendo un poco.

—Sin contar con que también tienes un contrato vigente que quieres pagar lo más pronto posible —añadió la doctora de Tsuji con seriedad —Dime, Viola, ¿quién es el paciente?

—Allí, el joven del brazo enyesado.

La doctora de Tsuji miró a Yumegami, siendo imitada al instante por la señora de Yamamoto. A la vez, ambas arquearon la ceja que se hallaba sobre su respectivo ojo verde.

—¿No te hemos visto en alguna parte? —quiso saber la doctora.

—Es probable. Tengo algo de hipnoandante.

—Uy, tal vez sea como Hisui —apuntó la señora de Yamamoto.

—No, Hisui salió más a su padre. Yo diría que se parece a Yuri.

La señora de Yamamoto agitó la cabeza, poco convencida.

—Ambos tienen algo de hipnoandantes —intervino Yumegami.

—¿Los conoces? —quiso saber la doctora de Tsuji, perspicaz.

—Nos hemos encontrado. A los dos les gusta ser como son. Y, de Tsuji–sensei, Hisui me pidió que le avisara que habrá tornados en su convención del mes entrante.

—¿La que será en Arkansozz? —la doctora se mostró impresionada.

—Uy, ¿lo ves? Hisui es bueno.

—Hisui no lo vio, de Yamamoto–san. Lo vi yo.

Las dos mujeres se quedaron sorprendidas y si uno se fijaba bien, sus expresiones eran simétricas. Khaos se habría reído si no hubiera obtenido, de repente, una respuesta que ya no esperaba.

Yumegami sí veía el futuro en sueños. Al menos de vez en cuando.

—En realidad, lo vio una hipnopredictora de Mayabzil, yo andaba por allí cuando lo soñó y no le importó que le pasara el dato.

—Uy, ¿hay hipnopredictores todavía? Eso es interesante —comentó la señora de Yamamoto, sonriente.

—Sí, claro, lo discutiremos luego —atajó la doctora de Tsuji —Ahora, ¿me podrías decir tu nombre, jovencito? Para saber cómo llamarte.

—Soy Kuu Yumegami, de Tsuji–sensei.

—¡Sabía que lo había visto! —soltó entonces la señora de Yamamoto, de pronto, exasperada —Se coló al sueño que estaba vigilando hace un par de años, ese que no dejaba dormir a Yuri, ¿te acuerdas?

—Sí, estuve contigo en esa ocasión. Y no sé de qué te quejas, si después que este muchacho habló con Yuri, ella pudo dormir.

—En realidad…

Yumegami quiso hablar, probablemente para explicar qué había pasado aquella vez, pero el simple hecho de pensar hacía que su cabeza se llenara de punzadas. No pudo contener una mueca.

—A ver, ¿qué eres exactamente? Quizá el usar esa parte tuya de hipnoandante no te hizo bien.

La intención de la doctora de Tsuji era profesional, pero Yumegami frunció el ceño igual. Afortunadamente, Alí intervino.

—Es como yo, Souseiseki. Lo llamaron hipnófago.

La aludida y su gemela volvieron a mirarse, esta vez con temor.

—Hacerle eso a un ser vivo… ¡Uy, quisiera darles una paliza! —dejó escapar la señora de Yamamoto, indignada —No sé por qué me sorprende. Con lo valiosos que son algunos sueños…

—Eso no nos da mucho con qué trabajar —apuntó la doctora de Tsuji al ir hacia donde Yumegami estaba sentado. Ocupó el sitio libre a la izquierda del muchacho —No te preocupes, sondearé rápidamente tu sueño para saber la causa del problema —colocó una mano en la frente de él, con la delicadeza y facilidad que daban la práctica —Trata de relajarte y…

Yumegami asintió, aunque algo en sus ademanes le resultó extraño a Khaos. Como si se tratara de otra persona.

—¿Kuu? —llamó en un susurro.

—Hola, biófaga. Ha pasado tiempo.

La doctora de Tsuji arrugó la frente enseguida, llamando a su gemela con la mirada. La señora de Yamamoto, con pasos apresurados, rodeó el sillón donde se hallaban Khaos, Yumegami y su hermana, para presionar las sienes del chico con ímpetu.

—¿Quién se supone que eres? —inquirió la doctora de Tsuji, firme.

—Déjame en paz, hipnoandante. He esperado esto mucho tiempo. Me sorprende que Kuu tardara tanto en llamar pesadillas.

Las gemelas se vieron una a la otra, auténticamente asustadas.

—¿De quién eres? —preguntó entonces la señora de Yamamoto.

—No soy una pesadilla, si a eso te refieres. Aguardaba. Es difícil seguirle el rastro a este chico, a menos que hayas hecho contacto con él. Fue un golpe de suerte que entrara a uno de mis sueños. Lo retuve el tiempo suficiente como para memorizar su rastro.

La voz era la de Yumegami, sí, pero sonaba decidida, fría, incluso malévola. Khaos no pudo evitar apartarse, pero los ojos de Yumegami se fijaron en ella y confirmó así que quien hablaba no era el joven.

Aquellos ojos se habían convertido en témpanos de hielo.

—Interesante lo que ha hecho este muchacho para mantenerte viva —comentó aquel ser, intentando alcanzar a Khaos con una mano, pero hizo muecas de dolor cuando las gemelas hipnoandantes hicieron presión con sus respectivos toques —Creí que era un Fracaso rotundo. Sin embargo, dio muestras de utilidad y pensábamos quedárnoslo. Lástima que usó sin querer ese curioso don suyo con las pesadillas y se volvió loco.

La mano de Yumegami volvió a estirarse hacia Khaos, y con pavor, ella notó que iba a alcanzarla. Sin embargo, la mano se detuvo a unos centímetros de su rostro, con el gesto que haría alguien al tocar algo punzante o caliente.

—Muy listo, Kuu, muy listo —musitó el ser, irónico —Me sorprende que quieras proteger tanto a tu Contraparte. Creí que la odiabas.

—¿Por qué usar a Kuu Yumegami para hablarnos? —quiso saber Viola, dando un par de pasos hacia el sillón y aspecto decidido.

—¡Ah, la encantadora señora de Arafat! —los gélidos ojos se posaron en la hechicera —Es la única forma en que puedo hacerlo. Su pequeño negocio tiene tantas defensas encima que no puedo entrar por las buenas. Si se daba la oportunidad, aprovecharía el momento de debilidad de Kuu para hacerlo, lo que he logrado. Y Kuu es mío, tengo derecho a usarlo.

El tono de voz que impregnaba las últimas palabras era posesivo, repugnante, algo con lo que Khaos no podía lidiar. Sin darse cuenta apenas, regresó poco a poco a su posición.

—Él no es de nadie —apuntó entonces Alí, colocándose a la derecha de su esposa, con los puños apretados y tratando de mostrar su usual serenidad —¿Qué te hace pensar lo contrario?

—Vaya, vaya… El Revelador se ha revelado —soltó el ser, mordaz, clavando los ojos de Yumegami en Alí de forma amenazante —Siempre fuiste un rebelde, ¿no? Lamento que te des aires de normalidad, es obvio que no te quedan. Lo mismo va para Kuu, Khaos y todos aquellos a los que has ayudado. Déjalo ya, Alí. No podrás ganar tu cruzada.

El mencionado hizo una mueca.

—Voy a recuperar a todos mis Proyectos —afirmó aquel ser, forzando los labios de Yumegami a curvarse en una sonrisa maligna —Y Kuu me acabará ayudando, ya lo verán. Incluso me entregará a su Contraparte en charola de plata, con tal de salvarse.

—Entonces no conoces a Kuu —espetó Khaos, apretando los dientes y sujetando fuertemente la mano de Yumegami que tenía más cerca.

Voy por ti, no por Kuu. Voy por ti, no por Kuu…

—Ganarás un asalto, pero no la partida —se burló el ser, sin dejar de observar a Khaos, hasta que un rictus de incredulidad desfiguró el rostro de Yumegami —¿Cómo es posible…?

—¿Quién eres? Dímelo ahora o morirás. Sabes que puedo hacerlo.

Khaos quería librar a Yumegami de aquello, pero pensó que antes debía intentar obtener algo de información. El ser que posesionaba al chico dejó escapar una maldición por lo bajo.

—No me conviene que mates también a Kuu. Te daré una pista: este muchacho me conoció en sus pesadillas, aunque no me vio. Y te lo contó.

A continuación, los ojos de Yumegami se cerraron, las gemelas aflojaron sus agarres y Khaos dejó de usar su habilidad con gran esfuerzo, antes de sentir un apretón en la mano.

—¿Khaos? ¿Estás bien?

Alrededor de Yumegami se dejó oír un bajo suspiro colectivo.

El muchacho estaba de vuelta.

-&-

Cuando Yumegami fue instalado en una de las habitaciones de huéspedes del Albedrío, Alí desató su ira sobre él. Era digno de ver cómo Ryoko contenía a su marido para que no interviniera y la forma en que Viola se mantenía sabiamente al margen.

Evidentemente, ambas mujeres sabían que tratar de apaciguar a Alí sería una causa perdida, al menos de momento.

—¿Me puedes explicar por qué creíste conveniente hacer semejante cosa? ¡Llamar pesadillas! Ningún monstruo antropomorfo con habilidades de los sueños se mete con las pesadillas. ¡Pregúntales!

Alí señaló a la doctora de Tsuji y a la señora de Yamamoto, quienes se hallaban sentadas una a cada lado de la cama de Yumegami, tomándole las manos y concentradas en lo que sea que estuvieran haciendo.

—¿Qué es eso de… “llamar pesadillas”? —inquirió Khaos con timidez.

Al girarse hacia ella, Alí inhaló profundamente, signo de que no iba a desquitarse con la joven al contestarle.

—Se le considera una habilidad tabú entre los que tienen poder sobre los sueños. Básicamente convocas a las pesadillas como si fueras a comértelas. Si lo haces sin tocar a la víctima o sin estar en uno de sus sueños, las pesadillas se quedan en la mente de quien las tuvo, convirtiéndose en alucinaciones. Y bueno, el daño que causa hacer eso depende de las pesadillas que se llamaron. Ya me imagino las que han de tener Stratus y Aristotel.

Alí regresó su vista a Yumegami, quien le sostuvo la mirada pese a lo cansado que estaba.

—¿Qué esperaba que hiciera, Alí–sama? Aristotel iba a…

—Me da igual lo que digas. Te concentraste tanto en Aristotel que te olvidaste de Stratus y por eso te dejó así, ¿o me equivoco?

Yumegami negó con la cabeza, lo que pareció enfadar a Alí aún más.

—No me importa que tengas corazón, Kuu. De hecho, me alegra. Pero un día de estos, si no piensas un poco en ti al pensar en la gente a tu alrededor, te vas a matar.

Resultaba una frase curiosa, pero Alí, según Khaos, tenía algo de razón. Sin embargo, dudó que Yumegami pudiera aceptarlo. No por falta de inteligencia, sino por su costumbre de dejarse a sí mismo de lado con tal de no lastimar a los demás.

—Tiene gracia que tú lo digas —se decidió a intervenir Viola.

—Lo sé, pero intento trabajar en eso, ¿recuerdas?

Viola asintió ante las palabras de su marido.

—¿Habría alguna forma de saber quién era esa persona? —le preguntó amablemente Viola a la doctora de Tsuji.

—Quizá, pero rozaríamos un tabú de nuestra especie. ¿Suiseiseki?

La señora de Yamamoto reflexionó un instante antes de negar con la cabeza, con evidente mal humor.

—Yo no puedo, tú misma me lo prohibiste hasta que nazca Sumire.

—Entonces tendré que hacerlo yo. Pero no hoy —dictaminó la doctora de Tsuji, mirando a Viola, Ryoko y Alí —El muchacho necesita descansar.

—Como tú ordenes, Souseiseki. Además, con lo de hoy, Suiseiseki y tú han pagado bastante.

Las gemelas le sonrieron a Viola cuando dijo eso.

—Si gustan quedarse a comer, tendré todo listo en media hora —anunció Viola —¿Ryoko, Benjamín?

—Otro día —rechazó Ryoko amablemente —Tengo turno en una hora.

—Yo pasaré por Ryoichi a casa de mis padres, y luego venimos para acá —avisó Benjamín Cisneros, sonriendo a medias.

La señora de Yamamoto negó con la cabeza a la vez que explicaba algo sobre una comida con los padres de su marido. La doctora de Tsuji mencionó que ella y su familia irían a casa del mejor amigo de su esposo. Así las cosas, la habitación se fue vaciando hasta que Alí, que era el último que salía, miró una última vez a Yumegami.

—Cuida, pero deja que te cuiden —recomendó, para luego marcharse.

Yumegami suspiró de cansancio. Se miró distraídamente el yeso en su brazo izquierdo, cerrando los ojos a los pocos segundos.

Seguía mareado y recordaba fatalmente todo lo sucedido.

No quería ignorar el enojo de Alí, pero él sabía en lo que se metía cuando llamó a esas pesadillas. Por suerte, Aristotel tenía unas cuantas que le afectaron enseguida; si no, Stratus le habría roto más que un brazo. Con lo que no había contado (porque no creyó que fuera posible) es que alguien se aprovechara de su estado para manejarlo, diciendo una serie de cosas que resultaban crueles para la gente que le importaba.

—Kuu, ¿estás mejor?

Él asintió una vez con la cabeza, sin mirarla.

—¿Qué es una Contraparte?

Khaos, en cuanto terminó de formular la pregunta, supo que era algo desagradable para Yumegami. Lo vio tensarse casi enseguida, para luego contraer el rostro por un gesto violento.

—¿Recuerdas cuando fuimos por Himmel? —comenzó él, con la vista perdida —Dije que Keb era su “contraparte” debido a las habilidades de ambos. Y he dejado claro que las tuyas y las mías se repelen. Se debe a que por cada Proyecto que existe, crearon otro que, en caso de necesidad, lo podría dominar. O mejor dicho, vencer.

—¿Te refieres a…?

—Sí. Keb fue creado con el propósito de vigilar a Himmel en sus viajes para que no pudiera escapar. A su vez, Himmel fue creada con las características precisas que la harían atrayente para Keb, así él siempre sentiría la necesidad de protegerla. En pocas palabras, intentaron crear parejas que no pudieran separarse.

Cuando concluyó con su explicación, Yumegami quiso ver a Khaos, pero decidió apartar los ojos hacia el lado opuesto. No se sentía con el derecho de mirarla siquiera, no cuando seguramente ella estaba llegando a la misma conclusión que él tiempo atrás.

—Entonces… ¿Me quieres… porque nos crearon para eso?

Él negó con la cabeza.

—El fundamento de las Contrapartes es hacerlas enemigas desde un principio, pero al mismo tiempo, dependientes una de la otra. Tú y yo lo vivimos antes, ¿te acuerdas? Tú no querías acercarte a mí y no por eso dejé de estar al pendiente de ti. Sin embargo…

—Te enamoraste.

Khaos no quería creer que el sentimiento que tenía por Yumegami era mero producto de un artificio científico. Era lo suficientemente libre como para confiar en su corazón. ¿Pero Yumegami? Había resultado ser más ingenuo de lo que pensaba, emocionalmente hablando. Debía preguntar cómo era tal o cual emoción continuamente, porque era incapaz de nombrar las propias con seguridad. Se sentía perdido al comprobar que podía hacer y decir cosas tan simples como reír o llorar. Y todo lo que decía respecto a ella y a su bebé…

—Cuando me enteré de que tenía una Contraparte, la odié —reconoció Yumegami con frialdad —Supuse que los creadores de los Proyectos la usarían para manipularme. Obtuve sus datos y…

El muchacho abrió los ojos todo lo que pudo, pasmado.

—Eso fue —musitó, incrédulo y culpable —Me puse tan furioso al saber eso que… Por eso me escapé. Yo… No quería conocerte.

—Se comprende, si se supone que yo tendría que…

Yumegami dio un golpe a la cama con el puño izquierdo, lo que causó que palideciera de dolor.

—¡No hagas eso! —pidió Khaos, escandalizada.

—¿Qué más da? No deberías importarme. Debería odiarte porque está en mi naturaleza. Debería desear tu muerte. Pero desde que te conocí, lo único que quiero es que vivas. He preferido mi propia muerte a verte sufrir. Y detesto saber que esa era la idea. Querían que sintiera todo eso para que te protegiera. En el fondo, deseaba no conocerte en la realidad porque no quería ser yo quien te hiriera.

Yumegami detuvo su discurso cuando sintió presión en torno a su cuerpo. El lacio y brillante cabello de Khaos abarcó gran parte de su visión, al tiempo que un aroma bastante familiar a vainilla y leche le llenaba la nariz.

¿Por qué lo estaba abrazando?

—Tienes corazón, Kuu —aseguró ella a su oído, con voz temblorosa —Por favor, créelo. Y si un día sientes que ya no… Si dejo de ser valiosa para ti, dímelo. Yo… No tienes la culpa, de veras. Quiero… Nunca creí que lo diría, pero… quiero que seas feliz, Kuu. Aunque yo no…

Ella sintió que el muchacho devolvía el abrazo a tientas. Ahora sabía la razón tras su prudencia y se preguntaba cómo era que Yumegami podía vivir así. Lo estrechó más fuerte; sin embargo, él no se quejó.

—Si crees todo eso de mí, tal vez pueda empezar a creerlo yo. Lo siento, Khaos. No pretendía… No pretendo más de lo que merezco. ¿De verdad está bien que…? ¿Khronos me querrá?

Khaos asintió en silencio. Ya no se sorprendía de la forma en que Yumegami se expresaba en momentos como ese. Quizá estuviera pensando en algún otro asunto, pero se le salía lo que de verdad le preocupaba.

—Te quiere. Y si no lo hace, le voy a enseñar.

—Espero quererlo.

Khaos volvió a asentir.

—Ya lo quieres. Confía en mí.

—¿Crees que sea correcto que… tenga una vida?

¿Cómo podía ese chico hacer semejante pregunta?

—Claro que sí. Oye, si sigues haciendo esas preguntas, voy a creer que Beltane tiene razón y eres idiota.

Ahí estaba, una cosa tan común, pero que para ella era maravilloso.

Oyó a Yumegami reír por lo bajo.

—Quiero que me prometas algo, Khaos —Yumegami sintió en su hombro derecho que la cabeza de ella se movía de arriba abajo —No permitirás que te haga daño.

—¿Qué?

Se separaron en ese instante. Yumegami agitó la cabeza una sola vez, afirmando lo que explicó a continuación.

—Cuando llamo pesadillas y no me las como, por un momento me vuelvo irracional. Alí–sama no tiene esa información dado que para los monstruos antropomorfos con habilidades del sueño, esos terrenos son un tabú. Ya lo viste con las gemelas Rozenmaiden…

—¿La doctora de Tsuji y la señora de Yamamoto?

—Exacto, no les gusta dar su apellido de nacimiento, eso las mete en problemas. Ambas son de las mejores hipnoandantes que quedan y aún así no se arriesgan a tratar con pesadillas. Así pues, si me veo obligado a llamar pesadillas otra vez, tienes que apartarte. Tendré una sola idea en mente y lo más probable es que no te reconozca. ¿Me estás comprendiendo?

—¿Podrían… poseerte otra vez?

—Entre otras cosas, sí.

Muy a su pesar, Khaos alzó la mano derecha.

—Lo prometo —musitó de forma apagada.

—Gracias —él dejó escapar un soplo de tranquilidad —Ahora, aunque no me guste la idea, tendré que averiguar si no va contra mi contrato que me acompañes en las siguientes recuperaciones. Espero que no, porque estaríamos solucionando varios inconvenientes a la vez. Además…

Yumegami titubeó, reflexionando algo en apariencia importante, para al final, declarar algo que cobraría significado para Khaos con el paso del tiempo. Incluso llegaría a convertirlo en una meta.

—Cuando terminen las recuperaciones, llamaremos a los representantes de la Cámara Interracial de la Concordia a Quórum.

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Re:Rilato [14/¿?]
« Respuesta #54 en: Marzo 19, 2012, 06:03:42 pm »
Genial!!! Estaba esperándolo *o* pero no sé porqué siento q me ha sabido a poco... Hay demasiadas incógnitas en este capítulo q necesito más!! O.o

Good Job!!! n___n
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Re:Rilato [15/¿?]
« Respuesta #55 en: Junio 30, 2012, 12:27:40 am »
015: Omnipresencia.
(Abierto)


Osa tocar las estrellas que has soñado…
Olvida poco a poco el dolor del pasado…
Ondea con descaro los ajenos pecados…

Pasaron los días. El semestre universitario llegó a su fin, dando paso a las vacaciones de invierno. El frío se había elevado drásticamente y algunas especies no salían jamás de casa sin un grueso abrigo. Claro, había sus excepciones. Como los siempre calientitos “hijos del fuego”.

Beltane Stoker, en cuanto se enteró lo ocurrido a Yumegami y Khaos, dejó lo que estaba haciendo (afirmando que una “sesión” con su familia podía reponerla con facilidad, lo que fuera que significara eso) y corrió al hogar de los Arafat Médici. Tras hacer un poco de escándalo queriendo asegurarse que Khaos y su futuro ahijado estaban bien, pidió hablar a solas con Yumegami. Lo consiguió y Khaos no supo qué le sorprendió más: que los reclamos de Stoker se escucharan por toda la casa o que Yumegami le contestara de la misma forma, prácticamente a grito pelado.

—No sabía que Kuu pudiera hablar tan alto —había comentado Himmel con inocencia, estando en la sala principal de la casa, sentada en un sillón entre Khaos y Keb.

Sus acompañantes asintieron, en acuerdo con ella.

Después de eso, Stoker resultó ser una visita agradable, además de útil. Acompañaba a Khaos al Albedrío al terminar las clases, transcribía los apuntes de Yumegami y entregaba las tareas de éste a los profesores.

—Y no te preocupes por las faltas —añadió el pirogénito la última semana de clases ordinarias, antes de los exámenes finales —Solo tuve que decirles que tuviste un accidente en tu nueva casa y dijeron que si hacías las tareas, no había problema.

Yumegami había asentido ante esa información, pero más tarde, le hizo saber a Khaos que hallaba ilógica la consideración que le mostraban.

—No deberías —señaló ella con una tenue sonrisa —Temen perder a un buen estudiante si te reprueban, es todo.

Luego ella soltó la carcajada, aclarando que era un chiste, antes de decirle la que según ella, era la verdadera razón de todo aquello.

Los profesores lo estimaban. Sin proponérselo, Yumegami era uno de esos alumnos que se veían cada década: inteligente, educado, humilde y tenaz. No querían ser ellos quienes le estorbaran en el camino, seguro pensaban que llegaría muy alto y claro, dejaría a los programadores gráficos en otro nivel, en otra cosa aparte de decoradores, creadores de efectos especiales y de imágenes para comerciales.

—Eso espero también —había contestado Yumegami.

Khaos pasaba con él la mayoría del tiempo, más cuando Stoker llegaba y los obligaba a estudiar para los exámenes. Yumegami pudo presentarlos, aunque con cierta dificultad por el brazo enyesado, y al salir los resultados, los profesores no tuvieron dudas en haber hecho lo correcto al no ponerle las faltas que le habrían quitado ese derecho: el muchacho fue, con diferencia, el mejor de la clase.

—Eres exasperante —lo bromeó Stoker al ir a revisar los resultados, pese a que él mismo era el siguiente en la lista de posiciones.

—Tanto usar el cerebro me dio hambre —alegó Khaos, evitando que Stoker siguiera hablando, porque luego no sabía cómo detenerlo.

Los dos jóvenes, complacientes, la llevaron a un pequeño restaurante cercano al campus, donde dieron a entender que podía comer todo lo que quisiera, porque ellos pagarían.

Khaos se sentía culpable por detalles así. Debido al embarazo comía mucho, y Yumegami nunca tenía dinero de sobra en el bolsillo. Stoker era otro cantar: su familia tenía una posición social desahogada, pero como él mismo decía, lo de la familia no era suyo y procuraba pagar sus propios gastos con trabajos de medio tiempo. Así, para no menospreciar sus buenas intenciones, Khaos los obedecía y se alimentaba bien.

Sin embargo, en ocasiones eso no parecía bastar. Debido al clima, Khaos solía llevar guantes casi todo el tiempo, así que no se percató de qué le hacía falta hasta ese día, regresando al Albedrío con Stoker y Yumegami, que bebió con ellos chocolate caliente. Stoker de repente pidió el azucarero, Khaos se lo pasó y en un segundo, el calor en los dedos de ella y el frío que sintió él fueron suficiente explicación.

Khaos se consternó con lo sucedido y fue corriendo a encerrarse a su habitación. Stoker miró a Yumegami y este supo que su amigo estaba preocupado. Pero pronto supo que no era por lo sucedido.

—¿Khronos necesita comer vida ajena? —inquirió el pirogénito —Me da la impresión de que Khaos está débil, aunque ahora come más que yo.

—Normalmente Khaos intenta reprimir su habilidad al estar con la gente y ahora que creía haberlo conseguido, debió asustarse porque no sabe si fue Khronos o ella. Le preocupa que Khronos sea como ella.

Stoker asintió. Para sus amigos era un gran peso ser experimentos, especies que no podían estar fácilmente en contacto con los demás.

Eso le trajo algo a la memoria.

—¿Es cierto lo que supe? ¿Pretendes llamar a Quórum a la CIC?

Cuando Yumegami asintió, Stoker hizo una mueca de escepticismo. La Cámara Interracial de la Concordia (conocida normalmente como CIC) era un organismo que se dedicaba, principalmente, a vigilar el cumplimiento del TRAPIR. Tenía alcance internacional, pero para mejor organización, cada país formaba su propia cámara. Visto bien era una idea sensata; al haber reuniones internacionales, solamente asistían los líderes nacionales y no todos los representantes, que eran muchísimos si se tomaba en cuenta que una cámara nacional contaba con un representante de cada especie viva en el país. La CIC de Mexitlán contaba con poco más de cien miembros.

—Si me explicas para qué quieres hacer eso, te podría ayudar.

Yumegami negó lentamente.

—¿Otra vez con lo mismo? Ya dejé claro que no me importa ayudarte.

—Sabes que de seguir conmigo…

—Sí, sí, me sé la historia: me pueden herir, o matar, y bla, bla, bla… —Stoker usaba un tono hiriente y mordaz que a Yumegami le indicó que lo había molestado de verdad —No te veo diciéndole todo eso a Khaos.

—Ya lo hice. Pero se negó a marcharse. Incluso dijo que me seguiría y no me libraría de ella.

—Pues yo también.

—¿Por qué?

Stoker meneó la cabeza.

—Somos amigos, Kuu. ¿Entiendes? Los amigos hacemos eso, preocuparnos y ayudarnos. Y quiero creer que me ves como amigo, si no, ¿por qué me pediste ser padrino de Khronos? No creo que por mi linda cara. O quizá…

Observó a Yumegami con una ceja arqueada, dándole la oportunidad de replicar o explicarse, cosa que el otro no hizo. Al contrario, pareció confirmar sus suposiciones al dedicarle una mirada triste.

—Lo hiciste —acusó, entrecerrando los ojos grises —Quieres que sea un guardaespaldas para tu hijo. Porque es probable que te pase algo.

—Si nada más fuera eso, tendría más opciones de dónde escoger. Pero fuiste el primero que me pasó por la cabeza. Eso debe significar que, aún sin darme cuenta, tienes razón y te considero un amigo. Por otro lado, Khaos te acepta, y eso es importante para mí.

—¿Entonces?

—Quiero que quien vele por mi hijo sea alguien que pueda llegar a quererlo tanto como lo quiero yo.

Al escuchar eso, Stoker masculló algo por lo bajo, inclinando la cabeza para que no fuera tan notorio que se sonrojaba. A veces se le olvidaba que Yumegami podía decir ese tipo de cosas sin ser consciente del efecto que causaban. Era para tenerle envidia.

—Eres idiota —sentenció finalmente —Yo lo querría aunque no fuera su padrino. Porque es tu hijo.

Le tocó a Yumegami apartar la vista.

—Ahora, si me disculpas, voy a decirle a la futura mamá que no se preocupe por mí —Stoker se levantó —No me siento mal, la verdad.

—Tuviste suerte, creo.

Stoker dio una cabezada y abandonó la habitación.

-&-

Khaos estaba acurrucada en la cama, bajo la manta más gruesa que había, intentando dejar de llorar.

—Lo siento, bebé —susurró después de un tiempo —No puedo hacerlo.

Nunca había querido robarle vida a nadie. Ella valoraba cada día, incluso aquellos malos que le siguieron a su misteriosa liberación de ese laboratorio que se mostraba en sus pesadillas. Todo el tiempo que había vivido lo atesoraba diciéndose que valió la pena y más lo pensaba ahora, que sabía que no era más que una creación de la ciencia.

Seguro ahora Stoker no se le acercaría. No querría ni rozarla. Tal vez lo intentara un poco por respeto a Yumegami y por ser el futuro padrino de su hijo. Pero a ella debía odiarla.

No es fácil ser indeseable, ¿verdad?

La gente del Albedrío, Himmel, Keb, Mía… Ellos parecían apreciarla.

Parece, nada más. Nunca van a amarte si puedes matarlos al tocarlos. Terminarás sola.

Negó con la cabeza una y otra vez. Sí, eso creería antes. De hecho, lo pensaba el día que descubrió el Albedrío, porque estaba cansada de la soledad, de la discriminación, de tener miedo de sí misma. Y entonces el Albedrío se cruzó en su camino, conoció a muchas personas amables, supo tanto de Yumegami que terminó amándolo y ahora iba a tener un hijo, un precioso niño al que también amaba…

¿Y si ese niño no te ama? ¿Qué harás entonces?

Se puso a llorar más. Eso era algo que la aterraba, casi tanto como otra idea que antes llegó a su mente de manera fugaz.

Si tu hijo no te ama, ¿qué puedes esperar de Kuu? Él te lo dijo, está en su naturaleza odiarte. ¿Quién te garantiza que no pasará?

—Conozco a Kuu —susurró, desafiando a esos oscuros pensamientos —No me odiará. Tendría que hacerle algo horrible para que…

Eso puede pasar. ¿Y si le quitas vida a su hijo? ¿Te lo perdonará?

—¿Khaos? ¿Puedo pasar? Soy Beltane.

Ella no quería ver a nadie. Solamente el naciente afecto que le tenía a Stoker la convenció de levantarse y acudir a la puerta, todavía envuelta en la manta. Abrió un poco, observando con timidez, esperando hallar una expresión iracunda en ese muchacho que, de forma similar a Yumegami, meses atrás no quería cerca.

Pero no halló nada de eso. Los ojos grises de Stoker se mostraban amistosos y en su rostro había una ligera sonrisa teñida de inquietud.

—¿Tienes frío? Puedo encender la chimenea, si quieres. Y platicar un rato, porque Kuu está en modo “estatua de hielo”. Creo que se enfadó por algo que dije. Pero ya se le pasará.

Khaos asintió con la cabeza y abrió más la puerta, cediéndole el paso. Stoker avanzó, observó a su alrededor y arrugó el ceño.

—No hace frío, ¿pero qué sé yo? Soy pirogénito, nunca tengo frío. A ver, esa chimenea… ¡Qué suerte la suya! Yo no tengo chimenea, mis padres decían que podía incendiar la casa si construían una en mi habitación.

—No importa, Beltane. Déjalo así.

El muchacho vio cómo Khaos volvía a la cama, se hacía un ovillo bajo la manta y se llevaba una mano a la cabeza.

—¿Pasa algo malo? ¿Debo llamar a Kuu?

—No, no. Es solo que…

—Si es por lo de hace rato, no te preocupes. A lo mejor fue cosa de Khronos. Y aunque hubieras sido tú, no me importa. Si alguien debe aprovechar algunos de mis días de vida, deberían ser Kuu y tú.

—¿Por qué me dices eso?

—Es la verdad. Sabes que mi especie es belicosa por naturaleza. No pueden vivir muchos de los míos en un solo lugar por mucho tiempo, acaban rostizándose unos a otros. Es una lástima, pero por eso tenemos la tierna costumbre de mandar a nuestros hijos a escuelas lejanas cuando empiezan a soplar llamas. Eso es algo que los Mahatma no hacen y es una de las cosas que les admiraba mi padre.

—Tu padre… ¿Él me conoció, verdad?

Stoker asintió distraídamente antes de darse cuenta de lo que le habían preguntado. Hizo una mueca, como si le doliera la afirmación.

—¿Cómo te enteraste?

—A veces… tengo pesadillas. De cuando el laboratorio donde estaba se quemó. Kuu me ayudó una vez a ver más cosas… Y vi a un señor que…

—Sí, mi padre me lo contó. Era de esos pirogénitos raros a los que no les gustaba pelear, pero su medición de pirogenia era magnitud Alfa Tres, lo que está apenas por debajo de alguno de los Mahatma y lo convertía en algo así como una maravilla entre la familia. Lo ataron con un contrato en el CIIG y cuando vio en lo que lo metieron, se esforzó para hacer el menor daño posible. Al menos tuvo la sensatez de solicitar en su contrato que nunca se le pidiera matar a nada ni a nadie.

—Pero… si hubiera muerto yo… Entonces quizá…

Stoker negó rápidamente con la cabeza, lo que sorprendió a Khaos.

—Él nunca hubiera querido librarse de su contrato a ese precio. Me contó que te buscó, pero no te encontró y no le quedó más remedio que pedirle al fuego que si estabas allí, que no te hiciera daño. Y que si por alguna desgracia morías, aprovecharía que se rompería su contrato para darles una buena lección a los del CIIG. En tu memoria.

—¿Cómo está ahora?

—¿Mi padre? No lo sé. La familia lo da por muerto desde hace tiempo, pero yo no lo creo. Más que nada porque su Fatua sigue encendida.

—¿Su… “Fatua”?

—Es una llama que enciende cada pirogénito en una antorcha especial, que solo se apaga cuando su creador muere. Se convirtió en costumbre para no perder de vista a los hijos cuando los mandaban lejos. Tierno, ¿no?

Stoker parecía sincero al calificar de “tierno” algo de lo recién dicho, por lo menos esta vez.

—Tu padre, ¿no se llama Fatuo?

—Sí, justo así. ¿Cómo lo supiste?

—Aristotel lo mencionó el día que…

—Sí, ya. Seguro lo conoce. Pobre de mi padre, tener que obedecer lo que esos jefes suyos le ordenen… Pero decías algo de su nombre, ¿no?

—Sí, que se parece al de esa… llama eterna o como le digan…

—Ajá. Mi madre me contó que según mis abuelos, la primera llamarada de mi padre pudo cruzar la mesa del comedor a lo largo. Y debes saber que la mesa del comedor de mis abuelos mide unos cinco metros. La usan para los banquetes familiares. ¡Y eso lo hizo a los tres meses! Pensaron que era una señal de que su hijo viviría mucho.

Khaos meneó la cabeza, sin comprender bien lo que Stoker contaba. Sin embargo, ahora notaba que él rara vez hablaba de su familia y supuso que parte de la razón era la colección de costumbres de los pirogénitos para mantenerse con vida.

Alejar a sus hijos para no hacerles daño… Era más que tierno. Requería un tipo de valor que Khaos deseaba tener si acaso debía…

—Khaos, quiero que sepas una cosa —dijo de pronto el joven, con el semblante serio que adoptaba en raras ocasiones —Sabes cuánto me importa Kuu, ¿verdad? —ella asintió —Y a él le importas tú, como nunca creí ver en una persona. Así que yo también haré cualquier cosa porque estés bien. Khronos y tú —añadió, sonriendo levemente —Pero no creas que nada más lo hago por Kuu. También es por mi padre, que te quiso mucho.

—¿A mí?

—Sí. Decía que ojalá hubiera tenido una hija como tú. Y además…

Stoker se detuvo, arrugando un poco la frente, reflexionando. Al final se encogió de hombros, se inclinó y le dio un beso en la mejilla. La chica apenas daba crédito a lo sucedido, pues el único que la había besado hasta la fecha había sido Yumegami.

—Alguna vez sentí que me gustabas —confesó Stoker sin rodeos, con gesto de estar a punto de carcajearse —Por eso era tan fastidioso antes. Pero terminé por convencerme de que no eras para mí. Te daba miedo y además, mi padre me insinuó que quizá, con un poco de suerte, podrías amar a Kuu como él te am, hasta más. ¿Y quién mejor para ti que Kuu, que te ama tanto que ni él mismo se da cuenta? No puedo imaginarme a nadie.

Khaos tampoco podía. Yumegami era de esas personas que sentía algo por alguien y eso rara vez cambiaba. O al menos en eso creía para no asustarse cada dos por tres con la idea de que la abandonara.

Lo hará si le das motivos. Y matar gente es uno de ellos.

Sacudió la cabeza como si quisiera librarse de una mosca molesta.

—A veces creo que Kuu es demasiado raro. Pero hay algo en él que me agrada. Así que lo molestaba para ver cómo reaccionaba, pero me tomó por sorpresa que me ordenara (¡sí, prácticamente me lo ordenó!) que me dejara de juegos. Hasta creo que sabía lo que quería. Así que le hice caso y empecé a tratarlo bien. Al principio seguro que no me creyó, pero tampoco me hizo a un lado, así que lo consideré un avance. Lo que sí me aclaró enseguida fue que no me acercara a ti. Yo sabía que el fuego debía darte miedo, pero algo en Kuu me daba risa. Estaba celoso y no se daba cuenta.

—¿Celoso? ¿De ti?

—Supongo que era por esa idea suya de que él debía quedarse lejos de ti y yo tenía más libertades. Pero ya ves, no le quedó de otra.

—Sí le quedaba de otra, pudo…

Pudo simplemente no quererte, ¿cierto? Biófaga noble y tonta…

Khaos parpadeó. Eso no era uno de sus pensamientos negativos más súbitos. Incluso creyó escuchar una voz distinta a la propia.

—¿Quién…? —inquirió, dudosa, en tanto Stoker se quedaba confundido —¿Escuchaste algo?

—¿Algo como qué?

Ahora parece que deliras. Perfecto para ti, ¿no crees?

—Lo siento, creo que… No sé, debo estar…

Déjalo ir. Te odia. Solo quiere quedar bien contigo por Kuu.

—Anda, Khaos, tú necesitas otro té. Prometo tener cuidado con mis manos para que Khronos o tú no me hagan nada, ¿de acuerdo?

¿Lo ves? Sí te teme. No quiere ni rozarte, no quiere…

—¿Me… me ayudas a pararme, Beltane?

—Claro. Apóyate en mi brazo.

Al hacerlo, la vista de Khaos se oscureció y de repente tuvo delante de sí un espacio vacío, frío, intrigante… y la única luz visible, sobre su cabeza, era de un azul enfermizo y ligeramente amoratado, que parecía observarla como una fiera a su presa.

Supo entonces que estaba en problemas.

-&-

—¿Qué fue lo que pasó?

—¿Cuántas veces tendré que decírselos? ¡No lo sé!

En cuanto Khaos cayó desmayada, Stoker se quedó pasmado, pero se repuso lo más rápido posible y llamó a gritos a Yumegami y a cualquiera que anduviera por allí. Acudieron primero Himmel y Keb, saliendo de la habitación del segundo y tomados de la mano, para luego abrirle paso a Yumegami, que entró como exhalación.

—Beltane, no lo pregunto por fastidiar. Necesito que me lo cuentes todo con exactitud, para saber qué pasa.

Stoker respiró profundamente y volvió a narrar la historia, quizá por quinta vez. Intentó no repetirse mentalmente que era una pérdida de tiempo, sino que Yumegami rara vez preguntaba cosas al azar. Cuando acabó, halló a su amigo con el ceño fruncido y los labios apretados, casi como si fuera a saltarle encima.

¿Lo había ofendido que le confesara a Khaos que alguna vez le gustó?

—¿Notaste si ella actuó raro?

Esa pregunta le recordó otra.

—Me preguntó si había oído algo. Sonaba como si hubiera escuchado una cosa que yo no.

Yumegami pareció no necesitar más. Tomó la mano de Khaos y estuvo a punto de soltarla con un estremecimiento.

Estaba helada.

—Necesito que enciendan la chimenea y que traigan otra manta, por favor. Mientras tanto, entraré a su sueño a sacar a… ese tipo.

—¿Sabes quién o qué es? —inquirió Stoker, frunciendo el ceño.

Yumegami no contestó y a los pocos segundos, él también cayó.

-&-

Estaba atrapada, Khaos lo sabía. Y lo peor es que no podía escapar.

La negrura de aquel lugar era casi tan escalofriante como su pesadilla del laboratorio en llamas. Pero ahora resultaba una maligna experiencia, porque no dejaban de torturarla verbalmente.

Ríndete.

Ya no hay nada qué hacer.

No van a amarte por lo que eres.

Te van a odiar.

Te van a cazar.

Y si alguien te ama, morirá.


La joven se tapaba los oídos, en un vano intento por alejar aquellas palabras. Pero sabía que no podía. Estaban en su propia cabeza y eran sus peores miedos, vueltos en su contra sin misericordia.

—Kuu… —llamó débilmente, llorando sin parar —Kuu…

No vendrá. Recordó lo que él es. Te necesita, pero te odia.

—Kuu… Por favor… Kuu…

¿No lo has comprendido? Si su vida depende de ello, no le importa nada. No le importa nadie. Menos tú.

Khaos estaba por gritar de impotencia cuando sintió que unos brazos la rodeaban. Reconocería ese tacto y ese delicado recato donde fuera.

—Kuu… —sollozó en voz muy baja.

—Lamento llegar tarde. ¿Estás bien?

Ella se aferró a él, sin dejar de llorar.

—¿Podrías dejarla fuera de esto?

La petición de Yumegami fue hecha con voz dura, pero firme.

¿Qué te hace creer que te obedeceré? Al fin la encontré, es mía.

—No, es mía. Así lo quiso ella y así lo quiero yo. Déjala fuera de esto, es a mí a quien quieres lastimar, ¿cierto?

Khaos quiso preguntar con quién hablaba Yumegami, pero seguía muy alterada. Todo lo que podía hacer era escuchar.

Cierto, Kuu, eres mi objetivo principal. Ella en sí es un premio de consolación. Ya me encargaré de Fatuo por fallar así…

—También deja a Stoker–san fuera de esto. Te iría muy mal si quieres ir contra un contrato afianzado por un hechicero. Él no quería matar.

Pero tú sí, ¿verdad? Porque eso hiciste al escaparte.

Yumegami se tensó y Khaos, a modo de apoyo, buscó una de sus manos y la sujetó con fuerza.

—No fue mi intención hacerlo y lo sabes. Además, nadie podía prever que yo también era Éxito. Mis deficiencias físicas y psicológicas me iban a llevar directo a la muerte, ¿no es así? En principio, era un Fracaso.

Cierto de nuevo. Quizá no debiste mostrar todo el poder que ganabas al llamar pesadillas. Eso hizo que se interesaran en ti. Y tú… Tú me quitaste lo que me correspondía, así que vas a pagar por ello.

—No te he quitado nada. Yo no sabía…

Una ráfaga de viento los envolvió. Lo único que atinó a hacer Yumegami fue a estrechar a Khaos todo lo que podía. Ella entreabrió los irritados ojos, queriendo ver lo que sucedía y se quedó atónita.

Pero no pudo decir nada porque todo a su alrededor, hasta lo que la tenía paralizada, se desvaneció.

-&-

—¿Kuu? ¿Khaos? ¿Ya están con nosotros?

Ella apretó los párpados, sintiendo la cabeza adolorida y el rostro húmedo. Seguro que sus lágrimas no solo habían sido soñadas.

—¿Kuu? ¡Despierta de una buena vez!

Khaos abrió los ojos de golpe. A su derecha, más pálido que nunca, Yumegami le sujetaba una mano y lucía una tenue mueca de dolor, pero no estaba despierto como ella.

—¡Kuu, déjate de bromas! —siguió reclamando Beltane Stoker, que en realidad, trataba de ocultar lo aterrado que estaba.

—Necesita ayuda —aseguró Himmel, con su inocente rostro lleno de congoja y mirando a Keb con gesto de súplica.

—Lo sé, pero es arriesgado… Esa no es una realidad física.

Keb se veía con ganas de ayudar, pero algo lo frenaba, probablemente relacionado con las limitantes de sus habilidades.

—Kuu, ¿me oyes? —llamó Khaos con suavidad, hablándole al oído.

El aludido hizo una mueca efímera y abrió los ojos con lentitud.

—¡Por fin! Me tenías preocupado —a Stoker no le importó declarar eso, sentándose en la cama, al otro lado de Yumegami —¿Qué pasó?

Yumegami negó con la cabeza, incapaz de explicarse. Sin embargo, Khaos creyó saber dónde estaba el problema y temió no por sí misma, sino por Yumegami, porque presentía que a la larga, acabaría sufriendo más.

Quien la había arrastrado a aquel lúgubre sueño para quebrarle el espíritu y el corazón se parecía terriblemente a Yumegami.

Y a diferencia de éste, era malvado, egoísta y letal.

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Re:Rilato [15/¿?]
« Respuesta #56 en: Junio 30, 2012, 06:05:59 am »
Wujujujujujuju ¡Por fín! Ahora mismo estoy en "MARUJA MODE" (osea, de limpieza) pero en cuanto pare me lo leo y comento.... \(*.*)/
La capacidad de imaginar es el mayor recurso del ser humano.


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Re:Rilato [16/¿?]
« Respuesta #57 en: Octubre 15, 2012, 10:20:37 pm »
016: Procesión.
(Abierto)


Piérdete y nunca volverás…
Prémiate y te envanecerás…
Promuévete y en la mira estarás…

Yumegami no habló por varios días después del incidente, lo que a Khaos le empezó a preocupar. Se reprendió mentalmente, ya que sabía que no era indispensable oír su voz, aunque las únicas excepciones fueran saludarla y preguntarle, en susurros, si ella y Khronos estaban bien.

Stoker no estaba de mejor humor, con la diferencia de que él sí mostraba su impaciencia. Intentaba sacarle palabra a Yumegami cada que podía, sus charlas se convirtieron en verdaderos discursos hasta llegar a su objetivo, pero era inútil.

En los últimos tiempos, se les olvidaba que para Yumegami era común abstraerse de esa forma, dado que así había vivido, sin la necesidad de tranquilizar a gente a su alrededor.

Himmel y Keb, que rara vez se separaban, parecían comprender un poco el mutismo de Yumegami y cuando lo veían sentado a solas, se acomodaban a su lado con libros o cuadernos, entreteniéndose como si no estuviera él allí. A veces Yumegami los notaba, a veces no, pero a Himmel y a Keb no parecía importarles. Khaos les preguntó por qué hacían eso y Keb, con una débil sonrisa, contestó.

—Que vea que sigue acompañado.

La joven comprendió y le regaló un beso en la mejilla a Keb, quien se puso colorado.

Yumegami, en tanto, seguía ensimismado. Por fortuna no tenía clases, porque no habría prestado la menor atención. Se hallaba enfrascado en detalles, sutiles hechos que necesitaba conectar, porque lo que debía hacer de ahora en adelante requería todo de él.

Hasta la aceptación de su posible muerte.

Antes esa idea no lo habría preocupado. Estando solo, era fácil afirmar que nada ni nadie se darían cuenta si un día dejaba de caminar por el mundo. Pero ahora no era así. Tenía a los fundadores del Albedrío, personas amables para quienes trabajaba. Tenía a Himmel y a Keb, hermanos del mismo dolor y personitas encantadoras. Tenía a Beltane Stoker, que insistía hasta el cansancio en ser un amigo graciosamente fastidioso.

Y tenía a Khaos, por quien daría la vida de ser necesario. Por ella y por Khronos, el bebé de ambos, que aún no nacía y ya los llenaba de dicha mostrándose en sueños de forma intermitente, con su carita dulce y sus muestras de afecto sin malicia.

Sí, por cosas así, valía la pena planear lo suficiente como para salir con vida de la faena que se había impuesto.

—Kuu, ¿puedo pasar?

Él se sobresaltó. Ya era de noche y ni siquiera recordaba todo lo que había hecho. Le llegó a la mente una vaga imagen de las comidas, y de haber observado por un momento a Himmel enseñándole a Keb a escribir en rúnico, ¿y nada más?

Sacudió la cabeza. El resto del día estaba en blanco para él.

—Claro.

Khaos se coló lentamente a la habitación, bien cubierta con un grueso abrigo gris claro con adornos azules en los cierres.

—No traes guantes —observó Yumegami al instante.

Ella se sorprendió, pues el muchacho le daba la espalda, con la vista fija en una de las ventanas.

—Siempre tengo las manos frías, así que da igual.

Yumegami asintió y se retiró de la ventana, sentándose en la cama segundos después. La invitó con un gesto a sentarse a su lado, cosa que ella hizo muy despacio.

—¿Estás bien? —quiso saber él.

—Sí. Algo cansada, quizá. Alhelí y Vittorio son buenos, pero…

Los niños Arafat Médici estaban encantados de tener a otro niño con quién jugar y se la pasaban preguntándole a Khaos por el bebé.

—Entiendo. ¿Y Khronos?

Khaos asintió con una tenue sonrisa.

—¿Necesitan algo?

Ahora ella negó con la cabeza.

—¿Segura?

—Kuu, yo debería estar preguntando eso.

Lo dicho por Khaos desconcertó levemente a Yumegami, quien no atinó a hacer otra cosa que inclinar la cabeza.

—No es que yo… Confío en ti —empezó él, meditabundo —Es en mí en quien no confío en ocasiones. Esta vez… Debo hacerlo bien.

—Lo siento, pero no entiendo…

Yumegami le tomó la mano, apoyando la frente en la de ella.

—Es complicado de explicar. Dudo que Viola–sama y los demás sepan la historia completa. Hasta hace poco, no la sabía ni yo.

—Cuéntame lo que quieras, Kuu. Nada más.

—A veces con eso no basta. Trataré de ponerte al corriente, espera un momento. Debo ordenar mis ideas.

Yumegami suspiró tan débilmente que le hizo cosquillas a Khaos en la nariz. Ella sonrió, pero enseguida recuperó su semblante serio.

—Al decidirse el objetivo de un Proyecto, se le elegía un nombre acorde a sus características. Por lo general, era en el idioma del jefe de laboratorio. Además, se elegía junto con el nombre de su Contraparte, quizá no en el mismo idioma, pero sí debían “hacer juego”.

Khaos no pudo evitar una mueca. Recordaba con claridad la sacudida que la recorrió cuando Ryoko dijo el significado del nombre de Yumegami. Trató de alejar el pensamiento, pero entonces supo qué le había ocurrido.

Su inconsciente recordaba cómo reconocer a su Contraparte.

—En teoría, pasé a ser Kuu porque hacía exactamente lo que querían los científicos: entrar a los sueños, comer la información periférica, incluso dejar sin sueño a las personas con un simple toque… Sin embargo, no daba señales de controlar mis habilidades aunque me lo enseñaran; además, yo no actuaba como querían, sumiso y complaciente —hizo un vago gesto de fastidio —Así que volcaron toda su atención en las inesperadas habilidades que mostró Shi.

—¿Shi?

—Es a quien vimos la otra vez —Yumegami mostró una emoción incierta en su rostro, mezcla de frialdad y tristeza —La concepción de Shi fue al mismo tiempo que la mía, somos lo que biológicamente llamarían “gemelos”. Al principio eso complicó las cosas, porque no sabían cuál de los dos tendría las habilidades del hipnófago. Esperaron a que creciéramos para estudiarnos un poco.

Khaos procuró no demostrar su asombro ante tal revelación.

—Shi demostró tener la extraña habilidad de crear y manipular sueños a su antojo, así como se alimentaba de la energía de la que se componían, aunque no podía apoderarse de su información periférica, y mucho menos podía comérselos. Lo nombraron hipnogénito y al ver lo que lograba con sus habilidades, se volcaron en él y se olvidaron de mí. Eso fue bueno, no me adiestraron para obedecerlos. Sin embargo, tampoco me enseñaron lo básico de las relaciones interpersonales. Al final, el descontrol de mis habilidades me dio un acceso mínimo, pero valioso, a la realidad. Poco a poco, pensé por mi cuenta, vi lo que las personas del exterior podían hacer consigo mismas… Y empecé a sospechar que algo andaba mal conmigo.

Yumegami alzó la cara un poco para darle a Khaos un beso en la frente. La joven se desconcertó ligeramente, pero era más por lo que él decía que por sus acciones cada que pausaba su relato.

—No hablaba mucho con Shi —admitió el muchacho, apesadumbrado —Él estaba inmerso en aprender lo que le enseñaban, convencido de que era lo mejor. Los sueños le parecían únicamente imágenes bonitas de las cuales sacar energía y provecho, en cambio yo obtenía conocimiento de ellos. Al final, apenas me miraba y cuando nos encontrábamos en los sueños, hacía lo posible por esquivarme. La biología, que indicaba que éramos hermanos, no sirvió ante las creencias de ambos.

Se hizo el silencio por unos minutos, en los cuales Khaos lamentó mucho que el tal Shi fuera gemelo de Yumegami. Quería odiarlo, pero algo le decía que de hacerlo, Yumegami acabaría herido.

—Por alguna razón, los científicos del CIIG opinaron que no podían tener como Proyecto a un ser que no controlaban ni podían adiestrar, así que me nombraron Fracaso. O al menos eso es lo que recuerdo. Escapé antes de enterarme de más cosas, pero eso no explicaría por qué…

Yumegami volvió a detener su habla, pero esta vez no le dedicó a Khaos ningún gesto de afecto. Se estaba ausentando otra vez, al menos de forma mental, meditando quizá un pensamiento que consideraba importante.

—Shi fue considerado Éxito; por lo tanto, debía tener Contraparte —Khaos meneó la cabeza suavemente, intentando alejar el oscuro temor que inspiraban las palabras de Yumegami —Así que cuando dice que le arrebaté lo que le correspondía, quiso decir…

—No —susurró Khaos finalmente, apretándole las manos —No…

—No importa —aseguró Yumegami con voz dulce, deslizando los dedos por el largo cabello de ella —Se lo dije a él y te lo diré a ti todas las veces que hagan falta: eres mía. Así lo quieres tú y así lo quiero yo. Prometí que no volverían a lastimarte y lo voy a cumplir.

Khaos asintió, pero ahora otro temor, mucho más vago y profundo, nacía en su corazón. La fuente del mismo no lograba identificarla, pero lo que contaba era lo que la hacía sentir.

Por protegerla, Yumegami podía acabar muerto.

Pasará. No lo dudes. Herido o muerto. Así terminará por culpa tuya.

Agitó la cabeza, lo que causó que Yumegami se apartara un poco.

—Él… Shi… ¿fue el que…?

—Shi no tiene la facultad de posesionarse de las personas —contestó Yumegami con firmeza —Al menos no la tenía la última vez que obtuve datos sobre él. No, quien me hizo eso fue alguien más. Es fácil de deducir con lo que mencionó de recuperar a “sus” Proyectos.

Khaos suspiró aliviada. Por un segundo, pensó que había querido matar al gemelo de Yumegami y no a un perfecto extraño.

Ah, mientras sea un extraño, no te importa asesinar, ¿verdad?

—No es eso —susurró, poniéndose a la defensiva.

—¿No es qué? —quiso saber Yumegami.

Ella negó con la cabeza, nerviosa, hasta que cayó en la cuenta de lo que estaba sucediendo. Con miedo, aferrando las manos de Yumegami, hizo la pregunta que seguramente desencadenaría un mal rato.

—¿Eres… Shi?

Eso dejó tan atónito a Yumegami que estuvo a punto de soltar sus manos, pero Khaos no lo dejó.

Vaya, y yo que pensé que tardarías más en darte cuenta. Pensé que a estas alturas, tu mente te recordaría una y otra vez el desastre que eres y por eso un poco más de lo mismo no te importaría.

—¿Por qué mi mente y no la de Kuu? —quiso saber la chica.

Bueno, por alguna razón, la de él es impenetrable para mí. También me costó trabajo acceder a la tuya, para qué negarlo, pero cuando creíste que las ideas que te dicté eran propias, de alguna forma me aceptaste a mí. Eso y que aceptas a Kuu, claro. La genética me ayudó esta vez.

—¿Y qué quieres de mí?

Ya lo dije, eres un premio de consolación. Aunque pensándolo bien, contigo puedo dañar a Kuu, ¿no es así? Me sorprende que te proteja tanto, cuando demostró de forma tan brutal que odiaba a su Contraparte.

—Odiaba a su Contraparte, sí. No me odiaba a mí.

Una risa fría, sarcástica y maliciosa inundó la mente de Khaos. No le cupo duda que todo el asunto divertía a Shi de alguna retorcida forma.

Para el caso es lo mismo. Y lo mejor es que a la larga, su muerte no será por la cacería en su contra, o el odio que le tengo. Será por ti.

—No es cierto.

Sí lo es, sabes que sí. Apenas sirves para algo. Eres un Fracaso desde tu concepción, si no, ¿por qué ordenar que te destruyeran?

—No importa ahora. Sobreviví.

¿Y tienes idea de cómo, de casualidad?

Shi había dado en el blanco. Khaos seguía teniendo una gran laguna mental de aquellos momentos, cuando de alguna misteriosa forma, escapó del fuego que consumió el laboratorio donde la crearon.

Fatuo ayudó un poco con su orden a las llamas, cierto. Pero el cómo escapaste seguirá siendo un misterio para ti. A menos que asumas tu papel y vengas a nosotros, para ser mi Contraparte.

La sola idea de estar cerca de quienes la habían creado le causó tal pánico que sintió unas náuseas muy distintas a las producidas a últimas fechas por Khronos. Sacudió la cabeza con energía.

¿Khronos? Vaya, vaya… Te has aprovechado de tus defectos biológicos, ¿no? Ataste tanto a Kuu que a él no le queda más remedio que cuidarte. Me pregunto si debería conseguir mejor a ese niño en vez de a ti…

—¡No! —Khaos abrió los ojos todo lo que pudo, espantada —A él no… A él déjalo en paz… No le hagas daño…

Estuve en lo cierto, ¿no? Si el niño sufre, sufrirás tú. Y sufrirá Kuu. Qué interesante…

—No les hagas daño…

Khaos era consciente de que suplicaba y pese a sentirse humillada, podía más en ella el impulso de rogar por la vida de los dos seres que más amaba, enterrando su orgullo en lo más profundo de su mente.

No eres nadie para ordenarme. Pero lo dejaremos así. Saluda a Kuu de mi parte. Aunque nos veremos las caras muy pronto.

Sin previo aviso, los últimos ecos de aquella voz se desvanecieron de la mente de Khaos, quien temblorosa, no atinaba a decir palabra. No hizo falta, en realidad, porque Yumegami se hizo una idea de qué había ocurrido y le pasó una mano por la cabeza, atrayéndola hacia sí.

—¿Qué quería Shi? —inquirió el muchacho con indiferencia.

Como pudo, Khaos le contó lo que había oído en su cabeza, aunque al final hacía un verdadero esfuerzo por no vomitar y por contener las lágrimas. Yumegami no necesitaba verla alterada, no en ese momento.

—Tendremos que trabajar a toda prisa —comentó él tras el instante de silencio que se hizo cuando Khaos acabó de hablar —¿Sabes lo que es llamar a los senadores de la CIC a Quórum?

Khaos asintió. Si había algo que se le daba bien, era la Historia.

La creación de la CIC sucedió poco después de la firma del TRAPIR, al sopesar opciones sobre cómo hacerlo cumplir sin recurrir al terror de las guerras que recién habían terminado. Propusieron que se ocuparan de esa tarea representantes de todas las especies y así surgió la entonces llamada Organización de la Concordia, a la que acudió un miembro de cada especie sobreviviente. Sin embargo, las decisiones tomadas allí no eran del agrado de todo el mundo, se notaba un marcado favoritismo a ciertos países, por lo que se consideraron varias reformas hasta que el organismo cambió de nombre y estructura al que se conocía actualmente.

Llamar a Quórum a los senadores era un procedimiento antiguo, apenas se recordaba. Un representante hacía una propuesta refrendada por su especie, la ponía a consideración y si obtenía cierto número de votos, la propuesta se aprobaba. Al llamar a Quórum, se podían solicitar reformas al TRAPIR y éste, siendo una ley internacional, causaba gran impacto incluso cuando los cambios se hacían solo en un país.

—Quiero llevar a cabo ese procedimiento para el reconocimiento de nuevas especies —informó Yumegami, directo al grano —Las leyes nacionales se basan en el principio del TRAPIR de “todas las especies racionales reconocidas”. Nosotros no entramos en esa categoría, así que para la mayoría de las leyes no existimos. Hay que cambiar eso.

—¿Alí sabe de esto?

—Lo supone, porque él ha tenido que declararse como humano desde que tiene memoria. Le facilita las cosas. Sin embargo, hay algunos que saben lo que él es y han tratado el dato con respeto. Si lográramos que el Quórum votara a favor de reconocer nuevas especies, sería la salvación de varios de los nuestros. Podrían salir sin temor, integrarse, ser protegidos… E inclusive podríamos alentar a escapar a aquellos que fueron adiestrados por los científicos del CIIG. ¿Comprendes?

Yumegami sonaba extrañamente entusiasta, por lo que Khaos asintió sin pensarlo dos veces. El simple hecho de existir para las leyes era ya un gran paso. Existir… Para un Proyecto, cumplir ese verbo era la batalla de su vida. Si se conseguía que el TRAPIR los reconociera, los Proyectos podrían ser un poco más felices.

—¿Y… cómo vamos a hacer eso? —quiso saber la joven.

—Primero reuniremos a todos los nuestros que podamos. En seguida, pensaremos en la especie que ha de refrendar la propuesta para llamar a Quórum. Y al final, no nos quedará más que esperar.

Oyendo a Yumegami, Khaos se podía olvidar de que no era tan simple como él lo planteaba. Pero el muchacho rara vez se equivocaba, así que la chica confió en él una vez más, esperando que todo saliera bien.

-&-

Los días transcurrieron a un ritmo extraño, según Khaos. El invierno estaba en su apogeo y la joven no abandonaba los abrigos por nada del mundo. Stoker no cesaba de darse vueltas por el Albedrío, aprovechando las entregas que hacía en su empleo de medio tiempo como repartidor de una panadería. Alí y Viola hacían muchas llamadas a la vez que enviaban varios paquetes y cartas. Himmel y Keb, juntos como siempre, discutían en voz baja (en ocasiones en idiomas extraños) con aspecto serio, cosa poco común en ellos. Y Yumegami iba de un lado a otro, cumpliendo con todo lo que debía hacerse antes de continuar con las recuperaciones.

—Considero que es mejor que permanezcas aquí, con Keb, vigilando las recuperaciones —le dijo Yumegami a Khaos una tarde particularmente fría, estando próximo el fin del año —Al menos hasta que nazca Khronos.

Khaos se encogió de hombros.

—Aún no está decidido —continuó Yumegami con paciencia —Para algo como esto, todos los fundadores del Albedrío deben votar y Verne–sama no ha podido venir, lo mismo que Azur–sama.

—¿Azur no estaba de gira por Pandemundi? —inquirió Khaos, curiosa.

Yumegami asintió.

—Napoleón–sama sospecha que Azur–sama votará a tu favor —el chico esbozó una débil sonrisa al agregar —Ahora ella y tú están en las mismas.

Khaos sonrió un poco. Hacía unos meses que sabían que los Eaglepass Blasón por fin tendrían a su primer hijo. Napoleón no dejaba de pregonarlo, pero apenas tenía tiempo de tratar el tema con el resto de sus amigos, pues organizaba la expansión de su cadena de restaurantes fuera de Mexitlán. Azur, por su parte, montaba exposiciones de su arte comercial en algunos países del continente de Pandemundi, a la vez que promocionaba el negocio de su marido en ese lado del mundo.

—¿Por qué tienen que votar los siete? —quiso saber Khaos.

Cuando Yumegami se mordió el labio inferior, la joven creyó intuir de qué se trataba: llevarla o no a las recuperaciones interfería con el contrato de él. Y debido a las reglas del Albedrío, Yumegami no podía hablar de ello con libertad.

—No tienes que contármelo si no puedes —señaló ella con calma.

—Gracias. Aunque confieso que es extraño que quiera hablar tanto.

Ella volvió a asentir, tratando de eliminar el nudo en su garganta.

—¿Khronos está bien?

—Sí, claro. Ayer lo soñé. Le enseñé sobre mi… nuestra habilidad.

Yumegami tragó en seco. Sabía que para Khaos era muy difícil admitir que su futuro hijo tendría la misma habilidad fatal que ella.

—¿Cuándo sabré si puedo ir contigo? —inquirió la chica entonces.

—Espero tengan una resolución la semana entrante. Después de la cena de Año Nuevo. Aunque habrá mucha gente aquí.

Khaos supo a qué se refería. La última noche del año era la única ocasión en que se recibía en la casa de los Arafat Médici a gente que no necesitara los servicios del Albedrío. Se reunían las familias de los siete fundadores, así como varios clientes antiguos y actuales.

—Seremos los anfitriones de los nuestros —recordó Yumegami.

Khaos notaba cuánto le importaba a Yumegami conocer en persona al resto de Proyectos libres que existían, por muy pocos que fueran. A ella también le llamaba la atención saber cuántos andaban por allí, intentando vivir con toda la normalidad que podían.

—¿Sabes lo que…? ¿De qué especies son?

Yumegami adoptó un gesto de reflexión.

—Creo recordar que hay alguien a quien llamaron toxigénito, por sus habilidades para convertir todo lo que toca en venenos y similares. También hay otra persona llamada espectroparlante, porque puede hablar con los muertos. Y luego…

—Espera, ¿dijiste “espectroparlante”? ¿No estaba ese nombre en el laboratorio de la Torre Rainbow?

—Sí. Por lo visto, ese fue el Proyecto al que Mía ayudó a escapar. Su Desertor no tuvo tanta suerte y según averigüé después, el Proyecto resultó tan lastimado que él mismo casi se convierte en espectro.

—Con “espectro” te refieres a…

—A fantasma, sí.

A Khaos nunca le había agradado el tema de la muerte. Quizá porque en el pasado, se había librado de ella por muy poco.

-&-

La cena de Año Nuevo en el Albedrío era digna de aparecer en las revistas de sociedad, pero por obvios motivos, nunca se hacía pública. Además, la mayor parte de los reunidos allí tenían cosas qué ocultar, no precisamente malas, pero debían permanecer anónimas. Khaos lo descubrió pronto, al pasearse por allí recibiendo invitados, organizando pequeños detalles y charlando brevemente con quien la abordaba.

—Mucho gusto —saludó en la puerta a una pelirroja muy guapa de ojos plateados que lucía un precioso vestido rojo; iba del brazo de un hombre de cabello castaño rojizo de semblante amable, traje gris oscuro y corbata roja. Llevaban a tres niños, siendo los dos menores idénticos a excepción del color de ojos —Bienvenidos. ¿Me permiten su invitación?

La pelirroja tendió un sobre curioso, mitad blanco y mitad negro, con una cintilla al centro con los colores del arco iris. Khaos pasó un lector infrarrojo por la cintilla y en la pantalla de la computadora que tenía cerca, leyó la información.

—Pase, por favor, familia Kinokaze —Khaos indicó con un gesto de mano el pasillo principal.

El matrimonio asintió con cordialidad, en tanto los niños corrían con ganas y soltando risas de alegría.

—¿Cómo te va? —inquirió Beltane Stoker, acercándose.

Al igual que todo el mundo, Stoker iba muy elegante, con un traje azul marino que de alguna forma, destacaba el tono de sus ojos. La corbata, gris plateado con finas rayas azules y blancas, tenía el nudo algo flojo en ese momento.

—Espera, deja te arreglo —indicó la joven, estirando las manos hacia el cuello de Stoker —¿Nunca usas una de éstas?

—Claro, pero me fastidian mucho. Aparte, estaba ayudando a poner la mesa, no quería quedarme sin aliento mientras encendía los candelabros…

—Ya entendí, ya entendí. Listo.

Stoker le agradeció con una sonrisa.

—Y tú, ¿estás bien con ese vestido?

La muchacha arqueó una ceja, mirando hacia abajo. Su atuendo era largo, de suave tela color gris azulado, con un bordado magnífico en la parte baja que formaba espirales destellantes compuestas por cristales y lentejuelas. Azur Blasón de Eaglepass había tardado una semana en tenerlo listo, porque lo cosió ella misma. Khaos no sabía cómo pagárselo, pero al entregarle la prenda, Azur no quiso escuchar ni una palabra al respecto.

—Tómalo como un regalo anticipado —pidió con una sonrisa radiante.

En ese momento no supo a qué se refería y de hecho, seguía sin saberlo. Así que decidió agradecerlo y disfrutarlo.

—Claro que sí. Según Azur, la tela es especial para la época. Me alegra, porque últimamente hace mucho frío.

—Sí, eso he oído. Bueno, voy a ver cómo les va en la cocina.

Stoker se perdió de vista en el interior de la casa.

Cuando faltaba media hora para la cena, ya estaba allí la totalidad de los invitados. Algunos se habían saludado nada más verse; otros, a juzgar por las expresiones a su paso, causaban estupor por un momento antes que alguien se atreviera a  entrabar conversación con ellos. Era evidente que todos se conocían, al menos de vista, y estaban encantados de estar allí. Incluso los niños que asistían, que jugaban unos con otros de forma natural y despreocupada.

Para albergar a tanta gente, Viola había dispuesto que se abriera un salón cuya puerta, desde la entrada, quedaba antes de llegar a la sala principal. El susodicho salón era de techo alto, con unas cuantas arañas de cristal que alumbraban intensamente, los cortinajes en las ventanas eran de terciopelo azul rey con bordes dorados y los muebles tenían un aire antiguo y refinado, acorde a la ocasión. La gente se acomodaba en sillones mullidos o en butacas, en torno a algunas mesas de centro donde estaban dispuestos bocadillos y bebidas.

—Esto es otro mundo —siseó Stoker, toqueteando el nudo de su corbata con cierto fastidio —Me recuerda la casa de mis abuelos…

—¿Los que tienen la mesa del comedor de cinco metros de largo?

—Esos mismos. Son de esas personas raras a las que les encanta el dinero y la posición social. Hubiera querido ver sus caras cuando mi padre anunció que se casaba con mi madre, debieron ser geniales…

—¿Por qué?

—Su madre es humana.

Yumegami se había acercado a los dos sin que se dieran cuenta, con los ojos fijos en algún punto lejano, lo que en él era un gesto diario. Stoker meneó la cabeza, dejando el tema, pero Khaos arqueó una ceja antes de admirar el aspecto del recién llegado.

Portaba un esmoquin negro, similar al que se veía en los empleados de algunas de las familias más adineradas de la ciudad. Su corbata era azul cielo, a rayas grises, lo que daba a sus ojos cierto colorido, pese a ser casi blancos. Como Stoker, se veía incómodo por el atuendo, pero su problema parecía estar en sus pies, calzados ese día con relucientes zapatos de charol negro. No dejaba de golpear el suelo ya con un pie, ya con otro, manteniendo su semblante imperturbable de costumbre.

—¿Cómo sabes que…? Olvídalo —aparentemente, Stoker ya tampoco se molestaba en averiguar el modo en que Yumegami se enteraba de cosas que él nunca había mencionado —Sí, mis abuelos prácticamente desheredaron a mi padre cuando se casó con mi madre. No lo hicieron literalmente porque sabían que mi padre era el mejor de la familia, pero fingieron que no existía. Creo que hasta se alegran cuando dicen que quizá esté muerto.

—¿Tanto así? —se sorprendió Khaos.

—Supongo, no lo sé. Hace años que no los visito. La última vez que lo intenté fue cuando entré a la universidad y me cerraron la puerta en la cara. O mejor dicho, su mayordomo me cerró la puerta en la cara. Y por cierto, el tipo se vestía como tú ahora.

Observó a Yumegami, quien no prestaba la menor atención, o al menos eso parecía. De pronto, él dio una cabezada en dirección a la parte del salón que tenía a la derecha.

Allí, según alcanzaron a ver Khaos y Stoker, no había nadie, pero después se pusieron Himmel y Keb en su campo de visión, ambos vestidos de blanco y turquesa, cuchicheando algo que los divertía mucho.

—Casi es hora —avisó Yumegami, fijando los ojos en Stoker.

—¿Ya? —el pirogénito abrió los ojos con sorpresa —Déjamelo a mí. Ahora tengo que ver algo en el comedor.

Stoker se marchó a toda prisa y Khaos arqueó una ceja interrogante hacia Yumegami, quien simplemente le sonrió.

—Eres lo más bonito que he visto en mi vida.

Los cumplidos no eran la especialidad de Yumegami, los hacía sin darse cuenta al declara algo que para él era nada más que la verdad. Como ahora, que había dejado a Khaos muda de asombro, sonrojada.

—Ah… Yo… Es que…

—¿Es el vestido de Azur–sama?

—Sí, ¿lo viste en un sueño?

—No. Yo se lo pedí para ti.

Eso dejó a la joven completamente abrumada.

—No tenías qué…

—Es un día importante.

Khaos, creyendo que se refería a que conocerían a otros Proyectos libres, asintió un par de veces con la cabeza, para luego acomodarse el flequillo con una mano. Ese día su cabello estaba peinado en un moño que se sujetaba con muchos broches, los cuales estaban adornados con pedrería azul y gris en forma de flores, espirales y mariposas. Eso combinaba con los aretes y el collar que llevaba, que igual lucían flores y mariposas.

—Y supongo que todo el conjunto fue tu idea, ¿no?

—En realidad, no. Voy a presentarte a alguien y después te lo explico, ¿te parece bien?

Sin quedarle más remedio, Khaos volvió a asentir, preguntándose a quién le presentaría. Yumegami mismo había mencionado una vez que no se relacionaba mucho con las personas… a menos que se contaran los sueños.

—Hola —saludó Yumegami de pronto, a un recién llegado —Es ella.

—Ah, sí, tu joya entre las joyas, tu flor de la pradera…

La persona que hablaba era de un aspecto bastante peculiar, con la piel morena y el cabello castaño cenizo ostentando un mechón de color azul eléctrico en el flequillo. El hombre era joven, probablemente de la edad de la misma Khaos, y quizá era por eso que había prescindido de la corbata al ponerse una camisa blanca de cuello redondo con su traje azul medianoche. En la solapa ostentaba algo parecido a una rosa, cuyo color azul la delataba como algo poco común. Los ojos del individuo, castaños y brillantes, observaban a Khaos con detenimiento, genuinamente embelesado, para luego cerrarse con fuerza y mostrar al poco rato otro color: un gris suave, extrañamente cálido, con unas cuantas vetas azules.

—Esto está mejor —indicó el hombre, dejando escapar una risita —Mi tía no bromeaba, es preciosa.

Yumegami asintió en silencio.

—Khaos, te presento a…

—¡No me llames por mi nombre, Yumegami! Soy Thomas.

—De acuerdo. Khaos, él es Nohek Thomas, que prefiere que lo llamen por su apellido.

El recién presentado dejó escapar una carcajada alegre, sonora, que llamó la atención de unos cuantos. Al poco rato, el hombre se revolvió el flequillo, con lo que su mechón azul pasó a ser rosa chicle, y señaló.

—Vamos, Yumegami, admítelo. Tú también lo preferirías si la necia de tu madre te hubiera puesto Nohek.

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Re:Rilato [16/¿?]
« Respuesta #58 en: Enero 31, 2013, 08:11:51 pm »
Genial *.* No sabes como me gusta esta historia... Me sigo liando con los nombres, creo que al final voy a tener que hacer la listita que te dije e ir apuntándome todos los personajes porque vaya cabeza la mia xDD
La capacidad de imaginar es el mayor recurso del ser humano.


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Re:Rilato [17/¿?]
« Respuesta #59 en: Enero 31, 2013, 11:05:18 pm »
017: Quórum.
(Abierto)


Quiéreme mucho, te he de corresponder…
Quiébrame un poco, me he de reponer…
Quítame todo, no me has de volver a ver…

—Mucho gusto —Nohek Thomas tendió la diestra, enguantada en blanco —Es un placer conocer a quien ha dejado a Yumegami en calidad de idiota.

Khaos parpadeó, confundida, antes que Nohek riera de nuevo.

—¡Es broma! Señorita, se ve que conoce bien a este traga–sueños. Me alegro por ustedes y por ese encanto de niño.

—¿Khronos? —susurró Khaos, estupefacta, estrechando la mano tendida.

—Ah, con que lo llamaron así. Entonces yo me equivoqué, tendré que hablar con mi padre —Nohek se encogió de hombros —En fin. Otro día acertaré, ¿no? Como con el vestido.

Nohek señaló con un gesto el atuendo de Khaos, quien no atinaba a comprender de qué se trataba todo aquello.

—En realidad, no habrías acertado de no haberlo visto yo —corrigió Yumegami con amabilidad —En caso contrario, Azur–sama no lo hubiera hecho exactamente como le describí.

—Diablos, tienes razón. Espero al menos acertar con lo otro, aunque mi tía y mi primo lo vieron primero. Claro que ellos no ahondaron en detalles y yo sí, incluso te los pasé…

—En ese caso, ocurrirá lo mismo que con el vestido.

Llegados a ese punto, Nohek rió mucho más fuerte que antes. Logró calmarse justo cuando arribaba una joven morena que se parecía muchísimo a él, incluso tenía un mechón del flequillo de un color llamativo, que en su caso era rojo encendido. Había que reconocerle su estilo, porque el vestido que portaba, del tono exacto de rojo que su mechón, era de un inusual aire gótico, con bordados negros en forma de enrevesadas rosas y mariposas en la parte baja de la falda cortada en sesgos, como si en el último minuto la hubieran cortado con unas tijeras. Usaba unos guantes largos y negros, a juego con los zapatos, las medias y la joyería; ésta era en realidad bisutería barata pero muy bonita, donde brillaban los cristales rojos y negros que formaban unas cuantas rosas con sus espinas.

—¿Ahora qué te pasa? —quiso saber la joven, dirigiéndose a Nohek.

Por toda respuesta, él señaló a Khaos y Yumegami, revolviéndose otra vez el flequillo y dejando de nuevo azul el mechón coloreado.

—Ah, ya —la joven, en apariencia, comprendió al instante y sonrió.

—Khaos, ella es Nicté Thomas, hermana de Nohek.

—Gemela —corrigió la aludida con orgullo.

Khaos le sonrió y aceptó la mano que le ofrecía, conteniéndose de tragar en seco. Era evidente que Nohek y Nicté se entendían, al contrario de Yumegami y el tal Shi.

Apartó el pensamiento. No quería pensar en problemas esa noche.

—Como habrás escuchado, Nohek previó tu atuendo, yo lo vi en uno de sus sueños y le pedí a Azur–sama que lo hiciera. Los Thomas son en su mayoría metamórficos o hechiceros, pero el padre de ellos, Nathaniel–san, además de ser ambos, resultó precognitivo. Por otro lado, la familia de su madre, Alitzel–san…

—¿Vas a recitar todo nuestro árbol genealógico? —quiso saber Nicté, en tanto su gemelo apenas contenía la risa.

—No, supongo que no es necesario. Solo una cosa antes de retirarnos, ¿sigue en pie lo acordado?

Nohek asintió, repentinamente más sereno, lo mismo que Nicté.

—Muchas gracias.

Yumegami tomó de la mano a Khaos y la condujo fuera del salón, al pasillo principal, dejando escapar un suspiro.

—Te agobia tanta gente, ¿no? —insinuó Khaos.

Él asintió, haciendo una mueca.

—¿Podemos ir un momento a otra parte?

La muchacha le dio la mano y caminaron hacia la sala principal. Yumegami abrió la puerta y le cedió el paso.

Khaos comprendió la razón apenas puso un pie allí.

El lugar estaba inundado de luces, pequeñas esferas resplandecientes que se parecían a luciérnagas, pero más anaranjadas y parpadeantes. Cuando se fijó mejor, descubrió que eran llamas, flotando por todos lados como si fueran el resultado de haber encendido miles de velas. Khaos giró sobre sí misma con lentitud, admirando el efecto, sonriendo cada vez más, así que no se dio cuenta de nada más hasta que Yumegami habló.

—Quise ver algo que soñé hace mucho tiempo. Tú, rodeada de luces, feliz y hermosa. Quise ver eso antes que hacer esto.

Khaos, sobresaltada, sintió que Yumegami le tomaba una mano, parando sus vueltas, para acto seguido apoyar una rodilla en tierra.

—¿Pero qué…?

No pudo terminar la pregunta. El joven le tendía una cajita negra.

—No es cierto —musitó ella.

Abrió la cajita con dedos temblorosos, aprovechando que Yumegami había soltado su mano por un instante, para luego quedarse sin palabras.

Allí, sobre terciopelo negro, había un anillo con una diminuta mariposa hecha de piedras preciosas azules, en cuyo centro resplandecía un único diamante blanco, que lanzaba tenues destellos.

—Por favor, cásate conmigo —pidió Yumegami con una voz suave y baja, casi como si temiera que estaba solicitando algo inalcanzable.

Khaos aún no hallaba su voz y en cambio, comenzó a llorar. Eso alarmó a Yumegami, quien se irguió enseguida y besó sus mejillas.

—¿Estás bien? —inquirió él —¿Hice algo mal?

Ella negó con la cabeza, devolviéndole la cajita. Eso descolocó a Yumegami por completo, sintiendo como si algo duro y frío le golpeara el corazón. Trató de adivinar qué pensaba Khaos, pero le resultó imposible.

Salió tal como presentía. Ella, en definitiva, no querría unirse a él de por vida. Siempre tendría miedo, o la lastimarían.

—¿Me lo estás pidiendo… por Khronos?

Esa pregunta Yumegami no la esperaba.

—¿A qué te refieres?

—Es que… La gente dice cosas y…

—La gente no sabe nada de ti ni de mí. Ambos queremos a Khronos, para eso no necesitamos casarnos.

—¿Entonces?

Yumegami tuvo un chispazo de lucidez. Khaos no se estaba negando a casarse con él. Lo que necesitaba era oír el por qué él se lo estaba pidiendo. Y sabía exactamente qué razón darle.

—Quiero que el mundo sepa que nos pertenecemos, que esté consciente de que no tengo a nadie más importante que tú. Quiero que Khronos tenga la familia que merece. Quiero… quiero tenerte a mi lado para amarte el resto de mi vida.

Khaos lo contempló por un momento que a Yumegami se le hizo eterno. Nunca, que él recordara, había sentido tanta incertidumbre al esperar una respuesta. Deseó un sí como jamás lo había hecho. Por una vez, quiso hacer realidad uno de sus sueños.

—Yo también —oyó que murmuraba ella con timidez.

Fue suficiente para él. Colocó el anillo en el anular izquierdo de Khaos, pero ella pronto se lo cambió al dedo medio, sonriendo.

—Me queda flojo —explicó con nerviosismo.

—¿Quieres que lo mande arreglar?

Khaos observó por un momento su mano izquierda, donde la mariposa lanzaba guiños luminosos que la emocionaban de forma abrumadora. Negó con la cabeza suavemente.

—Siento que aquí luce mejor —afirmó, mostrando la mano —Gracias.

Yumegami fue quien negó en silencio esta vez, inclinando la cabeza y dándole un beso largo, pausado, tierno incluso.

—Gracias a ti —le susurró a ella.

Y ambos, inundados por la dicha, se volvieron a besar.

-&-

La cena fue servida en el comedor de la casa, que por fortuna era suficientemente amplio para ocasiones como aquella. La gente ocupaba sus asientos con diligencia, agradeciendo la consideración de Viola y Alí por colocar a cada invitado entre personas que lo hacían sentir cómodo.

—¡Qué bonito! —alabó Himmel con una gran sonrisa.

Sentada a la izquierda de Khaos, tenía una buena vista de la mano que la joven había posado un momento sobre la mesa. Himmel señalaba el anillo con la mariposa, brillando cada que su dueña movía los dedos.

—Ah… gracias —Khaos le sonrió a Himmel, con las mejillas rojas.

—¿Ves cómo le gustan a Kuu las mariposas?

La otra arqueó una ceja.

—¿Lo sabías?

—Algo así. Keb y yo le ayudamos a Kuu a conseguir el anillo.

—¿Cómo?

—Keb conoce a alguien.

Khaos no quiso ahondar en el tema.

—¿Y cuándo será? —quiso saber Himmel, hablando en susurros.

—Kuu prefiere que sea después del Quórum, aunque no sé…

Himmel asintió en silencio.

—Eso es complicado. Pero si Kuu lo dice, lo hará.

Era increíble la fe que la pequeña onminauta le tenía a Yumegami. Khaos tomó nota mental de que eso debía seguir así.

De pronto, en una de las cabeceras, sonó el tañido de una copa de cristal siendo golpeada por una cuchara. Viola llamaba al silencio, el cual no tardó en hacerse, luego de lo cual ella se puso de pie.

—Les agradezco a todos su presencia esta noche —comenzó —Han venido a este lugar en diferentes momentos de su historia buscando ayuda y me alegra muchísimo que hayamos podido dársela. Espero que el año venidero les traiga felicidad y si en algo podemos servirles, no tienen más que llamar a nuestra puerta. Buen provecho y siéntanse como en casa.

Un sosegado aplauso surgió en respuesta, junto con algunos silbidos bajos. Pronto se calmó el alboroto para que se sirviera la cena gracias a las habilidades de Viola.

—¿Cómo es que nunca se cansa? —apreció Nohek Thomas a mitad de la mesa, compartiendo algún chiste privado con su gemela.

—Cuidado con el cuchillo, Kenichi, ¿entendiste?

—Sí, claro, mami. ¿Ayudo a Taisho y a Taiyou?

—No, tu padre lo hará. Fuji, por favor…

—Papá, ¿el tío Napoleón va a servir ese platillo que nos gusta?

—Eso creo, Soleil, pero primero debes comerte la sopa.

—¿Y recuerdas lo que dijo el abogado de mi ex–jefe después? Que yo le eché una maldición al negocio, ¡tonterías! Los Lumière no maldecimos…

Las conversaciones pronto fueron breves y a intervalos irregulares, admirando la destreza gastronómica de Napoleón Eaglepass y sus mejores chefs. Mirando las sonrisas y semblantes resplandecientes a su alrededor, Khaos quiso creer que el año venidero sería el mejor de su vida.

No sabía lo equivocada que estaba

-&-

Transcurrieron dos meses sin que se notara, a excepción de que el clima se tornó ligeramente menos frío. Khaos se impuso una rutina: por la mañana, las clases en línea; por la tarde, trabajar un poco en el Albedrío. De no ser por algunos mareos y su constante hambre, la joven no podría acordarse de que estaba embarazada.

—¿Quieres más, Khaos?

Himmel había cocinado por primera vez sin ayuda y le ofrecía a Khaos una porción más de sopa de verduras, feliz de que la receta le hubiera salido al primer intento.

—No, gracias, quizá más tarde. ¿Y Keb?

—Vigila.

Khaos asintió. Keb, como omniguarda, tenía la facultad de observar distintas realidades y abrir caminos hacia ellas; eso incluía la realidad del tiempo, aunque solamente se había atrevido a ver el pasado.

—El futuro cambia a cada rato —había declarado el joven de verdes cabellos una vez, como si se quejara, al tiempo que encogía los hombros.

—¿Le llevamos sopa? —propuso Khaos entonces, refiriéndose a Keb.

—Sí, claro.

Ambas prepararon una charola y estando por salir de la cocina, entró Keb apresuradamente, con la expresión de alguien apurado y preocupado.

—¿Y Kuu? —inquirió sin más.

—En la escuela, ¿verdad, Khaos?

—Sí, tenía clases hasta después de las cuatro. ¿Qué pasa, Keb?

El aludido apretó los labios, en apariencia frustrado, antes de mostrar una mueca de resolución y salir tan rápido como había llegado. Himmel y Khaos apenas tuvieron tiempo de mirarse entre sí cuando Vittorio entró a la cocina de golpe, con un notorio miedo reflejado en su carita y en las lágrimas que no llegaba a derramar. Khaos se acercó a él, tendiendo los brazos con lentitud para poder abrazarlo.

—¿Qué pasa? —le preguntó con suavidad.

El niño abría y cerraba la boca, buscando cómo explicarse, rodando los oscuros ojos en todas direcciones.

—¿No está mamá? —quiso saber Vittorio, hablando en voz muy baja.

—No, todavía no vuelve.

Vittorio apretó los labios y siguió paseando la mirada por todas partes. Khaos sabía que al niño no le gustaba pedir ayuda, pero en esta ocasión, no parecía ser el mismo de siempre.

—Khaos, Kuu… ¿Kuu es bueno, verdad?

—¿Qué?

La pregunta no tenía ningún sentido. No para Khaos, al menos. Trató de contestar lo mejor que pudo.

—Yo creo que Kuu es bueno —dijo con dulzura, acariciando los rubios cabellos de Vittorio —Y también lo creen tu mamá y tu papá, ¿verdad? —el chiquillo asintió un par de veces —¿Tú qué crees?

—Yo… siento que es bueno —contestó Vittorio en un susurro.

—Entonces no hay de qué preocuparse, ¿verdad?

—Pero vi…

El niño regresó a su actitud anterior, sin dejar de mover los ojos de un lado a otro.

—¿Dónde está Alhelí? —se le ocurrió preguntar a Himmel.

—En su cuarto, haciendo tarea.

—¿Por qué no vas con ella un momento y…?

—No, no, todavía no.

Y cerrando los ojos, Vittorio se arrimó más a Khaos, alzando sus bracitos para echárselos al cuello, escondiendo la cara en uno de los hombros de la muchacha. Estaba temblando.

—Vittorio, ¿quieres sopa de verduras? —ofreció Himmel amablemente.

El niño asintió sin moverse apenas.

—Ahora te la sirvo. A ti también, Khaos. Siéntense.

Khaos intentó cargar a Vittorio, pero él se separó de ella con la carita ya no asustada, sino preocupada.

—¡No, no, yo voy solo! Mamá dijo que no debes cargar nada.

—Pero tú casi no pesas.

—¡No importa, eso dijo mamá!

Khaos y Himmel suspiraron con alivio únicamente cuando vieron a Vittorio comerse dos raciones de sopa mientras les dedicaba una sonrisa.

-&-

Contrario a lo que Khaos sabía, Yumegami no estaba en clase desde las dos de la tarde. Acompañado por un Stoker de pésimo humor, había ido a una dirección que no era frecuentada por gente común y corriente.

—¿Me quieres explicar, de una buena vez, por qué hacemos esto?

Stoker nunca había sido partidario de los secretos. Sabía que existían, pero nunca tenía uno propio si podía evitarlo. Le parecían un signo de desconfianza hacia los demás.

—¿Sabes qué familia vive aquí?

Yumegami por fin detuvo sus pasos frente a una casa color azul pálido de estilo antiguo, similar a las que se veían en fotografías de algunas ciudades del continente de Pandemundi. Stoker arqueó una ceja.

—No, casi nunca vengo por estos rumbos —reconoció el pirogénito.

—Es la casa de los Thomas.

—¿Cuáles Thomas?

Sin responder, Yumegami llamó al timbre, ubicado a la derecha de una puerta de madera gruesa y oscura, donde estaban tallados algunos animales y símbolos, entre ellos un águila, un león y un ojo encerrado en un triángulo formado por tres líneas entrelazadas.

—Bienvenido, Kuu Yumegami. Justo a tiempo.

Tan distraído estaba Stoker admirando la fachada de la casa, que dio un respingo al escuchar esa voz, tan cordial pero a la vez misteriosa. Al fijarse en la entrada, se topó con un hombre trajeado, de lacio cabello rubio, rostro cuadrado y ojos de un penetrante color gris, que sonreía como si viera que algún plan estaba saliendo según lo previsto.

Entonces Stoker recordó de dónde conocía el apellido Thomas. Aparte de haber sido invitados en la cena de Año Nuevo de los Arafat Médici, esa familia de hechiceros era una de las más respetadas actualmente porque varios de sus miembros nacían con el don de la metamorfosis. Y, aunque a últimas fechas los hechiceros precognitivos eran escasos, los Thomas habían dado unos cuantos, cosa sumamente valiosa entre sus congéneres.

No se sabía mucho de los Thomas actuales, solamente que sus raros dones venían por ambas líneas. La abuela de la actual generación había sido una hechicera metamórfica en pleno dominio de sus habilidades y sus predicciones se consideraban las más acertadas. Su hijo, actual jefe de la familia, había heredado esas facultades y se casó con una hechicera cuyo apellido también era famoso en Mexitlán por pertenecerle a individuos con múltiples y curiosas habilidades.

Eso explicaba esos nombres tan pintorescos unidos al apellido, pensó Stoker al devolverle la sonrisa al hombre rubio que los recibía. Se preguntó con cuál de los Thomas estaban tratando cuando Yumegami, haciendo una reverencia, le despejó la duda.

—A sus órdenes como siempre, Nathaniel–san

—Te lo agradezco mucho, aunque no sea necesario. ¿Señor Stoker?

El aludido, dando un respingo, solo atinó a cabecear en señal de reconocimiento. Nathaniel Thomas le dedicó una sonrisa enigmática.

—Buena elección —dijo, mirando a Yumegami, antes de hacerse a un lado —Pueden pasar, los esperan.

—¿Quiénes? —se interesó Yumegami.

Nathaniel señaló el fondo de la casa, a la cual entraban por un pasillo estrecho con algunas puertas en los costados y que terminaba en una escalera y otra puerta.

—¿Vas a decirme que hoy vienes en blanco? —por lo visto, tal idea divertía ahombre rubio, puesto que amplió un poco más su sonrisa.

—No exactamente, pero…

—Comprendo. No te preocupes, si llegas a ver a alguien más, será una persona digna de confianza. Nos aseguramos de ello. Por otro lado, tu amigo podría ser útil. No es común toparse con un Gamma Uno.

—¿Cómo supo que…?

Stoker no terminó su pregunta. Algo en la sonrisa de Nathaniel le indicaba que, como Yumegami, podía conseguir información a manos llenas.

Siguieron a su anfitrión por el pasillo, para luego cruzar la última puerta a su derecha.

—Llegaron a tiempo —anunció.

Habían entrado a una habitación que era una extraña combinación entre sala y estudio, donde dos de las paredes estaban cubiertas por grandes estantes llenos de libros y, junto a ellos, unas cuantas butacas invitaban a reposar con una buena lectura en mano. Sentada a un largo escritorio de madera pulida, una mujer de cabello rubio y ojos de un pálido tono gris sonreía con misticismo a los recién llegados. Lucía un vestido muy formal color azul marino y botones de bronce, así como una expresión contradictoria, mitad ansiosa y mitad serena. Stoker arrugó la frente, segura de haber visto a esa mujer en alguna parte. Fijándose de reojo en el resto de los presentes (entre quienes se contaban los gemelos Nohek y Nicté), notó que todos guardaban respetuoso silencio.

—Es un placer conocerte finalmente, Kuu Yumegami —la mujer rubia amplió su sonrisa de manera casi imperceptible, antes de borrarla de su rostro lentamente y señalar las dos sillas frente a ella —Tu amigo y tú pueden tomar asiento, por favor. Por cierto, Beltane Stoker, la respuesta a tu pregunta es “este año”.

—¿Perdón? —se sorprendió el pirogénito, cuando apenas había dado un paso para ocupar una de las sillas ofrecidas.

—¡Abuela! ¡Quería decírselo yo! —se quejó en broma Nohek.

—No lo tenías demasiado claro, querido. Y en esas circunstancias, es mejor no decir nada, ¿comprendes?

Nohek asintió, revolviéndose el flequillo, que ese día llevaba un mechón color verde limón.

—El placer es mío, Mara–dono —Yumegami hizo una reverencia antes de sentarse —¿A qué debo el honor de su presencia?

—No es precisamente un honor que venga a la casa de mi hijo, pero gracias por decirlo. Respecto al motivo, debes tener una idea.

Yumegami asintió.

—¿Qué tanto sabes de este asunto, Beltane Stoker?

—Ah… solamente supongo cosas con lo que Kuu me ha contado, señora. Estamos aquí por el asunto del Quórum, ¿verdad?

—Correcto. Hemos dedicado meses a los trámites necesarios y podemos decir, finalmente, que estamos listos.

Stoker no pudo evitar mostrar su asombro. Por lo que había averiguado, llamar a la CIC a Quórum era un procedimiento engorroso, si se miraba solamente en papel. Había que llenar formularios, redactar propuestas, recabar firmas… Quizá el excesivo trámite era parte de la razón para que el Quórum no fuera solicitado con frecuencia.

—¿Entonces serán los hechiceros quienes…?

Ante la insinuación de Stoker, Nathaniel negó con la cabeza.

—Los hechiceros somos la especie monstruosa más numerosa, pero no es conveniente que respaldemos esto —explicó Mara con serenidad —Daría pie a varias sospechas, entre ellas que los precognitivos hayamos visto algo que nos favorece y por eso apoyamos algo tan ilógico, en apariencia, como el reconocimiento de nuevas especies. Así pues, nos arriesgaremos empleando una táctica que pocos esperan.

—¿Y eso es…?

Mara esbozó de nuevo su sonrisa mística. Esa que, por lo visto, había heredado su hijo Nathaniel.

—¿Conoces al señor Rouge, aquí presente?

A la izquierda de Stoker, sentado en una butaca entre Nohek y Nicté, se hallaba un hombre con el aspecto de ser alguien serio que nunca se andaba con rodeos. Su traje era gris oscuro, al cuello traía anudada una corbata verde botella, sus zapatos negros estaban impecables y todo eso no coordinaba del todo con su ovalado rostro de aspecto juvenil, cubierto de pecas, ni con su despeinado cabello rojizo. Mucho menos con sus ojos azules, que dedicaban miradas penetrantes, incluso desconfiadas, a casi todo a su alrededor.

—Rouge… Rouge… —Stoker repetía el apellido en voz alta para hacer memoria —¡Momento! ¿Hablamos de “ese” Rouge? ¿El…?

—Vaya, alguien por fin se impresiona ante mi mera mención —ironizó el señor Rouge, sonriendo apenas pero sin que el gesto fuera compartido por sus ojos —Sí, jovencito, soy yo, ¿algún problema con eso?

Stoker se apresuró a negar con la cabeza, sin decir palabra.

—Un placer conocerlo, Maurice–dono —Yumegami le dedicó al señor Rouge una inclinación de cabeza —¿No tiene inconvenientes? —preguntó.

—Ninguno. Y me sorprende, cuando generalmente, los problemas de los monstruos no son de mi interés.

—¿Cuándo se podrá proceder?

—El periodo oficial para llamar a Quórum inicia mañana, esperaremos un par de días antes de comenzar. Si queremos que esto resulte, nos atendremos a las leyes en todo lo posible. Ya conversé con el abogado, buen tipo. Dará el asesoramiento y será el Respaldo.

—No, ese seré yo.

El señor Rouge, al ponerse de pie intempestivamente, dejó muy claro que no le gustaba que lo contradijeran.

—¿Tú, el Respaldo? ¿Tienes la menor idea de lo que significa? ¿De lo que podrían llegar a hacerte para apoyar o desacreditar el Quórum?

Yumegami asintió una sola vez, imperturbable.

—Entonces lo serás, y atente a las consecuencias —espetó el señor Rouge antes de sentarse nuevamente.

—Ya, tranquilo, Mau —musitó Nicté en tono conciliador.

El señor Rouge le dedicó una fugaz sonrisa antes de suspirar.

—Quizá no me gusten los monstruos, pero a fin de cuentas, son tan seres vivos como yo y merecen respeto —se explicó el hombre, pasándose una mano por el rojizo cabello —Eso es lo que defiendo y aún así…

Un curioso sonido, producido por una ráfaga de viento proveniente de la puerta, hizo que los presentes fijaran la mirada en ese punto. Se quedaron atónitos cuando vieron un rostro de verdes cabellos asomándose desde lo que parecía un hueco en la puerta misma… o mejor dicho, en el espacio tangible que era aquella habitación.

—¿Kuu? ¿Estás ahí, Kuu? Casi no puedo ver, es urgente…

Nadie habló mientras Yumegami se adelantaba un par de pasos.

—¿Qué sucede, Keb?

—Eso quisiera saber, ¿cuándo hablaste con el señor Lookmoon?

—Jamás. Ni siquiera lo conozco.

—Entonces explícame a quién vi con él hace tres meses. ¡Hasta le propusiste que llamara a Quórum! Y el señor Lookmoon lo hará mañana.

—¿Quién es Lookmoon? —soltó Stoker en un susurro.

—Mi colega licántropo —contestó al instante el señor Rouge.

Stoker bufó por lo bajo. ¿Qué diablos estaba pasando?

—¿Dices que llamará mañana a Quórum? ¿Estás seguro de eso?

Yumegami frunció el ceño con fuerza al ver a Keb asentir.

—De acuerdo. Investiga todo lo que puedas. Si es posible, que te acompañe Alí–sama. Llegaré al Albedrío en cuanto pueda. ¿Tú estás bien?

—Sí, claro. ¿Dónde estás? Casi no puedo ver nada allí.

—Es un sitio protegido por hechiceros. No te fuerces, Keb.

El muchachito de cabello verde volvió a asentir y el extraño hueco que había formado se desvaneció poco a poco.

—¿Ese chico qué cosa es? —quiso saber el señor Rouge, atónito.

—Es una de las nuevas especies a reconocer —contestó Yumegami sin dar más detalles —Debo regresar —se dirigió especialmente a Nathaniel y a su madre —Disculpen las molestias y espero que nos veamos otra vez.

—Nos veremos —aseguró Mara, mientras Nathaniel asentía en silencio. Ambos mostraban la misma sonrisa enigmática que a Stoker le causaba gracia y temor a un tiempo —Saluda en nuestro nombre a los del Albedrío y diles a esos dos que confíen un poco más en lo que perciben, porque lo que ven les puede hacer mucho daño.

—¿A esos dos?

Mara asintió y Yumegami, buscando una pista de lo que quería decir, observó detenidamente a Nathaniel, a Nohek y a Nicté. Los tres tenían expresiones neutras, pero en Nicté detectó una mueca fugaz que delataba la angustia que la asaltó por un momento ante las palabras de su abuela.

Finalmente, Yumegami asintió y le hizo señas a Stoker para que se retiraran. Su mente trabajaba a toda velocidad para intentar resolver el obstáculo que se presentaba a sus planes, pero en su corazón se había instalado el miedo como nunca antes.

—¿Qué sucede, Kuu?

Stoker había notado el cambio en el perfil de Yumegami, usualmente estoico, ahora con un casi imperceptible gesto de preocupación. Eso solo le sucedía por una cosa en particular, y aunque imaginaba de qué se trataba, necesitaba oír toda la explicación de boca de su amigo.

—Si las cosas fueron como yo creo, no nos ayudará en nada que Lookmoon–san llame a Quórum —comenzó Yumegami, apurando el paso sin darse cuenta —¿No escuchaste lo que dijo Keb? ¡Yo le pedí a Lookmoon–san que llamara a Quórum! ¿Por qué habría de hacer eso, cuando ya había comenzado a planearlo con los Thomas y Maurice–dono? Además, si no mal recuerdo, Lookmoon–san es pariente de Noctelumen.

—Espera, ¿Noctelumen? ¿La licántropa que…?

Stoker no terminó la pregunta ante el asentimiento de Yumegami.

—Los Lookmoon deben ser los licántropos directamente involucrados en el asunto de los Proyectos. Llamando ellos a Quórum, Maurice–dono no podrá hacerlo. Después de terminar un Quórum, hay que esperar al menos seis meses para llamar al siguiente.

—¿Pero para qué? ¿Qué van a solicitar en ese Quórum?

—No quiero ni pensarlo. Me pregunto qué pretende Shi…

—¿Quién es Shi?

Yumegami entornó los ojos, mostrando la furia que sentía consigo mismo. Stoker interpretó correctamente aquello y se detuvo, deteniendo al otro jalándolo de un brazo.

—Antes de seguir, tienes que explicarme todo.

—Beltane…

—¡Nada! Me estoy cansando de tanto misterio, Kuu. Eres mi amigo, ¿quieres entenderlo de una buena vez? Necesito saber en qué me estoy metiendo. Lo hago con gusto, ¿pero cómo quieres que me defienda si no sé contra qué estoy peleando? ¿Cómo quieres que proteja a Khaos y a Khronos por ti, si no sé de qué son capaces los contrarios?

Yumegami lo miró por lo que parecieron segundos eternos y Stoker comenzó a temer que ya no quisiera ni dirigirle la palabra. Sin embargo, al verlo suspirar con cierto aire cansado, tuvo una pizca de esperanza.

—Sigamos —indicó Yumegami con voz pesada, resignada incluso —En el camino te pondré al corriente.

Y mientras se echaban a correr rumbo al Albedrío, Stoker se fue enterando de cosas que jamás habría creído posibles, tanto buenas como malas, y supo por qué era tan importante para Yumegami llamar a Quórum.

Debían hacer lo posible por llevar a cabo sus planes y así, tendrían una oportunidad de ganar aquella malévola carrara contrarreloj.