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Octubre 16, 2018, 07:40:16 pm

Autor Tema: Rilato [20/¿?]  (Leído 14044 veces)

Desconectado THB Potter

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Rilato [20/¿?]
« en: Noviembre 04, 2010, 12:12:04 pm »
Sinopsis:

¿Quién no ha deseado conocer un mundo distinto al normal?

Aproxímate a donde puedes obtener lo que quieras... si es que tienes para pagar el precio exacto.

Podrías vender algo que para ti es basura, pero para otro será un tesoro...

O quizá desees comprar algo que otro, por no encontrarlo útil, ha dejado atrás...

Y tal vez, sólo tal vez, seas de ésos que no tienen nada de valor, más que su propia persona...

Se te dará la bienvenida a donde nada es casualidad... sólo una necesidad.

Donde cobra sentido que en esperanto, Conexión se diga Rilato.



001: Albedrío.
(Abierto)


Allá, donde las ideas se pierden…
Ahí, donde parece que nada extraordinario puede suceder…
Ahora, cuando se cree que ya no hay sueños…

—¡Bienvenida sea!

Las calles no son lo que solían ser. La República de Mexitlán se sumía cada vez más en la situación global, llena de pena, inseguridad, agresión y miedo. La gente vivía lo mejor que podía, pero sin intentar algo más allá de sus posibilidades. ¿Para qué, si de todas formas no serviría de nada?

Pensamientos increíbles en un mundo lleno de maravillas, ¿no?

—¿Qué demonios…?

En una ciudad común y corriente, nadie espera demasiado. No cuando se ha pasado por mucho en la vida.

—¡Gente, gente! —se oía que decían sin parar, pero no se veía la fuente de las voces, agudas e infantiles —¡Vino gente!¡Gente!

—¿Y eso es tan extraño?

La pregunta paró todo sonido, por lo que un desagradable silencio cayó en la estancia.

Aquel lugar, ubicado al final de un estrecho callejón entre dos altos y grises edificios, no tenía una fachada convencional. Era como una casita sacada de un grabado antiguo, de reluciente madera pintada de varios colores, algunas ventanas cuadradas en la planta baja y ventanas circulares en la planta alta. En el techo se distinguían lo que parecían antenas, pero eran de formas tan extravagantes que muchos se preguntarían qué eran lo que captaban. Una de las antenas, la más grande de todas, tenía por terminación un sol dorado con varias puntas a modo de rayos metido en el hueco de una plateada luna creciente. Al final de cada dorado rayo, había una estrella de distinto color.

Una chica había caído ahí por casualidad. Iba ensimismada, preguntándose qué hacer y distraídamente, se desvió de su rumbo y entró al callejón. Y cuando quiso salir, se dio cuenta de la casita y de que su puerta estaba abierta. Así que asomó la cabeza, sintiendo la misma curiosidad que una niña pequeña, y se encontró con un largo pasillo que poco correspondía al exterior del lugar.

Un corredor de techo alto y blancas paredes fue el que la recibió. No daba crédito a sus ojos, pero sabía que era real porque había estirado una mano para tocar una de las paredes, que parecía tenuemente resplandeciente, y descubrió su tacto, liso y frío. Retiró la mano al instante, como si ese descubrimiento fuera demasiado para ella, para a continuación escuchar cómo esas voces infantiles le daban la bienvenida y sonaban tan alegres por ver a alguien allí. Y cuando preguntó si eso era tan extraño, creó el silencio, lo que por cierto, la incomodó más que la inverosímil apariencia de la casa.

—¿Qué sucede? —quiso saber la joven en un susurro —Acaso… ¿acaso dije algo malo?

—No necesariamente. Depende del punto de vista.

La nueva voz, amable y varonil, sobresaltó a la muchacha. Giró la cabeza de un lado a otro buscando al dueño, que acabó descubriendo frente a ella, al final del pasillo. Era un hombre de aspecto joven, aunque el traje azul marino a rayas grises, la camisa blanca y la corbata gris satinado le conferían cierta seriedad. Su tez era de un tono moreno amarillento, como era común en la gente del desierto, y sus oscuros cabellos hacían juego con sus ojos, brillantes y penetrantes. Tras él, un niñito rubio y una pequeña morena le aferraban las manos con fuerza, aunque veían a la recién llegada con amplias sonrisas.

—Perdón, señor, ¿es su casa? —quiso saber la joven, apenada por ser descubierta en una propiedad ajena.

—Sí y no. Pero como ya dije, todo depende del punto de vista. Ahora, dígame, ¿cómo se llama?

La chica suspiró.

—Ahí va… —musitó, sin muchas ganas de contestar.

—No presiones, querido. Mejor hazla pasar.

Una nueva voz, femenina pero algo apática, resonó en el corredor, pero su dueña no se veía presente. Los niños alzaron la vista con ilusión, pero el adulto presionó sus manitas por un instante y ambos recuperaron la compostura.

—Vittorio, Alhelí, ¿serían tan amables de recordar lo que deben hacer? —pidió el hombre con voz amable —Tenemos una invitada.

Los niños asintieron en el acto, soltaron al hombre y se fueron saltando por el pasillo, tomados de la mano.

—Y usted, señorita, será mejor que me siga.

La aludida no tuvo más remedio que obedecer, en vista de que no pensaban hacerle nada malo. Al andar por el pasillo, observó varios cuadros, carteles y fotografías, aunque frunció el ceño al creer que… No, mejor no pensar en ello. Seguro era una alucinación suya. ¿Cómo era posible que algo inanimado, de buenas a primeras, cobrara vida ante ella?

 —Por aquí, por favor.

El hombre de traje le indicaba la puerta al final del pasillo, que pese a su apariencia, era muy corto. Lo habían recorrido a paso moderado y no habían tardado ni un minuto en llegar al final.

—Ah… gracias —dijo la chica, porque según lo que veía, tendría que abrir la puerta ella misma para poder entrar. Así lo hizo.

Al otro lado, una espléndida sala apareció ante sí. El estilo era elegante, un tanto rebuscado pero ciertamente acogedor. Los muebles, en su mayoría de madera con tapicería azul y ricos bordados metálicos, estaban dispuestos de tal forma que no se estorbaran entre sí y tampoco al tránsito de la gente. Como demostraba en ese momento un hombre castaño de uniforma blanco que iba de un lado a otro, jugueteando con un gorro blanco entre las manos.

—Ah, miren, es cierto —pronunció en ese momento la femenina voz apática de antes —Tenemos visitas.

La dueña no tenía nada que ver con su propia voz. Era una mujer muy hermosa, de rubios cabellos que caían en su nuca en delicadas ondas. Sus ojos, de un verde vivo y destellante, observaban todo con una atención que rayaba en el escrutinio. Sus ropas, consistentes en una falda recta color violeta y una blusa color perla, eran parcialmente cubiertas por una bata blanca que en el bolsillo superior izquierdo, mostraba un emblema conocido tanto nacional como mundialmente.

—¿Eso no es del CIIG? —quiso saber la joven, sin poder contenerse.

El CIIG era el Centro Internacional de Información Genética, una de las organizaciones más importantes del planeta. Hacía algunos años habían corrido varios rumores sobre actividades ilícitas, cosa que pareció confirmarse cuando se abrió una investigación que incluía todas sus sedes. Pero si una mujer como aquella rubia trabajaba allí…

León, ¿podrías dejar de pasearte y mejor traernos algo de comer?

No sonaba a orden, pero el hombre que paseaba de un lado para otro se detuvo y se colocó en la cabeza el gorro blanco, que resultó ser de chef. El castaño, con una radiante sonrisa que hacía destacar sus ojos color ocre, se retiró por otra puerta, al fondo de la habitación.

—Ahora, veamos… ¿Khaos, no?

La joven dio un respingo, pero se recuperó enseguida y asintió.

—No parece gustarte mucho —la mujer rubia hizo una mueca.

—Significa “vacío”, Viola —señaló educadamente el moreno de traje.

La rubia asintió en señal de comprensión.

—¿Porqué llamarían así a una niña tan preciosa como ésta?

Khaos se sobresaltó al ver que tras ella, ahora se encontraba una mujer de aspecto tan joven como el propio, con un largo y ondulado cabello negro azulado que caía por su espalda. Sus ojos eran de un azul intenso, oscuro y vivo, en tanto su vestimenta estaba llena de color y alegría. Al llevarse las manos a las mejillas, Khaos le distinguió en el anular izquierdo una argolla de matrimonio y un anillo de compromiso.

—¿Te parece que es linda, Azur? —inquirió Viola amablemente.

—¿Cuándo me he equivocado en eso? —preguntó Azur a su vez, caminando en torno a Khaos y observándola con detenimiento —Tiene buen porte, un lindo rostro, cabello bien cuidado, ojos expresivos… Y su estilo parece auténtico —Azur tomó una de las mangas de la blusa de Khaos y se la acercó a los ojos —¿Hace cuánto que no se ve eso por aquí, eh?

Viola se encogió de hombros, en tanto su moreno acompañante sonreía.

Khaos no creía ser fuera de lo común. Cierto, le gustaba mostrarse erguida y serena, pero porque le ayudaba entre la gente. Su rostro, de forma ovalada, era algo que le agradaba de sí misma, no iba a negarlo. Su largo cabello, lacio y de un claro tono gris, era raro, pero procuraba peinarlo con cuidado y casi siempre lo recogía porque no se decidía a cortárselo. Sus ojos, que a simple vista solían espantar porque en apariencia carecían de color en el iris, eran en realidad de un color gris azulado muy tenue, que podía oscurecerse si la enfadaban. Y en cuanto a lo que Azur denominaba estilo, se trataba simplemente de ropa cómoda, opaca y deslucida, con el único afán de pasar desapercibida.

—Azur, siéntate con Viola, por favor —pidió el moreno de traje —León nos traerá algo de comer. Niños, ¿no tienen tareas qué hacer?

Los dos pequeños se miraron, abrieron los ojos de forma excesiva debido a la sorpresa y miraron enseguida al hombre.

—¡Ahora la hacemos, papá! —afirmaron los chiquillos.

—Muy bien. Despídanse de mamá y vayan a hacerla.

Ambos obedecieron, se acercaron a Viola y cada uno depositó un beso en su mejilla antes de correr a la puerta por la que Khaos, que los veía con cierta fascinación, había entrado.

—Bien, hablemos de negocios —anunció Viola de improviso, captando la atención de los presentes —Azur, ¿tardarán mucho los demás?

—No que yo sepa. Verne quedó de darse una vuelta aprovechando que está en la ciudad, Amaranta tiene un poco de tiempo en su apretada agenda —Azur esbozó una sonrisita al decir aquello —¡Ah! Y Ryoko ya te avisó que iba a llegar tarde por una emergencia, ¿cierto?

Viola asintió justo cuando León entró con dos charolas llenas de platos humeantes y alguna clase de fuente. Azur, que se había sentado a la derecha de Viola, se levantó enseguida y le ayudó con una de las charolas, cosa que el otro agradeció con una sonrisa.

—Puedes sentarte, Khaos —invitó Viola —Alí, tú también.

Miraba al moreno de traje, quien movió la cabeza afirmativamente y se colocó a su izquierda.

—Te preguntarás, Khaos, y con razón, el por qué estás aquí.

Lo dicho por Viola desconcertó por un instante a la aludida.

—Ah… ¿estoy en problemas? —inquirió de repente, confusa.

—Oh, no, para nada. Por eso te lo estoy preguntando.

Nunca, en lo que llevaba de vida, Khaos se había encontrado con una persona tan peculiar como Viola. Y los que estaban a su alrededor no se quedaban atrás, porque de pronto, el moreno Alí desvió la vista de ella y se pasó la diestra por el brazo izquierdo, frotándoselo.

—No sé porqué, pero me estoy congelando —comentó como si nada.

—Perdón —musitó Khaos, aferrando un mechón de su melena y retorciéndolo entre sus dedos, tan níveos como el resto de su piel.

—¿Y eso? —se extrañó Azur, mirándola con las cejas arqueadas.

—Nunca había estado cerca de algo así —para sorpresa de Azur, fue Alí quien contestó —Puedo saber lo que es a esta distancia.

—Muy raro, ¿no te parece? —comentó Viola de manera indiferente.

—Empiecen a comer de una vez —pidió León con voz cansina.

Todos obedecieron, aunque Khaos apenas pudo probar bocado. Algo en lo que había dicho Alí le había llamado poderosamente la atención, porque le recordaba una noticia de hacía algunos años, algo muy sonado…

—¡Lamento mucho la demora! —se disculpó apresuradamente una mujer de cabello castaño dorado, vestida con un traje verde oscuro, entrando en la sala apresuradamente —Recibí el mensaje esta mañana, así que hice un hueco para venir. ¡Qué bonita! —exclamó, fijándose en Khaos.

—Oiga, yo no…

—¡Vaya, Amaranta! Estás de acuerdo conmigo —comentó Azur con sorna.

—Sí, lo sé —la recién llegada soltó una risita, aflojándose el nudo de la corbata amarilla anudada a su cuello en tanto tomaba asiento —Es una señal del fin del mundo, ¿cierto?

Azur correspondió a esas palabras con una sonrisa y se llevó a la boca un trozo de carne asada, colocada en uno de los platos que León había llevado. Amaranta, por su parte, agradeció apresuradamente la comida y también la probó.

Khaos observó al grupo de personas ahí reunido, queriendo encontrar una explicación razonable para lo que estaba ocurriendo. Se preguntó, por un momento, dónde estaban los dos niños, y si estarían comiendo algo tan sabroso como lo que ella degustaba. Se notaba que el tal León era un profesional, ¿cómo, si no, podría preparar una crema de perejil tan exquisita? Tomó un panecillo y lo sintió caliente entre sus dedos, seguro estaba recién hecho…

Un momento, ¿estaba sintiendo el calor del panecillo?

Soltó el alimento bruscamente, haciendo que cayera en su plato de crema y salpicara a su alrededor. Los otros comensales la observaron con curiosidad ante tal hecho.

—Ah, ya lo notaste —dijo Viola como si nada.

—¿Cómo? —fue lo primero que logró decir Khaos, mirándose la mano —Yo… yo nunca… ¿Cómo pasó?

Los demás se miraron unos a otros, sin entender del todo.

—Alí, ¿qué es ella? —inquirió serenamente Viola.

—Algo muy raro… Tiene que ver con algo frío —respondió el nombrado, frunciendo el ceño —Pero no existe algo así en las clasificaciones actuales —se volvió hacia Viola.

—No, por supuesto que no. La especie fue dada por extinta poco antes de la firma del TRAPIR. Aunque si lo que sabemos es correcto, el viejo CIIG tuvo algo qué ver en esto —y señaló a Khaos con la cabeza.

La chica creyó ver una mueca de dolor en Alí y eso la hizo recordar.

—Saber la especie de cualquiera… ¡El Homo Revelio! —exclamó por lo bajo, intentando no sonar maleducada —Fue un escándalo hace como diez años. Leí todo al respecto y…

Supo que había acertado ante el hermetismo en el que se sumieron a su alrededor. No podía creer que estuviera frente a aquel ser que los diarios habían catalogado como experimento ficticio de algunos científicos desleales del CIIG. Había sido terrible que la Universidad Pública de Hidracalia fuera tomada por asalto, pereciendo en un secuestro masivo varios miembros del Concejo Universitario de Estudiantes de aquel entonces. Los responsables solamente reconocieron que se les había enviado a recuperar a un experimento perdido, que se suponía que daba origen a una nueva clase de humano. La descripción de las supuestas habilidades del nuevo ser conmocionó a muchos, pues aún existían quienes querían llevar una vida tranquila sin tener que andar divulgando la especie a la que se pertenecía a menos que fuera necesario. En aquel mundo, lleno de varios seres que únicamente tenían de humana la apariencia, la discreción era sumamente valiosa. Se le consideraba como una de las razones para que la armonía hubiera durado tanto desde que en el siglo XIX se firmara el Tratado de Paz Interracial (mejor conocido como TRAPIR) y entrara en vigor. Khaos había creído que la existencia de un humano único era algo interesante, y se sintió identificada. No sabía de dónde había salido.

—Precisamente por eso pudiste llegar aquí, Khaos.

Viola le sonreía y ella lo agradeció mucho. No veía seguido sonrisas dirigidas precisamente a ella.

—Nosotros, que somos siete amigos, creamos este lugar, que para la gente común, se hace pasar por un negocio de compra–venta —Viola alzó una mano para abarcar su entorno —Compramos lo que otros no quieren y lo vendemos a quien lo solicita. Sin embargo, eso puede abarcar tantos significados, que de vez en cuando, encontramos algunas… transacciones difíciles. Aún así, rara vez rechazamos un trato.

—¿Y eso qué tiene que ver conmigo? —preguntó Khaos finalmente.

—Sencillo: entraste porque así debía ser. Tienes algo que podríamos comprarte. O tal vez nosotros podamos venderte algo.

Khaos sí que se estaba confundiendo. Ella no tenía nada de valor y mucho menos contaba con dinero para comprarse algunos de los lujos con los que soñaba despierta. Viola era una mujer hermosa y enigmática, pero ahora también la consideraba una chiflada.

—No te queda claro, ¿eh? —comentó una voz femenina.

Khaos se giró hacia la entrada de la sala, donde recargada en el marco de la puerta, se hallaba cruzada de brazos una mujer delgada, de piel más blanca que la suya y largo cabello negro peinado en una coleta. Sus rasgados ojos eran de un marrón diáfano como el cristal y sus ropas de calle eran medio cubiertas por una bata blanca similar a la de Viola.

—Creí que llegaría al último, ¿saben? Y Viola, ten la amabilidad de explicar todo de manera coherente —pidió la recién llegada, que se movía con la ligereza de una niña y la elegancia de una bailarina de ballet —Ella no te conoce. Por cierto… —arrugó la nariz levemente —No me gusta cómo huele —admitió tras unos segundos, tragando en seco.

—¿Algo desagradable, Ryoko? —preguntó León.

—Al contrario. No sé qué sea esta niña, pero huele demasiado bien. Necesito un suplemento, si no te importa —miró a León significativamente.

Antes que alguien se moviera, Viola chasqueó los dedos y una lata apareció en la diestra de Ryoko, quien la abrió y apuró el contenido de un trago. En tanto, Alí se aclaró la garganta.

—Ahora que lo recuerdo, ninguno de nosotros se ha presentado —hizo notar —Ella es Viola Médici, mi esposa —señaló a la rubia con un gesto de disimulado orgullo —Ellos son Napoleón Eaglepass y Azur Blasón —tanto Azur como León le dedicaron a Khaos sendas sonrisas —Ella es Amaranta Montemayor —la nombrada inclinó la cabeza cortésmente —La que acaba de llegar es Ryoko Akai —la mujer con el suplemento hizo lo que a todas luces era una reverencia, que Khaos correspondió torpemente, dado que estaba sentada —Y yo soy Alí Arafat.

Poco a poco, Khaos relacionó los nombres con algunas noticias. Amaranta salía en televisión por ser la Subsecretaria de Economía. Ryoko era nombrada en casi todos los hospitales de Hidracalia como una obstetra dedicada. Azur poseía prestigio como publicista y artista plástica. Napoleón era el creador y dueño de la cadena de restaurantes Eat & Go Out!, que se había vuelto muy popular con clases de verano para niños. Y Viola era actualmente jefa de investigación genética en la sede nacional del CIIG. Únicamente Alí permanecía con un bajo perfil, lo que debido a su condición de especie no reconocida, era adecuado.

—Eh, ¿empezaron a comer sin mí? —entró en ese instante un hombre de tez aceitunada, increíblemente guapo, de cabello cenizo y alborotado. Sus ojos, de un suave tono castaño grisáceo, le daban un aspecto misterioso y a la vez atrayente. En un brazo cargaba con una bata blanca —Espero me comprendan, pero tuve que pasar a la Reservación Galfo. Para asegurarme que todo va bien, ya saben —se sentó en una silla que Viola había hecho aparecer segundos antes y tomó un tenedor de los varios ahí dispuestos —León, ¿hiciste mi rollo de carne?

—Verne, eres de la única especie que conozco que se comería ese rollo de carne relleno de menudencias —Napoleón hizo una ligera mueca de desagrado —Por eso no lo tengo en el menú de los restaurantes.

—Tampoco tienes en el menú mi langosta al vino blanco —destacó Azur.

—Eso, bonita, es porque fue un regalo para ti.

—¿Regala comida? —se interesó Khaos de repente.

Los demás la miraron al instante, lo que hizo que se sonrojara.

—Lo siento —se disculpó.

—No pasa nada —aseguró Alí de manera tranquilizadora —A León le encanta hablar de sus creaciones. Ha hecho al menos un platillo exclusivo para cada uno de nosotros.

—No sigas, camarada, porque me apenas —bromeó Napoleón entonces —Y por cierto, ¿querrá tu esposa explicarnos cómo es que esta linda señorita llegó con nosotros? —con la cuchara que sostenía, señaló a Khaos —Si sus hechizos funcionan bien (y siempre lo hacen), sólo gente que necesite de nuestros servicios pueden entrar al Albedrío.

—¿El Albedrío? —murmuró Khaos, sin comprender.

—Sí, así se llama este lugar —confirmó Viola —Hace alusión al poder que tenemos los seres racionales de elegir nuestro camino. Todo lo que te pasa, de manera directa o indirecta, es consecuencia de tus decisiones. Así que… ¿estarías dispuesta a negociar con nosotros?

—Pero… ¿cuáles serían los términos? —inquirió Khaos con cierta aprensión —Veo que… al menos usted es hechicera —miró a Viola directo a los ojos —Sé que si hago un trato con un hechicero, éste puede obligarme a cumplir de cualquier forma y…

—Oh, no soy de esa clase de hechicera —cortó Viola amable, pero firmemente —Pero es cierto que, en la medida de lo posible, haría que cumplieras con nuestro trato sin causarte daños. Eso, claro está, si llegamos a concretar un trato.

—Ah, ya…

—Por otra parte, no creas que una hechicera es de lo único que debes preocuparte si no cumples un trato con nosotros —disparó en ese momento Ryoko, terminándose su bebida y encajando con sorprendente facilidad sus uñas en la lata —Los demás somos de especies que debes temer. Y Alí… Bueno, él podría hallar alguna buena traba legal para perjudicarte.

—Ryoko, amiga mía, te hizo daño el matrimonio —renegó León.

–No, sólo soy realista. Además, no me hizo daño el matrimonio. Me hizo daño que quisieran meterse con Ryoichi.

Khaos arqueó una ceja, pero no quiso saber más del asunto cuando vio que los amigos de Ryoko hacían leves gestos de comprensión.

—Muy bien, entonces vamos a negociar —pidió Viola, chasqueando los dedos de nueva cuenta, con lo que unas cuantas hojas de papel aparecieron sobre la mesa de centro, entre un plato con chuletas de cordero y la fuente, que resultó contener el postre: chocolate derretido y frutas frescas —Khaos Aglaia Áphatos…

—¿Cómo sabe mi nombre, si puede saberse? —preguntó la mencionada de pronto. Era de llamar la atención que una persona a la que jamás había visto diera muestras de conocerla bastante bien.

—Eso, si todo sale bien, te lo diré después —Viola le dedicó una sutil sonrisa —¿Qué quieres vendernos?

—Yo no tengo nada valioso —replicó Khaos en el acto.

—Depende del punto de vista —señaló Alí, como un profesor repitiendo amablemente una lección —¿Qué es lo que más te importa?

—Pues… yo…

No sabía por qué, pero la chica de cabello gris no podía contestar esa pregunta. Y teniendo la respuesta revoloteando en su cabeza…

—Yo… no quiero dañar a nadie —logró decir finalmente —Yo… por mi poder… La gente no quiere acercárseme. Quisiera… que hubiera una forma de estar con la gente sin lastimarla. Y así ya no estar sola…

Los siete amigos en torno a Khaos se miraron por un momento, para después ser Ryoko quien se acercara a ella y le acariciara la cabeza.

—Seres tratados mal por lo que son no tienen nada de culpa —aseguró en voz baja —No te preocupes, ¿quieres?

—Oiga, yo que usted no me tocaba —Khaos quiso apartarse, pero Ryoko, sujetándole el cabello, no la dejaba —¿Sabe lo que soy?

—No, pero puedo enterarme. ¿Alí?

El nombrado ladeó ligeramente la cabeza, en actitud pensativa, antes de aclararse la garganta.

—No necesito tocarla, lo supe hace rato. Ella… atrae a la muerte.

—Con razón me huele tan bien —Ryoko emitió una risita que procedió a explicarle a una atónita Khaos —Soy hematófaga, ¿sabes? Mi especie siempre busca una muerte temprana. No sé porqué.

Al ver a Ryoko encogerse de hombros, Khaos tuvo la certeza de que, sin importar lo que sucediera, con aquellas personas todo saldría bien. Así que se inclinó, tomó las hojas de la mesa de centro y se acomodó en su asiento para leerlas tranquilamente. Los demás a su alrededor, luego de ver eso con agrado, siguieron comiendo.

Ya tenían ganas de saber de qué tanto Khaos era capaz.
« Última modificación: Enero 30, 2015, 09:02:27 pm por THB Potter »

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Re:Rilato [01/?]
« Respuesta #1 en: Noviembre 04, 2010, 01:23:21 pm »
La ultima parte me ha encantado ^^ muy buena^^
en algunas partes me perdi con tantos nombres jaja no si por distraida o que
pero esta buena ^^
espero el proximo cap ^^

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Re:Rilato [01/?]
« Respuesta #2 en: Noviembre 04, 2010, 09:10:31 pm »
¡Eh, mi primer comentario para Rilato! (THB se emociona y baila la conga  :feliz: ). Y lo digo en serio: tengo publicada la historia desde hace tiempo en otras páginas y nomás nada, pero eso no me desanima.

Y Ayu, mejor vete acostumbrando, porque yo lo hice: una de las pocas quejas que recibo es que se confunden con tanto personaje, pero no puedo evitarlo,  :jeje:

Ya, mejor me callo. Quiero avanzar con otro fic que tengo antes de publicar nuevamente aquí. Cuídate mucho y nos leemos pronto.

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Re:Rilato [01/?]
« Respuesta #3 en: Noviembre 04, 2010, 10:31:33 pm »
Que talento.....  que buena historia, con muchos nombres, como me gusta...  yo soy bueno reteniendo la información de cada uno de los personajes, muy raro el que llega a perderse en el olvido... y siempre me ha gustado que haya la intervención de varios personajes.

Algo que me pareció curioso fue el nombre del sitio, estoy seguro de haberlo escuchado antes... XD 

Bueno... le daré una leida mañana, con más detenimiento (siempre una segunda lectura arroja más información y se entiende más a gusto ^^)  y veré que acompleto en este o en nuevo post ^^

Espero ver el siguiente capítulo o en su defecto (esperando no tarde mucho el 2)  un nuevo proyecto para que leamos otra obra tuya ^^




En general, los hombres juzgan más por los ojos que por la inteligencia, pues todos pueden ver, pero pocos comprenden lo que ven.

Desconectado tsukune

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Re:Rilato [01/?]
« Respuesta #4 en: Noviembre 05, 2010, 08:59:39 am »
 :ahh: ke talento sorprendente iom tengo talento peo a tu lado es nulo XD me encanto demasio para decir  :wah sige asi y nu me perdio muxo Xd pa mi taben el fic y nu te preo kupes a ki nadie te apura a postear un fic XD
sige asi
PD: sip nu la continuas me corto las venas XD espero kon ansias la continuacion XD
« Última modificación: Noviembre 05, 2010, 09:27:31 am por tsukune »


la vida pasa y pasa y se hace kada vez mas dificil T-T

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Re:Rilato [01/?]
« Respuesta #5 en: Noviembre 05, 2010, 02:08:54 pm »
002: Beso.
(Abierto)


Brilla, cuando demuestres de qué estás hecho…
Brinca, cuando te sientas libre y contento…
Busca, cuando necesites una solución…

—… Y entonces, uno de los niños sin querer mandó a volar la dotación de lechugas de toda la clase. La madre ya me había dicho que aún no era bueno controlando el viento, pero eso…

Napoleón Eaglepass era, de los siete amigos, el que tenía más tiempo para darse sus vueltas por el Albedrío, que entre otras cosas, era el hogar de la familia Arafat Médici. Khaos se había enterado de ello cuando, después de leer el extenso contrato que Viola había aparecido ante ella, había decidido firmarlo.

***Inicio de remembranza***

—¿Exactamente qué van a venderme? —había preguntado la chica al tener un bolígrafo en la mano.

—Como ya leíste, la compra–venta no siempre se realiza de la forma convencional, sino basada en un simple trueque. Para cumplir tu petición, nos prestarás tus servicios y a cambio nosotros te haremos compañía. Así, aprenderás la mejor forma de relacionarte con las personas sin usar en ellas tus habilidades de manera accidental y cuando llegue el día en que tu malestar al respecto desaparezca, consideraremos saldada la deuda. En tanto, deberás hacer cualquier cosa que te pidamos con motivos de la relación laboral que adquirirás. No creo que sea tan difícil, se ve que eres lista. ¿O ustedes qué creen?

Los demás no se habían atrevido a contradecir a Viola, por lo que Khaos dedujo que en gran parte de los negocios del Albedrío, la rubia hechicera llevaba la voz cantante.


***Fin de remembranza***

Así pues, había firmado el contrato y desde aquel día era considerada la ayudante general del negocio. Había días de lo más agradables en los que solamente tenía que limpiar un poco las habitaciones, archivar documentos o hacerle compañía a Vittorio y Alhelí, los hijos de Viola y Alí. Pero le agradaba más cuando recibían visitas. Napoleón, teniendo su primer y principal restaurante a unas calles del lugar, se daba una vuelta cada vez que podía y Khaos tenía la impresión de que disfrutaba tanto las conversaciones con sus amigos como los juegos con Vittorio y Alhelí.

—Quiere tener hijos, ¿sabes? —le comentó Viola a Khaos una tarde, estando ambas en la parte trasera de la casa, en una habitación amplia y sin ventanas que servía de bodega, ordenando infinidad de curiosos objetos —Nos consta que él y Azur lo han intentado, pero hasta ahora nada. Ryoko dice que no hay de qué preocuparse, pero…

—¿Pero? —inquirió Khaos con timidez.

—Cuando éramos jóvenes, León… estuvo enfermo una temporada, por así decirlo. Creemos que eso le afectó. Pero él asegura que no tiene ninguna prisa y que pronto podrá presumir a sus hijos.

Tras tres meses trabajando para ellos, Khaos se había percatado del profundo afecto que unía a Viola y Alí con el resto de sus amigos. Sonrió levemente, pensando en lo bueno que era tener amigos así, cuando entre sus manos sostuvo una cajita de terciopelo negro, que por pura curiosidad abrió para ver su contenido y resultó ser una argolla de plata.

—¿Es un regalo del señor Alí? —Khaos le enseñó la argolla a Viola.

—No, claro que no. Todo lo que se guarda en este almacén son cosas que nos han dado a cambio de nuestros servicios. Pagos en especie.

—¿Y entonces?

—Esa argolla cargaba con una poderosa maldición.

Al oír eso, Khaos cerró la cajita de terciopelo y la colocó en una repisa, apartándose un poco. Viola rió por lo bajo.

—Descuida. La maldición que traía se rompió hace tiempo y su dueña nos la dio en pago por ayudarle con el nacimiento de su primer hijo.

—Sé que las maldiciones existen —confesó Khaos —Pero no sé… Ese tema siempre logra asustarme un poco.

—Es natural. La maldición de esa argolla, por ejemplo, afectaba a una familia entera. Se rompió y la argolla se agrietó en consecuencia, pero se mandó reparar y se nos dio en pago. Por cierto, la dueña es una omnimorfa muy hermosa.

Por lo que Khaos sabía, los omnimorfos eran aquellos monstruos capaces de alterar su aspecto físico de la forma en que quisieran. No eran como los zoomorfos, que solamente adoptaban las formas de aquellos animales que previamente hubieran tocado. Ahora sabía lo que hacía exactamente un zoomorfo y todo porque Napoleón era uno.

—Se casó con un humano muy amable —siguió recordando Viola —Ahora ambos tienen tres hijos. Ryoko es quien más se entiende con ellos, pues son de una ciudad de Nihotto.

—¿La señora Ryoko también es de Nihotto?

—No, ella nació en Mexitlán. Sus padres son de Nihotto y les han enseñado a todos sus hijos el idioma y las costumbres.

Khaos asintió en señal de comprensión, pero de todas formas, no quiso volver a acercarse a la cajita de terciopelo y su contenido. Le había dado escalofríos. Siguió limpiando por otro lado y se topó con una vitrina llena de diversas joyas, entre aretes, anillos y cadenas con sus respectivos dijes. Arqueó una ceja.

—¿Y si colocara todas las joyas juntas, señora Viola? Como las que están en esta vitrina —sugirió.

—Eres muy amable, pero esa vitrina tiene un hechizo de sellado. Las joyas de allí, a diferencia de la argolla que me enseñaste hace poco, todavía tienen magia encima y la mayoría son algo… peligrosas.

Khaos se alejó de la vitrina lo más deprisa posible.

—No todas son peligrosas de manera negativa —matizó Viola al sacudir con un plumero lo que parecía un rollo de tela roja y dibujos dorados —Lo que pasa es que algunas de esas joyas fueron creadas originalmente para ayudar a alguien, pero se salieron de control, es todo. Nos dieron esas joyas en pago por librar a los dueños de su influencia.

—A veces sus negocios son… peculiares —comentó Khaos.

—Sin duda.

—¡Mamá, mamá, ya llegamos!

Un sonido de pasos apresurados se oyó en el exterior y poco después, la puerta del almacén se abrió, lo que permitió que Alhelí entrara seguida de cerca por Vittorio. Lucían uniformes azul oscuro con detalles en verde, blanco y rojo que creaban un inusual contraste.

—Hola —Viola se inclinó para permitir que sus hijos besaran sus mejillas —¿Cómo les fue?

—Bien, bien —Vittorio asintió repetidamente con la cabeza.

—Mamá, mamá —Alhelí tironeó un poco de la bata de Viola —¡Hoy supe qué era mi amiga Agar! ¿Quieres que te diga?

Viola frunció el ceño ligeramente al escuchar eso, cosa que Khaos no pudo evitar notar. Fue una mueca fugaz, pues Viola enseguida sonrió y les pidió a sus hijos que la acompañaran al comedor en lo que seguía preguntándoles por su día. Khaos decidió quedarse en el almacén a terminar de sacudir y acomodar, aunque no estaba muy segura de dónde colocar cada cosa. Eso sí, tuvo muchísimo cuidado de no tocar las cosas más de la cuenta. No fuera siendo que, sin querer, se topara con un objeto maldito y le tocaran algunas desgracias.

Salió poco después y a la vez escuchó el sonido de una campanilla de cristal. Corrió por los pasillos hasta el comedor, que era la habitación contigua a la que visitó por primera vez en esa casa, recogiéndose el cabello en la nuca con una liga. Viola y sus hijos estaban sentados a la mesa y la estaban esperando.

—No sé porqué insisten en que coma aquí —balbuceó Khaos al regresar de la cercana cocina (que como casi todos los cuartos en esa casa, era enorme y refinada) con su plato —Puedo ir a mi departamento. Queda cerca.

—No nos molesta la compañía en general. Mucho menos la tuya, en particular. ¿Verdad, niños?

Los pequeños asintieron de buena gana.

—Me parece que siempre doy la impresión contraria, ¿verdad? —comentó Viola tras unos minutos, luego de comer una sopa con movimientos veloces y perfectos —Eso dicen Alí y mis amigos. Pero porque me conocen. Los demás creen que así soy en verdad.

—¿En serio?

—Sí. Y debo admitir… que así era antes. Pero el tiempo y el estar conviviendo con la gente siempre ayuda.

Las comidas solían ser así en esa casa, lo que Khaos no podía catalogar como normal, pero tampoco como engorroso. Viola Médici de Arafat podía charlar de cualquier tema, desde el clima que creía que habría al día siguiente (y casi siempre acertaba) hasta la política que prevalecía en gran parte del mundo. Sus hijos, por lo general, se dedicaban a comer y platicar entre sí, pero de vez en cuando, Vittorio miraba a su madre con un dejo de tristeza que no podía ocultar.

Para el mes siguiente, ya era verano, lo que significaban vacaciones escolares y Khaos tenía que pasarse la mayor parte del día en el Albedrío. Así estaba especificado en su contrato. No le molestaba y en esa temporada vio más seguido a los grandes amigos de Viola y Alí. De hecho, Napoleón era el gran ausente la mayor parte de las veces y todo porque se le requería con urgencia en sus restaurantes.

—Podemos ir a comer al EGO! un día de éstos —ofreció Azur una calurosa tarde, llamando al restaurante de su marido con las siglas de la campaña publicitaria que ella misma le diseñó —¿Qué, hago la reservación?

—Un momento, Azur, que estos días tengo que andar en el extranjero con mi jefe —Amaranta hizo una leve mueca.

—Y yo no podré venir a la ciudad hasta dentro de otras dos semanas —comentó Verne —Andaré por la Reservación Iztáe, revisando ocelotes.

—Tú y tus animalitos, Verne… —Ryoko meneó la cabeza.

Khaos, por varias conversaciones, ahora sabía que Verne Homme era licántropo y el presidente de la Sociedad Nacional de Zoología. Además, visitaba las distintas reservas naturales del país estudiando su fauna.

—¿Qué, tú no tienes nada qué hacer? —inquirió Azur, burlona.

—Nada del otro mundo. Partos, consultas, estar con Ryoichi mientras Ben trabaja… —la hematófaga se encogió de hombros —Oye, Viola, ¿y Alí?

—Ha estado llegando tarde últimamente. Que tiene un caso grande.

La forma en que Viola inclinó la cabeza al decir eso pareció alertar a sus amigos. Khaos fue muy consciente de ello cuando todos, sin ponerse de acuerdo siquiera, rodearon a la rubia y le dedicaron gestos de afecto.

—¿Qué, se está metiendo en algo peligroso? —quiso saber Ryoko —Si es así, podemos ir a regañarlo.

Viola negó enseguida con la cabeza.

—Entonces debe estar ocultando cosas —dedujo Verne, frunciendo el ceño —Ese Alí… Nunca aprenderá, ¿verdad?

—Si ya lo conocemos, ¿porqué nos enfadamos? —replicó Azur.

—Nunca dije que fuera eso —aclaró Viola al instante.

—¿Entonces? —intervino Amaranta.

—Creo que pronto tendremos otro cliente.

Tal afirmación hizo que los amigos de la rubia se tranquilizaran, aunque no del todo. Khaos, encargada de atenderlos, sostenía una charola redonda con ambas manos, nerviosa por no saber qué hacer.

—A ver, ¿qué clase de cliente? —Ryoko tomó las riendas de la charla en cuanto volvió a sentarse —No te pones así seguido por los clientes.

Viola se encogió de hombros.

—Alí lo atraerá y es lo que me preocupa —declaró.

—Debe ser algo serio para que precisamente tú te preocupes —observó sensatamente Amaranta.

—Sí, un poco. Creo que es… hechicero, como yo. Quizá por eso no puedo precisar nada.

Khaos, en lo poco que llevaba trabajando allí, había deducido que Viola podría ser una hechicera del tipo precognitivo, pues eso de decir con antelación cosas que iban a ocurrir no lo hacía cualquiera. Según los rumores, sólo hechiceros que nacían con gran poder también lo hacían con esa habilidad. Y también dedujo que eso le causaba pesar a sus amigos, aunque no sabía exactamente la razón. ¿Era tan malo en realidad saber por anticipado lo que podía pasar?

—Pues eso se arregla fácil: le preguntas a Alí qué hechiceros ha frecuentado y ya —alegó Azur con toda confianza.

—No es tan simple. Si es un cliente suyo, no hablará. Me recitará de nuevo su famoso código de ética —Viola logró esbozar una sonrisa.

Por lo que Khaos sabía, Alí Arafat era miembro de la Barra Nacional de Abogados Públicos. A juzgar por las palabras de su esposa y sus amigos, era un fiel creyente del cumplimiento de las reglas. Había varias anécdotas al respecto, e incluso ya había oído algunas. Contuvo la risa.

—¿Qué pasa, Khaos? —le preguntó Ryoko, arqueando una ceja.

—No, nada —la chica se tapó parte de la cara con la charola —Me acordé de un compañero de la escuela.

—Vas a la universidad, ¿verdad? —recordó Verne —¿Qué estudias?

—Ah… Programación Gráfica. Me gustan los dibujos.

—¿No será que con las computadoras no te da frío? —aventuró Viola.

La joven se encogió de hombros.

—Como sea, esperaré a que Alí venga y le plantearé la situación. Y tengo que darme una vuelta por el CIIG, así que se quedan en su casa —Viola se puso de pie —Khaos, los niños llegarán como en media hora. Les tienes listo algo de comer. Siempre llegan con hambre.

La nombrada asintió, marchándose enseguida a la cocina. Cuando la puerta de la estancia se cerró tras ella, Viola se volvió hacia los demás con expresión concentrada.

—Tal como lo pensábamos —pronunció con cierto aire solemne, pero también con una nota de tristeza —La especie resurgió en Khaos. Es por ese proyecto que he estado investigando.

—Los seres racionales podemos llegar a ser crueles —se lamentó Amaranta, meneando la cabeza de un lado a otro —Nicolás y yo intentamos enseñarle a Amador que el raciocinio es un don, no un arma.

—Forma curiosa de expresarlo, la tuya —señaló Azur, aunque parecía tan desanimada como el resto.

—¿Alí y León están al tanto? —inquirió Verne.

—Por supuesto. Y ya saben cómo son: León solamente sonrió y dijo que era una pregunta menos qué contestar, pero Alí… está más que decidido a seguir con su cruzada. Sólo le pedí que no se excediera.

Los demás asintieron, fueron despidiéndose de Viola y junto con ella, abandonaron la casa en dirección a sus actividades.

En tanto, Khaos se entretenía en la cocina, preparando una buena sopa de verduras para los niños, que volverían pronto de sus clases de verano: Vittorio tomaba natación y Alhelí, karate. Mientras se le ocurría con qué acompañar la sopa, escuchó el timbre. Se preguntó quién sería.

Recorrió el largo pasillo principal, sin dejar de pensar en lo que recién había escuchado. Los clientes no eran frecuentes, eso decía Viola, lo que debía ser cierto si se consideraba que la última había sido ella. ¿Y si el timbre sonaba por ese cliente que Viola esperaba? Bueno, en ese caso no creía poder atenderlo como se debía.

Casi sin darse cuenta, llegó ante la puerta y la abrió un poco, asomando solamente parte del rostro.

—¿Sí, dígame?

—¿Áphatos?

La muchacha arqueó las cejas, para acto seguido arrugar la frente con verdadero fastidio.

—No puedo creerlo… —musitó, torciendo la boca —¿Por qué tengo que verte incluso en mis vacaciones de verano, Yumegami?

Al otro lado de la puerta se encontraba un joven alto, delgado, vestido con una camisa negra, un pantalón de mezclilla, zapatos tenis negros y una gorra negra protegía sus ojos del sol. Sus cabello, lacio y negro, contrastaba con su pálida piel y con sus ojos, casi blancos con una pupila negra y un poco más grande de lo usual. Al hombro le colgaba la correa de un maletín negro que lucía abultado.

—Yo no vine a verte a ti —aclaró el muchacho con voz indiferente —Es más, ni siquiera sé porqué estoy aquí. Me perdí y vine a pedir informes.

Khaos no pudo contener la risa, abriendo toda la puerta.

—¡No eres tan perfecto después de todo! —se burló.

—¿Me vas a tener aquí parado mientras te ríes de lo lindo, Áphatos?

La joven se calmó poco a poco y suspiró al final.

—Lo siento, pero no puedo dejar entrar a los extraños —explicó.

—¿Qué, no es tu casa?

—¡Claro que no! Es mi lugar de trabajo, so tonto.

El tal Yumegami arqueó una ceja y alzó la cara, sin duda observando con más detenimiento la fachada de aquella casa.

—Curioso lugar para trabajar —comentó.

—¿Te importa?

Yumegami negó con la cabeza.

—Necesito informes —repitió —¿Hacia dónde queda la calle de Oberón?

Khaos se llevó una mano a la barbilla, meditabunda.

—Creo… creo que hacia allá —señaló finalmente hacia su izquierda —Caminas dos cuadras y das vuelta a la derecha.

—Espero que tu memoria sea confiable —dijo Yumegami con un poco de desdén en la fría voz —Me retiro. Buenas tardes.

El chico hizo una pequeña reverencia y se marchó, cruzándose en el camino con Vittorio y Alhelí Arafat, que recién iban llegando. Al encontrarse con Khaos en la puerta, Vittorio preguntó.

—¿Quién era él?

—Un compañero de clase. Se perdió y me pidió indicaciones. ¡Pero pude reírme de lo lindo! Se cree la gran cosa, pero ya vi que no lo es.

—¿Y qué es? —se interesó Alhelí de pronto.

Khaos se puso a recordar. ¿Qué era Yumegami?

—Pues… Ahora que lo preguntas, me doy cuenta de que no lo sé.

Los tres fueron a la cocina, a esperar que la comida estuviera lista y a que Khaos oyera las historias de lo que les había pasado a los niños en sus clases. No hubo nada fuera de lo ordinario hasta que Vittorio hizo notar una cosa.

—Eh, Khaos, ¿y ese muchacho no quería nada de la tienda?

La chica, que sabía que los niños se referían al Albedrío, se detuvo a medio camino de partir un jitomate para una ensalada. ¿Debió decirle a Yumegami acerca del lugar al que había llegado por mera
coincidencia?

—No sé —contestó al fin —No le pregunté. No me cae muy bien, además.

—¿Porqué? —preguntó Alhelí —No parece malo.

—¿Bromeas? ¡Parece un muerto viviente! Hasta podría ser hematófago, como la señora Ryoko, pero a él nunca lo he visto con lentes oscuros, ni tomando suplementos. Aparte, se cree tanto…

—¿Es muy presumido? —inquirió Vittorio.

Khaos lo meditó. ¿De dónde había sacado la idea de que Yumegami era pretencioso? Ciertamente, no era muy sociable y rara vez mostraba en su rostro algo que no fuera seriedad o una leve molestia. Pero de ahí en fuera, la mayoría de la gente lo consideraba un buen muchacho.

—No sé —volvió a contestar, muy a su pesar —Pero cada vez que lo veo, me saca de quicio. Es algo automático.

Vittorio miró a su hermana, quien se limitó a encogerse de hombros.

El resto del día transcurrió sin incidentes, aunque Khaos se preocupaba de que fuera anocheciendo y tuviera que irse dejando a los niños solos. Al terminar con sus labores, acomodó las cosas en su bolso y mirando el reloj, se decidió por esperar a Alí o a Viola un poco más. No le costaba nada y podría marcharse tranquila.

Pero para cuando Alí finalmente entró a la casa, eran casi las diez de la noche y le causó cierto malestar retirarse. Nunca le había gustado andar en la calle por la noche. Rara vez lo había hecho y ninguna de esas ocasiones sola. Alí notó el inconveniente de la hora.

—Puedes dormir aquí hoy —ofreció —Me preocupa que te pase algo.

Khaos se le quedó mirando con cierta sorpresa.

—Señor Alí, usted mejor que nadie sabe que no puede pasarme nada.

Lo dijo intentando sonar despreocupada, pero era cierto: la extraña facultad de Khaos se resumía a que, en caso de tocar a alguien, le quitaba tiempo de vida. A eso se había referido Alí cuando había dicho que atraía a la muerte. Era la única forma en la que la chica sentía algo de calor, pero como ese detalle no le incomodaba mucho, procuraba no tocar a nadie. Por más ridícula que se viera, se ponía guantes cada vez que era indispensable tratar con muchas personas y que obviamente, había el riego de rozarlos con su letal tacto. Por ese modo de vivir, pocos se le acercaban.

Pero ante las palabras de Alí, Khaos sabía que el hombre de verdad se preocupaba por ella. Y eso era algo realmente nuevo en su vida.

—Se lo agradezco, señor Alí, en serio. Pero no creo que me pase nada de aquí a mi casa. De todas formas, ¿le parece que le marque desde allá, en cuanto llegue?

—No, claro que no. Esperaré la llamada.

Khaos asintió, se colgó el bolso al hombro y salió.

En verano oscurecía tarde, pero el cielo a esa hora era casi negro. Lo único que destacaba en él eran las titilantes estrellas. Era novilunio y por donde el alumbrado público no alcanzaba a llegar, las sombras se escurrían a su antojo. Khaos tomaba un atajo por una privada para llegar a su departamento, pero en esa ocasión no lo consideró apropiado. Así que rodeó un poco hacia una avenida transitada y bien iluminada, por donde llegó pronto al edificio donde vivía.

Con lo que no contaba era con que alguien le saliera al paso y la empujara al interior de la misma privada que había evitado.

—¿Qué rayos…? —espetó con fastidio.

—Vamos, niña, ¡el dinero, de prisa!

Khaos miró a quien la amenazaba, un hombre con ropas oscuras, un pasamontañas en la cabeza y un arma en la mano. Tratando de calmarse, abrió el bolso y rebuscó en él la cartera, sólo para darse cuenta que no la traía. ¿La habría dejado en casa de los Arafat?

—Rápido, niña, ¡suelta el dinero!

—Yo… yo no tengo nada —tuvo que confesar ella.

—¡No me salgas con eso, escuincla!

El tipo le apuntó con el arma, una pistola de cañón largo y delgado, por lo que Khaos inmediatamente miró alrededor para buscar cómo escapar. Pero no había forma: el sujeto interfería con una de las entradas de la privada y no llegaría a la otra sin recibir un balazo.

Pero de pronto, el tipo se congeló en su posición, soltó el arma y cayó al suelo, inconsciente. En su lugar, Khaos logró ver una figura alta y de ropa oscura, que cargaba con un maletín negro.

—Sí que tienes mala suerte, Áphatos.

Yumegami, de hecho, era el de peor suerte, pues se había perdido de nuevo y no lograba dar con la calle donde podría esperar un autobús que lo llevara a casa. Pero no se acordó de eso al ver a Khaos paralizada, viendo fijamente al frente, aparentemente sin poder reaccionar.

—¿Áphatos? —llamó el muchacho, dudoso.

En ese momento, ella reaccionó. Parpadeó velozmente, sacudió un poco la cabeza y se abrazó a sí misma.

—Eso fue escalofriante —musitó con un tono de voz que pretendía restarle importancia al asunto —Y yo que no me vine por aquí precisamente porque ya era tarde…

Yumegami, al ver que ella no se movía de sitio, se acercó y la tomó por los hombros, zarandeándola un poco.

—Anda, despierta —solicitó.

Ella lo miró y dejó caer los brazos a los costados.

—Ah, hola, Yumegami —saludó distraídamente —Es tarde, ¿no?

El joven entrecerró los ojos. Hasta la fecha, era la primera vez que Khaos no le hablaba con enfado o burla. Aunque no lo aparentara, debía estar muy afectada por el reciente incidente.

—¿Dónde está tu casa? —le preguntó.

Que Khaos le respondiera señalando el edificio verde a su derecha sólo le confirmó a Yumegami que algo andaba mal con ella. La sacó de la privada, la llevó al interior del edificio y revisó en un tablero cercano la numeración de los departamentos, descubriendo que el de Khaos era el veintisiete, en el cuarto piso. Fue al elevador, pero al ir a presionar el botón para llamarlo, Khaos se apartó de él.

—Lo siento, Yumegami, pero ha sido demasiado por una noche. No voy a meterme a un elevador y menos contigo. Buenas noches.

La joven fue hacia la escalera, pero tropezó al comenzar a subirla, lo que causó que Yumegami hiciera una mueca de hartazgo y se acercara a la joven, cargándola como si un saco de papas se tratara.

—Oye, ¿qué crees que estás haciendo? —se quejó ella, golpeándolo en la espalda con los puños —¡Bájame ahora mismo!

—No.

Khaos siguió peleando por un rato, pero al llegar al segundo piso, se dio por vencida. Se limitó a mirar lo que dejaban atrás y reflexionar un poco sobre lo acontecido con la mente más despejada.

—¿Qué estabas haciendo por aquí? —fue lo primero que pudo preguntar.

—Buscaba la parada de autobús —contestó Yumegami secamente.

—¿Otra vez te perdiste? —Khaos no cabía en sí de incredulidad —¡Pero en la universidad siempre pareces saber dónde está todo!

—La universidad la conozco —aclaró él.

—Ah…

Se quedaron callados por un rato y antes de darse cuenta, estaban en el cuarto piso. Yumegami la bajó con cuidado, cosa que Khaos agradeció mentalmente. Y pensándolo bien…

—Ah… yo… Muchas gracias —la chica inclinó la cabeza, buscando sus llaves en el interior del bolso —No debiste molestarte y…

—Áphatos.

Ella alzó la mirada, haciendo un gesto de interrogación, cuando tuvo que abrir los ojos desmesuradamente ante lo que él hizo.

En cuanto tuvo la cara de Khaos completamente a su disposición, Yumegami se inclinó y depositó un beso en sus labios.

Cuando el muchacho se enderezó, se le quedó viendo cuidadosamente, obviamente esperando su reacción. Pero ella simplemente frunció el ceño, encontró sus llaves y mientras con una mano las sacaba del bolso, con la otra se dedicó a darle una bofetada a Yumegami.

—No deberías aprovecharte de la gente —advirtió ella con voz tensa, pero firme —Y con tu permiso, buenas noches.

Abrió la puerta de su departamento a toda prisa y se coló por la puerta antes que Yumegami pudiera decir algo. Pero él se limitó a llevarse una mano a la mejilla golpeada y dar media vuelta.

Definitivamente, no había sido pérdida de tiempo haber confundido la calle Andrey con la calle del Virrey.

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Re:Rilato [02/?]
« Respuesta #6 en: Noviembre 07, 2010, 02:34:24 am »
en lugar de yumegami ubiera hecho lo mismo XD :jeje: peo esa cahetada debio doler y bien mal agradecida khaos XD
bueno fuera de bromas ta xevere espero la continuacion a y una pregunta khaos nu kitabna energia vital kuando taka a algien tons le kito vida a yumegami nop??? :H:


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Re:Rilato [02/?]
« Respuesta #7 en: Noviembre 07, 2010, 12:11:18 pm »
Vamos, tsukune, no te conviene pensar en hacerle lo mismo a Khaos (darle un beso), porque te mando a Yumegami, jajaja.

La chica no fue malagradecida, es que no sabía que tras ese besito, había una razón bastante buena (que dejaré en suspenso de momento). Y no, creo que Yumegami es insensible a ese tipo de golpes. O quizá sí le dolió pero como es taaaaan expresivo (nótese el sarcasmo), no se notó.

Veo que no te cortaste las venas, ¿eh? (Bell lol mira con cara rara, pensando que exageró, pero en fin...). Sobre tu pregunta, tendrás que esperar al capi que sigue, que ahí se empieza a contestar, ¿cómo ves? Y hasta entonces, no atentes contra tu vida, por fa, o lo hago yo,  :grr:

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Re:Rilato [02/?]
« Respuesta #8 en: Noviembre 07, 2010, 01:34:05 pm »
Gran continuación...  Espero a ver el siguiente para resolver algunas dudas, en caso de no ser así di que las contestaras tú ... XD

Bueno... pues no queda más que decir que quedo en espera del suguiente ^^




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Re:Rilato [02/?]
« Respuesta #9 en: Noviembre 07, 2010, 06:16:57 pm »
Vamos, tsukune, no te conviene pensar en hacerle lo mismo a Khaos (darle un beso), porque te mando a Yumegami, jajaja.

La chica no fue malagradecida, es que no sabía que tras ese besito, había una razón bastante buena (que dejaré en suspenso de momento). Y no, creo que Yumegami es insensible a ese tipo de golpes. O quizá sí le dolió pero como es taaaaan expresivo (nótese el sarcasmo), no se notó.

Veo que no te cortaste las venas, ¿eh? (Bell lol mira con cara rara, pensando que exageró, pero en fin...). Sobre tu pregunta, tendrás que esperar al capi que sigue, que ahí se empieza a contestar, ¿cómo ves? Y hasta entonces, no atentes contra tu vida, por fa, o lo hago yo,  :grr:

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XD ok nu atento kontra mi vida *bajando del edificio de donde teneia pensado lanzarme* XD y espero la sigiente  aa ia nu aguanto la curiosidad XD


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Re:Rilato [02/?]
« Respuesta #10 en: Noviembre 07, 2010, 08:11:33 pm »
003: Complot.
(Abierto)


Calla, porque puedes arrepentirte…
Conversa, porque necesitas comunicarte…
Cela, porque ésa es tu naturaleza…

—Idiota, idiota, idiota…

Un mantra, eso parecía el insulto que salía de boca de Khaos a toda velocidad, en voz baja y sin pausa. Lo pronunciaba desde que había llegado al Albedrío y los Arafat la contemplaron con cierta sorpresa.

—Mamá, ¿Khaos está enojada? —preguntó inocentemente Alhelí.

—¿Qué sucede? —inquirió rápidamente Alí.

Eso hizo que Khaos reaccionara como si apenas se diera cuenta de dónde estaba. Miró a la familia presente, abrió los ojos un poco más y se mostró sumamente apenada.

—¡Lo siento! —se disculpó apresuradamente —Venía pensando en mis cosas, no era mi intención…

—¿Algún problema ayer, Khaos? —se preocupó Alí —Como no me dejaste acompañarte a tu casa…

Esas palabras le regresaron a la joven el mal humor. Sin previo aviso, abandonó la sala y fue rumbo a la cocina a cumplir con su primera tarea del día (limpiar y lavar los trastes del desayuno) repitiendo por lo bajo idiota con mucha más rapidez que antes.

—Creo que sí está enojada —comentó Vittorio con cautela, contestando a la pregunta de su hermana.

—Tal vez pasó algo… —aventuró Alí.

—En ese caso, hablaré con ella o nos destrozará algún plato —Viola se puso de pie, sonriendo por su pequeña broma —Vete a trabajar, Alí. Niños, vayan por sus cosas. Los va a llevar papá.

Los dos pequeños dieron un animado salto y se fueron corriendo a sus habitaciones, en tanto Alí veía a su esposa con el ceño fruncido.

—¿Le vas a decir…? —comenzó, temeroso.

—No, aún no. Primero veré qué le sucede, ¿no es eso más importante?

Alí asintió, sonriendo ligeramente. En eso los niños regresaron con maletines deportivos colgados al hombro y botellones de agua en mano. Casa uno le dio un beso en la mejilla a su madre y se fueron trotando delante de su padre.

Viola los vio marcharse, lo que aprovechó para ir con Khaos. La encontró concentradísima en lavar los platos, como si con ese quehacer se estuviera despejando la cabeza. O eso parecía, puesto que ya no siseaba con furia cada pocos segundos.

—¿Todo bien, Khaos? —preguntó la rubia suavemente.

La nombrada suspiró.

—Sí, eso creo —contestó, restregando una sartén —Señora Viola, yo…

—¿Hasta cuándo vas a llamarme solamente por mi nombre? Creí que después de tanto tiempo tratándonos, podrías hacerlo.

—Bueno, es que…

—No hay pero que valga. Alí y los otros se alegrarían mucho si me hicieras caso. Pero dejando eso de lado… ¿Algo que quieras contarme?

Khaos la vio por encima del hombro con una ceja arqueada, para acto seguido centrarse nuevamente en lavar platos. Cuando acabó, se secó las manos con un trapo y dio media vuelta.

—Seño… Viola —dijo con algo de esfuerzo —Es que… Bueno, creo que cometí un error ayer. Vino alguien y…

—Eso es raro —soltó la rubia con naturalidad.

—Sí, eso ya lo sé. Porque usted y algunos amigos pusieron hechizos alrededor para que solamente llegaran aquí quienes necesitaran… de los servicios del Albedrío, ¿correcto?

Viola asintió.

—Bueno, al chavo éste yo lo conozco… Es mi compañero de clases, llegó a preguntar por una calle porque se perdió…

—No parece caerte bien —observó Viola.

Eso fue todo lo que Khaos necesitó para desahogarse.

—¡Es insufrible! Siempre con esa actitud de ser cool y sabelotodo… No sé, me saca de quicio. ¡Y lo de ayer! ¿Qué pretendía el muy imbécil? Sólo porque me ayudó, no tenía que andarse aprovechando y…

Khaos notó de pronto con quién estaba hablando. Se puso roja hasta las orejas e inclinó la cabeza. Tanto Viola como su marido le caían muy bien y no quería decepcionarlos con rabietas sin sentido.

—Tranquila, todos llegamos a encontrarnos con alguien irritante —aseguró Viola con convicción —Yo también, claro está. Cuando estudiaba, había una chica… Metaxas, se apellida… Ella simplemente no me aguantaba. ¿Por qué? Nunca me enteré. Supongo que era instinto.

—¿Instinto? —se sorprendió Khaos.

Viola asintió.

—Tal vez seamos demasiado racionales en ocasiones para relacionarnos con las personas, pero por otra parte, nuestros instintos básicos siguen ahí, en espera de que algo o alguien los active. Puede ser que, aún sin razón aparente, una persona no te agrade. Quizá es porque hay algo en ella que no puedes ver, pero que… no es para ti.

Khaos ladeó la cabeza, tratando de comprender esas palabras. Pero finalmente logró hacerlo, aunque en parte.

—Oiga, quiere decir… ¿que podríamos saber cuando alguien no es sincero… sin darnos cuenta?
Viola no contestó, sino que esbozó una misteriosa y ligera sonrisa. A continuación, se acercó a los platos recién lavados, chasqueó los dedos y un trapo apareció en su diestra, con lo que se puso a secar.

—Se… Viola, ¿no sería más fácil usar su poder? —inquirió Khaos, colocando el último traste en el escurridor.

—Sí, lo sería. Pero he decidido no usar magia para esto.

—¿Magia? —Khaos ladeó la cabeza, sin comprender.

—En otros sitios, lo que yo puedo hacer es llamado magia —explicó Viola con cierto aire de nostalgia —Aunque se exterioriza de otra manera. Como en los cuentos, hay quienes usan varitas y bastones con propiedades extraordinarias, ¿sabes? Aunque es complicado manejar esos instrumentos.

—¿Cómo lo sabe?

Khaos no se esperaba que la respuesta le llegara con una sonrisita de parte de Viola, quien luego de secar los trastes, chasqueó los dedos y éstos desaparecieron con el sonido de un suspiro.

—Unos amigos quisieron enseñarme, pero resulta que mi magia, siendo lo mismo, no es igual a la suya. Así que no funciona.

Khaos entendió menos que antes.

-&-

Viola tenía trabajo qué hacer en el CIIG, así que salió de su casa como a las tres de la tarde, después de dejarle instrucciones a Khaos acerca de la comida de sus hijos y sobre qué hacer si se presentaba un cliente. La chica asintió de buena gana y la despidió con una sonrisa, cosa que Viola temía que no ocurriera muy seguido en el futuro.

—Señora de Arafat, ¿cómo está?

Un empleado la saludó respetuosamente en la recepción del edificio que albergaba la sede nacional del CIIG. Viola se limitó a sonreírle brevemente e inclinar la cabeza en señal de reconocimiento. El empleado, sin esperar más, siguió su camino, como miles de personas de ese lugar, ataviado con una bata blanca que en ostentaba el símbolo del CIIG en el bolsillo superior derecho: una doble espiral semejando el ADN, en rojo y verde, con varias líneas entre ellas a modo de cadenas de proteínas. Viola había encontrado extraño el símbolo alguna vez…

Al menos hasta que se le ocurrió analizarlo bien.

Su oficina quedaba en el último piso, pero no fue a ella. Con una tarjeta que entre otros datos contenía su Código Racial de Identificación Universal (que la gente conocía más por CRIU), abrió unas puertas dobles blindadas que la conducían a un pasillo intensamente iluminado, donde un rayo láser azul la escaneó de pies a cabeza.

—Esto sí que es molesto —musitó por lo bajo justo cuando el láser terminara su trabajo —Y pensar que lo impuse yo…

Viola anduvo unos cuantos pasos más hasta el final de ese pasillo estrecho, que eran otras puertas dobles a cuya derecha había un lector óptico. Colocó su pupila derecha frente a éste y la pequeña pantalla, en cuanto procesó la lectura, mostró su retrato y su nombre, reconociéndola.

—Veamos qué más encontramos —se dijo la rubia en voz baja.

Las puertas dobles se abrieron, mostrando un laboratorio con la modernidad por todas partes. Aparatos sofisticados, gran cantidad de sustancias en frascos debidamente etiquetados, además de computadoras de última generación. Además, en una de las paredes, estaba empotrado un monitor plano, delgado y de bordes negros que Viola ojeó con suspicacia antes de sentarse ante una de las computadoras y encenderla manualmente. No podía hacerlo con su poder pues iba en contra de la seguridad que ella misma había implantado en ese lugar. Mientras la máquina comenzaba a operar, sonó una melodía acelerada desde su celular, así que lo sacó de uno de los bolsillos de su bata y lo contestó.

—Buenas tardes, habla Médici —tras el saludo, Viola escuchó con atención lo que le decían —Gracias por hacer la prueba, estoy satisfecha. Puedes pasarte por el Albedrío cuando quieras, para discutir los términos del contrato… —tras unos segundos de escucha, Viola arrugó la frente —No, eso aún no está resuelto. Estoy en ello. No quiero dejar nada al azar. Sí, te agradezco la paciencia. Buenas tardes. ¡Ah, lo siento! No sabía que allá fuera de mañana. Perdona. Adiós.

Viola colgó con una sonrisa que fue efímera, a juzgar por cómo se apagó casi al instante en que guardó su celular. Observó que ya estaba el anuncio de bienvenida en la computadora, así que en un renglón especial tecleó a toda velocidad algunas letras como contraseña para accesar.

—A Alí no le va a gustar —musitó al abrir una carpeta de archivos e ir directamente a un álbum donde guardaba fotografías digitales tomadas de lo que se veían como expedientes clínicos —Aunque esto avanza más de lo esperado. Terminaré lo preliminar y discutiré el resto con los demás. Pero… —fijó sus ojos en una de las fotografías con mirada dura —Lo dicho, a Alí no le va a gustar.

Sacudiendo la cabeza ligeramente, se puso a trabajar en aquello que cumpliría con algunos de los contratos actuales del Albedrío.

-&-

Khaos se había cansado por atender a los hijos de los Arafat, que cuando volvían de sus clases de verano, todavía tenían mucha energía. Les preparó la comida, lavó los platos y luego los ayudó con algunas cosas antes de echarse sobre el sofá de la sala, exhausta. Los niños la dejaron en paz alrededor de las siete, hora en la que sabía que normalmente volvía Viola, si es que no se le presentaba un imprevisto.

Tocaron el timbre, cosa que no esperaba, pero Khaos ahora tenía una idea clara de lo que debía hacer si veía que era un cliente potencial. No sabía exactamente cómo se daría cuenta, pero pensó que debía aprender algo de sus actuales jefes y ser un poquito más observadora…

—Ah, hola. Tenemos qué hablar.

Khaos hizo una mueca de asombro y enfado bastante evidente. Al otro lado de la puerta no estaba otro que Yumegami, con aspecto casual al vestir una playera verde, un pantalón de mezclilla, tenis y una gorra azul en la cabeza. Con una mano sostenía una bolsa de supermercado.

—¿Quieres hablar? —inquirió Khaos, amenazante —Te tengo noticias, señor me–creo–lo–mejor–del–universo: ¡yo no quiero hablar contigo!

Iba a cerrarle la puerta en la cara, pero con increíble rapidez, Yumegami usó una mano para detenerla.

—Claro que tenemos qué hablar —insistió él con voz más severa de lo que Khaos le había escuchado jamás —Además, no todo se trata de ti.

Eso sí que captó la atención de la chica que, de la impresión, dejó de cerrar la puerta y lo miró con confusión.

—¿Entonces? —logró preguntar en un momento dado.

—Nada, déjame pasar y hablamos. Luego te libro de mi presencia.

—Pero…

—Eh, Kuu, ¿eres tú?

Khaos no sabía a quién llamaban hasta que Yumegami giró la cabeza. ¡Cierto! Yumegami se llamaba Kuu, que no era un nombre originario de ese país. Por sus rasgos y apellido, Yumegami debía ser, como Ryoko Akai, descendiente de personas de Nihotto.

Quien nombraba a Yumegami era un muchacho con facha de modelo. Alto, delgado, de tez bronceada y suave cabello castaño, sus ojos grises daban la impresión de que no rompía ni un plato. Vestía una camisa azul marino, un pantalón tan negro como sus zapatos y al cuello de la camisa le colgaba una corbata negra con el nudo muy flojo. En una mano sostenía un celular y en la otra, un delgado cigarrillo encendido.

—¿Qué quieres, Stoker? —inquirió Yumegami con brusquedad.

—Nada, que me extrañó verte por aquí —el tal Stoker dio una calada a su cigarrillo, exhalando poco después un hilillo de humo —¡Pero mira nada más! Si es Áphatos, ¿verdad? ¿Cómo te va, Áphatos?

No sabía por qué, pero si Yumegami la irritaba con sólo verlo, Khaos sentía verdaderos escalofríos teniendo cerca a Stoker, que si mal no recordaba era pirogénito. Curioso, ella siempre tenía frío y le daba mala espina un sujeto que podía producir fuego.

—Bien, gracias —la joven contestó con mesura y se medio ocultó tras la puerta —¿Qué quieres?

—Nada en especial. Me contaron de una casa curiosa y vine a verla.

Khaos frunció el ceño con suspicacia, pero se libró de hablar porque Yumegami, sorpresivamente, empujó la puerta con suficiente ímpetu como para abrirla completamente y colarse adentro, para luego cerrarla tras sí. Khaos se quedó anonadada.

—¿Se puede saber qué te pasa? —quiso saber ella —Nadie te dijo que podías entrar y además…

Un pequeño estallido se oyó afuera, como si algo hubiera chocado con la puerta. Luego, silencio total.

—Ese Stoker, sí que está loco —Yumegami torció la boca —Bien, a lo que íbamos, Áphatos…

—¡Tú y yo no íbamos a nada! Te me vas ahora mismo antes que hagas que me corran del trabajo, ¡faltaba más!

—Precisamente de eso quiero hablar.

—¿Qué?

—¿Dónde has leído que un contrato de trabajo incluya que te manden muy tarde y de noche por la calle?

—No te entiendo…

Yumegami la observó un poco más antes de dejar escapar un breve suspiro de lo que parecía hartazgo. Al final, se decidió por adentrarse a la casa por el pasillo, cosa que desconcertó a Khaos.

—Oye, ¿quién te dijo que podías pasar? —vociferó.

—Rumores —respondió Yumegami, encogiéndose de hombros —Si logras llegar a esta casa, tienes derecho a conocerla.

—¿De dónde sacaste eso?

—Es una característica de este tipo de lugares. No es gran ciencia para quienes entienden la mente truculenta de los hechiceros.

—¿Mente… truculenta? ¿Estás ofendiendo a Viola?

Yumegami se detuvo y dio media vuelta para encarar a Khaos.

—Yo no insulto a nadie. Sólo declaro los hechos. Como el hecho de que pudieras dormir anoche.

—¿Y eso qué demonios te importa?

Yumegami no contestó. Se limitó a mirar algunas puertas del pasillo y se decantó por la que llevaba a la sala principal, donde Khaos recordó que los niños estaban haciendo sus últimas tareas de verano. Alhelí y Vittorio siempre parecían encantados con la idea de gente en su casa, pero al ver a Yumegami, Alhelí desapareció detrás de un molesto Vittorio.

—¿Qué busca un hipnoandante aquí? —preguntó el pequeño rubio con voz severa, muy parecida a la que usaba su madre para los negocios.

¿Hipnoandante? Khaos desconocía el significado de eso, pero fuera lo que fuera, a Yumegami no le sorprendió en absoluto. Se limitó a ladear la cabeza levemente, con los ojos fijos en Vittorio, quien no dejaba que su hermana se apartara de su espalda.

—No soy precisamente uno de ésos —explicó Yumegami con tranquilidad, tomando asiento en el sillón más cercano —Pero se acerca bastante. Digno descendiente de los Médici, si lo presentiste con sólo verme.

Le dedicó un gesto de ligera sorna a Vittorio, quien arrugó la frente con verdadero enfado.

—Yo ya no entiendo nada —se quejó Khaos repentinamente.

—Vittorio, ¿qué pasa? —quiso saber Alhelí.

—No me gusta tratar con hipnoandantes —fue todo lo que dijo el niño, antes de volver a sentarse ante sus tareas, todo enfurruñado.

—¿Quién es el hipnoandante? —se interesó de repente Alí, que acababa de llegar. Depositó su portafolios sobre la mesa de centro, junto a los libros de sus hijos, y se aflojó el nudo de su corbata gris —No he visto uno en años. ¿Acaso es usted, joven? —inquirió, dirigiéndose a Yumegami.

—No tengo tan alto privilegio, señor Arafat, pero gracias por pensarlo. En realidad… Vine por negocios, ¿sabe a qué me refiero?

Alí asintió en el acto y se sentó frente a Yumegami, no sin antes mandar a sus hijos a sus cuartos y pedirle amablemente a Khaos que sirviera algo de café. La chica accedió, pero Yumegami la detuvo cuando estaba por retirarse con una petición.

—Yo nada de café, por favor. Sólo algo que ayude a dormir.

Khaos le dedicó un gesto de desdén y abandonó la habitación. Los niños, tras recoger sus útiles, no tardaron en obedecer a su padre y marcharse también, aunque Vittorio fusiló a Yumegami con la mirada.

—¿De dónde conoce a Khaos, joven…?

—Yumegami. Kuu Yumegami.

—Nombre curioso, ¿no? Mi amiga Ryoko comentó una vez que la palabra “yume”, en el idioma de Nihotto, significa “sueño”, ¿es correcto?

Yumegami asintió.

—¿Entonces de verdad no es un hipnoandante?

Yumegami esta vez negó con la cabeza.

—Pues Vittorio parece convencido. Será difícil que cambie de idea —Alí meneó la cabeza, sonriendo ligeramente —En eso es como su madre. Lo que por cierto, es parte de su encanto. Y dígame, señor Yumegami, ¿en qué podemos servirle?

Khaos entró en ese momento con una charola en la que reposaba un juego de café. Colocó todo en la mesa de centro y comenzó a servir una taza que le tendió a Alí, para luego estirarle bruscamente a Yumegami un vaso con agua.

—Lo siento, pero no conozco nada que te haga dormir —espetó.

El chico se encogió de hombros y aceptó el agua. Iba a beber un sorbo cuando se abrió la puerta de la sala y Viola apareció en el umbral. Se quitó la bata del CIIG y observó la escena con ligero interés.

—Ah, ¿tenemos visitas? —preguntó amablemente —¿Quién es, Alí?

—Acaba de decírmelo. Es Kuu Yumegami. Y Vittorio afirma que es un hipnoandante, aunque aquí el joven lo niega rotundamente.

Viola arqueó una ceja.

—¿Y qué es, Alí? —fue su siguiente pregunta.

Ante eso, Alí le tendió una mano a Yumegami, quien la observó con un dejo de desconfianza. Khaos se sintió indignada por ese desaire, pero al segundo siguiente, cambió de idea. Los ojos de Yumegami, que normalmente eran fríos como el hielo, mostraban un vago destello de miedo.

—Ah… Viola —llamó de repente la chica —¿No podría… revisar su CRIU?

Se hizo el silencio. Viola observaba a los presentes de forma imperturbable, como buscando qué responder. Alí bajó lentamente la mano extendida, convencido de que no lograría nada con ello. Khaos inclinaba la cabeza, sin saber exactamente cómo se le había ocurrido sugerir aquello y Yumegami… él alzó su diestra hacia Alí.

—Procuraré no hacer demasiado daño —afirmó.

Alí frunció el entrecejo, pero aceptó la mano ofrecida. El contacto duró unos pocos segundos, pues fue Yumegami quien lo finalizó.

—Un poco más y lo lamentaríamos ambos —afirmó con seriedad.

—Sí, creo que tiene razón —concedió Alí, mirándose la diestra —Viola, nunca había sentido algo así. Aunque… me recuerda a Khaos.

—¿A mí? —la nombrada protestó enseguida —¿En qué podría parecerse él a mí, Alí? ¿Seguro que no se equivoca?

Alí negó enfáticamente con la cabeza.

—¿Y bien? —se interesó Viola.

—No sé cómo se le llame ahora, pero Vittorio tiene razón: tienes algo de hipnoandante —se dirigió a Yumegami —Ya no me siento cansado y no me acuerdo de lo que soñé anoche —añadió con una ligera sonrisa.

Khaos, por primera vez, vio en su compañero de clase una intensa emoción. Pero la mortificó que ésta fuera tristeza.

Hipnófago —atajó Viola de golpe —Dijiste que te llamabas Kuu, ¿cierto? —el joven asintió —¿De dónde sacaste el apellido?

—Yo no lo saqué de ninguna parte, señora. Me lo dieron, igual que mi nombre. Pero desconozco quién pudo ser.

—El historial debe ser idéntico, en ese caso —Viola se giró hacia Alí, como si solamente estuviera él en la habitación —Al parecer, había más de un Desertor. Los estoy buscando a todos, pero por cómo van las cosas, no hará tanta falta.

Alí asintió lúgubremente, lo que hizo que Khaos se sintiera peor. Al notar que las manos le temblaban, las cerró en sendos puños, buscando calmarse. Nadie, salvo Yumegami, fue consciente de eso.

—Muy bien, hablemos de negocios —invitó Viola, sentándose junto a su marido con extraordinaria rapidez —Khaos, por favor, ¿podrías prepararme algo de té? Sabes que el café no me gusta mucho.

La joven, desconcertada, asintió y salió apresuradamente.

—Como hipnófago, tienes ciertas cualidades de hipnoandante, eso lo sabes perfectamente —Viola no estaba sugiriendo nada: lo estaba afirmando —Así que eso podría ahorrarnos complicaciones. Aceptamos tu trato. ¿Qué es lo que nos darás como pago por el servicio?

—Lo único que tengo en este momento son mis talentos —reconoció Yumegami con seriedad —Puedo ponerlos a su disposición.

Viola y Alí se miraron un segundo antes de que ella hiciera aparecer un fajo de papeles en la mesa de centro con un chasquido de dedos.

—Lee cuidadosamente el contrato —pidió Alí con la severidad con la que trataba cualquier asunto legal —En cuanto comprendas los términos, fírmalo. Y el tiempo del mismo comenzará a correr.

Khaos entró cinco minutos después, encontrándose a Yumegami leyendo un montón de papeles. Al acercarse para darle su té a Viola, alcanzó a distinguir el texto.

—¿Qué podrías estar vendiendo tú? —quiso saber.

Yumegami, en ese momento, terminó de leer y sacó un bolígrafo de su bolsillo, firmando el original del contrato y todas las copias. Luego, se guardó el bolígrafo y depositó los papeles en la mesa de centro.

—Espero que hayas comprendido perfectamente cuál es el precio total a pagar, Kuu —advirtió Viola, chasqueando los dedos para que los papeles desaparecieran de la mesa —No quisiera tener que ejercer alguna de las cláusulas de castigo.

—Descuide, señora de Arafat. Sabré si estoy faltando al contrato. ¿Puedo retirarme?

Se puso de pie y después de hacer una breve reverencia, se encaminó a la salida. Khaos lo veía verdaderamente confundida y a una seña de Alí, tuvo que acompañar al chico a la puerta.

—¿Hace cuánto sabías del Albedrío? —preguntó ella sin rodeos.

—Creo haber dejado claro que sólo había escuchado rumores —contestó él enseguida —Los cuales, por cierto, no le hacían justicia a este lugar.

—No has contestado mi pregunta.

—Y no pienso hacerlo. Ya habrá tiempo para eso. Nos veremos mañana.

El muchacho llegó ante la puerta principal de la casa, la abrió y dio un paso afuera, pero antes de retirarse, giró sobre sus talones y se acercó tanto a la joven de cabello gris que ésta abrió mucho los ojos.

—¿Qué pretendes…? —comenzó a preguntar la chica.

—Nada, solamente me pregunto cuánto podrá durar esto.

Khaos no tuvo la oportunidad de preguntar de qué estaba hablando. Yumegami abandonó la casa con paso firme, cerrando la puerta con suavidad tras de sí. No sabía por qué, pero Khaos juraría que el día siguiente no sería tan normal como los precedentes.

En tanto, Viola había realizado unos cuantos hechizos para mandar a sus amigos copias del contrato recién firmado por medio de un viejo fax.

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Re:Rilato [03/?]
« Respuesta #11 en: Noviembre 08, 2010, 05:36:35 pm »
a yumegami ke eres XD (hipnofago ke es eso XD) bueno espero kon ancias y la advertencia sige en pie *regresando al edificio de donde pienso tirarme* XD espeo la kontinuacion a ver ke es lo ke pasa ke toy kon unas interrogantes XD


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Re:Rilato [03/?]
« Respuesta #12 en: Noviembre 08, 2010, 05:53:37 pm »
A ver, tsukune (Bell sujeta al necio intento de suicida de una oreja y lo saca del edificio del cual pensaba tirarse), ¿en qué quedamos con eso de atentar contra tu vida?

Ya, resuelto eso, pasemos al capi: el nombre de lo que Yumegami es, me lo inventé recordando mis clases de Etimologías Grecolatinas de la preparatoria (sí, todavía me acuerdo). Aunque la explicación entera se va descubriendo conforme avanza la historia.

Y de momento creo que eso es todo. ¡Grandísimo tramposo!  :grr: (Bell acaba de leer sus privados). Mira que de seguir así... Ya, me callo.

Cuídate mucho y nos leemos pronto.

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Re:Rilato [03/?]
« Respuesta #13 en: Noviembre 08, 2010, 05:57:33 pm »
A ver, tsukune (Bell sujeta al necio intento de suicida de una oreja y lo saca del edificio del cual pensaba tirarse), ¿en qué quedamos con eso de atentar contra tu vida?

Ya, resuelto eso, pasemos al capi: el nombre de lo que Yumegami es, me lo inventé recordando mis clases de Etimologías Grecolatinas de la preparatoria (sí, todavía me acuerdo). Aunque la explicación entera se va descubriendo conforme avanza la historia.

Y de momento creo que eso es todo. ¡Grandísimo tramposo!  :grr: (Bell acaba de leer sus privados). Mira que de seguir así... Ya, me callo.

Cuídate mucho y nos leemos pronto.


no cual ker kosa menos eso ke ta interesante solo 1 capi mas ata ahi e encontrado XD bueno espero ke publikes por aki tamben ps

sobre atentar sobre mi vida *sobandose la oreja de lo fuerte ke le a jalado bell *XD ok lo dejo de momento

Etimologías Grecolatinas kon ke se kome eso?? XD


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Re:Rilato [03/?]
« Respuesta #14 en: Noviembre 08, 2010, 06:10:14 pm »
¿Con qué se comen las Etimologías Grecolatinas?

Eso, mi querido educando... ¡Ups, me equivoqué! (Bell recuerda a un personaje de manga con esa frase, ¡Kimi Tohdo, eres genial!) Mi querido fan, no sé cómo lo llamen en el lugar de donde eres (de veras, ¿de dónde eres?), pero esa materia me enseñaba el origen de varios vocablos, tanto en griego como en latín. Al principio no le hallaba aplicación práctica (tenía quince años entonces, ¿qué iba a saber?), pero ahora me sirve para inventarme palabrejas como ésa, hipnófago.

Bueno, para no hacer spam con esto, aviso que el capi que sigue lo pondré cuando tenga más comentarios (no especifico cuántos, no los agobiaré).

Y sí, ahora soy yo quien atenta contra tu vida (Bell sonríe maliciosamente, con un puño en alto, recordando a un personaje de manga que hizo eso mismo hace pocos capítulos, ¡Kushina Uzumaki, eres lo máximo! Ah, Bell se salió de tema).

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Re:Rilato [03/?]
« Respuesta #15 en: Noviembre 27, 2010, 11:19:43 pm »
bueno komo no la sigen tendre ke pensar denuevo en el atentado kntra mi vida ia pense en 2 opciones *tsukune mira el edificio y da una media vuelta y mira una navaja y se keda pensando kual de las 2 usar *
aaahhh ia ero ke kontinue ami me an dejado en ascuas y nu se ke acer ia los animes/mangas nu vastan T-T THB Potter donde tas ke sino atento kontra mi vida


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Re:Rilato [03/?]
« Respuesta #16 en: Noviembre 28, 2010, 07:21:47 pm »
004: Deseo.
(Abierto)


Dime lo que piensas, porque no lo sé…
Dame de lo que tienes, porque no tengo nada…
Duele lo que me haces, porque te tomo en cuenta…

—No es cierto…

Mientras se arrastraba por uno de los numerosos corredores de piedra de la universidad, Khaos no podía creer en su mala suerte.

El nuevo semestre había comenzado, con profesores presentándose y amigos reencontrándose. Sin embargo, en el salón del tercer semestre de Programación Gráfica hubo una conmoción al ver que Khaos Áphatos llegaba acompañada por Kuu Yumegami el primer día. Era bien sabido que esos dos no podían verse sin acabar peleando.

La realidad era que llegaban juntos porque trabajaban juntos.

A Khaos no le quedaba de otra, pues el contrato que Yumegami había firmado con el Albedrío explicaba que parte de su pago era laborar en el lugar. Ahora era él quien se encargaba de limpiar, ordenar y catalogar los artículos que se habían acumulado en la bodega de los Arafat, pagos de anteriores contratos, en tanto Khaos hacía el resto. No comprendía cómo a Yumegami no lo asustaban maldiciones ni hechizos descontrolados, pero no se había atrevido a consultarlo con Viola o Alí.

Y ni muerta despejaría su duda preguntándole a Yumegami.

—Mi pesadilla hecha realidad —se quejó Khaos por lo bajo.

—No armes tanto escándalo —pidió Yumegami con apatía.

—¡Deja de decirme lo que tengo que hacer, so tonto!

El resto de la clase, que caminaba en torno a ellos por el corredor, ni se extrañó de contemplar a Khaos perdiendo la paciencia de aquella forma tan graciosa. Ya estaban acostumbrados.

—Yo nunca te digo lo que tienes qué hacer. Sólo te hago sugerencias.

—Sí, claro…

—Como sea, tu compañía es útil —Yumegami observó su entorno, notando a varias chicas viéndolo con ansias, pero enseguida fulminaban a Khaos —Aunque espero no ser perjudicial.

—¿Ah?

Yumegami negó con la cabeza y siguió andando. Khaos, sin tener más remedio, apresuró el paso para alcanzarlo.

Otra parte del contrato de Yumegami especificaba que debía ser más sociable, cosa que a él le tenía sin cuidado. A Khaos le dio una especie de risa burlona al enterarse, pero casi pone el grito en el cielo cuando Viola le recordó parte de su propio contrato, aprender a relacionarse con las personas sin usar en ellas sus habilidades de manera accidental. Viola y Alí (él con cierta renuencia) le ordenaron estar con Yumegami el mayor tiempo posible, pues al parecer sus habilidades se repelían: Yumegami no había podido robarle sueño y ella le no quitó tiempo de vida con el único contacto físico que habían tenido. Khaos estuvo a punto de replicar ese mandato, pero al ver las melancólicas expresiones de Alí y Viola, mejor desistió… y se desquitaba con Yumegami cada que podía.

—Eres despreciable —le musitó a la espalda del muchacho antes de quedar a su derecha —Y dime, sabelotodo, ¿a dónde vamos?

—Tenemos que hacer una prueba en el proyector holográfico, ¿no?

Khaos renegó como nunca de poseer escasa memoria para los planos. Si no fuera por Yumegami en esos días, se habría perdido la mitad de las clases, pues debían cambiar seguido de aula.

—¿Tienes las cifras para la programación? —inquirió Yumegami.

—Sí, claro que las tengo. ¿Por quién me tomas?

Él se encogió de hombros.

—Vaya, vaya, mis compañeros favoritos. ¿Van rumbo al proyector?

Khaos resopló con fastidio, pero Yumegami notó que una mano, con la que sujetaba una carpeta, temblaba.

—¿Qué quieres, Stoker? —masculló Yumegami.

—Vamos, Kuu, ni que te hubiera hecho algo…

—Ajá. Entonces la quemadura de la puerta de nuestro lugar de trabajo que Viola–sama tardó dos días en reparar no es nada.

A Khaos ya no le extrañaba escuchar que Yumegami llamara así a las personas, agregándole sufijos propios del idioma de Nihotto. Los había oído por primera vez en voz de Ryoko, así que se daba una ligera idea de lo que significaban.

—¿Ustedes trabajan en unas ruinas? —Stoker literalmente se burlaba en sus caras —Sí que son el uno para el otro.

—¡No lo digas así, idiota, suena mal!

Stoker soltó una carcajada y los adelantó, encendiendo un cigarrillo en el proceso. Yumegami observó las manos de Khaos, descubriendo que no temblaba ninguna de las dos. Dejó escapar un leve suspiro.

—Andando, que se nos hace tarde —indicó.

Khaos volvió a resoplar.

-&-

Viola tecleó en el archivo de computadora las últimas palabras que necesitaba y envió el texto a través de un icono especial, cortesía de un programa que hacía tiempo recibió en pago por uno de los contratos del Albedrío. Era una especie de correo electrónico masivo, un aviso para varias personas, que por la diferencia de horarios, esperaba que llegara a tiempo. Sus habilidades como hechicera eran buenas, más no infalibles. Esperaba recibir confirmaciones a más tardar en una semana. En caso contrario, sus planes se vendrían abajo. En ese momento, sonó su celular.

—¿Ahora qué? —se extrañó, pues reconoció el número que mostraba la pantalla de su celular —Médici. ¿Qué pasa? —su saludo fue directo al grano, lo que convino, pues casi de inmediato los ojos se le abrieron de par en par y una sonrisa se instaló en su cara —¡Excelente! Muchísimas gracias por confirmar tan pronto, eso me ayuda mucho. Sí, sí, todo es cierto. Y espero que no haya ningún problema cuando lleguen. Adiós.

Colgó y mirando la pantalla de su computadora, Viola se preguntó si de verdad tanto esfuerzo acabaría valiendo la pena. Pensó en Alí y asintió con la cabeza.

—Claro que vale la pena —musitó con convicción.

En cuanto el texto acabó de enviarse, apagó la computadora y todos los aparatos del laboratorio subterráneo y se marchó hacia la más cercana área pública del CIIG.

-&-

—… Y es por eso que un simple toque puede hacer la diferencia.

Los alumnos reunidos en el pequeño auditorio norte de la Universidad Pública de Hidracalia eran testigos de una magnífica imagen, que era parte de un trabajo en equipo que realizaban los de Programación Gráfica. Yumegami hablaba pausada y concisamente del holograma interactivo que los espectadores veían, en tanto Khaos manipulaba los controles.

—Este tipo de hologramas pretenden ser usados por los criminalistas para desarrollar, entre otras cosas, retratos hablados más rápidos y precisos. La policía se vería beneficiada con ello. Y también quienes nada más quieren describirle a alguien un sitio o una persona que están buscando, podrían hacerlo con un holograma como éste.

Yumegami hizo una reverencia y Khaos supo que era hora de apagar el proyector de hologramas, con lo cual finalizó la presentación. Varios aplausos se dejaron oír, junto con algunos comentarios favorecedores de parte de los profesores presentes. En general, se dirigían al intelecto de Yumegami como creador del proyecto, cosa que a Khaos no le sorprendía. Ella no era del tipo de persona a la que notaban por cosas así.

—Gracias, profesor —dijo Yumegami con toda seriedad —Aunque gran parte de la teoría la desarrolló Áphatos.

El profesor, un hombre de baja estatura y cabeza calva, desvió los ojos hacia la chica, quien no miraba en su dirección por comprobar que no hubiera problemas con el proyector.

—¿Quién lo hubiera creído posible de una chica que ni siquiera sabe decir de dónde viene? —comentó con cierto aire despectivo.

Yumegami frunció el ceño, pero antes que pudiera alegar algo a favor o en contra de aquello, el profesor hizo un gesto de despedida y se marchó. Al segundo siguiente, Khaos estaba a la derecha de Yumegami, con sus cosas en las manos y una ceja arqueada.

—¿Te dijo algo malo? Tienes una cara… —comentó.

Por toda respuesta, Yumegami se encogió de hombros y se pasó una mano por la nuca, como si quisiera quitarse de encima un escalofrío.

—Creí que no te preocupabas por mí —fue su lacónica respuesta.

—No lo hago precisamente. Pero ese profesor nunca me ha gustado.

—Qué novedad.

El repentino acercamiento de Stoker causó que Khaos diera un brinco.

—¿A ti qué te pasa? —reclamó la chica, retirándose rápidamente del pirogénito, quien para su asombro, jugaba con un cigarrillo en su boca —¿Vas a fumar aquí? —soltó con consternación.

—Claro que no, es contra las reglas —Stoker esbozó una sonrisa tan mordaz que Khaos no le creyó ni una palabra —¿Te digo una cosa, Áphatos? La gente no suele sentirse cómoda en tu presencia.

—Dime algo que no sepa —masculló la chica.

—No, mejor otro día —sentenció Stoker, claramente divertido por algo —Nos vemos en la siguiente clase, amigos.

—¿Quién es amigo de quién? —se indignó Khaos, al verlo marcharse.

—Déjalo, no vale la pena —apuntó Yumegami, con aspecto cansado.

—Ya lo sé, pero me saca de quicio tanto como tú.

—Yo diría que le tienes miedo.

Khaos, apretando un par de libros contra su pecho, hizo una mueca.

—No digas tonterías y vayamos a nuestra próxima clase —indicó.

La joven se adelantó, siendo observada por un Yumegami que volvía a suspirar con pesar ese día.

¿Es que ella de verdad era ciega? ¿O algo le impedía darse cuenta?

Eso era algo que tendría que averiguar durante su contrato.

-&-

—Todo listo, así que es hora de una prueba.

Viola estaba en una de las muchas habitaciones de su casa, reunida con algunos de sus amigos y socios del Albedrío. Además, había un hombre joven de cabello azul y porte indiferente montando un peculiar aparato.

—Espero haber cumplido con sus especificaciones, señora de Arafat. Es lo mejor que he podido hacer en tan poco tiempo.

—Está bien, lo probaremos ahora, para que puedas corregir cualquier fallo, y después nos enseñarás a utilizarlo correctamente.

—Como usted diga.

El aparato, similar a un enorme cilindro de cristal, era de unos dos metros de alto y se encontraba colocado sobre una complicada consola de control, que con distintos botones y sensores digitales, daba la impresión de ser en extremo sofisticado.

—¿En serio esperas que usemos esa monstruosidad? —se burló Azur en broma, tomada del brazo de su sonriente marido.

—Al menos de forma básica. Sé que tú y León no son diestros con las máquinas. Pero a falta de Alí, Verne y Ryoko, aprenderán conmigo ahora.

—¿Oíste, León? No somos de fiar, ¡qué lástima!

—Sí, preciosa. Deberíamos buscarnos otros amigos.

—Dejen de hacer el ridículo, ¿quieren? —rogó Amaranta, quien por una de esas agradables casualidades, tenía vacaciones en su trabajo —Ya son grandecitos para eso. Mejor presten atención.

—¡Uy! A alguien no le dieron su beso de buenos días —soltó Napoleón, recibiendo un codazo de su esposa —¿Qué? —soltó, frotándose un costado.

—Ese terreno no se toca —le recordó Azur.

Acto seguido, señaló a Amaranta con la cabeza. Napoleón observó a su amiga, que contempló la pantalla de su celular con ojo crítico antes de mover los dedos con increíble rapidez.

—¿No me digas que estás trabajando, Amaranta? —quiso saber Napoleón.

—Claro que no. Solamente me interesa saber dónde anda Amador.

—¡Madre controladora! —exclamó Napoleón acusadoramente, haciendo que Azur contuviera la risa.

—No seas ridículo, León. Sólo estoy preocupada.

—¿Cómo puede preocuparte un geogénito que podría crear una nueva falla geológica si lo hacen enfadar?

—No opines sin saber qué se siente, León. Cierra la boca.

Amaranta, aún concentrada en su celular, no se dio cuenta de lo que había dejado escapar por su boca hasta que sintió un azote en la mejilla que la hizo girar violentamente la cara.

—¡Eh, bonita! —se oyó llamar a Napoleón.

—Tenía que ser… —suspiró Viola, antes de hacerle un gesto de cabeza al hombre de azulados cabellos para que no atendiera el alboroto.

—¿Estás bien, Amaranta? —quiso saber Napoleón, acercándosele.

La encontró sosteniendo su celular con mano temblorosa, mordiéndose el labio inferior con tanta fuerza que el hombre temió que le sangrara.

—¿Y todavía lo preguntas? ¿Cómo puedes preocuparte por mí ahora, León? ¡Ve ahora mismo con tu mujer, maldita sea!

Más que sorprenderse, Napoleón se espantó un poco con tales frases de Amaranta. Y sabiendo lo que podía ocurrir si la enojaba de más, salió corriendo por el mismo camino que había tomado Azur.

—Esto ya quedó —anunció el hombre de cabello azul, acomodándose el nudo de su corbata color gris plateado —Si me permite, señora de Arafat, volveré a Nihotto mañana por la mañana, después de enseñarles las funciones básicas y las claves de seguridad. Es cumpleaños de mi hija.

—De acuerdo. Si llegamos a necesitarlo, lo llamaremos.

El hombre asintió secamente una sola vez, observando con ojo crítico la máquina que había creado. Eso fue aprovechado por Viola para acercarse a Amaranta, quien había guardado su celular con lentitud.

—Lo arruiné, ¿cierto? —murmuró Amaranta.

—No arruinaste nada. Dijiste la verdad. Pero recuerda que la verdad, además de alegrar, también puede entristecer a las personas.

—Aún así…

—Mira, ya pensarás la forma de arreglarlo. Te lo garantizo yo. Ahora ve a buscar a esos dos para que nos expliquen el funcionamiento de la nueva adquisición, que no hay mucho tiempo, ¿de acuerdo?
Amaranta asintió y dejó la habitación a paso rápido y firme.

—¿Cree que esto funcionará, señora de Arafat?

Viola observó al hombre que quedaba en la habitación.

—¿Has hablado con tu prima, cierto?

—Más bien ella habló conmigo. Me advirtió que me tocaría presenciar una situación un tanto incómoda. Pero a la vez me pidió que le avisara que las cosas se arreglarían de manera alegre e imprevista.

—Sí, eso también lo sé. Recibí distintos avisos. Te lo agradezco.

El hombre asintió, esbozó una ligera sonrisa e inclinó la cabeza.

—¡Aquí las traigo! —Napoleón parecía de lo más alegre al regresar a la habitación, con ambos brazos ocupados al escoltar a su esposa y a su amiga geogénita —Vamos a ver, ¿cómo se usa esta cosa, señor Hoshi?

El hombre de cabello azul dio una cabezada y procedió a explicar el funcionamiento de la máquina que había instalado.

No en vano la había creado para pagar un contrato con el Albedrío.

-&-

—Ah, ¿te toca ir al Albedrío?

Khaos, al preguntar eso, deseaba una respuesta negativa por parte de Yumegami, puesto que no quería verlo más de lo necesario. Sin embargo, el asentimiento de cabeza del muchacho echó por tierra sus planes.

—Haré una labor de búsqueda —señaló con simpleza.

La joven, a sabiendas que el contrato de su compañero era diferente al suyo, dejó el asunto por la paz.
Había terminado la jornada escolar y varios en el salón de clase comenzaron a despedirse entre sí. Yumegami captó frases dirigidas a él, sobre todo de las chicas, pero arqueó una ceja cuando Stoker hizo amago de acercarse, cosa que acabó haciendo.

—Eh, Kuu, vamos a comer al EGO! ¿Vienes?

—Tengo trabajo.

—¿Ah, sí? ¿Y dónde, si puede saberse?

—No, no puede saberse. Vámonos, Áphatos.

La joven, sin poder ocultar su entusiasmo por alejarse de Stoker, se colgó la bolsa al hombro y caminó hacia la salida. Al dar el primer paso, Yumegami le advirtió a su “amigo”.

—Será mejor que te dejes de juegos, Stoker. Si vas a hacer algo, decídete de una vez, ¿quieres?

Al hallarse solo nuevamente, Stoker esbozó una sonrisa de lado, entre maliciosa y victoriosa.

Eso era precisamente lo que había estado esperando.

-&-

Viola lo guió hasta una habitación que se sentía de todo, menos hogareña. Supuso que allí haría el trabajo del día.

—Aquí tienes el aparato y las instrucciones básicas por escrito. El creador tuvo que regresar a su país, pero estará disponible por si te surge alguna duda. ¿Algo más que necesites, Kuu?

El muchacho, entrecerrando los ojos para leer el pequeño libro que le había tendido Viola, asintió un par de veces con la cabeza.

—Después de realizar la búsqueda, ¿qué sigue?

—La recuperación, obviamente. Pero ese punto es complicado y preferiría tratarlo cuando tengamos la información disponible.

Yumegami asintió y siguió leyendo.

Viola lo observó unos pocos segundos, antes de dejarlo a solas. El muchacho, a simple vista, era más o menos como lo había descrito Khaos, pero tenía el presentimiento de que había algo más bajo su apariencia impasible. Aunque claro, las mentes ajenas no eran su especialidad.

—Sí, claro… —masculló con ironía.

En tanto, Yumegami había terminado de leer las instrucciones y se preparó para usar el aparato ante sí, similar a un enorme cilindro de cristal de unos dos metros de alto y colocado sobre una complicada consola de control con distintos botones y sensores digitales. Un par de sensores, de hecho, servía para colocar las palmas de las manos, algo parecido a los lectores de huellas digitales.

Haciendo una mueca imperceptible de molestia, encendió la máquina y colocó las dos manos en los sensores, para luego cerrar los ojos y concentrarse en lo que tenía que hacer.

Casi de inmediato, una espantosa sensación de caída lo invadió, pero se mantuvo firme haciendo presión en sus párpados. Abrió los ojos, pero ya no veía ante sí el cilindro de cristal del aparato, sino una negrura salpicada aquí y allá de senderos de colores, en espera de que él tomara alguno. Giró los ojos a derecha e izquierda con sumo cuidado hasta ubicar un sendero de color blanco azulado más brillante que los demás. Lo tomó, convencido de que por allí debía ir.

Pero cuando iba a llegar al final, inesperadamente surgió una puerta para bloquearle el paso.
Yumegami hizo una mueca. Ya se esperaba algo así. Con todo, la puerta se veía de lo más sencilla, blanca y sin adornos, con una perilla de oro que no estuvo seguro de tocar. Volvió a revisar con la vista a ambos lados, asegurándose que nada ni nadie lo estaba acechando, para finalmente, intentar abrir aquella puerta.

Lo logró con increíble facilidad.

Arrugó el ceño, pero siguió su camino. El sendero se oscurecía conforme avanzaba, lo que solamente significaba que estaba cerca. Y en efecto, cuando llegó al último tramo, se encontró con alguien que, aparentemente, lo estaba esperando.

—Buenas tardes —saludó aquella persona.

Yumegami nunca había visto a alguien así. Era una chica, casi una niña, físicamente no aparentaba más que catorce o quince años. Sumamente delgada, se cubría con un vestido blanco, sencillo y de manga larga, que le llegaba a la rodilla. Sus zapatos estaban calzados con unas sandalias blancas. Y su aspecto… Bueno, estaba seguro que era quien buscaba porque nadie más que un monstruo tendría un color de pelo como ése de manera natural; los humanos sólo habrían conseguido con tintes.

El cabello de aquella jovencita era de raíces violetas y conforme  se alejaba de su cráneo, se tornaba verde y azul, hasta alcanzar un tono intenso del segundo, similar al del mar. Después, volvía al tono de las raíces, por lo que las puntas eran violetas, aunque de un tono claro semejante al rosa. Quizá era porque se lo había cortado en algún momento, pues la parte más larga de su melena llegaba a su cintura y la más corta, a la altura de las mejillas. Era un corte entre moderno y extravagante.

Pero el muchacho pudo confirmar quién era por sus ojos. El tono de verde que poseía en los iris era completamente irreal, uno que conforme pasaban los segundos, cobraba más o menos vida, dependiendo de su propietaria. En ese momento un tono claro, semejante al de una manzana, era el que lo recibía.

—Buenas tardes —contestó el saludo, inclinando levemente la cabeza —¿Quién eres tú y dónde estás?

La chica, arqueando una delgada y azulada ceja, sonrió.

—¿Qué forma de preguntarme es ésa? Eres muy impaciente, ¿no crees?

—Quizá. Tengo el tiempo limitado, disculpa si te ofendí. ¿Podrías contestar mis preguntas, por favor?

La otra pareció pensárselo bien antes de asentir con firmeza.

—Dónde estoy, no lo sé exactamente. Pero me otorgaron el nombre de Himmel Irminsul en cuanto mi concepción resultó exitosa.

—¿Quién te nombró así?

—Lo desconozco. No era muy consciente de mí misma en esos momentos. Lo que sí puedo decirte es que no me gustan esas personas ni el lugar al que me han traído.

—¿En verdad no sabes cuál es el sitio donde te encuentras?

La joven negó con la cabeza lentamente, para a continuación esbozar una radiante sonrisa, cosa que descolocó a Yumegami.

—Quizá es una buena señal que me encontraras —comentó, como si discutieran el clima que hacía —No había contactado con otro de los nuestros desde que me separaron de Keb.

—¿Quién es Keb?

—Las personas a mi alrededor lo llamaban “mi contraparte” y créelo, a él no le gustaba nada.

—¿Y a qué te refieres con… “otro de los nuestros”?

—Creo que sabes perfectamente a qué me refiero… Kuu.

Yumegami parpadeó, mostrando su asombro de manera apenas notoria. En toda la conversación no había pronunciado su nombre.

—Bien, debes irte —pidió ella, mirando a su espalda —Percibo que hay gente a mi alrededor y si detectan esta actividad mental, quizá te lleguen a encontrar. Y eso no sería nada bueno.

—¿Por qué lo dices?

—Porque quien consiguió tu concepción con éxito prefirió darte la libertad de tener una vida. Las personas que me rodean, no son así.

Yumegami estuvo a punto de preguntar algo más cuando la chica le hizo un ademán para que se marchara y en ese mismo instante, ella desapareció tras la misma puerta blanca que él atravesara momentos antes, sólo que esta vez, la puerta mostraba una imagen que no pudo identificar.

Casi al mismo tiempo, el muchacho abría los ojos en la realidad, frunciendo el ceño y pensando que el trabajo se complicaría más de lo previsto. Por lo pronto, registraría lo sucedido en la máquina y le informaría de los resultados a Viola.

Esperaba, sinceramente, que todo eso sirviera de algo.

-&-

Por la noche, al acabar con su trabajo, Khaos se despidió de todo el mundo, colgándose la mochila al hombro y pensando en los pendientes que debía completar llegando a su departamento. Al dirigirse a la puerta, Yumegami salió de donde quiera que estuviera y con un ademán le pidió que lo esperara. Ella no sabía para qué, pero obedeció de mala gana.

El muchacho, tras algunos instantes conversando en voz baja con Viola y Alí, se acercó con su respectivo maletín. Hizo signo de salir y Khaos lo siguió. A estas alturas estaba más que acostumbrada a que el tipo no hablara más de lo necesario.

—¿Reconoces esto?

Sin venir a cuento, Yumegami le mostró a su acompañante una hoja con un dibujo a lápiz en ella. Era una ilustración hecha rápidamente, pero aún así cercana a la realidad. A la chica no le costó nada identificarla.

—Sí, la reconozco, es una torre, ¿qué hay con eso?

—¿Sabes cuál torre?

—Vamos, Yumegami, estás bromeando, ¿cierto?

El nombrado arqueó una ceja, en claro signo de preguntar si alguna vez había bromeado antes. Como la respuesta era negativa, Khaos suspiró.

—Ya, ya, perdón. ¿Es urgente que lo sepas?

Al ver el asentimiento de él, dio la respuesta. Lo que nunca imaginó fue que vería una auténtica sonrisa en aquel pálido rostro al decir.

—Esa preciosidad que en la vida podría visitar es la Torre Rainbow.

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Re:Rilato [04/?]
« Respuesta #17 en: Noviembre 28, 2010, 08:31:39 pm »
Vaya...espero q no sea por falta de comentarios por lo q no sigues la historia, asiq quiero a todo el q la lea comentando!! jajajaajajaja

Por si acaso aqui dejo el mio para decir q me encanta tu estilo y q por supuesto quiero saber como sigue la historia...^^


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Re:Rilato [04/?]
« Respuesta #18 en: Noviembre 28, 2010, 08:51:34 pm »
¡Tifa-sama, un honor tenerte por estos lares!  :wah

Mira, no seguía por dos cosas: andaba terminando otros fics y aparte, necesitaba un comentario para no cometer spam posteando yo dos veces seguidas (sí, Bell sigue las reglas, es buena niña,  :jeje: ). Así que aquí me tienen, pero ténganme paciencia con el capi que sigue, que está en proceso y me trabé un poco con él. Pero se los traeré pronto, espero (Bell recuerda lo que puede tardarse a veces en los capítulos y mejor se calla).

Y por cierto... ¡tsukune, deja eso ahora mismo! (Bell le da un manotazo en la mano que sostiene la navaja). ¡Y aléjate de ese edificio! (Bell lo jala de una oreja). En serio, pronto este tópico podía tener como subtítulo "Las formas en que tsukune intenta suicidarse y cómo Bell lo detiene". Qué chico...

Ya, me despido de momento y quizá en un rato le siga al capi siguiente, a menos que otro de mis fics reclame mi presencia,  :kawai: . Cuídense mucho y nos leemos pronto.
« Última modificación: Noviembre 28, 2010, 09:00:30 pm por THB Potter »

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Re:Rilato [04/?]
« Respuesta #19 en: Noviembre 28, 2010, 09:12:36 pm »
Como ya te dije me gusta leer tus historias y espero q las sigas colgando por aqui^^

Por otra parte el spam es si son 2 comentarios muy seguidos, si pones una parte de la historia y dentro de un par de semanas (o incluso una sola) pones otra parte sin q nadie comente no estaria mal, aun asi de ahora en adelante estare pendiente del tema para q no tengas problemas con eso.

Y la historia esta muy interesante, pero a la vez estas formando una historia paralela con Tsukune q tambien puede llegar a enganchar...XD


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Re:Rilato [04/?]
« Respuesta #20 en: Noviembre 29, 2010, 08:04:43 pm »
*se soba la mano y luego la oreja xke le dolio el golpe ke le dio THB Potter  :sadfox: mientras ke le decia algo a THB potter*
au eso dolio peo es la unika manera de ke pongas el prox kapi T_T gomenne poe bueno mexor me pongo a leer algo ke e estado esperando kon ansias  :H: XD
PD: THB potter una forma de komo keres ke te llame por asip tu nombre se largo XD


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Re:Rilato [04/?]
« Respuesta #21 en: Noviembre 29, 2010, 08:47:27 pm »
Gracias a Tifa-sama por pasarse por aquí. Repito, su presencia me halaga  :wah (Bell hace una reverencia).

En cuanto a tsukune... Mira, mi nick es por lo siguiente: abrevio mi nombre "largo" de escritora de fics, Tooru Hally Beelia Potter. Y el Bell es apodo proveniente del nombre Beelia (aunque no tengan nada qué ver lo que significan las dos palabras,  :jeje: ). Así pues, llámame Tooru, Hally, Beelia o Bell, como tú quieras. Y eso va para tooooodos los que se pasen por aquí (Bell abre los brazos con cariño, invitando a los lectores).

Bueno, ya, me paso a retirar. A ver si el capi que sigue sale pronto, que no lo garantizo, de todas formas,  :s: . Porque para ponerles otro de Telaraña falta un rato (vamos, que Bell quiere un primer comentario para ponerlo, porque será señal de que Telaraña también les gusta,  :okydocky: ).

Cuídense mucho y nos leemos luego.

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Re:Rilato [04/?]
« Respuesta #22 en: Noviembre 30, 2010, 03:25:16 pm »
prefiero decirte bell mexor mas abreviado XD bueno ia lo lei y tengo un monton de interrogantes ke te lo madare por mp asip mexor xke sip nu llenariasmos eto de puras dudas XD
PD:sobre los intentos atentos de mi vida es ke keria un kapi nuevo XD bueno aver sip nu te tardas porke sino abra un nuevo atentado kontra mi vida XD


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Re:Rilato [04/?]
« Respuesta #23 en: Diciembre 09, 2010, 01:37:00 pm »
huaww!!!  esta genial.

ya que se acabo el semestre, por fin tengo un poco de tiempo para pasarme por aqui. te está quedando genial bell ( puedo llamarte asi?) . tengo gran curiosidad por saber en que consiste el contrato de yumegami jejeje. espero con ansias la conti. sigue asi!!!

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Re:Rilato [04/?]
« Respuesta #24 en: Diciembre 09, 2010, 02:25:15 pm »
bueno aver ia ke ahi comentario nuevo wiiii!!! nueva fans XD bueno aver esperare algo de 1 dia para ver sip ahi nuevo kapi sip nu bell tendras kargo de conciencia sip aparesco tirado en un descampado XD


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Re:Rilato [05/¿?]
« Respuesta #25 en: Marzo 23, 2011, 06:41:36 pm »
005: Evento.
(Abierto)


Elévate, para triunfar donde nadie más lo ha hecho…
Edúcate, para demostrar que tienes potencial…
Enmiéndate, para no arrepentirte cuando ya no hay remedio…

Un paisaje tranquilo, impenetrable y en cierta forma, desolado, era lo que tenían enfrente.

—¿Es una broma?

Khaos, arqueando una ceja, contempló la escena.

Se había enterado, hacía casi una semana, que Yumegami tendría un trabajo de campo alejado del Albedrío, lo que para ella era perfecto. Con lo que no contó fue con la petición del muchacho de alguien que lo ayudara y sus jefes, sin tardanza, la enviaron con él.

—¿Por qué habría de ser una broma? —inquirió a su vez Yumegami.

Él ya inspeccionaba el sitio con la mirada, además de colocarse en el oído algo similar a un audífono, pero sin cable alguno.

—Es decir… ¿Sabes lo que cuesta venir hasta acá? —Khaos, imitando a Yumegami, acomodó un mechón de su cabello de tal forma que cubría el audífono recién puesto —¡Es la Torre Rainbow! ¡Esto es Scandingard!

—Creo que los lugareños prefieren el nombre “Bifrost” para la torre.

—Como sea —Khaos no podía creer que a Yumegami le preocuparan más la opinión de los lugareños —¿Hablaste en serio cuando dijiste que…?

—¿Entraríamos a la torre? Sí, lo hice.

La joven torció la boca, arrebujándose en el abrigo.

Scandingard, que entre otras cosas era uno de los países más grandes del mundo, se caracterizaba por su patriotismo y poca tolerancia a lo que ellos llamaban “invasión a los tesoros nacionales”. La Torre Rainbow, una soberbia construcción que había sobrevivido a las guerras antes de la firma del TRAPIR, ahora se veneraba como un monumento histórico en restauración constante y, sobre todo, no abierto al público.

Aunque el gobierno hubiera querido mostrar la torre al mundo, era imposible para los extranjeros soportar las bajas temperaturas que se registraban allí la mayor parte del año. Ése era el motivo para que ambos jóvenes portaran sendos abrigos rellenos de forro de piel de borrego, siendo el de Khaos gris y el de Yumegami… ¿azul?

—¿En serio te gusta el azul? —quiso saber la chica.

Yumegami hizo gala de su nula elocuencia y se encogió de hombros. A continuación, arrugó el ceño, apretando las manos en sendos puños.

—¿Sientes eso? —le preguntó a su compañera.

Khaos estaba por preguntarle de qué estaba hablando cuando creyó dar con una respuesta. Aparte del frío climático, se sentía otra cosa en el ambiente, parecido a… Bueno, las palabras exactas para describir aquello no le llegaban a la cabeza, pero no era agradable.

—¿Qué es ese sentimiento tan… horrible? —quiso saber.

—No estoy seguro, pero creo que de momento, nos indica que estamos en el sitio correcto. Anda, busquemos un punto débil en el cercado.

Lentamente, Khaos asintió con la cabeza.

La Torre Rainbow, a lo lejos, semejaba una larga aguja de color blanco grisáceo, pues la nieve que la rodeaba era tan blanca que la opacaba. En realidad, sus paredes exteriores eran de mármol blanco pulido y grabado con infinidad de símbolos, que destellaba un poco cuando en aquella región era alcanzada por la luz del sol. En esa época del año, el astro rey se preparaba para la noche, que en esas latitudes duraba meses, por lo que apenas contaban con luz natural. Un área de un kilómetro de diámetro era cercada a su alrededor por una muralla de ladrillo gris, recubierto de nieve y hielo, aparte de que los rumores declaraban que poderosos hechizos y siniestras trampas también ayudaban a su resguardo.

Quien quisiera traspasar esa barrera debía ser diestro en esos menesteres. O muy estúpido.

—Por aquí —llamó Yumegami de pronto.

Habían recorrido por casi una hora el cercado circular, pero a Khaos todo lo que había visto le había parecido idéntico: piedra gris, hielo y nieve. Con todo, se colocó a la izquierda del chico y miró lo que tenía enfrente, que no parecía tan distinto a lo ya inspeccionado.

—¿Cómo sabes eso? —preguntó, intentando no sonar incrédula.

Por toda respuesta, el muchacho sacó del bolsillo el dibujo rápido de la torre que le había mostrado días atrás. Khaos lo miró, luego se fijó en el paisaje frente a ella y abrió los ojos al máximo.

—¡Es idéntica desde aquí! —exclamó por lo bajo.

—Exacto. Ahora a entrar.

Khaos no sabía cómo harían eso, pero decidió prestar atención a su compañero, quien se limitó a sacar un extraño artefacto de su bolsillo, similar a una linterna de pilas, color azul marino con pequeños botones plateados. Yumegami presionó el más grande y la linterna se encendió, dirigiendo el haz de luz hacia el muro de piedra, que se iluminó cual espejo por un momento, debido al hielo que lo cubría.

En pocos segundos, la joven descubrió que la luz de la linterna, un poco más blanca de lo que debía ser, revelaba un marco casi imperceptible que era, sin lugar a dudas, de una puerta.

—Runas… —musitó el muchacho, arrugando la frente en actitud de concentración —Recuerdo lo básico, pero…

—¿Hay que leerlas para poder pasar?

—Supongo que sí.

Los símbolos en la puerta, que únicamente formaban cinco renglones, no eran ajenos para los dos jóvenes. Durante su instrucción escolar, las runas fueron uno de los alfabetos que habían estudiado, porque aún sin uso en la actualidad, escritos oficiales de Scandingard y otras naciones lo empleaban como parte de elaborados códigos de protección. ¿Protección contra qué? Se ignoraba.

Pero algo les decía a esos dos que estaban por averiguarlo.

—Si no me equivoco, la primera palabra es “contrato” —concluyó él al cabo de un rato —Pero la segunda dice “absolución”.

—¿Qué clase de código es ése?

—Ninguno bueno para los intrusos, te lo aseguro.

Sin esperar más, Yumegami pulsó otro botón de la linterna, con lo cual su luz cambió a una ligeramente anaranjada. Para asombro de Khaos, las runas habían desaparecido por letras del idioma de Mexitlán.

—“Absolución del contrato con el viviente pago” —fue lo que leyó Khaos tras unos minutos, en los cuales acomodaba las palabras de diversas formas, esperando que tuvieran coherencia —¿Así está bien?

—Sí, creo que sí. Yo no puedo pagar, tendrás que hacerlo tú.

—¿Yo?

—Exacto. Sólo espera un minuto.

Yumegami presionó otro botón de la linterna y la luz de ésta se tornó rojiza. A los pocos segundos, el hielo que cubría el trozo de muro con runas se derritió poco a poco.

—Recorre las runas con el dedo desnudo —indicó el chico, regresando la luz de la linterna a la modalidad que mostraba la escritura antigua.

Khaos se quitó uno de los guantes grises que llevaba para hacer lo que le pedían. Tardó, pues aún sin hielo, la piedra estaba helada.

Y entonces los símbolos se iluminaron tenuemente, para acto seguido desvanecerse como si se hundieran en la roca. El marco que lucía como puerta también pareció hundirse y poco a poco, esa porción de cercado se cayó por un hueco en la tierra.

—¿Fue así de fácil? —Khaos se mostraba escéptica.

—Por supuesto. Debías pagar con una vida, pero dado que tu habilidad es quitarla, hiciste que el hechizo se retire momentáneamente. Esperemos que la puerta no se cierre antes que acabemos, o activaremos las alarmas.

Yumegami, tras esa explicación, dio un paso al frente y atravesó el hueco, entrando a territorio oficial de la Torre Rainbow. Khaos, aún con dudas, lo siguió apresuradamente.

—Pareces muy informado de esas cosas —comentó en voz baja, andando por un prado que en esa época del año, no mostraba más que la blancura de la nieve y unos cuantos árboles desprovistos de hojas.

—Nada que unos cuantos hipnoviajes no pueda resolver.

—¿Hipno–qué?

—¿Has oído hablar de los hipnoandantes?

La inesperada pregunta le hizo recordar a Khaos el día que Yumegami había estado por primera vez dentro del Albedrío.

—Pues no, no sé qué sean…

—Eran —aclaró el muchacho al instante, dando pasos más lentos en la nieve —Se consideran extintos, aunque he hallado a unos cuantos. Tienen la capacidad de visitar sueños propios y ajenos, presentes y de otros tiempos. Eso los convierte en monstruos extremadamente codiciados, puesto que a veces, entre sueños y pesadillas, se vislumbran muchas cosas.

—¿Cosas como qué?

Yumegami se llevó un dedo a los labios, pidiendo silencio. Tenía la vista fija en el frente, donde se veía como figura central la estilizada torre de mármol y a derecha e izquierda, el oscuro horizonte del norte. La joven no sabía qué estaba esperando su compañero, pero éste de pronto estiró una mano y se la colocó en la cabeza, inclinándola un poco.

—Con cuidado —indicó el muchacho.

Ella no comprendió del todo aquel gesto precautorio, pero de repente se sintió muy incómoda con esa mano en su coronilla, aunque estuviera por encima de la capucha del abrigo.

-&-

La entrada a la Torre Rainbow no supuso complicaciones. Debido a su aislamiento y la amplia cerca circular, la construcción no tenía vigilantes, así que Yumegami se limitó a abrir la pesada puerta de madera cuando llegaron, pudiendo así acceder a un vestíbulo tan blanco como las paredes externas. El piso, compuesto por minúsculos mosaicos de colores, no parecía mostrar una imagen concreta. Khaos, asombrada, hubiera querido tener más de dos ojos, observando a su alrededor, pero al notar que se movía Yumegami, lo secundó.

—¿Y ahora qué? —le preguntó en un susurro, al cruzar el vestíbulo y quedarse quietos ante el inicio de una enorme escalera.

Hasta esa parte era hermosa, una escalera hecha de mármol blanco y cuyos largos peldaños formaban una inconfundible espiral que ascendía hasta donde la vista alcanzaba. En ciertos puntos, se conectaba con las distintas plantas de la torre a través de pasillos estrechos y bordeados por herraje en plata, dándole a aquel sitio una imagen de pureza inmediata… e irreal.

—No me gusta —masculló Yumegami con el ceño fruncido, plantando uno de sus pies en el primer escalón.

Con eso, el entorno a su alrededor se desdibujó y lo único que alcanzó a hacer fue a extender un brazo.

Antes de que el panorama cambiara para él, su mano se encontró con otra y entrelazó los dedos con firmeza.

—¿Otra vez por aquí… Kuu?

El joven, quitándose un mechón negro de los blanquecinos ojos, se halló otra vez en aquel vacío paralelo a la realidad que no solía visitar por voluntad propia. Enfrente tenía a una chica delgadísima y de azulada cabellera, observándolo entre perspicaz y preocupada.

—No lo hice a propósito —el chico inclinó la cabeza, disculpándose.

—Me lo imaginé. Debe ser cosa de las personas a mi alrededor. ¿Ya estás en el lugar que te mostré?

Yumegami alzó la mirada y asintió.

—Muchas gracias. Es lo más que te pude enseñar del sitio, porque mi mente no puede salir de este terreno. ¿Cómo entraste? ¿Te atreviste a sacrificar la energía vital de alguien?

—No, Himmel. La entrada se desactivó gracias a Áphatos.

—¿Áphatos? ¿Vienes con Khaos?

—¿De dónde la conoces?

Himmel Irminsul esbozó una sonrisa socarrona, como burlándose.

—¿En serio no te lo imaginas? —quiso saber, bromista.

—Tal vez no quiero imaginármelo.

—Buena respuesta. Ahora, respecto al camino… Tendrás que subir, mirar el mundo a tus pies e ir en su dirección.

—¿El mundo a mis…?

Yumegami tuvo que cortar sus palabras, pues la chica se desvaneció sin otra cosa que una serena sonrisa y palabras dichas con voz segura.

—Me encontrarás… Nos reunirás… Y no la dejes atrás… o se perderán.

Acto seguido una de sus manos se sintió más tibia y eso lo hizo cerrar los ojos en ese vacío.

En la realidad, los abrió y se halló tirado en el suelo, medio aplastando a Khaos, que no dejaba de temblar.

Cosa comprensible si se había quitado el abrigo para cubrirlo.

—¿Qué sucede? —preguntó con su habitual voz neutra, aunque arqueó una ceja al sentarse con lentitud y librar con eso a la chica de su peso.

En el proceso, soltó la mano que había estado sosteniendo, sin dar muestras de algún sentimiento en específico.

—¡Yo qué sé! De repente te desmayaste, caíste encima de mí, pero… Estabas helado, casi no respirabas y por eso…

—Comprendo —Yumegami asintió con la cabeza una sola vez, se quitó el abrigo gris de encima y se lo tendió a Khaos —Póntelo.

—Oye, ¿pero qué…?

—Te lo explicaré cuando acabemos el trabajo. Tenemos qué subir.

—¿Y no caerás inconsciente otra vez?

Yumegami, para su sorpresa, frunció el ceño casi con rabia.

—Tendremos que recurrir a tu habilidad otra vez —sentenció.

La joven lo miró con una ceja arqueada.

—Subirás delante de mí. Descalza.

—¡Estás loco! ¿Sabes a cuántos grados estamos? ¡Me moriré de frío!

—No lo creo. Sucederá lo mismo que cuando entramos.

Khaos, acordándose del hechizo de runas del cercado, no tuvo más remedio que darle la razón con una mueca y procedió a quitarse las botas y los gruesos calcetines que usaba. Sus pálidos pies tocaron el suelo lleno de mosaicos, pero al instante dio un pequeño salto, debido a la baja temperatura. Al brincar, se subió al primer peldaño y para su asombro, sintió de pronto una tibieza inaudita.

—¿Qué rayos…? —dejó escapar, plantándose bien en el escalón.

—Habrá que avisarle a Viola–sama que su teoría es correcta —comentó Yumegami como si hablara de una de sus clases —Ahora subamos, antes que otra cosa suceda.

—¿De qué teoría estás hablando?

—Viola–sama investigaba sobre la posibilidad de que en cada acción que requiera nuestras habilidades de monstruo, empleamos algo de tiempo o energía vital. Así pues, al quitar tú esas cosas con tu habilidad, estás deshaciendo los hechizos por un corto periodo. En pocas palabras…

—¿Los estoy rompiendo? —dejó escapar Khaos, atónita.

—No exactamente. Si lo hicieras, no se reactivarían. Digamos que los debilitas, porque si la persona que ejecutó el truco sigue viva, el truco también. Supongo que por eso los hechiceros se valen de la escritura y otras cosas, para que así lo que hacen no se deshaga aunque ellos mueran. Lo que también explicaría las runas.

Aquella charla le resultaba un poco extraña a Khaos y no porque no la estuviera comprendiendo, sino porque la hacía olvidar, por momentos, que subía una escalera de mármol helado con los pies descalzos y además, ¡conversaba civilizadamente con Yumegami! La sensación que le había dado siempre, de una incomodidad indefinida, seguía allí, pero ahora…

No, lo mejor era concentrarse en el trabajo, ya habría tiempo de analizar los últimos acontecimientos.

-&-

Kuu admitía que era ingenioso. Supuso que Himmel tuvo que decírselo así para no ser obvia. Y tendría que explicárselo luego a Khaos, por ahora sólo había tiempo para completar el trabajo y nada más.

—Andando —pidió, tomando uno de los pasillos que se conectaban a la escalera desde la última planta.

Khaos había mirado hacia abajo, como Yumegami, en cuanto acabaron de subir, pero aparte de admirar la espléndida imagen que componían los mosaicos multicolores desde esa altura, no veía algo de utilidad.

—¿Crees que tenemos el mundo a nuestros pies?

Yumegami hizo repentinamente esa pregunta, señalando el piso que habían dejado al subir, con lo que Khaos creyó que se refería al dibujo de mosaicos. Lo vio de nuevo, tanto de reojo como mentalmente, y creyó saber de qué estaba hablando.

—Pues… sí. Al menos esa parte —señaló hacia abajo, a un punto ligeramente a su derecha —No sé qué pensarían los que construyeron la torre, pero esa imagen es impresionante.

El suelo que habían dejado les mostraba una ilustración magnífica, que podía identificarse con los mitos de los antiguos habitantes de aquel país: una bandeja azul, verde y marrón, representando al planeta Tierra, se conectaba por medio de un puente a un palacio sobre una nube. El puente en realidad era un arco iris, por lo que la exactitud de los mosaicos de cada color era extraordinaria.

—¿Por qué vamos en esa dirección?

—Porque es la correcta. Sigue delante de mí, por favor, que necesito que sigas abriéndonos paso.

Khaos encontraba chocante la actitud de Yumegami, pero no tenía razones de peso para contradecirlo, por lo que siguió caminando. Si había acertado al decir que no se congelaría, no tenía por qué ignorarlo ahora.

El pasillo al que ingresaron, oscuro y de curveado techo, no daba la mejor de las impresiones. Lo recorrieron con buen paso y la cautela en alto, además de que la tensión en el ambiente era casi palpable.

—No me gusta estar aquí —masculló la chica, haciendo una mueca.

—No eres la única, pero espero que lleguemos pronto.

—¿Exactamente qué estamos buscando?

Khaos miró por encima de su hombro, hacia el punto a su espalda donde Yumegami, sosteniendo la lámpara, le iluminaba el camino. Vio la cara del muchacho girarse ligeramente hacia un lado, con su rostro adornado por una mueca, hasta que finalmente contestó.

—Buscamos a una de los nuestros.

Khaos trastrabilló y dio media vuelta, deteniendo sus pasos.

—No tenemos tiempo para esto —acotó Yumegami con voz cansina.

—¡Olvida eso! ¿A qué te refieres con “uno de los nuestros”?

—Te repito que, ahora mismo, no tenemos tiempo para esto.

—¡Al diablo! ¡Tienes que explicármelo! ¿O acaso me trajiste nada más como otra de tus “herramientas”?

Yumegami contorsionó la cara con una rabia que a Khaos le dio escalofríos. Sin embargo, el joven no contestó, sino que se irguió de golpe y giró la cabeza con brusquedad.

—¡Demonios! —escupió por lo bajo —Avanza, Áphatos, ¡nos encontraron!

Khaos, pese a su frustración, no protestó y siguió el camino de antes, aumentando la velocidad de su andar hasta que se alcanzó a ver el final del pasillo. Quiso preguntar lo que seguía, pero no hubo necesidad: lo supo en cuanto la luz de la linterna cambió y vio en la pared frente a ella un montón de runas que luego, cambiaron a su idioma.

—¡Lee, rápido, y luego apaga el hechizo!

Khaos arrugó la frente, recorrió con los ojos las arcaicas oraciones de la pared y tras exprimirse el cerebro, supo lo que tenía que hacer.

Colocó la palma de la diestra exactamente en el centro de aquel muro, con un golpe que retumbó en sus oídos y sintiendo casi al instante un dolor insoportable. Sin embargo, la pared dejó ver un hueco y no tuvo tiempo de quejarse. Yumegami, a su espalda, la alcanzó y la empujó, justo antes que la pared volviera a la normalidad.

—Lo siento —se disculpó Yumegami en un susurro —Eso fue maleducado de mi parte. Pero al menos ya llegamos.

Khaos, observando a su alrededor, se sintió literalmente extraviada. Aquel sitio era más semejante a donde trabajaba su jefa que a un sitio de los antiguos habitantes de esas tierras.

Un laboratorio, eso fue lo que pensó. Era un moderno, enorme y hasta cierto punto, escalofriante laboratorio. ¿Cómo es que había algo así en la Torre Rainbow?

Y más importante aún, ¿quién lo había mandado construir?

—Buenas —saludó una voz femenina.

Antes de girarse hacia la fuente del sonido, Khaos y Yumegami se habían puesto en guardia, adoptando posturas que para muchos podrían haber sido mera fachada, pero para ellos eran cosa estudiada hasta el cansancio, debido a la necesidad de defenderse en innumerables ocasiones.

—Se me avisó que vendrían, aunque creí imposible que pasaran todos los mecanismos de defensa sin ser detectados.

Quien les hablaba era una mujer encantadora de tez clara, cara pecosa y cabello castaño rojizo atado en una pequeña coleta que caía sobre su hombro izquierdo. Los ojos, de color azul lavanda, miraban a los recién llegados con suspicacia, arrugando un poco el ceño. Su vestimenta consistía en un conjunto de falda larga y saco color violeta oscuro, blusa blanca, medias gruesas y botas negras de tubo largo.

—¿Sabía que vendríamos y no nos echó una mano? —inquirió una Khaos molesta que no abandonaba su pose defensiva.

—Ni siquiera puedo salir de aquí —se defendió la otra, irónica —He sido encadenada a este lugar por mis superiores y aunque pudiera escaparme, también tendría que vérmelas con los mecanismos de defensa. Tal vez ustedes puedan ayudarme con eso.

—Quizá —aventuró Yumegami, para sorpresa de Khaos y la otra mujer —Ahora lo importante es completar el trabajo por el que nos enviaron. A propósito, ¿puede decirnos con quién estamos tratando? Nombre completo, por favor —aventuró, al ver que la mujer de bata blanca abría la boca.

—Por supuesto, aunque normalmente les basta con uno de mis nombres —sonrió un poco, con buen ánimo, lo que por algún motivo calmó ligeramente a los dos jóvenes —Pueden llamarme Mía, pero ya que así lo necesitan… Mi nombre entero es Lily Mía Franchesca Alighieri Romanov.

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Re:Rilato [05/¿?]
« Respuesta #26 en: Marzo 24, 2011, 01:00:53 pm »
 :ahh: dios sip ke vale la pena esperar por el kapi ta emocionante y ke es mia un pariente de los ke estan en el paraiso ke si nu me akuerdo muy ben kreo ke uno de los ke administran el paraiso se apellida asip nop??


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Re:Rilato [05/¿?]
« Respuesta #27 en: Abril 02, 2011, 06:56:40 pm »
Adoptando una costumbre de Telaraña (mi otro fic largo en este foro) y claro, para aligerar la espera del siguiente capítulo, postearé una respuesta para Tsukune, porque se la debo.

En primer lugar, no sé de qué me hablas con decir que Mía es pariente de "los que están en el paraíso". A menos que te refieras a su primer apellido, Alighieri, que es el mismo del autor de La Divina Comedia. En realidad, siendo Rilato un fic donde hacen cameos varios personajes de otros fics que tengo, no creo que la conozcas. En realidad, en su "realidad" (o sea, en su fic de origen), Mía aún no "existe" de manera oficial, solamente está planeada. Y como es muy complicado de explicar, mejor lo dejamos en que Mía es de mi creación, aunque no totalmente originaria de Rilato.

Y en segundo lugar, quedamos en que usaría cierta cosita por aquí, así que...



Lo emplearé en desear que... ¡Tsukune no vuelva a intentar suicidarse por culpa de mis fics! (Bell sonríe de forma maliciosa). Más te vale concedérmelo, Kune-chan (al muchacho se le abren los ojos exageradamente ante semejante mote), o ya verás la que te espera.

Misaki, puedes llamarme Bell, con entera confianza. Si buscaras mi presentación en el foro, sabrías que mi nick es abreviatura de otro, Tooru Hally Beelia Potter. Bell, como podrás adivinar, proviene del Beelia, por lo que tienes varias opciones. Lo que pasa es que empecé en esto de los fics sencillamente como Bell Potter y por eso se me quedó auto-llamarme así.

Ahora sí, me paso a retirar. Cuídense mucho y nos leemos... hasta que tenga otro capi de esta historia. Cosa que no sé cuándo será, por lo que pido mucha paciencia.

EDICIÓN: Hice algo con la imagen, no sé, quise probar los códigos,  :jeje:. Y no es por nada, pero este es mi post número 66. Un número interesante. Mucho más que aquel con el que subí de rango en el foro (y del cual no me queda memoria).
« Última modificación: Abril 02, 2011, 07:03:16 pm por THB Potter »

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Re:Rilato [05/¿?]
« Respuesta #28 en: Abril 02, 2011, 08:05:23 pm »
Capitulo nuevo,capitulo nuevo!!!! *leyendo*

Genial, aunq me ha parecido demasiado fácil la forma de llegar hasta el laboratorio...

Por otro lado yo si sé como la chica de pelo azul conoce a Khaos *Tifa derrochando ideas malvadas....O_O*

Espero q el proximo capitulo este cerca porque la ultima aparicion, solo con el nombre (lleva los apellidos de Dante y del último emperador Ruso!!!), es el preludio de algo grande...o,al menos, eso espero.....XDD

Besito!!
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Re:Rilato [05/¿?]
« Respuesta #29 en: Abril 03, 2011, 01:36:44 am »
bueno primeramente eso de alighieri el apellido del autor de la divina comedia sip lo se por lo lei peo eso del emperador nu bueno y kumpliendo kon el deseo ke iso una personita*mirando a bell  ¬¬* bueno ok peo sabiendo las sircunstancias dare plazo sip nu lo publikas ia iras imaginando las nuevas opciones del suicidio sip aunke nu lo creas aumentaron aora son una puñalada en el corazon, el edificio*ke nostalgia XD*y un corte en la yugular bueno pensare kual utilizar si nu esta publikado dentro de digamos 1 sem ke se ke tas okupada*dios mi suicidio y me preokupo de otra kosa XD*
PD:palos ke no entendieron leanse los primeros caps asi entenderan XD


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